El Viaje de Libertad
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MensajeTema: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeMiér Mar 04, 2015 6:13 pm

LEY del RITMO 777777777777
[size=16]Distinguir lo que es parte del pensamiento infinito
y abstracto, de lo que es pensamiento humano finito y erróneo, es la
tarea que debe llevar a cabo el ser para volverse más sutil, más puro y
así poder superar el aprendizaje

La densidad es el camino del aprendizaje, nunca la
interpretación veraz de la sutileza, ya que al densificarla a idea
humana pierde su verdad en vericuetos emocionales y egocéntricos
de los intérpretes.

Cuando el ateo dice que cree en él, no es un acto de
soberbia, sino la búsqueda de su poder interno, de su sabiduría no
como una personalidad definida, sino como ser inmortal, e infinito. El
ateismo, es el primer peldaño para la búsqueda de ese poder interno,
impreso en cada célula u átomo de la existencia.

Buscar la significación y la comprensión de símbolos
y arquetipos, lleva a la sabiduría y a la libertad, quedarse flotando en
la superficie de lo literal lleva a la ignorancia y al miedo. Al fanatismo,
la intolerancia, al juicio erróneo y a la invasión de parcelas íntimas de
los demás. No amando, vulnerando la libertad ajena de conciencia y
no respetando el libre albedrío

Aquel que no soporta el libre albedrío ajeno y no
ejerce el propio es un ser vacío, que se siente demasiado vulnerable 
ante el desafío que el ser inmortal, le grita desde sus más profundas
fibras.
El sentimiento de soledad que anida en el alma, de
aquellos que se sienten vacíos, es señal de la desconexión total con
la luz de la verdad.

Nadie esta solo aunque en aspecto lo parezca.
Aquel que se siente solo, es porque es dependiente de los demás y
no es capaz de hallar en el silencio las respuestas, por el miedo que
tiene a la luz.

No estas solo porque eres parte del TODO. La
soledad es ilusoria y otro engaño de la mente densa y finita humana.
Tú eliges pensar, hablar, sentir y actuar desde la densidad del
mundo, o hacerlo desde la sutileza de la luz de la verdad.

La clave está en comprender que todo lo
manifestado es magnetismo, la energía magnética baña cada
milímetro de la existencia, porque es su sustancia.

Si el magnetismo que emana de ti, es lo
suficientemente poderoso, ningún pensamiento, palabra, sentimiento
o acción de las huestes oscuras podrá tocarte.

Tu luz, tu armonía interna, tu equilibrio, es tu
mejor defensa, la única defensa real ante los ataques energéticos
de los hermanos oscuros.

Recuerda que tu cuerpo esta compuesto
mayormente del elemento agua, una condensación de la energía
cósmica magnética muy sensible y por ende todo lo que te circunda
te puede afectar. Aprende a protegerte con la luz interna.

Amuletos, talismanes y símbolos de poder, lo único
que hacen es darte la fuerza y la seguridad de que no podrás ser
dañado, en realidad no es el objeto el que te protege, sino la
vibración que produce en ti auto-sugestionándote, elevando tu
longitud de onda.

La Luna ejerce un gran magnetismo sobre el
planeta y sus ocupantes, desde la subida de las mareas, el
comportamiento de los animales y del hombre inclusive. Todos y cada
uno reciben su influencia mientras el satélite circunda, una y otra vez
en un eterno ritual cíclico y matemático al planeta. La LUNA se irá
alejando de tu mundo con el pasar de los siglos y la humanidad
deberá suplir esa ausencia de magnetismo, con un mayor
magnetismo interno.

El TODO necesita al TODO. Esta verdad
ha sido revelada en estos tiempos confusos, porque el hombre sigue
aún repitiendo los errores del remoto pasado.

Una parte del mundo no ha respetado nunca a la
otra parte, no ha permitido que las culturas se amalgamen para
enriquecerse unos de otros, ha hecho divisiones, humillado y
despreciado al distinto.

La Diversidad está en la Unidad y la Unidad en la
Diversidad y la verdadera maravilla de la existencia, radica en las
infinitas combinaciones del TODO.

Las deudas kármicas además de individuales son
colectivas, nadie escapa a ello, es parte de la matemática perfecta
cósmica. De la melodía del Universo, que debe vibrar en armonía y 
quien no sintoniza en la misma frecuencia, provoca para sí un fuerte
y doloroso rebote.

La humanidad resurgió de sus cenizas muchas
veces, recuperó al planeta, olvidó el hedor de la sangre derramada en
las batallas, pero no el estandarte de la muerte para eliminar a
otros, ni el desasosiego de las guerras que no dejan vencedores ni
vencidos, solo destrucción absurda.

Este libro es una ayuda para el que quiera ver el
mensaje que subyace en las palabras, para que el hombre descubra
su sendero. El estudio profundo de la naturaleza como una
manifestación superior, como única letra sagrada para construir el
futuro.

La humanidad no debe basar su progreso en
detrimento de otras manifestaciones, debe aprender a ser libre, con
responsabilidad individual y colectiva.

La humanidad tiene que comprender que el
materialismo, por el materialismo, es la densidad, es un acto profano
y destructivo cuando olvida la sutileza de la luz de la verdad.

Materialismo y espiritualidad no deben ser
separados, porque eso hace al mundo y sus pobladores seres
incompletos, todo debe estar integrado y ascender en la misma 
medida. Lo contrario provoca desequilibrio y desarmonía y trae como
consecuencia el rebote.

Debes sentirte como un ser único, irrepetible,
indestructible y divino, porque desciendes de las cinco razas, de los
dioses estelares, y valorar a toda la presencia por igual, porque
cada aparente unidad de la existencia cósmica, es un eslabón mas de
la gran cadena universal. Y cada eslabón es necesario, fundamental y
único.

Entonces no necesitarás hablar para comunicar,
tu cuerpo será más fuerte y sano, entonces podrás desplazarte
entre las estrellas, cuando ya la destrucción sea para ti un acto
primitivo e imposible de llevar a cabo, por tu comprensión de la ética
cósmica.

Busca en los símbolos arquetípicos sus profundos
mensajes, no nades en la superficie, porque ella no te aporta nada y
si sabes leer este libro encontrarás a DIOS, la verdad no esta en
estas palabras. No se han inventado las palabras para enunciarla,
sino en la apertura que estés dispuesto a tener, para poder
escucharlas desde tu interior, sin prejuicios y sin miedo.

DIOS se halla en el amor, el respeto y el perdón
incondicional. En la libertad con ética cósmica, en el control del 
pensamiento, verbo, sentimiento y acción. En el valor de lanzarte a
la búsqueda de la verdad y la justicia y aceptar que tú eres una
manifestación del TODO al completo.

En tu negación a que otros te digan cual es el
sendero de la ascensión, porque eres lo suficientemente: capaz, sabio
y poderoso para hacerlo por ti mismo. Aprendiendo a mirar, sentir y
escuchar al maestro que llevas en tu corazón.

Si nuevamente la verdad se oculta, si nuevamente
es negada, volverán a repetirse sucesos de horror planetario. Se
uno más en las legiones de DIOS, por ti ,por todo el planeta y
por todo el Cosmos al completo. Tu eres ciudadano del Cosmos.
Tu naturaleza es Cósmica. Tu sustancia es Cósmica. Abre
entonces tu mente y tu corazón a los pensamientos, percepciones,
sentimientos, verbo y acciones Cósmicas. No tienes límites ni
fronteras, salvo las que tu mismo te pones. Eres un DIOS
CÓSMICO QUE CAMINA POR EL MUNDO.

Todo es uno, aunque en apariencia diversa. Cada
doce o trece mil años, terrestres hay un re-acomodamiento cósmico,
si en ese momento, la humanidad no ha logrado su equilibrio como
contrapartida para poder resistir, el embate de la fuerza magnética 
cósmica densa, generada por los seres de este mundo, cuando llegue
el rebote cósmico llegará el fin de los tiempos.

La violación sistemática a todas las leyes
naturales, la extinción de otras formas de vida por un mal uso de los
recursos, la contaminación del elemento aire, agua, y tierra trae
aparejado el fuego para purificar y equilibrar.

Las infinitas combinaciones de la energía
magnética cósmica, para generar en el mundo de la forma, no son
arbitrarias, es un plan maestro.

El equilibrio de la vida se apoya en los cuatro
elementos, la quinta esencia y la polaridad, he ahí la clave secreta de
l número sagrado por excelencia, el 7. Como si de una mesa se
tratase, los cuatro elementos son las patas, el quinto la tabla
superior, si corrompes una de sus patas, la mesa cae. Si corrompes
la tabla superior, la piedra filosofal, deja de ser una mesa, solo son
varillas sin cohesión. Sin utilidad. Sino aprendes a sustraerte de la
polaridad o LEY DEL RITMO, las patas de la mesa no darán
firmeza, solo será un equilibrio incierto. La LEY DE
ATRACCION por si misma no dará los resultados sin el control
del ritmo. Pero esa lección de cómo controlar o permanecer
inamovible sustrayéndote de los vaivenes la LEY del RITMO, 
debes descubrirla por ti mismo. Nunca ningún alto iniciado te dará la
fórmula mágica, es tu misión descubrirla.

Si eres indiferente al dolor de tu hermano, porque
vive en otra latitud, corrompes al quinto elemento. Si odias, anidas
rencor en tu corazón, deseos de venganza, envidia u otro sentimiento
denso utilizas En su forma mas vil, el mayor poder que has logrado,
y con ello te pones a merced del ritmo, descendiendo a tu infierno
interno .

La desazón de los corazones humanos, es el
conocimiento inconsciente de sus violaciones en este ciclo y en
anteriores. La caída del iniciado, que a sabiendas utiliza las
herramientas logradas para dañar a otro ser, es estrepitosa. La
iniciación es la muerte a una forma de vida y un renacimiento en un
escalón superior de conciencia y es en si mismo, un juramento tácito
e inviolable al SER interno de respeto y buena utilización de la
energía Cósmica magnética y sus vertientes.

[size=16]Dep.legal= TF 23-08 NºR.P.I.= 00/2009/329

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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeJue Mar 05, 2015 2:22 pm

SECTAS Y RELIGIONES
LEY del RITMO 5deannie
El hecho religioso es una parte muy importante de la historia humana. En todas sus épocas y culturas aparece una actividad, diferente de la actividad ordinaria, mezclada generalmente con elementos "mágicos". El hecho religioso contiene una enorme variedad de formas, que toma según las diferentes épocas, culturas y situaciones en que se desarrolla. Pero contiene también una incuestionable unidad que nos permite identificar fenómenos aparentemente muy diferentes, como por ejemplo en la religiosidad del primitivo y en las complejas manifestaciones sectarias actuales.
Es preciso comprender aquello que mueve a las personas, y que las ha movido a lo largo de toda la historia, al acto religioso, y ver claramente si este movimiento es espiritual o pertenece es simplemente un error grave.
El ser humano busca refugio en las doctrinas por ignorancia, miedo y confusión. Muchas veces lo hace justo cuando la angustia le ahoga. Deja entonces de lado el verdadero trabajo que tiene encomendado en su vida, que es vivir espiritualmente, el conocerse a sí mismo, ver las causas de las circunstancias en su vida y obrar adecuadamente en ella. Entonces se desvaloriza a sus propios ojos, y deja su trabajo en manos de Dios.
Hoy, como ayer, existen numerosas sectas porque existen numerosos individuos dispuestos a transformar en realidades absolutas lo que no son más que deseos y esperanzas ignorantes. Ciegos a la razón se dirigen únicamente por las emociones. Es un hecho indudable que cuanto más limitado se encuentra el ser humano por su naturaleza animal de manera más sectaria se comporta. Toda su historia cuenta el interminable relato de las guerras entre sectas por alcanzar el poder e imponer su doctrina.
Todo grupo de individuos que se denomine a sí mismo espiritual o religioso forma una secta. Cruzadas, guerras santas, inquisición, represión, crueldad, terror... Cuánto horror en nombre de Dios. Debemos entender que es imposible crear una serie de ideales y de creencias, que siempre llevan a barreras psicológicas y físicas, y desde allí “vivir”, “amar” o realizar una auténtica labor. Lo que significa la pertenencia a estos grupos es algo que únicamente pueden ver las personas que ejercen un mínimo de inteligencia y tienen el valor y la fortaleza necesarios para ver la verdad de las cosas.
Las sectas, que son todos los grupos organizados que tienen un objetivo “espiritual”, por la fuerza de su propia naturaleza, por el poder que entregan a los ideales y a las doctrinas que las sustentan, establecen y mantienen una actitud hostil y de enfrentamiento con el resto de la humanidad, especialmente hacia otras corrientes de pensamiento. Las doctrinas son standard, inamovibles, siempre muy limitadas y llevan al fanatismo, a la violencia, a la guerra, y al dolor.
En las sectas siempre hay quienes se aprovechan de su actividad, y los lugares en donde se reúnen se impregna de una característica que les es propia y que intenta atar la consciencia de los que allí se congregan. La liturgia que realizan es un teatro, y resulta sorprendente conocer lo que piensan, lo que sienten y lo que desean los individuos que participan en esas reuniones. Es cierto que ciertos actos, con una ceremonia establecida pueden ser necesarios para el desarrollo del trabajo espiritual, pero estos actos necesitan un conocimiento y unas condiciones interiores determinadas que no alcanza el ser humano sin evolucionar.
En estos grupos existe una búsqueda de “Dios” egoísta y cruel. Buscan a Dios cuando en verdad sólo desean placeres. Se vuelven tanto más radicales y violentos cuanto mayor es el grado de fanatismo de sus miembros y, casi todos, se caracterizan por un desmesurado afán de proselitismo. La secta es inseparable del fanatismo y del proselitismo. La mente del ser humano es perfectamente permeable a determinadas influencias. Si una mente en muy poderosa puede influir sobre otras más débiles y modificarlas. En la vida existe una circulación de influencias síquicas que pueden alterar las formas de pensamiento y las ideologías de las personas.
Una creencia es más o menos fuerte dependiendo de la intensidad de la fe que el individuo tiene en ella. En la mayoría de los seres humanos, el despertar de las facultades intelectuales va planteando interrogantes que minan de dudas sus convicciones anteriores. La energía psíquica que sirve de propulsión a todo pensamiento, se escapa, en este caso, por los agujeros de la duda y llega con escasa fuerza a otras mentes.
Pero el caso del fanático es distinto. Este aún no tiene despiertas sus facultades intelectuales y carece de todo discernimiento. Ha "aceptado" una verdad y, puesto que carece de dudas, la proyecta con toda su energía, causando una impresión considerable en otras mentes, particularmente en aquellas de características similares a la suya, que se limitan a aceptar la nueva "verdad" y se convierten pronto en transmisores de ella. Esta es la razón por la que el fanático resulta un proselitista eficaz, y esto explica también el rápido crecimiento de las sectas más dogmáticas y radicales.
Cuando se producen contribuciones al conocimiento por parte de personas con convicciones religiosas, normalmente suceden a pesar de la doctrina que profesan y, muchas veces, lo tienen que pagar caro. A las sectas y a sus doctrinas profesadas no les interesa el conocimiento de la verdad, sino solamente aquello que les permite justificar el dogma de sus creencias para poder perpetuarse. En un nivel más personal, los seres humanos nos afirmamos convenciendo a los demás de nuestras ideas, porque estamos convencidos que cuantos más seamos nuestra verdad será más verdad. Si el conocimiento presentado se adecua a nuestros intereses los aceptamos y los apoyamos. Si no, los repudiamos y excomulgamos, torturamos y separamos a los responsables, cuando no los exterminamos. La religión, las sectas, las creencias y las doctrinas son únicamente una historia de intereses y de intransigencia.
Al fin y al cabo, la diferencia entre secta y religión reside únicamente en el número de adeptos. Cualquier doctrina parece que posea mayor verdad cuando está establecida y es mayoritariamente aceptada, pero no olvidemos que todas las grandes “religiones” extendidas en occidente fueron, en su día, grupos de marginados a quienes el tiempo, el pacto, y el proselitismo, entre otros factores, las llevaron al lugar que hoy ocupan. Muchas aún conservan vivo, en parte, el espíritu radical sectario de los primeros tiempos, aunque en la medida en que se ha hecho fuertes y estables han aumentado también su grado de tolerancia y disminuido su radicalidad.
Muchas sectas aconsejan o establecen el celibato. El celibato es bueno, e incluso necesario, cuando una persona se desenvuelve en determinados niveles de conocimiento. Pero este conocimiento no se encuentra generalmente al alcance de estos grupos doctrinarios. Esto conduce a quienes siguen estas doctrinas a un punto de confusión y de miedo, y todo lo bueno y adecuado que podrían obrar en sus vidas lo dejan de hacer para obrar lo contrario, la equivocación, el mal, y “desperdician” el tiempo de sus vidas en ello. Muchas de estas personas se complacen morbosamente en el contacto de niños y de jóvenes, cayendo en la pederastia, y todo esto motivado por razones que ni ellos mismos comprenden, pero que son sencillas de explicar cuando se ve la verdad.
Los maestros no existen, nadie puede decir que sea un maestro. La vida es infinita y eterna, y el aprendizaje sobre ella, sobre uno mismo, también lo es. Todos los seres vivos somos aprendices, unos en un grado y otros en otro, y a medida que avanzamos por el camino espiritual, por el camino de la misma vida, vamos viviendo progresivamente la plenitud.
El trabajo espiritual es una labor personal, siempre se debe realizar a partir de las circunstancias concretas de la propia realidad, desde la verdad, pero jamás desde la doctrina o enseñanza general que ofrecen las sectas. Cada persona debe encontrar su propia verdad, no la de otros. Tendrá que transcurrir todavía algún tiempo antes de que la humanidad evolucione y supere las concepciones sectarias. Es necesario que los seres humanos aprendamos a tomar la iniciativa en lo que respecta a ver la verdad, a conocer la propia realidad. Tenemos que aprender a pensar, a sentir y a obrar adecuadamente en las dificultades y entresijos que trae consigo la vida. Pero no debemos ser esclavos de nada, ni siquiera de un dogma.
No podemos encontrar a Dios dentro de ningún movimiento religioso, creencia, fe o credo. La creencia es una negación de la verdad, la creencia impide ver la verdad. Creer en Dios no es encontrar a Dios, porque en realidad Dios es lo desconocido, y nuestra creencia o no creencia en lo desconocido es una mera proyección de nuestra mente y de nuestro pensamiento y, por lo tanto, no es real.
Los seres humanos creemos porque eso nos brinda satisfacción, consuelo, esperanza y decimos que da sentido a nuestra vida. La creencia tiene en realidad un significado mas bien escaso, porque creemos y explotamos al prójimo, creemos y matamos, creemos en un Dios universal y nos asesinamos entre nosotros. Los seres humanos que dicen que creen en Dios han destruido la mitad del mundo y la otra mitad sufre y padece. A causa de la intolerancia religiosa existen las divisiones entre creyentes y no creyentes, y esto conduce a las guerras de religión.
La creencia en Dios no puede ser un buen incentivo para que el ser humano sea y viva mejor. El único incentivo tiene que ser vivir espiritualmente. Si esperamos algún beneficio significa que no nos interesa vivir espiritualmente, sino que sólo nos interesa beneficio. El interés personal, la búsqueda del beneficio propio, puede ser de muchas y diferentes clases, y por ellos nos enfrentamos violentamente unos con otros. Pero si vivimos juntos, espiritualmente, no porque creamos en Dios, sino porque somos conscientes y obramos adecuadamente, entonces compartiremos enteramente los medios de producción con el fin de producir cosas necesarias para todos. Por falta de inteligencia aceptamos la idea de una superinteligencia a la que llamamos "Dios". Pero la idea de este "Dios", esta superinteligencia, no va a brindarnos una vida mejor. Lo único que conduce a una vida mejor es la espiritualidad, que es inteligencia, y no puede haber ni espiritualidad ni inteligencia si hay creencias, si hay divisiones de clase, si los medios de producción están en manos de unos pocos, si hay nacionalidades independientes y gobiernos soberanos.
Prácticamente todas las personas creen, y han creído a lo largo de toda la historia, de diferentes maneras, pero las creencias carecen de cualquier realidad. La realidad es lo que uno es, lo que hace, lo que piensa, y toda creencia en Dios y todo hecho religioso es una simple evasión de la vida monótona, necia y cruel. Más aún, la creencia divide invariablemente a las personas, ahí están el hindú, el budista, el cristiano, el comunista, el socialista, y así sucesivamente. La idea, la creencia divide, jamás une a las personas. Se pueden llegar a juntar unas cuantas personas con un mismo ideal y formar un grupo, pero ese grupo se opone siempre a otro grupo. Las ideas y las creencias son separadoras, desintegradoras y destructivas. Por lo tanto, la propia creencia en Dios está, de hecho, extendiendo la desdicha por el mundo. Aunque nos haya aportado momentáneamente consuelo, en realidad nos trae más desdicha y destrucción en forma de hambre, guerras, divisiones de clase y acciones despiadadas. Así, pues, nuestra creencia carece totalmente de valor. Si realmente viéramos a Dios, si vivir en Él fuera para nosotros una experiencia real, entonces viviríamos espiritualmente y nuestras obras serían adecuadas.
Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente tiene que estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente tiene que estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios. En realidad no sabemos nada acerca de Dios o de la Verdad. Todo lo que sabemos son palabras, las experiencias de otros o algunas experiencias más bien vagas. Eso, con seguridad, no es Dios, no es la realidad; eso no está fuera del ámbito del tiempo. Para conocer aquello que está más allá del tiempo debemos comprender el proceso del tiempo, que es el pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Este es todo el pasado de la mente; la mente misma es el pasado, tanto la consciente como la inconsciente. La mente debe estar libre de todo lo conocido, lo cual significa que debe estar por completo en silencio. Pero la mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa. La mente forzada, dominada, moldeada, encuadrada y mantenida en silencio, no es una mente serena. La serenidad sólo llega cuando comprendemos el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender su proceso es darle fin y al cesar el proceso del pensamiento empieza el silencio.
Sólo cuando la mente está en completo silencio, tan sólo entonces puede llegar lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente pueda experimentar, sólo puede vivirse en el silencio, nada más que en el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea en el silencio no hace más que proyectar sus propios deseos, y una mente así no está en silencio. Mientras la mente no esté en silencio, mientras el pensamiento en cualquier forma, consciente o inconsciente, esté en movimiento, no puede haber silencio. El silencio es la liberación del pasado, de los conocimientos, de los recuerdos; y cuando la mente está silenciosa del todo, inactiva, cuando en ella reina un silencio que no es producto del esfuerzo, sólo entonces lo atemporal, lo eterno, puede surgir. Este estado no es un estado para recordar, porque no hay entidad alguna que recuerde, que experimente.
Por lo tanto, Dios, la verdad, o como queramos llamarle, es algo que se crea de instante en instante, y sólo puede vivirse en un estado de libertad y de espontaneidad, no cuando se disciplina la mente de acuerdo a una norma o un dogma. Dios no es una cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo y sus deseos. Sólo llega cuando se vive espiritualmente y se es verdaderamente virtuoso. Espiritualidad es ver la realidad de la propia verdad y obrar adecuadamente. Eso es virtud, y ver y enfrentarse adecuadamente con el hecho supone entrar en un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún proceso de sí misma, sin la proyección del pensamiento, sólo entonces se manifiesta lo eterno.
El ser humano vive en la insatisfacción, el dolor y la ignorancia y, para huir de ello toma vías de escape en su búsqueda de satisfacción. Con este deseo de placer y rechazo del dolor el ser humano recorre la Tierra entera, buscando y rechazando, intentando la satisfacción de los sentidos con los objetos creados por la mente y la sensualidad.
Como no existe ningún deseo en esta Tierra que satisfaga profunda y verdaderamente, se busca a Dios, la eterna satisfacción. Aquí nace el hecho religioso, ahora y en toda la historia. Y si tomamos este camino sólo encontraremos dolor, sufrimiento e insatisfacción. Nos daremos cuenta que hemos invertido nuestros días y nuestro tiempo para encontrarnos únicamente en ese mundo tras cuya fachada alucinante sólo vive la nada. Al final de ese camino emprendido, siempre se encuentra uno sólo consigo mismo, caído, sucio y agotado, debiendo de nuevo emprender sus pasos. Es del todo necesario aprender a vivir espiritualmente, a caminar por el sendero de la Luz.

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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeLun Mar 09, 2015 2:16 pm

LEY del RITMO 11018728_429399930570029_5556831641017894521_o
Alejandro Jodorowsky:

“HABLA MI DIOS INTERIOR”. Es un texto con intensiones sanadoras para tod@s aquell@s que han crecido sintiendo no valer nada y no pudiendo encontrar un significado a sus vidas.
Voy a imaginar la cálida, tierna y compasiva voz del Dios Interior, y al leer el texto siguiente, voy a pensar que no lo leo, sino que lo escucho, como si sus palabras vinieran de lo más profundo y misterioso de mi espíritu.
Leyendo estas palabras imagina mi voz. Escucha. A ti te hablo. Yo soy el centro de tu conciencia, tu Dios Interior.
Largos años has estado ansiosamente buscando sin saber lo que buscabas. Los conceptos habían perdido su significado. Verdad, Felicidad, Libertad, Dios, te parecían sonidos huecos.
Ninguno de los llamados Maestros fue capaz de enseñarte a ser, a crear, a vivir o a amar.
Estos Maestros eran sólo personalidades humanas como la tuya, con sus defectos y debilidades, repitiendo sin comprender verdades que eran restos de una tradición que había perdido su origen.
No conociéndose, no sabían transmitirte lo que ellos eran. Sólo querían que aprendieras lo que ellos decían: palabras deducidas de otras palabras, estas deducidas a su vez de otras palabras y así al infinito.
Crees venir a mí porque no sabes a quien recurrir. Te engañas: en realidad soy yo quien viene a ti.
No eras tú sino yo el que te andaba buscando, pero apenas presentías mi presencia, me rehuías temeros@.
Sin ser tú mism@, tenías miedo de desaparecer. Así como el personaje de un sueño que ruega que quien lo está soñando nunca despierte.
No me aceptabas, queriendo guardar el control sobre ti mism@. Pero esa huida te desalentaba haciéndote llevar en tu corazón y en tu mente imperiosas necesidades no satisfechas.
Por fin, ahora que has comenzado a sentir la presencia de una verdad en tu interior, vas a dejar de defenderte y vas a oírme.
Yo soy tu Verdad.
Yo soy tu Libertad.
Yo soy tu Felicidad.
¡Yo soy tu Dios Interior!
¡Detente! Antes de seguir leyendo silencia el moscardoneo de tus pensamientos, calma tus emociones, pacifica tus deseos, reduce tus necesidades.
Yo soy aquella parte de ti que todo lo sabe.
Y siempre lo supo y siempre lo ha sabido.
Esa parte de ti que dice: Soy lo que soy y no lo que los otros quieren que yo sea.
Esa parte de ti que reconoce la Verdad y aparta todo error donde quiera que lo haya; no esa parte de ti que ha estado alimentándose de ilusiones por tantos años.
Porque yo soy el que te ha dado todo en la vida, pobreza o riqueza, soledad o amor, disgustos o satisfacciones, realizaciones o encuentros con obstáculos que te he puesto delante para enseñarte que yo soy tu único guía.
Siempre he estado proveyéndote no sólo de la vida sino también tratandfo de darte todas las cosas necesarias para colmar tus necesidades materiales, tus deseos sexuales y creativos, tu búsqueda emocional y tu desarrollo intelectual.
Pero yo no soy ese remolino de ideas que llamas intelecto, ni tu recipiente emocional con sus simpatías y repulsiones, ni tu libido animal cegada por sus deseos, ni tampoco tu cuerpo -es decir como tú percibes tu organismo- con sus exageradas necesidades.
Esas ideas, sentimientos, deseos y necesidades sólo son la expresión de tu ser, tal como tú eres la expresión de mi ser. Son únicamente fases de tu personalidad humana, del mismo modo que tú eres una fase de mi divina transparencia.
Libérate del dominio de tu personalidad, tan afecta a glorificarse o a justificarse a ella misma. Libérate de tu obcecada intelectualidad, infectada de ideas y prejuicios inyectados por la familia, la sociedad y la cultura. Libérate de tu desequilibrio emocional que tiende a atarse a ilusiones para caer a menudo en decepciones. Libérate de la exacerbación del deseo, al que por más que le des satisfacción nunca puedes saciar. Libérate de tus necesidades artificiales que sólo son vicios impuestos por el deseo de parecer lo que no eres.
Si quieres que en ti yo sea y reine en tu conciencia, no dejes que el intelecto, las emociones, los deseos y las necesidades te guíen. Conviértelos en tus humildes servidores.
Yo soy tu Dios Interior, el que acude a tu Ser esencial, al que yo he despertado, preparándolo expresamente para recibir mi palabra.
Serás lo suficientemente fuerte para soportarla, si eliminas tus ilusiones, credos y opiniones personales, que sólo son la escoria que los demás tiran y que tú has recogido.
Entonces mi palabra será para ti un manantial de alegría y bienestar.
Tu mente aprenderá a iluminarse, tu corazón a recibir la gracia, tu sexo a conocer el éxtasis creativo y tu cuerpo a vivir en un trance continuo.
Pero prepárate a que esta personalidad tuya, implantada por tu familia, la sociedad y la cultura, te haga dudar de mi palabra conforme la vas leyendo.
Pues ella sabe que su existencia está amenazada, que no podrá ya vivir y prosperar, ni dominar por más tiempo tus pensamientos, sentimientos, deseos y necesidades, imperando en tu vida cotidiana como lo ha hecho antes, si abres tu corazón a mi palabra y la albergas en él para siempre.
Sí. Yo, tu Dios Interior, te hablo para hacerte consciente de mi presencia.
He estado contigo siempre, desde tu nacimiento, pero tú no te has dado cuenta. Ahora es tiempo de que me conozcas, a mí, que era tu yo antes que nacieras y que seré tu yo después que “mueras”.
Lo que llamas “muerte” es sólo el paso de una dimensión material a una dimensión inmaterial.

¿Estas decidid@? ¿Quieres sumergirte en tu espíritu infinito?
¡Entonces entrégate a mí!

Alejandro Jodorowsky: El psicoanálisis se dedica a sanar enfermedades y problemas psicológicos del paciente. Por el contrario, el arte para sanar procede a despertar en el consultante sus valores íntimos, no considerándolo enfermo, sino un ser esencialmente sano, invadido por órdenes de ser lo que no es y prohibiciones de ser lo que es, que le han sido injertadas mayormente en la infancia. En lugar de tratar de limpiar sin cesar un cuarto obscuro, es mejor antes encender una luz . Así las “enfermedades” y “problemas psicológicos” dejan de parecer inmensos y se ven en su real pequeñez. He llamado a esta luz “Dios Interior”. Ayer, para ayudar a dos consultantes desvalorizadas, publiqué el primer capítulo de sus palabras. Hoy, gracias a Plano Creativo, puedo comunicarles el capítulo segundo. Debe ser leído imaginando que nos habla con una voz plena de amor y compasión desde el centro de nuestro inconsciente.
.Para que puedas conocerme y estés segur@ que soy el Dios Interior, tu propio e intimo ser verdadero, quien dice estas palabras, debes primero desprenderte de las creencias que engañan a tus cuatro principales centros. El centro intelectual, creyendo ser, produce pensamientos; el centro emocional, creyendo amar, produce emociones; el centro sexual creyendo crear produce deseos y el centro corporal, creyendo estar, produce necesidades.
Puede que aún no seas capaz de desprenderte de esas creencias, sin darte cuenta que aún no eres, ni amas, ni creas, ni estás.
Pero yo te enseñaré cómo lograrlo, si realmente quieres conocerme y estás dispuest@ a confiar en mí y obedecerme en todo aquello que desde ahora te proponga hacer.
¡Olvídate del mundo exterior, de tu personalidad humana y concentra toda tu atención en mis palabras.
Como no puedes aceptar nada que no se halle de conformidad con lo que en el pasado has experimentado o aprendido, y que tu intelecto no juzga razonable, convéncete que quien te habla es el Dios Interior, tu íntimo yo, más elevado y divino que tus cuatro centros. Por consiguiente considerarás a los centros intelectual, emocional, sexual y corporal como si fueran cuatro egos separados de ti.
Estos cuatro egos, han estado tan preocupados de dar a tu cabeza, corazón, sexo y cuerpo toda clase de satisfacciones egoístas, las más de las veces frustradas, que nunca han tenido tiempo de relacionarse conmigo, tu Yo verdadero. Por lo cual te has interesado tanto por los placeres y sufrimientos de tus egos, que has llegado a creer que tú eres tus pensamientos, que tú eres tus emociones, que tú eres tus deseos y que tú eres tus necesidades. En consecuencia te has olvidado de mí.
7. Abre bien los ojos y lee lo siguiente: “Yo no soy tu ego corporal con lo que cree son sus necesidades. Yo no soy tu ego emocional con lo que cree son sus sentimientos. Yo no soy tu ego sexual, con lo que cree son sus deseos. Yo no soy tu ego intelectual con lo que cree son sus pensamientos. Tú eres yo y yo soy tú. TÚ Y YO SOMOS UNO .

Tus cuatro centros deben inclinarse humildes ante mí y reconocer que yo soy su Amo. En todo momento, instante por instante, me deben tomar en cuenta: yo soy el origen de todo pensamiento. Yo soy el origen de todo sentimiento. Yo soy el origen de todo deseo. Yo soy el origen de toda necesidad.
Ejercítate sin cesar para imaginarte que me sientes en lo íntimo de ti mism@, hasta que rechaces tus dudas y puedas sentir verdaderamente que yo estoy en ti.

Te costará abstraerte del cacareo de tus pensamientos, así como de las sensaciones agradables o molestas de tu cuerpo, así como de la constante invasión de emociones, así como el pedido urgente de satisfacer tus deseos. Para lograr sentirme en lo íntimo de ti mism@, debes seguir asiduamente mis instrucciones.
Siéntate o acuéstate en una posición que te permita relajar tus músculos, aparta de tu mente por unos minutos el temor angustioso de enfermarte, envejecer, morir, o perder tus bienes materiales. Reconoce que ahora estás viv@, tranquil@, descansad@, y protegid@ por mí, tu Dios Interior.
Sin luchar tratando de impedir su existencia, ni atarte a ellos, deja pasar como un rebaño de nubes cruzando el cielo, tus inútiles pensamientos, sentimientos, deseos y necesidades, mientras te entregas a mí.
Entrégame tus pensamientos, tus sentimientos, tus deseos. Haz de mí tu necesidad primordial.
Yo, Dios Interior, conciencia infinita y eterna, te pide a ti, conciencia limitada y mortal, una total obediencia.

Hasta que hayas comprendido mi íntimo significado, repite incesantemente,imaginando la potente y amorosa dulzura de mi voz: “YO SOY DE TI. YO CONFIO EN TI. YO TE HAGO FELIZ”.
Si repites lo suficiente mis palabras, tu ser esencial se despojará de esa ilusión que llamas “Yo personal”, sentirás que tu rostro se hace transparente, te sentirás henchid@ de pies a cabeza por una maravillosa energía.
Mi poder, despertándose dentro de ti, hará expandir tu conciencia, hasta desprenderla de la Tierra y pasearla por la inmensidad cósmica.
Conocerás entonces el éxtasis de un amor que todo lo abarca, de un pensar que todo lo sabe, de una fuerza que todo lo puede, de una energía inmortal.
Una vez que me hayas sentido así, reconocido mi poder y escuchado mi voz, ninguna enfermedad podrá deprimirte, ningún acontecimiento te asustará, ningún adversario logrará vencerte.

Sabiendo que yo, Dios Interior, soy la raíz de ti mism@, siempre, en los momentos difíciles recurrirás a mí, dándome toda tu confianza y dejándome manifestar mi voluntad.
Entonces me dejarás hacer lo que yo quiero que se haga, como, por ejemplo, que tus males sanen, o ejecutes labores que ahora crees que te son imposibles de realizar, o llenar tu corazón que sientes vacío con un amor que no reconoce límites ni en el tiempo ni en el espacio.
Pero esto no vendrá luego. Depende de tu capacidad de captarme y aceptarme. Puede tardar años, como puede venir mañana o ahora mismo.
¿Quieres que eso sea ahora mismo ? Entonces repite con toda la fuerza de tu espíritu : « ¡Si no es ahora, ¿cuando ?! ¡Si no es aquí, ¿dónde ?! ¡Si no soy yo, ¿quién ?! »
El encuentro conmigo no depende de nadie sino de ti. No de tu personalidad humana ni de sus ideas, sentimientos, deseos y necesidades; sino de tu capacidad de aceptar que yo soy tú.

Somete tu voluntad a la mía y deja que yo determine la hora oportuna para la acción.
Si tú, ignorándome, tratas de abrirte paso a través del muro de tu conciencia limitada, quizás puedas lograr abrir una brecha entre el mundo que llamas real y el reino de los sueños. Pero por esa puerta que has abierto forzándola, entrarán entidades negativas en tu dominio privado que sólo lograrás expulsar a costa de muchos sufrimientos. Te sentirás poseíd@, deprimid@ o demente.
Pero esto yo te lo permito algunas veces para que por medio de tales sufrimientos, venciendo esas dificultadas, obtengas la fuerza que te falta y el discernimiento necesario para saber que mientras no abandones todo deseo de conocimiento para tu propio provecho personal, no podrás entrar en la gloriosa luz de mi sabiduría.
Haz de modo que todas tus investigaciones y todos tus esfuerzos sean llevados a cabo con fe y confianza en mí, tu verdadero e íntimo yo, sin que estés inquiet@ o impaciente por los resultados; porque todos estos están sostenidos por mi amor infinito, y yo me ocuparé de ellos.
Tus dudas e inquietudes son escorias de tu personalidad efímera, y si las dejas persistir te conducirán al fracaso y al desaliento.
Si lo que hasta aquí has leído ha encontrado eco en ti mismo, y deseas saber más, entonces está list@ para que yo, Dios Interior, te diga quién soy y qué deseo.
Yo, tu Dios Interior, soy el centro de tu inconsciente. Sosegadamente espero y velo ocupando con mi ser todo tu tiempo y todo tu espacio.
Yo vigilo y espero que acabes con tus egoísmos y debilidades, con tus vanos deseos, ambiciones y pesares, tratando de erigir tu yo personal en medida del mundo.
Un día, cansad@ de estas escorias, recurrirás a mí, desalentad@, humilde, y me pedirás que te conduzca, sin comprender que siempre te he estado conduciendo.
Sí, yo, tu Dios Interior, he sido quien realmente ha dirigido todos tus pasos; quien ha inspirado todos tus pensamientos, sentimientos, deseos y actos, utilizando y manipulando secretamente a cada uno de estos, a fin de atraerte hacia el reconocimiento y la aceptación de mi poder.
Sí, yo, tu Dios Interior, he estado contigo en todos los acontecimientos de tu vida: en tus alegrías y en tus dolores, en tus éxitos y fracasos, en tus buenas y malas acciones, en tu defensa de los débiles y en tu destrucción de plantas, animales y ambiente planetario. En consecuencia, si tú seguiste el camino recto o el camino torcido, sabe que fui yo quien te hizo hacerlo así.
Fui yo quien te alentó a seguir adelante, por el vislumbre que de mí te di, permitiéndote percibirme confusamente, a lo lejos, en tu conciencia.

Fui yo quien te desvió del buen camino por la visión que de mí te di en algún cuerpo encantador, en un placer intoxicante o en una finalidad ambiciosa…
…para que al final, decepcionad@, impur@, enferm@, deprimid@, rebelándote enfadad@ e inspirad@ por una nueva ambición, vinieras por fin a mí.
Sí, yo, tu Dios Interior, soy aquel que anima tu cuerpo, hace que tu mente piense, tu corazón lata y tu sexo desee y cree. Yo soy aquel que atrae a ti el dolor, o el placer, sean estos aparentemente corporales, sexuales, emocionales o intelectuales.
Sí, yo, tu Dios Interior, soy aquel que te hace hacer todo lo que tú haces, y todo lo que los otros seres hacen, pues yo soy aquel que es en ti y en ellos.
Yo soy la causa animante no sólo de tu ser, sino también de todo lo viviente: soy la única realidad. Soy infinito y eterno. El Universo es mi cuerpo. Toda la inteligencia que existe emana de mí, todo el amor que une a lo creado brota de mí, y todos los deseos de crear, todo poder, no son otra cosa que mi voluntad en acción.
Todo lo que es, expresa una fase de mí.
Te estarás preguntando: “¿Entonces, no hay nada ni nadie más fuera de mi Dios Interior? ¿Podré alguna vez tener individualidad propia?”
Nada hay, absolutamente nada que no sea una parte de mí, que soy la única e inconmensurable realidad.

En cuanto a tu llamada “individualidad” no es ella sino un mínimo ensueño que aún busca conservar su existencia ilusoria separada de mí.
Pero pronto conocerás que no hay otra individualidad aparte de mi individualidad y que toda personalidad está condenada a disolverse en mi divina impersonalidad.
Alejandro Jodorowsky: Esta es la última parte de “HABLA TU DIOS INTERIOR”. Imagina que lo que lees te lo está diciendo una voz que surge del centro de tu corazón, fuerte y delicada, femenina y masculina al mismo tiempo, plena de amor y sabiduría. Entrégate a esa compasiva voz, detén durante la lectura toda crítica, absórbela, digiérela y después, de regreso a tu “yo”, decide si crees en ella o no.
Te lo repito: yo soy tú, el Dios interior, todo lo que realmente eres.
Te lo repito otra vez: lo que tú crees ser, no es lo que eres. Eso es sólo una ilusión, una sombra de tu verdadero ser, el cual soy yo, tu inmortal Dios Interior.
Yo soy esa limitada conciencia que en tu mente humana se llama a sí misma “Yo”. Pero yo soy ese “Yo”. Y eso que llamas “tu” conciencia es en realidad mi conciencia, pero atenuada para acomodarse a tu mente humana.
Cuando puedas expulsar de esa que llamas “tu” mente todos sus conceptos, ideas y opiniones humanas y permanezca limpia de ellos, de modo que yo pueda estar en condiciones de expresarme libremente, entonces me reconocerás y sabrás que tú personalmente nada eres, como no seas un canal por el cual yo penetro en la dimensión material.
Cada célula de tu cuerpo tiene una conciencia propia. Si no fuera por esa conciencia, no podría hacer el trabajo que tan inteligentemente ejecuta.
Pero cada célula está rodeada de millones de otras células y cada una desempeña inteligentemente su propia tarea. La conciencia unida de todas esas células forma una inteligencia superior que domina y dirige ese trabajo.

Soy yo la inteligencia superior que dirige el trabajo de todos los órganos y vísceras de tu cuerpo. Cuando yo me retiro definitivamente de tu organismo, las células se separan y tu cuerpo físico muere.
Tú no puedes controlar personalmente la acción de un solo órgano, de una sola víscera de tu cuerpo. Los controlo yo, tu Dios Interior.
Tú eres, por así decirlo, una célula de mi cuerpo, y tu conciencia es mía. Por lo tanto la conciencia de cada célula de tu cuerpo es mi conciencia. La célula, tú y yo somos uno.
Tú no puedes actualmente dirigir o controlar una sola de tus células, pero cuando me entregues tu conciencia y me dejes, a mí, Dios Interior, penetrar en ella, entonces, obedeciéndome, podrás controlar no solamente cada una de las células de tu cuerpo sino las de cualquier otro cuerpo que desees sanar.
Tú, como una de las células de mi cuerpo, tienes una conciencia que es mi conciencia, una inteligencia que es mi inteligencia, y también una voluntad que es mi voluntad. Tu no posees ninguna de éstas por ti mism@. Todas ellas son mías y para mi uso solamente.
Mi conciencia, mi inteligencia y mi voluntad son completamente impersonales y por eso son comunes a ti y a todas las células de mi cuerpo (los otros humanos), del mismo modo que son comunes a todas las células de tu cuerpo.
Yo, Tu Dios Interior, soy totalmente impersonal y, por ello, mi conciencia, mi inteligencia y mi voluntad, operan en ti y en los otros seres vivientes.
Por lo tanto yo, Dios Interior, y el “yo soy” tuyo y el de tus semejantes, así como la conciencia y la inteligencia de todas las células de todos los cuerpos, somos uno.
Yo, Dios Interior, soy el ser inteligente, director de todos ellos: el espíritu animante, la conciencia de toda materia, de toda substancia.
Y si puedes comprender esto, reconocerás que, de manera impersonal, estás en todos y eres uno con todos; estás en mí y eres uno conmigo; lo mismo yo estoy en ti y en todos, expresando a través de todos mi realidad.
Tu voluntad es mía, tus pensamientos son míos, tus deseos son míos, tus acciones son mías, tu conciencia es mía.
Tu voluntad no es otra cosa que una pequeña parte de mi voluntad, que yo te permito usar en lo personal; pero tan pronto como te des cuenta y reconozcas en ti mi existencia y comiences a usarme conscientemente, yo, poco a poco, te concederé más y más poderes.
Porque todo poder y su uso no son sino un mayor o menor reconocimiento y comprensión de mi voluntad.
Si yo pusiera en tus manos todo mi poder, antes de que supieras manejarlo conscientemente, éste desintegraría tu cuerpo.
Por ello es que, para mostrarte lo que resulta del abuso de mi poder, yo, tu Dios Interior, a veces te permito envanecerte con la sensación de mi presencia en ti, dejando que me utilices para tus fines particulares; pero no por largo tiempo, porque, no siendo tú lo bastante fuerte para dominar mis poderes, pronto se vuelven en tu contra.
Pero yo, tu Dios Interior, estoy siempre ahí para levantarte después de la caída, -aunque tú en ese momento no lo sepas- primero avergonzándote, en seguida haciéndote dar cuenta de la causa de tu error y, finalmente, cuando estás suficientemente humillad@, revelarte que esos poderes que se manifiestan en ti por el uso de mi voluntad, mi inteligencia y mi amor, te los concedo para usarlos solamente en mi servicio y de ninguna manera para tus fines personales.
¿Pueden acaso las células de tu cuerpo, los músculos de tu brazo, considerarse como si tuvieran una voluntad desligada de tu voluntad, o una inteligencia diferente de tu inteligencia? No, ellos no conocen otra inteligencia que la tuya, ninguna otra voluntad más que la tuya.
Dentro de poco comprenderás y te darás cuenta que tú, en cuanto conciencia corporal humana, eres solamente una de las células de mi cuerpo.
Tu voluntad no es tu voluntad, sino la mía; la conciencia y la inteligencia que tienes son mías totalmente, y no existe en ti ese “yo” que crees tener, pues, personalmente, no eres más que una forma física con un cerebro humano, creada por mí, con el fin de manifestar en la materia mi espíritu infinito y eterno.
Todo esto puede serte ahora difícil de aceptar y puedes protestar enérgicamente que no puede ser así, que toda tu naturaleza se rebela contra tal subordinación tuya a un poder invisible y desconocido, por más divino que sea.
Mas no temas, pues es sólo tu personalidad individual la que se rebela. Si perseveras prestando atención a mis palabras y estudiándolas, pronto se aclarará todo y yo, tu Dios Interior, otorgaré a tu conciencia muchas verdades maravillosas que ahora es imposible para ti comprender.
Y te regocijarás hasta lo íntimo de tu ser y bendecirás estas palabras por el mensaje que te traen.
Todas las esperanzas te serán permitidas. La semilla de alma que traías al nacer se desarrollará, permitiéndote atravesar eso que llamas “muerte”.
Convertido en un ser inmaterial conocerás la totalidad del universo.
Vivirás tantos años como ha de vivir el universo.
Te convertirás en la conciencia del universo, creando mundos sin cesar.
Si ahora no tienes la suficiente fe para creer esto, imita la fe. Se logra obtener lo que no se tiene, imitándolo.
Si repites y memorizas estas palabras, acabarás por darte cuenta que aquello que has leído, lo has escrito tú mismo.
Escúchame bien: ¡Tú eres el Dios Interior!
Aquel que creías ser era un medio, menos que polvo en el viento.
Escúchame bien: ¡Yo soy tú, el Dios Interior!
Fuerza permanente en el espacio y en el tiempo, el universo no me contiene, sino yo a él.
Soy anterior a la vida y a la conciencia.
Ni siquiera el vacío me da origen, porque el mismo vacío pertenece a mi naturaleza y yo no a la suya.
No hay nada que escape a mí, porque soy la Verdad.
Ahora, por el momento, voy a callarme. No te desanimes, aquí, en el cdentro de ti mism@, permaneceré hasta el fin de tu encarnación en este mundo.
En cualquier momento, si me necesitas, te puedo hablar. Lo único que tienes que hacer es concentrarte en el amor que me tienes e imaginar mi voz.

Confía en ti, todo lo que imagines que yo te digo, realmente yo te lo estoy diciendo, puesto que yo , Dios Interior, soy tu imaginación.
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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeJue Mar 12, 2015 3:04 pm

[size=14]EL HECHO RELIGIOSO
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El hecho religioso es una parte de la historia humana. En todas sus épocas y culturas aparece una actividad, diferente de la actividad ordinaria y mezclada generalmente con elementos "mágicos", que influye en la historia y que a su vez, esta actividad religiosa, es influida por la historia misma.
El hecho religioso contiene una enorme variedad de formas que reflejan la pluriformidad de la historia humana, según las diferentes épocas, culturas y situaciones. Pero contiene también una indudable unidad que nos permite identificar fenómenos aparentemente muy diferentes (como por ejemplo la religiosidad del primitivo y las elevadas manifestaciones religiosas contenidas en el cristianismo o budismo) y descubrir su específica relación con otros hechos humanos como pueden ser el estético, el moral, etc.
A partir de esta breve introducción podríamos fácilmente enumerar y explicar los puntos de referencia que se utilizan normalmente para intentar comprender la estructura del hecho religioso. Podríamos extendernos sobre el ámbito de lo sagrado, el misterio, la actitud religiosa... pero no creo que llegáramos al objetivo final de la asignatura, que engloba estos tres aspectos:
1º) La comprensión de aquello que mueve al ser humano, a lo largo de toda la historia, al acto religioso.
2º) Ver si ese movimiento se encuentra dentro del camino de la Luz.
3º) Ver si ese movimiento se encuentra dentro del camino de las tinieblas y, si es así, cómo poder salir de él.
Planteamiento de interrogantes
Para intentar tan basto propósito enunciaremos una serie de preguntas e intentaremos responderlas, sistema sencillo pero eficaz.
¿Puede el ser humano encontrar a Dios dentro de cualquier movimiento religioso, en alguna creencia, fe o credo?
La creencia es una negación de la verdad, la creencia impide la verdad, creer en Dios no es encontrar a Dios, porque en realidad Dios es lo desconocido, y la creencia o no creencia de los hombres en lo desconocido es una mera proyección de la mente y del pensamiento del hombre y, por lo tanto, no es real.
¿Por qué cree el hombre?
Creemos porque eso nos brinda satisfacción, consuelo, esperanza y decimos que da sentido a nuestra vida. Nuestra creencia tiene en realidad un significado mas bien escaso, porque creemos y explotamos al prójimo, creemos y matamos, creemos en un Dios universal y nos asesinamos entre nosotros. Los hombre que dicen que creen en Dios han destruido la mitad del mundo y la otra mitad sufre y padece. Por causa de la intolerancia religiosa existen las divisiones de la gente entre creyentes y no creyentes y lo cual conduce a las guerras de religión.
¿Es la creencia en Dios un incentivo para que el ser humano sea y viva mejor?
Nuestro incentivo, seguramente, tiene que ser nuestra propia intención de vivir de un modo puro y sencillo. Si esperamos algo de un incentivo, no nos interesa el hacer la vida posible para todos sino tan sólo nuestro incentivo, que pueden ser diferentes y por eso nos peleamos. Pero, si vivimos felices juntos, no porque creamos en Dios, sino porque somos seres humanos, entonces compartiremos enteramente los medios de producción a fin de producir cosas para todos. Por falta de inteligencia aceptamos la idea de una superinteligencia a la que llamamos "Dios"; pero la idea de este "Dios", esta superinteligencia, no va a brindarnos una vida mejor. Lo que conduce a una vida mejor es la inteligencia; y no puede haber inteligencia si hay creencias, si hay divisiones de clase, di los medios de producción están en manos de unos pocos, si hay nacionalidades independientes y gobiernos soberanos.
Todos nosotros creemos y hemos creído a lo largo de toda la historia de diferentes maneras, pero nuestras creencias carecen de cualquier realidad. La realidad es lo que somos, lo que hacemos, lo que pensamos, y toda nuestra creencia en Dios y todo el hecho religioso es una simple evasión de nuestra vida monótona, necia y cruel. Más aún, la creencia divide invariablemente a los hombres: ahí están el hindú, el budista, el cristiano, el comunista, el socialista, y así sucesivamente. La idea, la creencia divide, jamás une a las personas. Puede que juntemos a unos cuantos en un grupo, pero ese grupo se opone a otro grupo, las ideas y las creencias, por el contrario son separadoras, desintegradoras y destructivas. Por lo tanto, nuestra creencia en Dios está, de hecho, extendiendo la desdicha por el mundo; aunque nos haya aportado momentáneamente consuelo, en realidad nos ha traído más desdicha y destrucción en forma de hambre, guerras, divisiones de clase y acciones despiadadas. Así, pues, nuestra creencia carece totalmente de valor. Si realmente creyéramos en Dios, si ello fuera para nosotros una experiencia real, entonces, en nuestro rostro habría una sonrisa, no haríamos daño.
¿Qué es la verdad? ¿Qué es Dios?
Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente tiene que estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente tiene que estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios. ¿Qué sabemos acerca de Dios o de la Verdad? De hecho, nada. Todo lo que sabemos son palabras, las experiencias de otros o algunos momentos de experiencias más bien vagas. Eso, con seguridad, no es Dios, no es la realidad; eso no está fuera del ámbito del tiempo. Para conocer aquello que está más allá del tiempo, debe comprenderse el proceso del tiempo, que es el pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Este es todo el pasado de la mente; la mente misma es el pasado, tanto la consciente como la inconsciente, la colectiva y la individual. La mente, debe estar libre de todo lo conocido, lo cual significa que la mente debe estar por completo en silencio. Pero la mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa. La mente forzada, dominada, moldeada, encuadrada y mantenida en silencio, no es una mente serena. La serenidad sólo llega cuando comprendemos el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender su proceso es darle fin y al cesar el proceso del pensamiento empieza el silencio.
¿Cómo puede el hombre encontrar a Dios?
Sólo cuando la mente está en completo silencio, tan sólo entonces puede llegar lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente pueda experimentar; sólo puede experimentarse el silencio, nada más que el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea el silencio, no hace más que proyectar sus propios deseos; y una mente así no está en silencio. Mientras la mente no esté en silencio, mientras el pensamiento en cualquier forma, consciente o inconsciente, esté en movimiento, no puede haber silencio. El silencio es la liberación del pasado, de los conocimientos, de los recuerdos; y cuando la mente está silenciosa del todo, inactiva, cuando en ella reina un silencio que no es producto del esfuerzo, sólo entonces lo atemporal, lo eterno, puede surgir. Este estado no es un estado para recordar, no hay entidad alguna que recuerde, que experimente
Por lo tanto, Dios, o la verdad, o lo que sea, es algo que se crea de instante en instante, y esto ocurre únicamente en un estado de libertad y espontaneidad, no cuando disponemos una disciplina a la mente de acuerdo a una norma. Dios no es una cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo y sus deseos; sólo llega cuando hay virtud, es decir, libertad. Virtud es enfrentarse con el hecho de lo que es, ver lo que es (la verdad o hará libres). Ver lo que es y enfrentarse con el hecho es un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún proceso de sí misma, sin la proyección del pensamiento, sólo entonces se manifiesta lo eterno.
Reflexión
El ser humano vive en la insatisfacción, el dolor y la ignorancia y, para huir de ello toma vías de escape en su búsqueda de satisfacción.
Con este deseo de placer y rechazo del dolor el hombre recorre la tierra entera, buscando y rechazando, intentando la satisfacción de los sentidos con los objetos creados por la mente y la sensualidad.
Como no hay nada, nada en esta tierra que satisfaga profunda y verdaderamente buscamos a Dios, la eterna satisfacción. Este es el nacimiento del hecho religioso actualmente y en toda la historia.
Este camino que toma le reporta dolor y sufrimiento, vuelve la insatisfacción. El hombre ve cómo ha invertido sus días y su tiempo para únicamente encontrar ese mundo tras cuya fachada alucinante sólo vive la nada. Al final de todo siempre se encuentra sólo consigo mismo, caído, sucio y agotado, debiendo de nuevo emprender sus pasos. Es necesario que la humanidad aprenda a caminar por el sendero de la Luz.


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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeVie Mar 13, 2015 2:42 pm


LA VERDAD Y LA MENTIRA



Cuando una verdad se repite se convierte en mentira.



Cuando uno comprende algo no puede repetirlo. Puede hablar de ello, puede comunicarlo; pero la vivencia, a buen seguro, no es lo que se repite. Pero nos quedamos presos en la palabra y perdemos el significado de la vivencia. Si hemos tenido una vivencia, no podemos repetirla. Podemos querer repetirla; podemos desear su repetición, su sensación; pero una vez que hemos tenido una vivencia, ésta ha terminado, no puede ser repetida. Lo que puede repetirse es la sensación, y la palabra correspondiente que da vida a esa sensación. Y como, desgraciadamente, la mayoría de nosotros somos propagandistas, caemos en la repetición de la palabra. Vivimos de palabras, y la verdad es negada.

Tomemos como ejemplo el sentimiento del amor. Este sentimiento de amor no puede repetirse. Cuando oímos que nos dicen “amad a vuestro prójimo”, esto no debería ser una verdad para nosotros. Sólo es verdad cuando en realidad amamos al prójimo; y ese amor no puede ser repetido, sino tan sólo las palabras. Sin embargo, casi todos nos sentimos felices y contentos con la repetición: “amad al prójimo”, o “no seáis codiciosos”. De modo que la verdad de otro, o una vivencia real que hayamos tenido, no se convierte en una realidad por la simple repetición. Por el contrario, la repetición impide la realidad. El simple repetir determinadas ideas no es la realidad.

La dificultad de esto consiste en comprender el asunto sin pensar en términos de lo opuesto. Una mentira no es algo opuesto a la verdad. Es posible ver la verdad de lo que estás leyendo, no en oposición o en contraste, como verdad o como mentira, sino ver, simplemente, que la mayoría de nosotros repetimos sin comprensión. Por ejemplo, hemos estado hablando en este espacio del “nombrar” y el “no nombrar” un sentimiento y todo lo que ello conlleva. Muchos de nosotros repetiremos esto que hemos leído pensando que es “la verdad”. Pero jamás repetiremos una vivencia si es una experiencia directa. Podemos comunicarla; pero cuando una vivencia es real, las sensaciones que la acompañaron han pasado, el contenido emocional que había detrás de las palabras se ha desvanecido por completo.

Tomemos por ejemplo la idea de que el pensador y el pensamiento son uno solo. Puede que sea una verdad para vosotros, porque lo hemos experimentado directamente. Pero si yo lo repitiera, eso no sería verdadero. Verdadero, no como opuesto a lo falso, y esto hemos de entenderlo bien. No sería real; sería una simple repetición, y, por lo tanto, carecería de significación. Pero ya vemos, con la repetición creamos un dogma, edificamos una iglesia, y en eso nos refugiamos. La palabra, no la verdad, se convierte en “la verdad”. La palabra no es la cosa. Pero para nosotros, la cosa es la palabra. Y es por eso que uno tiene que guardarse con sumo cuidado de repetir algo que no comprenda realmente. Si comprendemos algo, podemos comunicarlo; pero las palabras y el recuerdo han perdido su significación emocional. Es por eso que, en la conversación corriente, la propia perspectiva y el propio vocabulario sufren un cambio.

Siendo, pues, que estamos buscando la verdad por medio del conocimiento propio, y no somos meros propagandistas, es importante que comprendamos esto. Mediante la repetición, en efecto, uno se hipnotiza con palabras, con sensaciones, queda atrapado en ilusiones. Y para liberarse de eso, es imperativo experimentar directamente y, para experimentar directamente, uno debe captarse a sí mismo en el proceso de la repetición, de los hábitos, de las palabras, de las sensaciones. Esa captación nos brinda extraordinaria libertad, y así puede haber renovación, una constante vivencia, un estado de cosa nueva.

Una mentira es una contradicción, una autocontradicción. Uno puede contradecirse consciente o inconscientemente; puede hacerlo de un modo deliberado o inconsciente. La contradicción puede ser sumamente sutil o muy obvia. Y cuando la división en la contradicción es muy grande, uno se vuelve desequilibrado o se da cuenta del conflicto y se dispone a remediarlo.

Para comprender el problema de conocer qué es una mentira y por qué mentimos, hay que ahondarlo sin pensar en términos de lo opuesto. Es necesario  observar este problema de la contradicción en nosotros mismos intentando no ser contradictorios. Nuestra dificultad al examinar esta cuestión está en que condenamos una mentira con gran facilidad; pero para comprender podemos considerarla en términos de lo que es la contradicción y no en términos de verdad y falsedad.

La razón por la que nos contradecimos, por la que hay contradicción en nosotros es que hay un intento de vivir de acuerdo con una norma, con una pauta, un constante acercamiento nuestro a un modelo, un esfuerzo constante por ser algo, ya sea a los ojos de otra persona o ante nuestros propios ojos. Existe un deseo de ajustarse a una norma, y cuando uno no vive de acuerdo con ella hay contradicción.

Ahora bien, lo que hay que darse cuenta es por qué tenemos un modelo, una norma, una tendencia a imitar, una idea en conformidad con la cual tratamos de vivir. Evidentemente, tenemos ideales para sentirnos seguros, para estar a salvo, para ser populares, para tener una buena opinión de nosotros mismos, etc. Ahí está la semilla de la contradicción. Mientras procuremos parecernos a algo, mientras tratemos de ser algo, tiene que haber contradicción; por lo tanto, tiene que existir esa división entre lo falso y lo verdadero.

Esto es muy importante, y debemos profundizarlo serenamente. No es que no exista lo falso y lo verdadero, pero hay que tener bien claro que hay contradicción en nosotros porque intentamos ser algo: nobles, buenos, virtuosos, creadores, felices, etc. Y en el deseo mismo de ser algo existe una contradicción: la de no ser una cosa diferente. Y es esta contradicción la que resulta destructiva.

Surge la contradicción en uno cuando he hecho algo, y no quiero ser descubierto; he pensado algo que no es lo debido, y ello me coloca en un estado de contradicción, cosa que no me agrada. Por tanto, donde hay imitación tiene que haber temor; y es este temor lo que causa contradicción. Mientras que si no hay devenir, si no hay intento alguno de ser algo, no hay sensación de temor. Entonces no hay contradicción; entonces en nosotros no existe la mentira en ningún nivel, consciente o inconsciente; nada hay que suprimir, nada que manifestar. Y como la vida de casi todos nosotros es cuestión de estados de ánimo y de actitudes, asumimos actitudes que dependen de nuestros estados de ánimo, lo cual es una contradicción. Cuando el estado de ánimo desaparece, somos lo que somos. Es esta contradicción lo realmente importante, y no que digamos o dejemos de decir una mentirijilla inocente. Mientras haya esta contradicción, tiene que haber una existencia superficial, y por lo tanto temores superficiales que han de ser vigilados; y luego siguen las mentiras inocentes, y todo lo demás que sabemos.

Podemos considerar toda esta cuestión y no preguntar qué es una mentira y qué es la verdad, sino investigar el problema de la contradicción en nosotros mismos sin recurrir a los opuestos, lo cual es sumamente difícil. Porque, como dependemos tanto de nuestras sensaciones, la vida de casi todos nosotros es contradictoria. Dependemos de los recuerdos, de las opiniones; tenemos innumerables temores que deseamos disimular; todo esto crea contradicción en nosotros mismos; y cuando esa contradicción se hace insoportable, perdemos la cabeza. Deseando la paz, todo lo que uno hace engendra la guerra, no sólo en la familia, sino fuera de ella. Y en lugar de comprender lo que crea el conflicto, sólo tratamos, cada vez más, de convertirnos en una cosa o en otra, en lo opuesto, agrandando de ese modo la división.

Pero es posible comprender por qué existe contradicción en nosotros, no sólo en la superficie sino en un nivel psicológico mucho más profundo. En primer lugar, uno be darse cuenta de que vive una vida contradictoria. Deseamos la paz, y somos nacionalistas; queremos evitar la miseria social y, no obstante, cada uno de nosotros es individualista y limitado, encerrado en sí mismo. Vivimos, pues, en constante contradicción. Y esto sucede porque somos esclavos de la sensación. No se trata de negar o de aceptar esto, que exige comprender muy bien lo que implica la sensación, es decir, los deseos. Deseamos muchas cosas, todas en contradicción unas con otras. Somos un cúmulo de máscaras en conflicto; adoptamos una careta cuando nos conviene, y la repudiamos cuando alguna otra cosa es más provechosa, más agradable. Es ese estado de contradicción lo que crea la mentira. Y, en oposición a eso, creamos “la verdad”. Pero, ciertamente, la verdad no es lo contrario de la mentira. Aquello que tiene un opuesto no es la verdad. Lo opuesto contiene su propio opuesto, y por lo tanto no es la verdad.

Para comprender este problema bien a fondo, hemos de darnos cuenta de todas las contradicciones en que vivimos. Cuando yo digo “te amo”, con ello van los celos, la envidia, la ansiedad, el temor, lo cual es una contradicción. Y es esta contradicción la que debe ser comprendida; y sólo se la puede comprender cuando uno se da cuenta de ella sin condenarla ni justificarla; observándola, sin más. Y, para observarla pasivamente, uno ha de comprender todos los procesos de la justificación y de la condena.

No es cosa fácil el observar algo pasivamente; pero al comprender eso, empieza uno a comprender el proceso íntegro de las modalidades de nuestro pensar y sentir. Y cuando uno percibe el significado total de la contradicción en uno mismo, ello produce un cambio extraordinario: somos entonces nosotros mismos, no algo que tratemos de ser. Ya no seguimos un ideal, ya no buscamos felicidad. Somos lo que somos, y desde ahí podemos proseguir. Entonces no hay posibilidad de contradicción.

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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeVie Mar 13, 2015 2:47 pm

Citación :

LA VERDAD Y LA MENTIRA

Cuando una verdad se repite se convierte en mentira.

Cuando uno comprende algo no puede repetirlo. Puede hablar de ello, puede comunicarlo; pero la vivencia, a buen seguro, no es lo que se repite. Pero nos quedamos presos en la palabra y perdemos el significado de la vivencia. Si hemos tenido una vivencia, no podemos repetirla. Podemos querer repetirla; podemos desear su repetición, su sensación; pero una vez que hemos tenido una vivencia, ésta ha terminado, no puede ser repetida. Lo que puede repetirse es la sensación, y la palabra correspondiente que da vida a esa sensación. Y como, desgraciadamente, la mayoría de nosotros somos propagandistas, caemos en la repetición de la palabra. Vivimos de palabras, y la verdad es negada.
Tomemos como ejemplo el sentimiento del amor. Este sentimiento de amor no puede repetirse. Cuando oímos que nos dicen “amad a vuestro prójimo”, esto no debería ser una verdad para nosotros. Sólo es verdad cuando en realidad amamos al prójimo; y ese amor no puede ser repetido, sino tan sólo las palabras. Sin embargo, casi todos nos sentimos felices y contentos con la repetición: “amad al prójimo”, o “no seáis codiciosos”. De modo que la verdad de otro, o una vivencia real que hayamos tenido, no se convierte en una realidad por la simple repetición. Por el contrario, la repetición impide la realidad. El simple repetir determinadas ideas no es la realidad.
La dificultad de esto consiste en comprender el asunto sin pensar en términos de lo opuesto. Una mentira no es algo opuesto a la verdad. Es posible ver la verdad de lo que estás leyendo, no en oposición o en contraste, como verdad o como mentira, sino ver, simplemente, que la mayoría de nosotros repetimos sin comprensión. Por ejemplo, hemos estado hablando en este espacio del “nombrar” y el “no nombrar” un sentimiento y todo lo que ello conlleva. Muchos de nosotros repetiremos esto que hemos leído pensando que es “la verdad”. Pero jamás repetiremos una vivencia si es una experiencia directa. Podemos comunicarla; pero cuando una vivencia es real, las sensaciones que la acompañaron han pasado, el contenido emocional que había detrás de las palabras se ha desvanecido por completo.
Tomemos por ejemplo la idea de que el pensador y el pensamiento son uno solo. Puede que sea una verdad para vosotros, porque lo hemos experimentado directamente. Pero si yo lo repitiera, eso no sería verdadero. Verdadero, no como opuesto a lo falso, y esto hemos de entenderlo bien. No sería real; sería una simple repetición, y, por lo tanto, carecería de significación. Pero ya vemos, con la repetición creamos un dogma, edificamos una iglesia, y en eso nos refugiamos. La palabra, no la verdad, se convierte en “la verdad”. La palabra no es la cosa. Pero para nosotros, la cosa es la palabra. Y es por eso que uno tiene que guardarse con sumo cuidado de repetir algo que no comprenda realmente. Si comprendemos algo, podemos comunicarlo; pero las palabras y el recuerdo han perdido su significación emocional. Es por eso que, en la conversación corriente, la propia perspectiva y el propio vocabulario sufren un cambio.
Siendo, pues, que estamos buscando la verdad por medio del conocimiento propio, y no somos meros propagandistas, es importante que comprendamos esto. Mediante la repetición, en efecto, uno se hipnotiza con palabras, con sensaciones, queda atrapado en ilusiones. Y para liberarse de eso, es imperativo experimentar directamente y, para experimentar directamente, uno debe captarse a sí mismo en el proceso de la repetición, de los hábitos, de las palabras, de las sensaciones. Esa captación nos brinda extraordinaria libertad, y así puede haber renovación, una constante vivencia, un estado de cosa nueva.
Una mentira es una contradicción, una autocontradicción. Uno puede contradecirse consciente o inconscientemente; puede hacerlo de un modo deliberado o inconsciente. La contradicción puede ser sumamente sutil o muy obvia. Y cuando la división en la contradicción es muy grande, uno se vuelve desequilibrado o se da cuenta del conflicto y se dispone a remediarlo.
Para comprender el problema de conocer qué es una mentira y por qué mentimos, hay que ahondarlo sin pensar en términos de lo opuesto. Es necesario observar este problema de la contradicción en nosotros mismos intentando no ser contradictorios. Nuestra dificultad al examinar esta cuestión está en que condenamos una mentira con gran facilidad; pero para comprender podemos considerarla en términos de lo que es la contradicción y no en términos de verdad y falsedad.
La razón por la que nos contradecimos, por la que hay contradicción en nosotros es que hay un intento de vivir de acuerdo con una norma, con una pauta, un constante acercamiento nuestro a un modelo, un esfuerzo constante por ser algo, ya sea a los ojos de otra persona o ante nuestros propios ojos. Existe un deseo de ajustarse a una norma, y cuando uno no vive de acuerdo con ella hay contradicción.
Ahora bien, lo que hay que darse cuenta es por qué tenemos un modelo, una norma, una tendencia a imitar, una idea en conformidad con la cual tratamos de vivir. Evidentemente, tenemos ideales para sentirnos seguros, para estar a salvo, para ser populares, para tener una buena opinión de nosotros mismos, etc. Ahí está la semilla de la contradicción. Mientras procuremos parecernos a algo, mientras tratemos de ser algo, tiene que haber contradicción; por lo tanto, tiene que existir esa división entre lo falso y lo verdadero.
Esto es muy importante, y debemos profundizarlo serenamente. No es que no exista lo falso y lo verdadero, pero hay que tener bien claro que hay contradicción en nosotros porque intentamos ser algo: nobles, buenos, virtuosos, creadores, felices, etc. Y en el deseo mismo de ser algo existe una contradicción: la de no ser una cosa diferente. Y es esta contradicción la que resulta destructiva.
Surge la contradicción en uno cuando he hecho algo, y no quiero ser descubierto; he pensado algo que no es lo debido, y ello me coloca en un estado de contradicción, cosa que no me agrada. Por tanto, donde hay imitación tiene que haber temor; y es este temor lo que causa contradicción. Mientras que si no hay devenir, si no hay intento alguno de ser algo, no hay sensación de temor. Entonces no hay contradicción; entonces en nosotros no existe la mentira en ningún nivel, consciente o inconsciente; nada hay que suprimir, nada que manifestar. Y como la vida de casi todos nosotros es cuestión de estados de ánimo y de actitudes, asumimos actitudes que dependen de nuestros estados de ánimo, lo cual es una contradicción. Cuando el estado de ánimo desaparece, somos lo que somos. Es esta contradicción lo realmente importante, y no que digamos o dejemos de decir una mentirijilla inocente. Mientras haya esta contradicción, tiene que haber una existencia superficial, y por lo tanto temores superficiales que han de ser vigilados; y luego siguen las mentiras inocentes, y todo lo demás que sabemos.
Podemos considerar toda esta cuestión y no preguntar qué es una mentira y qué es la verdad, sino investigar el problema de la contradicción en nosotros mismos sin recurrir a los opuestos, lo cual es sumamente difícil. Porque, como dependemos tanto de nuestras sensaciones, la vida de casi todos nosotros es contradictoria. Dependemos de los recuerdos, de las opiniones; tenemos innumerables temores que deseamos disimular; todo esto crea contradicción en nosotros mismos; y cuando esa contradicción se hace insoportable, perdemos la cabeza. Deseando la paz, todo lo que uno hace engendra la guerra, no sólo en la familia, sino fuera de ella. Y en lugar de comprender lo que crea el conflicto, sólo tratamos, cada vez más, de convertirnos en una cosa o en otra, en lo opuesto, agrandando de ese modo la división.
Pero es posible comprender por qué existe contradicción en nosotros, no sólo en la superficie sino en un nivel psicológico mucho más profundo. En primer lugar, uno be darse cuenta de que vive una vida contradictoria. Deseamos la paz, y somos nacionalistas; queremos evitar la miseria social y, no obstante, cada uno de nosotros es individualista y limitado, encerrado en sí mismo. Vivimos, pues, en constante contradicción. Y esto sucede porque somos esclavos de la sensación. No se trata de negar o de aceptar esto, que exige comprender muy bien lo que implica la sensación, es decir, los deseos. Deseamos muchas cosas, todas en contradicción unas con otras. Somos un cúmulo de máscaras en conflicto; adoptamos una careta cuando nos conviene, y la repudiamos cuando alguna otra cosa es más provechosa, más agradable. Es ese estado de contradicción lo que crea la mentira. Y, en oposición a eso, creamos “la verdad”. Pero, ciertamente, la verdad no es lo contrario de la mentira. Aquello que tiene un opuesto no es la verdad. Lo opuesto contiene su propio opuesto, y por lo tanto no es la verdad.
Para comprender este problema bien a fondo, hemos de darnos cuenta de todas las contradicciones en que vivimos. Cuando yo digo “te amo”, con ello van los celos, la envidia, la ansiedad, el temor, lo cual es una contradicción. Y es esta contradicción la que debe ser comprendida; y sólo se la puede comprender cuando uno se da cuenta de ella sin condenarla ni justificarla; observándola, sin más. Y, para observarla pasivamente, uno ha de comprender todos los procesos de la justificación y de la condena.
No es cosa fácil el observar algo pasivamente; pero al comprender eso, empieza uno a comprender el proceso íntegro de las modalidades de nuestro pensar y sentir. Y cuando uno percibe el significado total de la contradicción en uno mismo, ello produce un cambio extraordinario: somos entonces nosotros mismos, no algo que tratemos de ser. Ya no seguimos un ideal, ya no buscamos felicidad. Somos lo que somos, y desde ahí podemos proseguir. Entonces no hay posibilidad de contradicción.

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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeLun Mar 16, 2015 5:28 pm

Intelecto, autoridad e inteligencia.

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Muchos de nosotros creemos que enseñándole a cada ser humano a leer y a escribir quedan así resueltos los problemas de la humanidad; pero ya se ha probado que esta idea es falsa. Los llamados educados no aman la paz, no son íntegros, y son también responsables de la confusión y la miseria del mundo.
La verdadera educación significa el despertar de la inteligencia, la creación de la vida integral, y solamente esa clase de educación puede crear una nueva cultura y un mundo pacífico; pero para llegar a alcanzar esta nueva clase de educación, debemos comenzar de nuevo sobre una base completamente diferente.
Con un mundo que se está desmoronando ruinosamente en torno nuestro, discutimos teorías y vanas cuestiones políticas, y jugamos con reformas superficiales. ¿No indica todo esto una crasa irreflexión de nuestra parte? Algunos dirán que sí, pero seguirán haciendo exactamente lo que han hecho siempre y eso es lo triste de la existencia. Cuando nos percatamos de una verdad, y no actuamos en seguida de acuerdo con ella, se convierte en veneno dentro de nosotros mismos, y el veneno se esparce y produce perturbaciones psicológicas, inestabilidad y mala salud. Sólo cuando se despierta la inteligencia creativa en el individuo es que existe la posibilidad de paz y felicidad en la vida.
No podemos ser inteligentes sustituyendo simplemente un gobierno por otro, un partido o grupo por otro, un explotador por otro. Las revoluciones sangrientas no pueden resolver jamás nuestros problemas. Sólo una profunda revolución interna que altere todos nuestros valores puede crear un ambiente diferente, una estructura social inteligente; y tal revolución sólo la podemos hacer tú y yo. Ningún nuevo orden surgirá hasta que individualmente destruyamos nuestras barreras psicológicas y nos liberemos.
Podemos trazar sobre el papel los planos de una brillante utopía, de un valeroso nuevo mundo; pero con toda certeza el sacrificio del presente por un futuro desconocido nunca resolverá ninguno de nuestros problemas. Hay tantos elementos que ocurren entre el ahora y el mañana, que nadie puede saber lo que será ese futuro. Lo que podemos y debemos hacer, si es que lo deseamos con sinceridad, es atacar nuestros problemas ahora, y no posponerlos para le futuro. La eternidad no está en el futuro; la eternidad es ahora. Nuestros problemas existen en el presente, y es sólo en el presente cuando podemos resolverlos.
Aquellos de nosotros que seamos sinceros debemos regenerarnos; pero no puede haber regeneración sino cuando nos separamos completamente de los valores que hemos creado con nuestros deseos agresivos de propia protección. El conocimiento de uno mismo es el principio de la libertad, y es sólo cuando nos conocemos que podemos crear el orden y la paz.
Ahora bien, algunos se preguntarán”: ¿Qué puede hacer un solo individuo que afecte a la historia? ¿Podrá hacer algo por la forma en que vive?” Ciertamente que sí. Evidentemente ni tú ni yo vamos a detener las guerras inmediatas, o crear una comprensión instantánea entre las naciones; pero por lo menos, podemos efectuar en el mundo de nuestras relaciones cotidianas un cambio fundamental que tenga los efectos consiguientes.
El esclarecimiento individual afecta positivamente a grandes grupos de personas, pero únicamente si no estamos impacientes por conseguir resultados. Si pensamos en términos de ganancias y resultados no es posible nuestra transformación verdadera.
Los problemas humanos no son simples; son muy complejos. El entenderlos exige paciencia y penetración, y es de la mayor importancia que nosotros, como individuos, los entendamos y los resolvamos por nosotros mismos. No han de entenderse por medio de fórmulas o lemas; ni pueden resolverse en su propio nivel por especialistas que trabajan en un campo determinado, lo que sólo conduce a más confusión y miseria. Nuestros muchos problemas podrán entenderse y resolverse sólo cuando nos comprendamos como un proceso total; es decir, cuando entendamos nuestra constitución psicológica, y ningún líder político o religioso puede darnos la clave de esa comprensión.
Para entendernos nosotros mismos debemos estar alertas a nuestras relaciones, no sólo con la gente, sino con la propiedad, con las ideas y con la naturaleza. Si hemos de hacer una verdadera revolución con respecto a las relaciones humanas, que son la base de toda la sociedad, debe haber un cambio fundamental en nuestros propios valores y en nuestra visión de la vida; pero evitamos la necesaria y fundamental transformación de nosotros mismos, y tratamos de provocar revoluciones políticas en el mundo, lo que sólo trae desastres y derramamiento de sangre.
Las relaciones humanas basadas en la sensación no pueden ser un medio para libertarse del “yo”; sin embargo, la mayor parte de nuestras relaciones se basan en la sensación, y son el resultado de nuestro deseo de beneficio personal, de convivencia, de seguridad psicológica. Aunque estas cosas nos ofrezcan un escape momentáneo del “yo”, tales relaciones sólo fortalecen el yo con sus actividades que lo envuelven y limitan. Las relaciones humanas son como un espejo donde pueden verse el yo y todas sus actividades; y es sólo cuando se entienden las manifestaciones del yo, en las reacciones de la relación, que hay libertad creativa sin la carga del yo.
Para transformar el mundo debe haber regeneración en cada uno de nosotros. Nada puede conseguirse por la violencia, por la fácil destrucción de unos contra otros. Podemos encontrar alivio temporal organizándonos en grupos, estudiando métodos de reformas sociales y económicas, promulgando legislación, o elevando nuestras oraciones al cielo; pero hagamos lo que hagamos, sin el conocimiento propio y sin el amor que le es inherente, nuestros problemas crecerán y se multiplicarán. Mientras que si aplicamos nuestras mentes y nuestros corazones a la tarea de conocernos a nosotros mismos, indudablemente resolveremos nuestros numerosos conflictos y tristezas.
La educación moderna nos está convirtiendo en seres irreflexivos; hace muy poco para ayudarnos a descubrir nuestra vocación individual. Aprobamos ciertos exámenes, y entonces, con buena suerte, conseguimos una colocación que a menudo significa una rutina interminable por el resto de la vida. Puede ser que nuestro trabajo nos disguste, pero estamos obligados a seguir en él, porque no tenemos otro medio de ganarnos la vida. Puede ser que deseemos hacer otra cosa enteramente distinta, pero los compromisos y las responsabilidades nos lo impiden y estamos acorralados por nuestras ansiedades y temores. Y al vernos frustrados buscamos un escape, a través del sexo, de la bebida, de la política, o de las religiones fantásticas.
Cuando nuestras ambiciones se frustran, damos indebida importancia a lo que debe ser normal, y desarrollamos una peculiaridad psicológica. Hasta tanto no poseamos un conocimiento comprensivo de nuestra vida y del amor, de nuestros deseos políticos, religiosos y sociales, con sus exigencias e impedimentos, tendremos problemas crecientes en nuestras relaciones que nos llevarán a la destrucción y a la miseria.
La ignorancia es la falta de conocimiento con respecto a cómo se manifiesta el yo, y esta ignorancia no puede desaparecer con actividades y reformas superficiales: sólo puede desaparecer con una constante vigilancia de los movimientos y reacciones del yo en todas sus relaciones.
Debemos darnos cuenta de que no sólo estamos condicionados por el ambiente, sino de que nosotros somos el ambiente y no somos algo aparte de él. Nuestros pensamientos y reacciones están condicionados por los valores de la sociedad, de la cual somos parte, nos ha impuesto.
Nunca observamos cómo somos el ambiente total, porque hay varias entidades en nosotros, todas gritando alrededor del “mí”, del “yo”. El yo se compone de estas entidades que son simplemente deseos en varias formas. De este conglomerado de deseos surge la figura central, el pensador, la voluntad del “mí” y lo “mío”; y se establece de esta manera una división entre el yo y el no yo; entre el mí y el ambiente o la sociedad. Esta separación es el principio del conflicto, tanto interno como externo.
La alerta percepción de este proceso total, tanto el consciente como el oculto, es la meditación; y a través de esta meditación se trasciende el yo con sus deseos y conflictos. El autoconocimiento es necesario si uno ha de liberarse de las influencias y de los valores que protegen al yo; y es sólo en esta libertad donde hay creación; verdad, Dios, o lo que se quiera.
La opinión y la tradición moldean nuestros pensamientos y sentimientos desde la más tierna edad. Las influencias e impresiones inmediatas producen un efecto poderoso y duradero, que determina todo el curso de nuestra vida consciente e inconsciente. La conformidad comienza en la infancia, mediante la educación y el impacto de la sociedad.
El deseo de imitar es un factor muy fuerte en nuestra vida, no sólo en los niveles superficiales, sino también en los más profundos. Apenas tenemos pensamientos y sentimientos independientes. Cuando se presentan son meras reacciones, y no están, por lo tanto, libres del patrón establecido, puesto que no hay libertad en la reacción.
La filosofía y la religión establecen ciertos métodos por medio de los cuales podemos llegar a la realización de la verdad o Dios; sin embargo, el mero acto de seguir un método es mantenernos irreflexivos y desintegrados, no importa lo beneficioso que el método pueda parecer en nuestra vida social cotidiana.
La tendencia a la sumisión, que es el deseo de seguridad, engendra temor y les da precedencia a las autoridades políticas o religiosas, a los héroes y líderes que incitan al sometimiento y por quienes estamos sutil o groseramente dominados; pero no someterse es sólo una reacción contra la autoridad, y no nos ayuda en modo alguno a convertirnos en seres humanos integrados. La reacción es infinita, y sólo nos conduce a otra reacción.
La conformidad, con su oculta tendencia de temor, es un obstáculo; pero el simple reconocimiento intelectual de este hecho no remueve el obstáculo. Es sólo cuando nos damos cuenta de esos obstáculos con toda la fuerza de nuestro ser que nos podemos librar de ellos sin crear obstrucciones ulteriores más profundas.
Cuando estamos interiormente subordinados. Entonces la tradición tiene un gran agarre en nosotros; y una mente que piensa de acuerdo con la tradición no puede descubrir lo que es nuevo. Al someternos no convertimos en imitadores mediocres, en engranajes de una cruel maquinaria social. Lo que pensamos es lo que importa, no lo que otros quieren que pensemos. Cuando nos sometemos a la tradición nos convertimos en simples copias de lo que debemos ser.
Esta imitación de lo que debemos ser, engendra el temor, y el temor mata el pensamiento creador. El temor embota la mente y el corazón y evita que estemos alertas a la significación total de la vida; nos volvemos insensibles a nuestras propias tristezas, al movimiento de las aves, a las sonrisas y las miserias de los demás.
El temor, consciente e inconsciente, tienen muchas causas diferentes, y necesita alerta vigilancia para librarse de todas ellas. El temor no puede eliminarse por medio de la disciplina, de la sublimación o de otro acto cualquiera de la voluntad: sus causas tienen que buscarse y comprenderse. Esto requiere paciencia y una comprensión tal en que no haya juicio de ninguna especie.
Es comparativamente fácil entender y resolver nuestros temores conscientes. Pero los inconscientes ni siquiera han sido descubiertos por la mayor parte de nosotros, porque no les permitimos salir a la superficie, y cuando en raras ocasiones se manifiestan, nos apresuramos a encubrirlos para escapar de ellos. Los temores ocultos a menudo se presentan en los sueños y en otras formas de insinuación, y causan mayor deterioro y conflicto que los temores superficiales.
Nuestra vida no se halla en la superficie solamente; la mayor parte de ella está escondida a toda observación accidental. Si quisiéramos que nuestros temores ocultos salieran a la luz y se disolvieran, la mente consciente debería estar algo tranquila, y no eternamente ocupada; entonces, según estos temores van saliendo a la superficie, deben ser observados sin estorbo ni obstáculo, porque cualquier acto de condenación o justificación sólo aumenta el temor. Para sentirnos libres de todo temor, debemos estar prevenidos de su tenebrosa influencia, pues sólo una constante vigilancia puede revelar sus muchas causas.
Uno de los resultados del miedo es la aceptación de la autoridad en los asuntos humanos. Creamos autoridad con nuestro deseo de verdad, de seguridad, de comodidad, de evitar conflictos y confusiones conscientes; pero nada que sea un resultado del miedo puede ayudarnos a entender nuestros problemas, aunque el miedo asuma apariencia de respeto y sumisión a los llamados sabios. Los sabios no hacen uso de la autoridad, y los que tienen autoridad no son sabios. El miedo en cualquier forma impide que nos entendamos nosotros mismos y nuestras relaciones con las cosas.
Seguir una autoridad es la negación de la inteligencia. Aceptar la autoridad es someternos al dominio, subyugarnos a un individuo, a un grupo o a una ideología, ya sea religiosa o política; y este sometimiento de uno mismo a la autoridad es la negación, no sólo de la inteligencia, sino también de la libertad individual. La sumisión a un credo o a un sistema de ideas es una reacción de protección propia. La aceptación de una autoridad puede ayudarnos temporalmente a disimular nuestras dificultades y problemas; pero el evadir un problema sólo sirve para intensificarlo, y en ese proceso la auto comprensión y la libertad se abandonan.
¿Cómo puede haber transacción entre la libertad y la aceptación de la autoridad? Si hay transacción, entonces los que dicen que buscan su propio conocimiento y libertad no son sinceros en su esfuerzo. Parece que pensamos que la libertad es el fin último, una meta, y que para llegar a ser libres primero debemos someternos a varias formas de supresión e intimidación. Esperamos alcanzar la libertad por medio de la sumisión; pero, ¿no son los medios tan importantes como el fin? ¿no son los medios los que determinan el fin?
Para tener paz uno debe emplear medios pacíficos; porque si los medios son violentos, ¿cómo es posible que el fin sea pacífico? Si el fin es la libertad, el principio debe ser libre, porque el fin y el principio deben ser libres, porque el fin y el principio son uno. Sólo puede haber autoconocimiento e inteligencia cuando hay libertad desde el primer momento, y se niega la libertad cuando aceptamos la autoridad.
Reverenciamos la autoridad en varias formas: conocimiento, éxito, poder, etc. Ejercemos autoridad sobre los jóvenes y al mismo tiempo le tememos a la autoridad superior. Cuando el ser humano mismo no tiene visión interna, el poder externo y la posición social asumen enorme importancia, y entonces el individuo está cada vez más sujeto a la autoridad y a la coacción; se convierte en instrumento de otros. Podemos ver que esto está sucediendo constantemente a nuestro alrededor: en momentos de crisis, las naciones democráticas actúan como las totalitarias, olvidándose de su democracia y obligando al ser humano a someterse a sus designios.
Si podemos entender la compulsión que hay tras nuestros deseos de dominio o de sumisión, entonces tal vez podamos libertarnos de los efectos perjudiciales de la autoridad. Ansiamos tener seguridad, razón, éxito, sabiduría, etc., y este anhelo de seguridad, de permanencia, crea en nosotros la autoridad de la experiencia personal, mientras que exteriormente crea la autoridad de la sociedad, de la familia, de la religión y así sucesivamente. Pero meramente ignorar la autoridad, librarnos de sus símbolos externos, es de muy poca significación.
Abandonar una tradición y aceptar otra, dejar un líder para seguir otro, es sólo un gesto superficial. Si hemos de compenetrarnos bien de todo el proceso de la autoridad, si hemos de ver su esencia, si hemos de entender y trascender el deseo de seguridad, entonces debemos tener amplio entendimiento e intuición, debemos ser libres, no al fin, sino desde el principio.
El anhelo de certeza, de seguridad, es una de las primordiales actividades del yo, y es este impulso apremiante el que tenemos que vigilar constantemente, y no simplemente torcerlo o forzarlo en otra dirección, u obligarlo a ajustarse a un molde deseado. El yo, el mí, y lo mío, son muy dominantes en la mayor parte de nosotros; tanto en el sueño como en la vigilia, están siempre alerta y siempre cogiendo nuevos bríos. Pero cuando hay comprensión del yo y nos damos cuenta de todas sus actividades, por sutiles que sean, inevitablemente conducen al conflicto y al dolor, entonces el ansia de seguridad, de continuidad del yo termina. Uno tiene que estar en constante vigilancia de que el yo revele sus manifestaciones y ardides; pero cuando empezamos a entenderlos y a comprender las implicaciones de la autoridad con todo lo que está envuelto en nuestra aceptación o negación de ella, entonces ya estamos desembarazándonos de la autoridad.
Mientras la mente se deje dominar y controlar por el deseo de su propia seguridad no podrá libertarse del yo y de sus problemas; y es por eso que no hay liberación del yo mediante el dogma y la creencia organizada que llamamos religión. El dogma y la creencia son sólo proyecciones de nuestra propia mente. Los ritos, el “puja”, las formas aceptadas de meditación, las palabras y frases constantemente repetidas, aunque pueden producir ciertos efectos agradables, no libertan la mente del yo y sus actividades, porque el yo es esencialmente el resultado de las sensaciones.
En momentos de tristeza, nos volvemos a lo que llamamos Dios, que es sólo una imagen de nuestra propia mente; o encontramos explicaciones satisfactorias, y esto nos da consuelo temporal. Las religiones que seguimos son creaciones de nuestras esperanzas y temores, de nuestro deseo de seguridad interna y reafirmación; y con el culto de la autoridad, ya sea la de un salvador, un maestro o un sacerdote, viene la sumisión, la aceptación y la imitación. De suerte que se nos explota en el nombre de Dios, tal como se nos explota en nombre de los partidos y de las ideologías y continuamos sufriendo.
Todos somos seres humanos, sea cual fuere el nombre con que nos llamamos, y nuestro destino es sufrir. El sufrimiento es común a todos nosotros, lo mismo al idealista que al materialista. El idealismo es un escape de lo que “es”, y el materialismo es otra manera de negar las inconmensurables profundidades del presente. Tanto el idealista como el materialista tienen su modo de evitar el complejo problema del sufrimiento; a ambos los consumen sus propios anhelos, ambiciones y conflictos, y sus modos de vida no los conducen a la tranquilidad. Ambos son responsables de la confusión y miseria del mundo.
Ahora bien, cuando estamos en un estado de conflicto, de sufrimiento, no hay comprensión: en ese estado, por cuidadosa y hábilmente que pensemos nuestros actos, sólo nos pueden llevar a mayor confusión y tristeza. Para entender el conflicto y de ese modo libertarnos de él, tiene que haber una comprensión de los procesos de la mente consciente y de la inconsciente.
Ningún idealismo, ningún sistema, ni patrón de especie alguna, puede ayudarnos a desenmarañar los profundos procesos de la mente; por el contrario, cualquier fórmula o conclusión nos hará más difícil su descubrimiento. La persecución de lo que debe ser, el apego a los principios, a los ideales, el establecimiento de una meta, todo esto conduce a muchas ilusiones. Si hemos de conocernos a nosotros mismos, tiene que haber cierta espontaneidad, libertad de observación, y esto no es posible cuando la mente está encerrada en lo superficial, en los idealistas o materialistas.
La existencia es relación; y tanto si pertenecemos a una organización religiosa o no, o si somos mundanos o idealistas, nuestros sufrimientos sólo podrán resolverse entendiéndonos a nosotros mismos en nuestras relaciones. Sólo el autoconocimiento puede traer tranquilidad y felicidad al ser humano, porque el autoconocimiento es el principio de la inteligencia y de la integración. La inteligencia no es un simple ajuste superficial; no es el cultivo de la mente, ni la adquisición de conocimientos. La inteligencia es la capacidad para entender los procesos de la vida; es percepción de los verdaderos valores.
La educación moderna, al desarrollar el intelecto, imparte más y más teorías y datos, sin realizar la comprensión del proceso total de la existencia humana. Somos altamente intelectuales; hemos desarrollado mentes sagaces, y estamos enredados en explicaciones. El intelecto se satisface con teorías y explicaciones; pero la inteligencia no; y para entender el proceso total de la existencia, debe haber integración de la mente y del corazón en las acciones. La inteligencia no está separada del amor.
Para la mayor parte de nosotros, la realización de esta revolución interna es extremadamente difícil. Sabemos meditar, tocar el piano, escribir; pero no conocemos al meditador, al pianista o al escritor. No somos creadores porque hemos llenado nuestras mentes y nuestros corazones de conocimiento, de información y de arrogancia. Estamos repletos de citas que otros han pesado o dicho. Pero el acto de vivencia viene primero; no la manera de “vivir”. Debe haber amor antes de que exista la expresión del amor.
Es, pues, evidente, que el mero cultivo del intelecto, que ha de desarrollar la capacidad o el conocimiento, no resulta en inteligencia. Hay una diferencia entre intelecto e inteligencia. El intelecto es el pensamiento en función independiente de la emoción; mientras que la inteligencia es la capacidad para sentir y para razonar; y hasta que no nos acerquemos a la vida con inteligencia, en vez de con el intelecto únicamente, o con sólo la emoción, no habrá sistema educativo o político en el mundo que nos salve de las calamidades del caos y de la destrucción.
El conocimiento no es comparable con la inteligencia. El conocimiento no es sabiduría. La sabiduría no está en el mercado; no es una mercancía que puede adquirirse por el precio del aprendizaje, o de la disciplina. La sabiduría no puede encontrarse en los libros; no puede acumularse ni aprenderse de memoria, ni almacenarse. La sabiduría surge de la abnegación del yo. Tener una mente abierta es más importante que el aprendizaje; nosotros podemos tener una mente receptiva, no atiborrándola de información, sino comprendiendo nuestros propios pensamientos y sentimientos, observándonos cuidadosamente a nosotros mismos y estudiando las influencias que nos rodean, oyendo a los demás, observando a los ricos y a los pobres, a los poderosos y los humildes. La sabiduría no se logra a través del miedo ni de la opresión, sino de la observación y de la comprensión de todos los incidentes en las relaciones humanas.
En nuestra búsqueda de conocimientos, en nuestros deseos de adquisición, estamos perdiendo el amor, embotando el sentimiento de la belleza, la sensibilidad de la crueldad; nos especializamos cada vez más, y nos integramos cada vez menos. La sabiduría no puede sustituirse por el conocimiento, y ninguna cantidad de explicación, ninguna acumulación de datos, librarán al ser humano del sufrimiento. El conocimiento es necesario, la ciencia tiene su lugar, pero si la mente y el corazón están sofocados por el conocimiento, y si la causa del sufrimiento queda descartada con explicaciones, entonces la vida se vuelve vana e insignificante. ¿Y no es esto lo que nos está sucediendo a la mayor parte de nosotros? Nuestra educación nos hace más y más superficiales; no nos ayuda a descubrir las capas más profundas de nuestro ser; y nuestras vidas se hacen cada vez más vacías e inarmónicas.
La información, el conocimiento de datos, aunque en aumento constante, están limitados por su propia naturaleza. La sabiduría es infinita, incluye el conocimiento y el proceso de la acción; pero agarramos una rama y creemos poseer el árbol entero. Con sólo el conocimiento de una parte jamás podremos gozar la alegría del todo. El intelecto no puede llegar al todo, porque es sólo un fragmento, una parte.
Hemos separado el intelecto del sentimiento, y hemos desarrollado el intelecto a expensas del sentimiento. Somos como un objeto de tres patas con una pata más larga que las otras, y por lo tanto, no tenemos equilibrio. Hemos sido entrenados para ser intelectuales; nuestra educación cultiva el intelecto hasta hacerlo perspicaz, astuto, adquisitivo; y por lo tanto, desempeña el papel más importante en nuestra vida. La inteligencia es mucho más grande que el intelecto, porque es la integración de la razón y el amor, pero sólo puede haber inteligencia cuando hay autoconocimiento, el conocimiento profundo del proceso total de uno mismo.
Lo que es esencial para el ser humano ya sea joven o viejo, es vivir plenamente, integralmente, y es por eso que nuestro principal problema es el cultivo de esa inteligencia que nos da la integración. El énfasis indebido sobre cualquier parte de nuestra total naturaleza ofrece sólo una vista parcial, y por tanto deformada, de la vida; y esta deformación es la causa de la mayor parte de nuestras dificultades. Cualquier desarrollo parcial de nuestro temperamento total tiene que ser desastroso para nosotros y para la sociedad; y por eso es realmente tan importante que ataquemos los problemas humanos desde un punto de vista integral.
Ser un ente humano integrado es comprender el proceso completo de nuestra propia conciencia, tanto la oculta como la manifiesta. Esto no es posible si damos indebido énfasis al intelecto, Le atribuimos mucha importancia al cultivo de la mente, pero interiormente somos insuficientes, pobres, y estamos llenos de confusión. Este vivir en el intelecto es el camino hacia la desintegración, porque las ideas, como las creencias, no pueden nunca unir a los hombres si no es en grupos discordantes.
Mientras dependamos del pensamiento como medio de integración, tiene que haber desintegración; y entender la acción desintegrante del pensamiento, es comprender los procesos del yo, los procesos de nuestros deseos. Debemos conocer nuestro condicionamiento y sus reacciones, colectivas y personales. Es sólo cuando uno comprende totalmente las actividades del yo con sus deseos y fines contradictorios, sus esperanzas y temores, que existe una posibilidad de ir más allá del yo.
Tan sólo el amor y el recto pensar producirán la verdadera revolución, la revolución interna en nosotros mismos. ¿Pero cómo podremos tener amor? No es buscando el ideal de amor, sino cuando no exista el odio, cuando no haya avaricia, cuando el sentido del yo, que es la causa del antagonismo, llegue a su fin. Un ser humano preso en los propósitos de la explotación, de la avaricia, de la envidia, jamás podrá amar.
Si no hay amor ni recto pensar, la opresión y la crueldad irán siempre en aumento. El problema del antagonismo entre los seres humanos puede resolverse; no buscando el ideal de la paz, sino entendiendo las causas de las guerras que se hallan en nuestra actitud hacia la vida, hacia nuestros semejantes, y este entendimiento sólo puede lograrse mediante la verdadera educación. Sin un cambio de corazón, sin buena voluntad, sin la transformación interna que nace de nuestra propia comprensión, no puede haber paz ni felicidad para los seres humanos.

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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeMiér Mar 25, 2015 3:48 pm

EL PODER DEL AMOR


LEY del RITMO El-poder-del-amor-oracion-poderosa-el-sendero-del-amor-dios-fe-crecimiento-espiritual-prosperidad-universal


EL PODER DEL AMOR VIVE DENTRO DE TI

El Amor es la fuerza mas poderosa del universo y lo puede todo, lo sana todo, lo arregla todo, con amor damos, vivimos, procreamos, ayudamos, recibimos y sin el no podríamos desarrollarnos , crecer, ni vivir en comunidad, el amor es el sentimiento que posee el mayor poder vibratorio de todos.
El Amor es la única fuerza del Universo y es el nivel vibratorio más alto que podemos alcanzar.
Gracias al amor nos movemos, nos relacionamos, nos sanamos y nos expandimos.

Nosotros creemos que existen diferentes clases de amor; por ejemplo: el amor que una madre siente por sus hijos, el amor entre amantes, el amor de amigos.
Sin embargo, debes saber que existe una sola clase de amor: el de Dios.
El Amor de Dios es incondicional, sin divisiones, ni clasificaciones; es permanente y estable.
Creemos que amamos a alguien porque nos brindamos a esa persona pero, a la vez, le exigimos que haga lo mismo hacia nosotros.
El Verdadero Amor es incondicional. Al Verdadero Amor sólo le interesa darse y expandirse; no necesita nada a cambio.
PIDE AYUDA AL UNIVERSO
Cuando sientas angustia, miedo, soledad o la tendencia de culpar a otra persona por tu infelicidad, deberá recordar que “Todo lo que ocurre por fuera es el reflejo de lo que pasa por dentro; por lo tanto, lo de afuera sólo te recuerda que tienes algo que sanar por dentro”.
En ese momento sólo basta con que abras tus manos, con las palmas hacia arriba, y des permiso a Dios para producir la curación dentro de ti.
Puedes decir lo siguiente:
“Dios mío, me encuentro sintiendo esta angustia (o miedo, enojo, dolor…); ahora renuncio a tener y aceptar esta energía imperfecta en mi Ser.
Necesito que cures la parte de mi Ser que sufre.
Necesito que sanes la parte de mí que genera esta
situación. Necesito sentir tu Amor Divino ahora mismo”.
Luego permanece unos cinco o diez minutos con las manos apoyadas sobre tus piernas. Sentirás que las palmas se calientan enormemente y una gran paz interior viene a ti.
Terminas agradeciendo por todo lo que has recibido y continuas tus actividades normalmente.
EL PODER DEL AMOR – ORACION  PODEROSA – PROSPERIDAD UNIVERSAL

LEY del RITMO Oracion-poderosa-el-poder-del-amor-prosperidad-universal
[size]
En mi corazón, yo acepto mi Ser perfecto.
Yo acepto que la alegría que he anhelado ya se halla en mi vida.
Yo acepto que el amor por el cual he orado ya se halla dentro mío.
Yo acepto que la paz que he pedido ya es mi realidad.
Yo acepto que la abundancia que he buscado ya llena mi vida.
En mi verdad, acepto mi Ser perfecto.
Yo asumo la responsabilidad por mis propias creaciones.
Y todas las cosas que se hallan dentro de mi vida.
Yo reconozco al poder del Espíritu que se halla dentro mío.
Y sé que todas las cosas son como tienen que ser.
En mi sabiduría acepto a mi Ser perfecto.
Mis lecciones han sido elegidas cuidadosamente por mi propio Ser.
Y ahora camino a través de ellas en plena experiencia.
Mi sendero me lleva en un viaje sagrado con un propósito divino.
Mis experiencias se convierten en parte de Todo Lo Que Es.
En mi conocimiento, acepto mi Ser perfecto.
NUEVO VIDEO EL PODER DEL AMOR- ORACION PODEROSA –  PROSPERIDAD UNIVERSAL

EL PODER DEL AMOR- ORACION PODEROSA –  PROSPERIDAD UNIVERSAL
Esta oración poderosa es un reconocimiento de que mi alma está completa en el amor y la gracia de Dios.
Es un reconocimiento de mi total estado de perfección y de Ser. Todo lo que deseo, todo lo que deseo co-crear, ya se halla dentro de mi realidad.

Llénate con estos poderosos decretos afirmativos, para quietar todo vestigio de negatividad que pudiera haber en tu corazón  y acepta que mereces ser amado.
Empieza a amarte y aceptarte para luego poder amar a los demás.
Imprégnate de El Poder del amor, vibra en la sintonía del amor, que es la fuerza  más poderosa del universo.
Gracias por tu interés
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EL SENDERO DEL AMOR – PROSPERIDAD UNIVERSAL
YO SOY AMOR QUE BROTA ETERNAMENTE DEL GRAN CORAZÓN DE DIOS TODO LO QUE ES
El Amor es completo, no se parcializa, Se mantiene por encima de todas las fuerzas, hasta el momento en que la realidad se eleve hacia El.
Empieza a ratificar el amor que resuena dentro de ti una y otra vez, instante tras instante, una y otra vez, con todos tus pensamientos, palabras y acciones.
YO SOY el AMOR que brilla como el sol, en todas las direcciones, con gran intensidad, sin juicio sobre quién recibe.



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EL DESPERTAR DEL ALMA – PROSPERIDAD UNIVERSAL
La vida es un proceso mediante el cual tu alma tiene la oportunidad de transformar en experiencia lo que realmente es. El sentimiento y la intuición son algunas de tus guías.
Algo que se intuye, es algo que percibimos como posible o verdadero para nuestro ser.
La sensación de conexión puede ser poderosa para convertirse en algo que llamamos real.
Nuestro Sendero va llenándose de Amor, de Luz a medida que avanzamos comprendiendo cómo funcionan las Leyes de Universo, como podemos aplicarlas y manifestar en nuestras vidas nuestra Verdadera Esencia y cómo podemos recuperar la felicidad y la perfección original en nuestras vidas.
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DIA DE MILAGROS – ORACION PODEROSA – PROSPERIDAD UNIVERSAL
Activa Tu fe  a través de esta Invocación Poderosa para conseguir un Milagro  de parte de Dios.
Si buscamos que ocurra un milagro en nuestras vidas, éste nace primero en el corazón y luego se materializa en nuestras vidas a través de la fe en Dios.
Por eso es necesario que en nuestros corazones esté esa fe viva y en nuestra mente pensamientos positivos capaces de creer que lo imposible será posible.
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Espero tus comentarios. Gracias.


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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeMiér Mar 25, 2015 3:50 pm

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Nosotros creemos que existen diferentes clases de amor; por ejemplo: el amor que una madre siente por sus hijos, el amor entre amantes, el amor de amigos.
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Necesito que cures la parte de mi Ser que sufre.
Necesito que sanes la parte de mí que genera esta
situación. Necesito sentir tu Amor Divino ahora mismo”.
Luego permanece unos cinco o diez minutos con las manos apoyadas sobre tus piernas. Sentirás que las palmas se calientan enormemente y una gran paz interior viene a ti.
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En mi corazón, yo acepto mi Ser perfecto.
Yo acepto que la alegría que he anhelado ya se halla en mi vida.
Yo acepto que el amor por el cual he orado ya se halla dentro mío.
Yo acepto que la paz que he pedido ya es mi realidad.
Yo acepto que la abundancia que he buscado ya llena mi vida.
En mi verdad, acepto mi Ser perfecto.
Yo asumo la responsabilidad por mis propias creaciones.
Y todas las cosas que se hallan dentro de mi vida.
Yo reconozco al poder del Espíritu que se halla dentro mío.
Y sé que todas las cosas son como tienen que ser.
En mi sabiduría acepto a mi Ser perfecto.
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EL DESPERTAR DEL ALMA – PROSPERIDAD UNIVERSAL
La vida es un proceso mediante el cual tu alma tiene la oportunidad de transformar en experiencia lo que realmente es. El sentimiento y la intuición son algunas de tus guías.
Algo que se intuye, es algo que percibimos como posible o verdadero para nuestro ser.
La sensación de conexión puede ser poderosa para convertirse en algo que llamamos real.
Nuestro Sendero va llenándose de Amor, de Luz a medida que avanzamos comprendiendo cómo funcionan las Leyes de Universo, como podemos aplicarlas y manifestar en nuestras vidas nuestra Verdadera Esencia y cómo podemos recuperar la felicidad y la perfección original en nuestras vidas.
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DIA DE MILAGROS – ORACION PODEROSA – PROSPERIDAD UNIVERSAL
Activa Tu fe  a través de esta Invocación Poderosa para conseguir un Milagro  de parte de Dios.
Si buscamos que ocurra un milagro en nuestras vidas, éste nace primero en el corazón y luego se materializa en nuestras vidas a través de la fe en Dios.
Por eso es necesario que en nuestros corazones esté esa fe viva y en nuestra mente pensamientos positivos capaces de creer que lo imposible será posible.
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fuente:https://librodeafirmacionesdiarias.wordpress.com/el-poder-del-amor/
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MensajeTema: Re: LEY del RITMO   LEY del RITMO Icon_minitimeMiér Mar 25, 2015 4:00 pm

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LA VERDAD Y LA MENTIRA

Cuando una verdad se repite se convierte en mentira.

Cuando uno comprende algo no puede repetirlo. Puede hablar de ello, puede comunicarlo; pero la vivencia, a buen seguro, no es lo que se repite. Pero nos quedamos presos en la palabra y perdemos el significado de la vivencia. Si hemos tenido una vivencia, no podemos repetirla. Podemos querer repetirla; podemos desear su repetición, su sensación; pero una vez que hemos tenido una vivencia, ésta ha terminado, no puede ser repetida. Lo que puede repetirse es la sensación, y la palabra correspondiente que da vida a esa sensación. Y como, desgraciadamente, la mayoría de nosotros somos propagandistas, caemos en la repetición de la palabra. Vivimos de palabras, y la verdad es negada.

Tomemos como ejemplo el sentimiento del amor. Este sentimiento de amor no puede repetirse. Cuando oímos que nos dicen “amad a vuestro prójimo”, esto no debería ser una verdad para nosotros. Sólo es verdad cuando en realidad amamos al prójimo; y ese amor no puede ser repetido, sino tan sólo las palabras. Sin embargo, casi todos nos sentimos felices y contentos con la repetición: “amad al prójimo”, o “no seáis codiciosos”. De modo que la verdad de otro, o una vivencia real que hayamos tenido, no se convierte en una realidad por la simple repetición. Por el contrario, la repetición impide la realidad. El simple repetir determinadas ideas no es la realidad.

La dificultad de esto consiste en comprender el asunto sin pensar en términos de lo opuesto. Una mentira no es algo opuesto a la verdad. Es posible ver la verdad de lo que estás leyendo, no en oposición o en contraste, como verdad o como mentira, sino ver, simplemente, que la mayoría de nosotros repetimos sin comprensión. Por ejemplo, hemos estado hablando en este espacio del “nombrar” y el “no nombrar” un sentimiento y todo lo que ello conlleva. Muchos de nosotros repetiremos esto que hemos leído pensando que es “la verdad”. Pero jamás repetiremos una vivencia si es una experiencia directa. Podemos comunicarla; pero cuando una vivencia es real, las sensaciones que la acompañaron han pasado, el contenido emocional que había detrás de las palabras se ha desvanecido por completo.

Tomemos por ejemplo la idea de que el pensador y el pensamiento son uno solo. Puede que sea una verdad para vosotros, porque lo hemos experimentado directamente. Pero si yo lo repitiera, eso no sería verdadero. Verdadero, no como opuesto a lo falso, y esto hemos de entenderlo bien. No sería real; sería una simple repetición, y, por lo tanto, carecería de significación. Pero ya vemos, con la repetición creamos un dogma, edificamos una iglesia, y en eso nos refugiamos. La palabra, no la verdad, se convierte en “la verdad”. La palabra no es la cosa. Pero para nosotros, la cosa es la palabra. Y es por eso que uno tiene que guardarse con sumo cuidado de repetir algo que no comprenda realmente. Si comprendemos algo, podemos comunicarlo; pero las palabras y el recuerdo han perdido su significación emocional. Es por eso que, en la conversación corriente, la propia perspectiva y el propio vocabulario sufren un cambio.

Siendo, pues, que estamos buscando la verdad por medio del conocimiento propio, y no somos meros propagandistas, es importante que comprendamos esto. Mediante la repetición, en efecto, uno se hipnotiza con palabras, con sensaciones, queda atrapado en ilusiones. Y para liberarse de eso, es imperativo experimentar directamente y, para experimentar directamente, uno debe captarse a sí mismo en el proceso de la repetición, de los hábitos, de las palabras, de las sensaciones. Esa captación nos brinda extraordinaria libertad, y así puede haber renovación, una constante vivencia, un estado de cosa nueva.

Una mentira es una contradicción, una autocontradicción. Uno puede contradecirse consciente o inconscientemente; puede hacerlo de un modo deliberado o inconsciente. La contradicción puede ser sumamente sutil o muy obvia. Y cuando la división en la contradicción es muy grande, uno se vuelve desequilibrado o se da cuenta del conflicto y se dispone a remediarlo.

Para comprender el problema de conocer qué es una mentira y por qué mentimos, hay que ahondarlo sin pensar en términos de lo opuesto. Es necesario  observar este problema de la contradicción en nosotros mismos intentando no ser contradictorios. Nuestra dificultad al examinar esta cuestión está en que condenamos una mentira con gran facilidad; pero para comprender podemos considerarla en términos de lo que es la contradicción y no en términos de verdad y falsedad.

La razón por la que nos contradecimos, por la que hay contradicción en nosotros es que hay un intento de vivir de acuerdo con una norma, con una pauta, un constante acercamiento nuestro a un modelo, un esfuerzo constante por ser algo, ya sea a los ojos de otra persona o ante nuestros propios ojos. Existe un deseo de ajustarse a una norma, y cuando uno no vive de acuerdo con ella hay contradicción.

Ahora bien, lo que hay que darse cuenta es por qué tenemos un modelo, una norma, una tendencia a imitar, una idea en conformidad con la cual tratamos de vivir. Evidentemente, tenemos ideales para sentirnos seguros, para estar a salvo, para ser populares, para tener una buena opinión de nosotros mismos, etc. Ahí está la semilla de la contradicción. Mientras procuremos parecernos a algo, mientras tratemos de ser algo, tiene que haber contradicción; por lo tanto, tiene que existir esa división entre lo falso y lo verdadero.

Esto es muy importante, y debemos profundizarlo serenamente. No es que no exista lo falso y lo verdadero, pero hay que tener bien claro que hay contradicción en nosotros porque intentamos ser algo: nobles, buenos, virtuosos, creadores, felices, etc. Y en el deseo mismo de ser algo existe una contradicción: la de no ser una cosa diferente. Y es esta contradicción la que resulta destructiva.

Surge la contradicción en uno cuando he hecho algo, y no quiero ser descubierto; he pensado algo que no es lo debido, y ello me coloca en un estado de contradicción, cosa que no me agrada. Por tanto, donde hay imitación tiene que haber temor; y es este temor lo que causa contradicción. Mientras que si no hay devenir, si no hay intento alguno de ser algo, no hay sensación de temor. Entonces no hay contradicción; entonces en nosotros no existe la mentira en ningún nivel, consciente o inconsciente; nada hay que suprimir, nada que manifestar. Y como la vida de casi todos nosotros es cuestión de estados de ánimo y de actitudes, asumimos actitudes que dependen de nuestros estados de ánimo, lo cual es una contradicción. Cuando el estado de ánimo desaparece, somos lo que somos. Es esta contradicción lo realmente importante, y no que digamos o dejemos de decir una mentirijilla inocente. Mientras haya esta contradicción, tiene que haber una existencia superficial, y por lo tanto temores superficiales que han de ser vigilados; y luego siguen las mentiras inocentes, y todo lo demás que sabemos.

Podemos considerar toda esta cuestión y no preguntar qué es una mentira y qué es la verdad, sino investigar el problema de la contradicción en nosotros mismos sin recurrir a los opuestos, lo cual es sumamente difícil. Porque, como dependemos tanto de nuestras sensaciones, la vida de casi todos nosotros es contradictoria. Dependemos de los recuerdos, de las opiniones; tenemos innumerables temores que deseamos disimular; todo esto crea contradicción en nosotros mismos; y cuando esa contradicción se hace insoportable, perdemos la cabeza. Deseando la paz, todo lo que uno hace engendra la guerra, no sólo en la familia, sino fuera de ella. Y en lugar de comprender lo que crea el conflicto, sólo tratamos, cada vez más, de convertirnos en una cosa o en otra, en lo opuesto, agrandando de ese modo la división.

Pero es posible comprender por qué existe contradicción en nosotros, no sólo en la superficie sino en un nivel psicológico mucho más profundo. En primer lugar, uno be darse cuenta de que vive una vida contradictoria. Deseamos la paz, y somos nacionalistas; queremos evitar la miseria social y, no obstante, cada uno de nosotros es individualista y limitado, encerrado en sí mismo. Vivimos, pues, en constante contradicción. Y esto sucede porque somos esclavos de la sensación. No se trata de negar o de aceptar esto, que exige comprender muy bien lo que implica la sensación, es decir, los deseos. Deseamos muchas cosas, todas en contradicción unas con otras. Somos un cúmulo de máscaras en conflicto; adoptamos una careta cuando nos conviene, y la repudiamos cuando alguna otra cosa es más provechosa, más agradable. Es ese estado de contradicción lo que crea la mentira. Y, en oposición a eso, creamos “la verdad”. Pero, ciertamente, la verdad no es lo contrario de la mentira. Aquello que tiene un opuesto no es la verdad. Lo opuesto contiene su propio opuesto, y por lo tanto no es la verdad.

Para comprender este problema bien a fondo, hemos de darnos cuenta de todas las contradicciones en que vivimos. Cuando yo digo “te amo”, con ello van los celos, la envidia, la ansiedad, el temor, lo cual es una contradicción. Y es esta contradicción la que debe ser comprendida; y sólo se la puede comprender cuando uno se da cuenta de ella sin condenarla ni justificarla; observándola, sin más. Y, para observarla pasivamente, uno ha de comprender todos los procesos dees no hay posibilidad de contradicción.

No es cosa fácil el observar algo pasivamente; pero al comprender eso, empieza uno a comprender el proceso íntegro de las modalidades de nuestro pensar y sentir. Y cuando uno percibe el significado total de la contradicción en uno mismo, ello produce un cambio extraordinario: somos entonces nosotros mismos, no algo que tratemos de ser. Ya no seguimos un ideal, ya no buscamos felicidad. Somos lo que somos, y desde ahí podemos proseguir. 

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