El Viaje de Libertad
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 Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG

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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Abr 11, 2015 4:25 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las profecías de Gog y Magog
«Satanismo Filosófico e Ideológico»
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
El demonio es un ser real, un sujeto vivo y actuante, una persona creada por Dios, que aunque caída por la muerte de su “libertad” que se ha ido a pique para siempre, actúa, ataca y despliega todo su poder en la tierra. Así, la libertad de la que gozó el demonio en su momento, el pecado que fue su defección, y el infierno que es la consecuencia, forman parte de un gran misterio, un misterio que no es sino la negación del amor, del amor a Dios que debió haber asumido siempre pero que ha perdido para toda la eternidad.

Ahora, uno de los mayores éxitos de Satanás en la época moderna es haber sustituido a su acción directa, que provocaba el miedo al diablo, una acción orgánica anónima, invisible, que no espanta, pero que progresa dentro del ambiente social sin hacer ruido, sin que se presente la contraseña del “príncipe de este mundo”, a través de sus agentes humanos bien colocados en puestos estratégicos de dirección mundial, ya en el campo cultural, político o social. Como consecuencia de esto, hemos asistido a una total y absoluta metamorfosis mundial donde las sociedades humanas, antes religiosas, hoy son prácticamente ateas, seculares y laicas, hasta el punto de que la necesidad religiosa se desvía hacia una variedad de pensamientos, falsas filosofías, religiosidades etéreas, difusas y vagas, cuando no satánicas.

De aquí que toda la historia de la civilización moderna consiste en un engrandecimiento del hombre y en un empequeñecimiento de Dios, o peor aún, en un vaciamiento del sentido personal de Dios. La sustitución del deísmo por un humanismo comienza desde el Renacimiento y continúa con el Racionalismo francés de los filósofos del siglo XVIII, y después aparece el ateísmo marxista de los siglos XIX y XX y el consumismo occidental, que en el fondo no se diferencia en gran cosa.

Decía Chesterton que la tentación del pecado original ha tomado una forma explícita en nuestro mundo, puesto que el hombre ha querido liberarse de Dios. Desde entonces, Dios Creador y fuente de todo bien, ha sido difamado como tirano, que hay que eliminar de la conciencia de los hombres. Así, la acción de gracias ha cedido el puesto a la desconfianza; la adhesión al rechazo; el amor filial a la rebeldía; la fe a la negación; el “viva Dios” a la “muerte de Dios”; la humildad de los hijos a su emancipación victoriosa. Todo esto ha provocado un galopante ateísmo y por consecuencia un relativismo que caracteriza a nuestro tiempo.

Aquí vemos plasmarse la tentación de Lucifer que encontramos en el Génesis: “Os ha dicho Dios: no comeréis del árbol de la ciencia, pues moriréis; pero es un ardid para impediros ser dioses; dueños del mundo, conociendo el bien y el mal”. Así, la humanidad se ha emborrachado del poder y se siente soberana del mundo; porque cree que al tener la ciencia ya no tiene la necesidad de Dios y de su Providencia. Con los progresos de la tecnología piensa que vencerá la pobreza, la enfermedad, la guerra, incluso la muerte. Así pues ya Dios hoy no existe, el siglo XXI puede decretar infelizmente su muerte, porque el hombre hoy se ha convertido en el dios del futuro.

Así, los valores que ha creado esta civilización – ciencias, artes, técnicas – han ahogado al hombre. La principal industria del planeta ha venido a ser la producción de armas de muerte. La droga se ha estructurado en potencia mundial. El amor ha sido desviado hacia el erotismo con la única preocupación de gozar sin concebir y de concebir sin dar a luz, volviéndose todo hacia la muerte del espíritu del hombre. El aborto se ha legalizado y frecuentemente subvencionado, constituyéndose en instrumento de muerte y ofrenda a Satanás de mayor eficacia en nuestro siglo, más que todos los exterminios, campos de muerte y gulags conocidos.

Toda esta revolución moral tiene apoyos filosóficos. El idealismo está por encima del realismo; el sujeto sobre el objeto, es decir, el subjetivismo sobre la objetividad; el hombre sobre Dios. Así, los derechos del hombre han suplantado a los derechos de Dios –que no existen ya más– y del bien común que ha sido relegado a un último plano. Esto ha provocado progresivamente otros muchos efectos, particularmente la inversión del valor sexual. La filosofía se ha enfermado y ha perdido su realismo. Como ha dicho Benedicto XVI, el relativismo impera por todas partes, de ahí que la ansiedad, la depresión, desuniones, divisiones y desórdenes mentales y sociales sean el pan nuestro de cada día. En política, los chantajes salvajes prevalecen sobre el bien común. La corrupción aparece por todos lados. El poder se inclina ante las pasiones más bajas. Después de que se ha liberado el sexo y el aborto, ahora se reconocen la droga y la eutanasia, según la lógica predominante. Ya la legalidad no está a favor de la familia, y se ha promovido a la mujer de tal forma que en el fondo lo que se destruye es la feminidad que es, sin embargo, el valor más precioso de la humanidad, comenzando por su irremplazable maternidad.

Por otro lado, las ideologías han sido las armas de las grandes revoluciones y conquistas del mundo moderno.

La ideología del marxismo ateo conquistó más de una tercera parte del mundo entre 1917 y 1985.

La ideología del poder, según Nietzsche, está en el origen de la última guerra mundial donde lo único que predomina es la idea del súper hombre.

La ideología del psicoanálisis ha sido frecuentemente causa de graves desórdenes en la fe y en la persona humana.

La ideología de la homosexualidad ha dado crédito y poder a esta desviación, hasta lograr conceder a parejas aberrantes y estériles, entre homosexuales y lesbianas, las ventajas y derechos de la familia.

La ideología de la no discriminación ha hecho admitir a los homosexuales a cualquier orden social, incluso dentro de la Iglesia.

La ideología feminista ha transformado a la mujer, transfiriéndole los defectos y las deformaciones de la masculinidad. Esto ha provocado la liberación sexual, al mismo tiempo que el desprecio y el menoscabo de la maternidad. Así, las feministas radicales se han transformado en triunfalistas del aborto, como liberación de la mujer respecto del hijo. El derecho de muerte es la conquista de cada madre en el momento en que el estado moderno rehusaba la pena de muerte para los mayores criminales. Esta es una paradoja increíble.

Y podríamos continuar con la lista de tantas ideologías irracionales, de tantos vicios, de tantos abusos. En todos estos rasgos –divisiones, destrucciones, cultura de la muerte, caos– se reconoce indudablemente la presencia de Satanás que encarnan tantos grupos sociales, pseudo sociales, familiares, organizaciones no gubernamentales (ONGs) y gobiernos. Las estructuras mediáticas, comerciales, publicitarias, y a veces, legales, difunden ampliamente todas estas aberraciones con gran presión de organizaciones mundiales sin que Satanás tenga que esforzarse gran cosa.

Por eso, el Apocalipsis se refiere a esas dos grandes bestias, la del mar y la de la tierra, siendo ésta última el falso profeta, que aquí está representado por todas estas instituciones que promueven errores terribles y defectos desastrosos para la sociedad, la familia y la persona humana, siendo en realidad Satanás el artífice intelectual de todos ellos.

André Frossard interpreta irónicamente la crecida estructural del mal en el mundo como prueba de la existencia de Satanás a quien presta su pluma el académico: “Si el príncipe de este mundo existiera, sucedería lo que está sucediendo hoy. Todo lleva su marca”, concluye (Las 36 Pruebas de la Existencia del Diablo, Paris, 1968, ídem, Pág. 138).

Sea lo que fuere, el gran triunfo de Satanás fue haber promovido durante más de medio siglo, el materialismo ideológico en el este y el materialismo práctico en el oeste, con una secularización galopante, donde lo sagrado tiende a desaparecer no sin suscitar, como consecuencia, brotes de una religiosidad light, hueca y vacía, comprendida ahí mucho de influencia satánica, pues llegado a este punto de triunfo, Satanás ya no tenía por qué esconderse. Y es precisamente a partir de este momento que el “príncipe de las tinieblas” sale de su clandestinidad hacia la “luz”. Y su más mortal y feroz ataque contra el hombre, y por extensión, contra el mundo y la Iglesia, aún están por venir.

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Luis Eduardo López Padilla, y la página donde fue originalmente  publicado, www.apocalipsismariano.com

http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/esoterismo/474-satanismo-filosofico-e-ideologico
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Abr 11, 2015 4:32 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las profecías de Gog y Magog
«Restitución del Hombre y la Creación»
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Desde el Paraíso Terrenal, cuando la culpa introdujo el desequilibrio en la naturaleza, la humanidad vive en una atmósfera de milagro y de misterio, toda vez que mantiene un velo que le impide ver con claridad y en todo su esplendor su naturaleza tal y como Dios la creó.

La Creación Gime Dolores de Parto

En efecto, San Pablo enseña claramente que igual que el hombre, la naturaleza está “caída”. Es decir, no está en su debido ser, sino en una situación de violencia; digamos que en situación “antinatural”. No es la “natura” en su estado primero, sino la “natura laesa”; natura herida, es decir, “naturaleza”. A ella también le alcanzó la maldición del pecado original del hombre que debía de haber sido su amo. Dice: “A imagen tuya, oh Dios, creaste al hombre, y le encomendaste el universo entero, para que sirviéndote sólo a Ti, su Creador, dominara todo lo creado...”  (IV Plegaria Eucarística). Entonces, ya que el amo se salió del orden, la maldición del desorden cayó sobre toda la “casa”.

La creación pues no es ahora para el hombre lo que hubiera sido de no haber ocurrido la caída de los primeros padres en el pecado. Esta realidad de la “creación entera”, afectada penosamente por el pecado del hombre, es la que denuncia San Pablo al decir que “la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquél que la sometió en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción... pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto” (Romanos 8, 18 – 22).

El punto fundamental es este: el universo material participa de las consecuencias del pecado original. Y así se encuentra hasta ahora, oprimido por esta miseria de afectación y corrupción en muchos aspectos.

Ahora bien, lo anterior no significa que cuando se establezca en plenitud el Reino de Cristo en la tierra se vaya a destruir la naturaleza para darle sitio a lo sobrenatural. No es así, sino que la misma creación material será transformada extraordinaria y sobrenaturalmente, pero seguirá teniendo su fundamento en el orden natural creado por Dios, eso sí, sublimizado todo el cielo y la tierra a un máximo de perfección. Por eso veremos y están profetizados cielos nuevos y tierra nueva.

¿A qué es semejante el Reino de Dios?

Es así como Cristo explica el Reino de Dios: “¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas” (Lucas 13, 19).

La primera idea que esta comparación suscita es la del enorme crecimiento de algo pequeño y este es el sentido que se le suele dar. Más sin embargo, hay otro aspecto que quizá sea el más importante: el Reino de Dios implica la transformación de los accidentes, sin modificar las sustancias. En la semilla estaba potencialmente el árbol, pero el árbol en nada se parece a la semilla, es otra cosa, sin dejar de ser la misma.

Se advierte pues que no se trata de engrandecer algo, sino de transformarlo. Por tanto, nada obsta que en el tiempo del Reino de Dios se restablezca y se restituya el Paraíso Terrenal, si se ha de reparar con ventaja todo el daño hecho por la serpiente. Por eso quizá el Génesis dice que el Paraíso Terrenal fue cerrado después de la culpa, más no destruido (3, 24). Por tanto, podemos imaginarnos que se restablezca el llamado Paraíso Terrenal con las mismas condiciones que ya existió en la antigüedad. Dios lo había creado para delicia de la humanidad; pero la primera pareja humana –por instigación de la serpiente que explotó el libre albedrío del hombre–  introdujo en el mundo la culpa, que nosotros hemos heredado.

Cielos Nuevos y Tierra Nueva

Es a la luz de estas consideraciones que podemos entender las palabras de San Pedro que dice que “esperamos conforme a sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, donde habite la justicia” (II 3, 13). Esto quiere decir conforme al texto citado que los “cielos nuevos y la tierra nueva” no se reducen solamente a una transformación moral, sino también física de la tierra. Esto quiere decir que cuando venga la Parusía del Señor “Él renovará todo” (Apocalipsis 21, 5), es decir, el orbe donde vivió la humanidad caída, ya que “si el mundo que participó en cierto modo de los pecados de la humanidad, fue condenado con ella, también será transfigurado con ella al fin de los tiempos” (Filión) y será restablecido por Dios en estado igual y aún superior a aquél en que fuera creado.

Así lo dice el Concilio Vaticano II:

“No conocemos ni el tiempo ni el modo de la nueva tierra y de la nueva humanidad, ni el modo en que el universo se transformará. Pasa ciertamente la figura de este mundo deformado por el pecado (Apoc 21, 4 – 5 y I Cor 2,9) pero sabemos que Dios prepara una nueva habitación, y una nueva tierra en la que habite la justicia” (II Pedro 3, 13).

Los profetas anuncian un mundo regenerado donde la creación inanimada tomará parte en la felicidad del hombre. Y es con la Parusía de nuestro Señor Jesucristo que comenzarán estos “cielos nuevos y tierra nueva”, tal y como lo confirma también  Isaías en el capítulo 65: “Pues he aquí que Yo creo cielos nuevos y tierra nueva y no serán recordados los primeros ni vendrán a la memoria; antes habrá gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear... ” (17 – 18).

Entonces la frase “nuevos cielos y nueva tierra” nos indican una transformación de las cosas creadas, por lo que este mundo no será aniquilado, sino solamente renovado y cambiado en mejor, pues como dice San Jerónimo: “Pasa la figura no la sustancia”. No veremos otros cielos ni otra tierra, sino los viejos y los antiguos mudados en otros mejores.

Más aún, es a raíz del Día de la  Ira de Yahvé –con lo que da inicio la Parusía– que tendrá lugar precisamente la purificación necesaria que permitirá que surjan los “cielos nuevos y tierra nueva” a través del fuego, según lo confirma el propio Apóstol Pedro: “Se les escapa, porque así lo quieren, que hubo cielo desde antiguo y tierra sacada del agua y afirmada sobre el agua por la palabra de Dios; y que por esto, el mundo de entonces pereció anegado en el agua; pero los cielos de hoy y la tierra están, por esa misma palabra, reservados para el fuego, guardados para el día del juicio y del exterminio de los hombres impíos” (3, 5).

A mayor claridad, San Pedro expresa que aquel antiguo mundo antes del diluvio pereció anegado en el agua; y que el presente perecerá por el fuego. Es decir, los cielos y la tierra actuales están reservados por la misma palabra de Dios para el fuego. Y de la misma manera que aquel antiguo mundo no pereció en lo sustancial sino sólo en lo accidental –cambiándose de bien a mal– así también este mundo tampoco perecerá en lo sustancial por el fuego, sino que se mudará de mal a bien, recobrando por este medio su antigua belleza y volviendo a aparecer, con grandes mejoras, con aquella hermosura y perfección con que salió desde un principio de las manos del Creador.

Ahora bien, y esto es muy importante, no podrá tener lugar la restauración del universo material, si no tiene lugar primero la restitución del hombre. Es decir, la regeneración cósmica, cuyo término griego es el de la palingenesia –regeneración de todo–, tiene que empezar a partir primeramente del hombre, quien es la pieza clave y centro de la creación. En otras palabras, cuando el hombre restituya en su ser todo lo que recibió de Dios y perdió como consecuencia del pecado, entonces el mundo –que fue maldito a causa de ese pecado del hombre, y sometido por tanto a la servidumbre de la vanidad y de la corrupción– podrá alcanzar su liberación total; por eso ahora “gime” al ansiar la vuelta a su primitivo y verdadero ser, en espera de la liberación del hombre, es decir, en espera de la liberación del pecado y sus efectos en el hombre, o lo que es lo mismo, en espera de la manifestación total y plena de todo nuestro ser en Cristo.

La Restitución del Hombre

Este es uno de los puntos más trascendentales de los misterios del Reino; de las promesas a las que Jesucristo se refiere en cada una de las siete Iglesias del Apocalipsis y que serán objeto de premio para todos y cada uno de los vencedores, tema que debe ser de otro artículo.

Ahora, para abordar el tema de la restitución del hombre conviene tener muy claras algunas ideas fundamentales de la Sagrada Escritura y que ayudarán a comprender este aspecto esencial de la Revelación cristiana. Por tanto, diremos lo siguiente:
1.Todas las cosas han sido creadas por Dios. No ha  lugar a ningún proceso de evolución de las especies.

2.Todas las cosas y todos los seres han sido creados con motivo de una criatura, el hombre, como centro de la creación, constituido por Dios como rey y sacerdote de la creación, destinatario y heredero de todo (Génesis 1, 26 – 28).

3.Al mismo tiempo, el hombre ha sido creado por Cristo y en Cristo. Así lo dice San Pablo en Corintios: “Todo es vuestro, más vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios” (I 3, 22 – 23). Es decir, “en Él nos ha elegido antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e inmaculados ante Él en su Amor” (Efesios 1, 3 – 5); y también “todas las cosas han sido creadas por medio de Él y en vista de Él. Él es antes de todas las cosas y todas subsisten en Él” (Colosenses 1, 15 – 20). Y en el Credo recitamos “Creo... en Jesucristo Su Hijo... por quien todo fue hecho”.

4.Dentro de todo este orden armonioso y maravilloso creado por Dios, el hombre, por engaño del demonio, pecó y se pervirtió, se degradó y se salió del plan original que Dios le había encomendado. Se salió del orden establecido por Dios.
5.Esto trajo un desorden y las cosas que le habían sido sometidas se desordenaron, perdieron su armonía y belleza, dando paso a la caducidad, a la corrupción (Romanos 8, 18) y el universo entero quedó eclipsado y enlutado a causa del pecado.

Imagen y Semejanza de Dios

Ahora bien, volvamos al principio, antes de la caída. Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra Imagen y Semejanza...  creó Dios, pues, al ser humano a su Imagen; a Imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó” (Génesis 1, 26 – 27).

Dice el Génesis que Dios dijo “hagamos”, en plural, ya que tres son las obras de Dios “ad extra”, es decir, fuera de su propio Ser Divino. Son obras comunitarias de la Santísima Trinidad, pero cada obra tiene como protagonista a una de las Tres Divinas Personas: así al Padre le corresponde la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación. Entonces dice el texto: “Hagamos al hombre a nuestra Imagen y Semejanza”. Esto quiere decir que Dios creó al hombre en el Paraíso como un “ser trino a Imagen de la Trinidad Divina”, es decir, el Alma como reflejo de Dios Padre; el Entendimiento como expresión del Espíritu Santo y el Cuerpo como imagen de Jesucristo. Y este hombre trino creado por Dios en el Paraíso fue rodeado de toda clase de “dones naturales, preternaturales y sobrenaturales”. Respecto a los “preternaturales”, Dios le confirió a los Primeros Padres del Paraíso Terrenal el “don de la ciencia”, es decir, un gran y elevado número de conocimientos; el de la “integridad”, consistente en el orden perfecto de toda su naturaleza. Un tercer don fue el de la “inmunidad” de su cuerpo, por el que no estaban sometidos al dolor. Y finalmente el “don de la inmortalidad” que le permitía al hombre, después de vivir en el Paraíso Terrenal, trasladarse al Paraíso Celestial sin pasar por la muerte, ya que fue creado para no morir.

De la misma manera, el hombre recibió los “dones sobrenaturales” consistentes en la gracia santificante que es una participación de la Naturaleza Divina, así como las virtudes y los dones del Espíritu Santo.

Más aún, todos estos “dones sobrenaturales y preternaturales” tenían dos propiedades: eran permanentes y transmisibles.

Estas cualidades del hombre del Paraíso creado a Imagen y Semejanza de Dios se perdieron por el pecado, lo que trajo como consecuencias que el hombre perdiera la posibilidad de ir al cielo, así como toda Imagen y Semejanza divina. El pecado le trajo al hombre su muerte espiritual y corporal. Es entonces a partir de la primera venida de Cristo a la tierra en que empieza a desarrollarse el proceso de restauración del hombre. Así, en primer lugar, Jesucristo con Su Pasión redentora nos liberó de la muerte espiritual para que así pudiéramos tener abiertas las puertas del cielo. En efecto, “así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos” (Romanos 5, 19).

No obstante, los efectos materiales del pecado, es decir, la muerte corporal –con todo lo que ello significa– aún permanecen en el hombre de hoy. Pero dice Jesucristo “Cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación” (Lucas 21, 28). La liberación que aún está pendiente por otorgársele al hombre es aquella “de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Romanos 8, 21). La corrupción es una servidumbre y es parte de nuestra esclavitud hacia el demonio; pero la Parusía nos acerca “al rescate de nuestro cuerpo”, y así, “nosotros, que poseemos las primicias del espíritu (pero no su completo desarrollo), nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo” (Romanos 8, 22 – 23).

Es decir, la restitución del hombre implica una poderosa renovación del Espíritu Santo para que “este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad” (I Corintios 15, 53), pues tal y como dice el Apóstol Juan: “Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es” (I  3, 2).

Somos pues hijos de Dios, pero esta maravillosa realidad no ha quedado del todo clara y patente. La filiación adoptiva a la que hemos llegado por el bautismo está ahora oscurecida y cubierta por un velo. Este velo debe ser quitado algún día y manifestar el ser que de verdad nos corresponde en cuanto a hijos de Dios. Ser realmente Imagen y Semejanza de Dios. Así, el texto de Juan quedará realizado cuando todo esto que llevamos dentro de nuestro ser, “cuerpo, alma y entendimiento” se irradie también hacia fuera transformando todo nuestro ser, porque “nosotros estamos a la espera de un salvador, el Señor Jesucristo, que ha de venirnos del cielo; y que Él acabará transformando este pobre cuerpo nuestro de ahora a semejanza de su propio cuerpo glorioso” (Filipenses 3, 20 – 21).

Entonces, se acercan los tiempos de la restitución del hombre, aquellos en que nosotros volveremos a tener aquella Semejanza con Dios que Adán tenía cuando fue creado inocente y que perdió con el pecado. Semejanza que aún no podemos comprender a plenitud qué significa, porque, aun siendo hijos de Dios, no se ha manifestado plenamente, y eso no obstante que ya ha tenido lugar la Redención. Sólo así puede cumplirse la palabra de Jesucristo: “Sed, pues, perfectos como el Padre Celestial es perfecto” (Mateo 5, 48). Dicho en otras palabras, Dios ha hecho al hombre a su Imagen, para que el hombre sea a Semejanza de Dios. Nosotros somos Imagen creada de Dios en nuestro propio ser, en nuestra naturaleza humana, de la misma manera que el Verbo de Dios es la Imagen increada y consubstancial del Padre, “resplandor de su gloria e imagen de su sustancia” (Hebreos 1, 3). Dicho más claramente, el hombre habría sido como Dios, habría conservado la Semejanza divina en su propia vida humana, sí y solo sí, hubiera sido fiel, si no hubiera salido del plan de Dios, si no hubiera pecado.

Estamos por concluir el proceso de restauración redentora del hombre. La Parusía logrará alcanzar este propósito también. Ya la Redención de Cristo ha puesto a salvo la Imagen de Dios, que es el hombre. Pero Dios no ha terminado su obra restauradora del hombre, hasta que este no sea Semejanza plena de Dios. El plan de Dios para el hombre no puede concluir hasta que la obra de la creación no le haya dado toda la gloria a Dios por medio del hombre, hasta que no vuelva a Él como salió de sus manos, ordenado, bello y casi  perfecto, tal y como estaba en el Paraíso Terrenal. La Parusía de Cristo pondrá a salvo la Semejanza de Dios en el hombre, o mejor dicho, será como dice San Pablo, “la revelación de los hijos de Dios”, es decir, nos hará semejantes a Él, porque lo veremos tal como es Él.

María: El Gran Misterio

En todo este proceso de restauración hay una criatura que refleja a plenitud lo que significa el Plan de Dios para el hombre. Y esta criatura no es otra que la Santísima Virgen María, mujer que fue el instrumento inmaculado y perfecto como esposa del Espíritu Santo para que el Verbo de Dios se hiciera hombre.

María es el gran misterio de Dios y que se descubre en este tiempo. María es tanto la hija de Dios nacida en el tiempo, hija de Joaquín y Ana, como también madre de Dios, inmaculada y exenta no sólo del pecado original sino de cualquier mancha o sombra de imperfección, lo que deja ver a la Santísima Virgen como expresión perfecta y exacta de lo que es una criatura a Imagen y Semejanza de Dios. Es pues esta perfección lo que la hace ser el modelo de la futura humanidad, en la que, por medio de Ella y a través de Ella, según el Plan de Dios, todas las cosas serán jerarquizadas en Cristo, “y así puedan llegar los tiempos de la consolación de parte del Señor y Él envíe a Aquél que les había designado como Mesías, a quien debe retener el cielo hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, del que Dios habló por boca de sus santos profetas” (Hechos 3, 20 – 21).

Entonces, la Parusía será la restauración de todas las cosas; el restablecimiento del orden original de la creación, tal y como Dios la quiso antes de que se cometiera el pecado. Este será el Reino de Dios en la tierra, y se logrará por medio de la Santísima Virgen, modelo de la futura humanidad, Imagen y Semejanza plena de Dios para que el hombre pueda alcanzar la santidad y perfección que Dios quiso desde un principio, y se cumpla lo del profeta: “Os rociaré con agua pura y seréis purificados... os daré un corazón nuevo, en vosotros pondré un espíritu nuevo” (Ezequiel 36, 25 – 26).

En conclusión de todo lo dicho

El universo material, creado para el hombre, ha participado hasta hoy de las consecuencias del pecado original. Pero con motivo de la Parusía y la instauración del Reino de Cristo en la tierra a plenitud, la tierra será liberada de esta miseria y será devuelta a las condiciones primeras en que Dios la creó. Esto es precisamente la regeneración que esperamos y que tiene como objetivo primordial restaurar o restituir al hombre, y luego, como objetivo complementario, restaurar o restituir todo lo demás. Esta restitución vendrá como consecuencia del Reino de Cristo en el que se deberán de desarrollar unos nuevos cielos y una nueva tierra en la que more la justicia. Esta justicia no es en el sentido jurídico de dar a cada quien lo suyo, sino como sinónimo de santidad. Por tanto, en ese tiempo encontraremos hombres de una santidad desconocida hasta ahora, ya que las consecuencias del pecado original impidieron que se lograra la consumación plena de la revelación de los hijos de Dios. Por fuerza deberá crearse y surgir una estirpe nueva, ya no más la estirpe de Adán en la que todos mueren, sino una nueva estirpe cuyo cabeza es Cristo pero cuyo modelo es María Santísima.

Con este cielo nuevo y esta tierra nueva empezará pues la verdadera revelación de los hijos de Dios y todo ello coincidirá con la Parusía. Ante este Reino de Cristo queda cada vez más claro por qué su Padre Eterno lo constituyó, en cuanto a hombre, heredero de todo, sometido a Él todo principado, potestad y virtud y sujetas a este Hombre Dios todas las cosas, por quien todo fue hecho y creado.

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Luis Eduardo López Padilla, y la página donde fue originalmente  publicado, www.apocalipsismariano.com

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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Abr 11, 2015 4:43 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las profecías de Gog y Magog
«Desaciertos Proféticos»
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Una de las maneras en que el Demonio se ha asegurado de restarle fuerza y credibilidad al Mensaje de la Santísima Virgen María de estos tiempos, ha sido suscitando falsas manifestaciones y revelaciones. Se pudiera decir que existe una exagerada "revelación privada" consistente en mensajes vanos y superficiales, donde se mezcla la verdad con el error, lo preternatural con la inspiración meramente humana, y donde Dios no está presente. Son tantos y tantos los mensajes que se difunden por ahí que los verdaderos y auténticos de origen sobrenatural pierden su eficacia y propósito espiritual. Se acrecientan las profecías de eventos que están por venir que son mezclados con errores de interpretación tanto de fondo, como de forma y tiempo.

Así, día a día se envían  por redes sociales mensajes sobre la profecía y el “año” del Aviso y Milagro profetizados en Garabandal; el verdadero Secreto de Fátima, la inminente aparición del Anticristo y el nombre del mismo, la aparición pública de Enoc y Elías; la dizque presencia del falso profeta en Roma;  los "días de oscuridad", el microchip, el Gobierno mundial; y un largo etcétera, y que como se insiste, no pasan por ningún tipo de discernimiento y con ello se filtran aciertos y desaciertos, luces y oscuridades, que van creando cada vez más confusión para el lector en general, pues llegan ya los tiempos en que cada día será más difícil poder discernir lo que es de Dios de lo que no lo es, o lo que tiene sólo un origen humano, o lo que es peor, un origen diabólico.

Disiento en las Fechas

Disiento de algunos intérpretes, analistas y estudiosos de los mensajes que han caído en una especie de obsesión compulsiva por querer fijar el año, mes o semana en que ocurrirán los acontecimientos que forman parte del Final de los Tiempos, y que en mi punto de vista –por exceso o defecto– no hacen bien a la vida espiritual. Bástele saber al hombre que sí, que se están cumpliendo las señales anunciadas en la Escritura y que estamos a la víspera de grandes acontecimientos que exigen de todos nosotros una especialísima preparación de cuerpo, alma y entendimiento.

Pero antes de mirar las señales que anuncian la llegada de los eventos profetizados, primero se impone reconocer la gran crisis espiritual y moral que engloba a la humanidad entera.

Insensibilidad Espiritual

En primer lugar, conviene decir que la humanidad está sumida en tal apego a los bienes de este mundo que le ha llevado a los hombres a ser totalmente inconscientes e insensibles de lo que es y de lo que significa la vida espiritual.

El hombre es un ser trino: cuerpo, alma (espíritu de Dios) y entendimiento. No obstante, esta realidad es ignorada pues el ser humano solo busca la satisfacción de su cuerpo, excepcionalmente de su alma. Esto se agrava por el hecho de que aun los que se dicen ser fieles, los laicos que se nombran cristianos creyentes y particularmente sacerdotes y religiosos –de ahí que sean seguidores de Jesucristo– también se han llenado de indiferencia hasta el extremo de perder realmente la fe, al menos la fe que debiera traducirse en obras.

Humanismo y Sentimentalismo

Uno de los grandes males dentro de la vida espiritual es el llamado humanismo y sentimentalismo que pretende suplir la vida sobrenatural. Es decir, se llega a asociar el crecimiento espiritual con asuntos de sentimientos, emociones, sensaciones, motivaciones, etc. que no tienen nada que ver con lo que es una verdadera y sólida vida espiritual centrada en Cristo y sus mandamientos, que exigen violencia interior para saber negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz según las circunstancias de vida de cada uno y poder seguir a Jesucristo. Este humanismo ha hecho un gran daño dentro de la relación del hombre con Dios. Es un concepto equivocado del amor a Dios.

Olvido de la Vida Sobrenatural y Eterna

Por su parte, el hombre de hoy se le ha olvidado que existe una vida sobrenatural que es mucho más palpable que esta vida terrena. Que la verdadera vida aún no comienza, y que deberá de comenzar para los que son fieles en el momento al que los hombres llaman muerte. Este dramático olvido, ya consciente o inconscientemente, se traduce en desastrosas consecuencias, pues el hombre camina por esta vida como si todo se resolviera y finiquitara aquí abajo, sin hacer méritos para la vida eterna. Más aún, este olvido de la vida sobrenatural está llevando a que muchas almas la pierdan para toda la eternidad, siendo esto la principal preocupación, angustia y dolor de Nuestra Madre, la Santísima Virgen.

Asimismo, la Santísima Virgen en su Mensaje nos solicita que volvamos a anunciar la Buena Nueva del Evangelio, en lo particular la existencia de la Vida después de la muerte, que es la verdadera vida y la razón única y última de nuestro existir. Pero esta Vida sobrenatural, aun cuando de manera muy limitada podemos percibir en nuestra vida terrena, es mucho más palpable, mucho más auténtica, mucho más real, mucho más sólida que lo que conocemos en nuestra vida diaria. El mundo sobrenatural es toda una realidad de perfección de la que participan los hombres que ya han alcanzado el Cielo para siempre, con los ángeles fieles y junto con María Santísima y la Trinidad Santa y Perfecta de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Todo esto es como un revulsivo que nos debe llevar a “detener el tiempo” dentro de nuestra vida llena de pendientes, compromisos, preocupaciones, deseos, apegos y demás distracciones que se nos olvida que sólo una cosa es importante en nuestra vida terrena: salvar el alma y participar de Dios para siempre. El demonio ha sido muy hábil para anestesiar nuestra conciencia y hacerla prácticamente insensible al mundo de Dios, a lo sobrenatural y nos confunde haciéndonos creer que lo importante está aquí abajo; pero esto no es lo más grave, sino que ha sabido ofrecernos los bienes de este mundo, tales como el poder, la fama, la gloria, el dinero, el honor, etc. pero siempre anteponiéndolos al interés de Dios y arrastrándonos a ofenderlo gravemente por violar sus santos mandamientos.

Confusión en la Ley Moral y Natural

Uno de los signos de nuestro tiempo es la confusión que existe en los diversos órdenes de la vida, particularmente en el ámbito de la ley moral y la ley natural, habiéndose consolidado un sinnúmero de errores filosóficos que han llevado al hombre a perder la luz de la verdad, del Evangelio y del orden establecido por el Padre. Estos graves errores se vienen arrastrando desde hace varios siglos, cuando la filosofía comenzó a darle un valor exclusivo a la ciencia y particularmente a la razón, llevando consigo el establecer como único criterio de verdad la inteligencia humana. Y así fueron surgiendo desviaciones de las que hoy estamos cosechando sus amargos frutos que derivan en las ideas equivocadas sobre Dios, Jesucristo, la Iglesia, el pontificado, el dogma, la moral y los sacramentos. Pero lo más grave es que muchos pastores de la Iglesia promueven estas extrañas creencias y nuevas filosofías. Por eso la Santísima Virgen nos llama a voltear nuestra mirada al Santo Padre, pues su doctrina verdadera es y será una especial ayuda del Cielo en medio de tantos y tantos errores y oscuridad que invaden al mundo y a la Iglesia.

Ahora bien, es completamente cierto que estamos en la encrucijada del fin de los tiempos y grandes acontecimientos nunca antes vistos están por suceder; mayormente serán éstos facilitadores de que un mayor número de almas se pierda, pues estamos ante una lucha no sólo entre los hombres sino también en el orden espiritual, entre la luz y las tinieblas, y esto pasa desapercibido para la inmensa mayoría de los hombres.

Grandes Sufrimientos provocados por Catástrofes Naturales

Como consecuencia del pecado de los hombres, la Mano Todopoderosa de Dios pegará con fuerza y grandes catástrofes están por venir, que serán causantes de mucho sufrimiento. Estas catástrofes son ocasionadas por causas cósmicas. Este es necesario para poder purificar, reparar, convertir y equilibrar el fiel de la balanza de la Justicia de Dios.

Las catástrofes traerán como resultado afectaciones en el orden de la economía, carestía de alimentos y el hambre en el mundo. En un momento dado parecerá que los males en el mundo se solucionan, pero será aparente, pues luego se volverá peor que al principio. Por todo esto, la hambruna y contaminación del agua se convertirán en un verdadero jinete del Apocalipsis.

El hombre de hoy no entiende que su alejamiento a las normas y directrices del cielo atraen la ira Divina. Dios no creó al hombre para que sufriera y muriera, pero el pecado se erige como la causa de los grandes sufrimientos y dolores en el mundo. Conviene decir que serán de tal magnitud las catástrofes naturales, que "la tierra se convertirá en un lugar difícil y peligroso para la vida".

Enfermedad Mundial

Otro sello del Apocalipsis se abrirá, el caballo amarillo, expresión de las enfermedades y pestes. Una enfermedad mundial será causa de gran mortandad. Simplemente no habrá cura, pero serán protegidos los que se han dedicado a tiempo y destiempo a edificar su aposento, su alma, pues su oración y sacrificio hará que no los toque la mano de Dios. Esta terrible enfermedad se extenderá de uno y otro lado de la tierra y no habrá descanso ni alivio.

Mal uso de la Ciencia

En los últimos tiempos los hombres han ignorado de diversas maneras el orden establecido por el Padre Eterno; así, el mal uso de la libertad humana ha hecho que la humanidad camine por senderos contrarios al querer de Dios y aún a la misma naturaleza. Desde el Génesis se establece cómo el mal se extendió por toda la tierra, y a tal punto fue el desorden que la Escritura dice que "viendo Yahvé que era grande la maldad del hombre sobre la tierra... se arrepintió de haber creado el hombre en la tierra, y se dolió en su corazón". Y fue entonces que decidió "exterminar de sobre la faz de la tierra al hombre que había creado" (6, 5-6). Así pues, de la misma manera que Dios decidió mandar el Diluvio por los abominables pecados que los hombres cometían por querer ser como Dios, se volverá a llegar a este extremo en que mediante la manipulación genética y clonación de células humanas y animales, la soberbia humana pretenderá  remedar la Creación divina sin tener autoridad para ello; por lo que las consecuencias serán desastrosas para toda la humanidad, tanto físicas como morales. Este pecado, ligado al pecado original, también está en estrecho vínculo al llamado katejón (obstáculo que impide la manifestación del Anticristo) del que habla Pablo en II Tesalonicenses 2, y cuyo tema exige en su momento una explicación más amplia.

División de la Iglesia

La Iglesia y la humanidad serán duramente probadas. La Virgen nos ha pedido que permanezcamos firmes en el Verdadero Camino, en la Iglesia de Su Hijo, pues no falta mucho tiempo ya para que se separe la Verdadera Iglesia de la Falsa (leer en esta misma página web mi artículo Dos Papas en Roma de fecha 28 de Enero de 2015). Así, surgirá un camino falso que pretenderá conducir erróneamente a los fieles al Padre. Pero el Camino Verdadero será aquel que proclame a María como Madre de ese Camino.

Guerra entre Naciones

Una guerra involucrará varias naciones, motivados estos conflictos por varias causas: la libertad y la esclavitud, o sea, el propósito de sometimiento de los más pobres y débiles ante los poderosos; entre los que defienden la vida y los que promueven la cultura de la muerte; el odio y el egoísmo entre los hombres causantes de todo mal; y también por causas más allá de lo natural, donde el demonio utilizando a las naciones y a los hombres desencadenará una lucha contra la Iglesia.

La bandera quedará sin asta pues naciones serán conquistadas por otras, y el ruido de la guerra dejará sordos a los que ya ciegos son incapaces de ver el gran peligro que acecha. Y todo esto sucederá al amanecer del día de la verdad, pues algo desenmascarará la mentira que revelará lo que se ocultó por largo tiempo.

Dentro de las catástrofes que vendrán pronto, un fenómeno cósmico vendrá de arriba, causando desgracias, desasosiego y angustia entre los hombres.

Si nos convertimos...

Mientras los hombres no se conviertan totalmente en su corazón a Nuestro Señor, todo bien aparente en el orden material será pasajero. Habrá un tiempo breve en que parecerá que todos los males de toda índole se solucionan, pero será un engaño.

Todo mensaje del Cielo no pretende llenarnos de temor, sino de tomar conciencia de nuestra responsabilidad ante Dios por nuestros actos. En la medida de nuestra entrega todos los eventos pueden ser mitigados y acortados, y algunos suprimidos, pero esto depende de la respuesta de la humanidad. De lo contrario habremos de enfrentar todo lo que ha sido anunciado, y desafortunadamente los hechos apuntan a que la respuesta humana ha sido muy pobre. Y el plan de entrega y crecimiento espiritual hacen referencia a la oración disciplinada, al rezo del santo rosario diario, al ayuno frecuente, a una vida de penitencia y sacrificio, a la práctica de la mortificación de los sentidos y particularmente a la participación de los sacramentos, especialmente a la Eucaristía, que deberá llevar al apostolado firme, constante y diligente en busca de la conversión de las almas. Estas son las armas que tenemos a nuestro alcance. De nosotros depende el futuro material y espiritual de la humanidad.

Pero María está trabajando y su Plan se cumplirá. Surgirán los Nuevos Apóstoles y algunos dentro de un proceso místico y sobrenatural contribuirán a un fuerte impulso del crecimiento espiritual hacia la Perfección, para que este ser corruptible se transforme en incorruptible. Un gran misterio se descubrirá...

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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Jue Abr 16, 2015 12:55 pm

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«Francisco, Fátima y Rusia»
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Una de las más trascendentales apariciones marianas es la de Fátima. El intelectual católico Jean Guitton le hablaba de Fátima a Paulo VI en estos términos: “Santo Padre, Fátima es más interesante que Lourdes: es cósmica e histórica al mismo tiempo… es decir, está unida a la Historia de la Salvación, a la Historia Universal”.

Y en efecto, los Papas Benedicto XV, Pío XI, Pío XII y Juan Pablo I, siendo éste cardenal, tuvieron una mayor o menor relación con Fátima. Por su parte, Paulo VI visitó Fátima el 13 de mayo de 1967 en el 50° de las apariciones. Paulo VI sentía a Fátima como un lugar “escatológico”. Dijo que Fátima “era como una repetición o anuncio de una escena del final de los tiempos”. Y el Santuario portugués recibió nada menos que 3 visitas de Juan Pablo II; beatificó a los 2 pastorcitos –Francisco y Jacinta Marto– y en 1984, frente a la imagen de la Virgen de Fátima, solicitada al Santuario para trasladarla a Roma para ese propósito, consagró solemnemente al mundo al Corazón Inmaculado de María.

Es decir, nunca en la Historia la Iglesia había reconocido oficialmente la eficacia histórica de un mensaje y una profecía cuya fuente es una aparición de la Santísima Virgen. Profecía que obliga a la Iglesia y cuyo valor no resulta discrecional toda vez que Juan Pablo II en gratitud por haber salido con vida del atentado que sufriera en Roma el 13 de mayo de 1981 precisamente en el 64° aniversario de las apariciones, y a las 17:19 horas (al revés 1917, año de la aparición), afirmó solemnemente:

“Me estoy dirigiendo yo también hacia este lugar bendito para escuchar una vez más en nombre de la Iglesia entera la orden que nos dio nuestra Madre, preocupada por sus hijos. Hoy, estas órdenes son más importantes y vitales que nunca” (Marco Tosatti. El Secreto No Revelado). Es más, dirá el Papa, que esa exhortación de la Virgen realizada en 1917 “es más actual que entonces y más urgente incluso”. Y, sobre todo, el Pontífice dijo: “El llamamiento hecho por María nuestra Madre en Fátima hace que toda la Iglesia se sienta obligada a responder a las peticiones de nuestra Señora… El mensaje impone un compromiso con ella” (Solideo Paolini, Fátima: No Despreciemos las Profecías. 2005).

Y finalmente, quien convalidó de manera única la aparición ante todo el mundo y la acreditó públicamente fue la propia Santísima Virgen que concedió el Gran Milagro del Sol atestiguado por más de 70,000 personas en Cova de Iría, Portugal, y documentado por la prensa local e internacional, precisamente el último día de las apariciones, el 13 de octubre de ese año de 1917.

Dos pues son los ítems esenciales en Fátima: La divulgación del llamado Secreto de Fátima y la petición de la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María… y lastimosamente ni uno de las dos formales peticiones por parte del Cielo se han cumplimentado debida y totalmente.

Por ahora dejemos el tema del Secreto para abordarlo en otra ocasión. Pero respecto a la Consagración de Rusia, el asunto se reduce a lo siguiente:

Consagración de Rusia

El 13 de junio de 1929, en Tuy, España, la Santísima Virgen se le apareció a la Hermana Lucía, cumpliendo así la promesa de que vendría a “pedir la Consagración de Rusia”, la cual sería realizada por el Papa en unión con todos los obispos del mundo. La Hermana Lucía anotó por escrito las palabras utilizadas por Nuestra Señora para pedir la Consagración de Rusia:

“Es llegado el momento en que Dios pide que el Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, realice la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado, prometiendo la salvación por este medio” (The Third Secret Vol. II, p. 555. Estas palabras las escribió la Hermana Lucía en su Diario. )

Este acto solemne de la Consagración de Rusia a ser celebrado simultáneamente por el Papa y por todos los obispos del mundo, no se ha llegado a cumplir. Ninguno de los actos de consagración realizados por Pío XI, Pío XII, Pablo VI o Juan Pablo II fue hecho simultáneamente por el Papa y  por todos los obispos del mundo ni tampoco se ha nombrado específicamente a Rusia. Esto es un hecho absolutamente comprobado.

Es extremadamente importante observar que la II Guerra Mundial significó tan sólo el comienzo de los castigos anunciados. Si los hombres no se arrepentían ni enmendaban sus vidas, otros castigos más terribles vendrían.

El 19 de agosto de 1931, Nuestro Señor se le apareció a la Hermana Lucía transmitiéndole este mensaje:

“Diles a Mis ministros que en caso de que sigan el ejemplo del Rey de Francia en la tardanza en ejecutar Mi demanda, ellos lo acompañarán en la aflicción, tal como le sucedió al Rey” (Memorias de Lucía. Volumen I. Compilación de Luis Kóndor, SVD. Secretariado dos Pastorinhos . Fátima, 9ª Ed. 2006.)

Esta era una advertencia muy enérgica, transmitida por el mismo Jesucristo, puesto que el ejemplo a que Él se refería fue la desobediencia del Rey de Francia,  quién no llegó a consagrar a su Nación a Su Sagrado Corazón. Esta petición fue formulada directamente por Nuestro Señor Jesucristo, quien se lo reveló a Santa Margarita María de Alacoque; la cual, a su vez, se lo comunicó al Rey Luis XIV. Ni éste ni Luis XV hicieron caso a tal petición. Por fin, Luis XVI, ya en prisión, intentó obedecer la orden divina; pero no pudo realizar el acto público y solemne, conforme había sido solicitado, y fue guillotinado en 1793, demasiado tarde para salvar a Francia de la  revolución y el “reino del terror” a los que fue sometida.

Nuestro Señor ha declarado de forma inequívoca que el Papa disponía de cierto período para realizar la Consagración de Rusia. Si, después de agotado ese plazo, todavía no se hubiera realizado la consagración en la forma debida, algunos de los pastores de la Iglesia pagarían tal omisión con sus vidas. Esto se encuentra muy claramente descrito en la visión del Tercer Secreto, publicada el 26 de junio de 2000. En dicha visión, el Papa es muerto por la soldadesca, y lo mismo les sucede a obispos y cardenales, que también son muertos.

En mayo de 1952, Nuestra Señora de Fátima le dijo a la Hermana Lucía:

“Comunícale al Santo Padre que continúo esperando la Consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado. Sin la consagración, Rusia no se podrá convertir, ni el mundo tendrá paz”. (Padre Paul Kramer.  El inminente Gran Castigo revelado en el Tercer Secreto de Fátima. [url=http://www. fatima]www. fatima[/url] .org.)

Más grave aún es que,  tiempo después, por medio de una “locución interior”, nuestro Señor, quejándose, le dijo a Lucía:

“No quisieron atender a mi súplica (...) como al Rey de Francia, se arrepentirán y la harán después, pero será tarde. Rusia habrá extendido sus errores por el mundo entero provocando guerras y persecuciones a la Iglesia; el Santo Padre tendrá mucho que sufrir” (Ídem).

Desobediencia

Las consecuencias de no obedecer las peticiones del Cielo serán incalculables y catastróficas. Aquellos que dicen que ya han sido atendidas las peticiones de Nuestra Señora, que la Consagración de Rusia ya se ha realizado, han perdido la noción de la realidad.

Para muchos – incluidos fundamentalmente altos dignatarios de la Iglesia – Rusia ya fue consagrada y por tanto ya “se ha convertido”, dando así cumplimiento a lo anunciado por Nuestra Señora. Pero esto es un grave error. Los hechos dicen lo contrario y contra estos no hay argumentos.

Ahora el Papa Francisco tiene frente a sí esta responsabilidad. Resultó por demás esperanzador que recién electo Papa le haya pedido por 2 veces al Arzobispo de Lisboa, Cardenal José da Cruz Policarpo, que consagrara su pontificado a la Virgen de Fátima. Esto ocurrió de manera solemne y en unión con obispos de Portugal el 13 de mayo de 2013.

Asimismo, con motivo del Año de la Fe y en ocasión de la Jornada Mariana celebrada en Roma el pasado 13 de octubre, el Papa Francisco, como lo hiciera Juan Pablo II en 1984, mandó pedir la imagen de la Virgen de Fátima para que presidiera dicha celebración y finalizando la misma con un acto de affidamento de la Iglesia –que no consagración – hacia la Santísima Virgen.

Todo esto son pasos de preparación para que en un corto periodo de tiempo pueda el Papa Francisco llevar adelante este pedido del Cielo y que se encuentra en extremo retrasado con consecuencias de guerras y mucho sufrimiento que ya han tenido lugar.

Hay quienes incluso han sido muy severos en su juicio con el Papa Francisco porque no consagró a Rusia el pasado 13 de octubre. Pero esto aún no era posible. La Consagración exige una preparación del mundo y de la Iglesia, y sobretodo eliminar la errada percepción de que esta Consagración ya ha sido realizada. Por tanto se tendrá que ir contra corriente para cimentar los pasos de esta anhelada Consagración que traerá sin duda un gran bien espiritual para la Iglesia y para el mundo y que será la puerta y la llave que dé inicio al prometido triunfo del Corazón Inmaculado de María.

Así que esta encomienda tiene adversarios visibles e invisibles, tanto los que trabajan consciente o inconscientemente para el enemigo como el mismo Satanás  que hará todo lo posible para que esta Consagración no sea realizada conforme el Cielo la pidió, pues sabe bien el “príncipe de este mundo” que ese sería el inicio de su fin.

El Papa Francisco fue traído por el Cielo a la Silla de Pedro con varios propósitos desde luego. Las reformas a la Curia en el ámbito administrativo y el orden en las finanzas del Banco Vaticano son importantes. El camino por el cual el Papa está llevando a la Iglesia es fundamental para el bien de las almas, como lo corroboran las decenas de miles de personas que se han acercado a los sacramentos y a la Iglesia. Pero la Consagración de Rusia es prioridad. El Cielo no puede derramar todas las gracias contenidas en el Corazón Inmaculado de María si no se lleva adelante esta Consagración. Muchas planes están aún pendientes de realizarse tanto en el ámbito humano como espiritual hasta en tanto la Consagración no sea realizada por el Papa en unión con todos los obispos del mundo y mencionando expresamente a Rusia.

Rusia en el Plan de Dios

Otra fundamental razón para pedir la consagración de Rusia es su misión dentro del plan de Dios. Y aquí hay sabiduría, Dios ha designado a la gran nación de Rusia para ser un ‘vaso de elección’, que pretende usar como su instrumento escogido para destruir a la Bestia. De ahí el por qué Nuestra Señora de Fátima solicitó la Consagración de Rusia.

Lo mismo sucedió con Saulo de Tarso. Dios pidió que fuese consagrado, porque había sido escogido por Él para ser un ‘vaso de elección’ para la conversión de las naciones. Pero antes de convertirse, Pablo había sido un tenaz perseguidor de la Iglesia. También Rusia ha sido una gran perseguidora de la Iglesia; pero es llegado el momento de transformarse en vaso de elección, el instrumento en manos divinas para “matar a la Bestia” del Apocalipsis. Pero Dios  solamente le concederá a Rusia el poder de destruir el Nuevo Orden Mundial ateo, cuando esa nación haya sido, como Pablo, designada y consagrada.  Rusia ha sido escogida, como David fue escogido por Dios; pero David fue consagrado antes de ir y matar al gigante filisteo. Sin embargo, mientras no se cumpla la petición divina de  la referida consagración, Rusia  continuará  siendo  un instrumento de  la ira divina. Y hasta en tanto no sea consagrada Rusia al Corazón Inmaculado de María no podrá darse la anhelada Unidad de las Iglesias, tras la cual, la Iglesia remanente de Cristo se fortalecerá para Su triunfo y reinado en la tierra.

Dostoievski /Fulton Sheen

Según Dostoievski, Rusia es el “pueblo deífico” por excelencia, destinado a salvar al mundo. Afirmaba que era el único pueblo cristiano – Rusia – que no había sido contaminado por la civilización. Decía que “la doctrina de Cristo, en occidente falseada, se ha conservado en toda su pureza en el seno de la ortodoxia. Oriente dirá al mundo la nueva palabra que oponiéndose al socialismo, redimirá de nuevo a la humanidad europea” (Diariode un Escritor. p. 2019. Citado por Sáenz p.509.)

Otro autor clarividente en la misión de Rusia para estos tiempos es el Arzobispo Fulton Sheen, quien reflexionaba de esta forma:

“Cuando Rusia reciba el don de la fe, su misión será la de un apóstol para el resto del mundo. Convendrá dar fe al resto del mundo. ¿Por qué tenemos tanta esperanza en Rusia? ¿Por qué ha de ser el medio de evangelizar a las naciones de la Tierra? Porque Rusia tiene fuego, Rusia tiene celo. Dios pudo hacer algo con el odio de Saulo transformándolo en amor; pudo hacer algo con la pasión de Magdalena convirtiéndola en celo; pero Dios no puede hacer nada con los que no son ni ardientes ni fríos. A éstos los vomitará de su boca…”

Recemos pues para que el Papa, siendo dócil a la acción del Espíritu Santo, tenga la fortaleza y venza los obstáculos humanos y preternaturales y pueda llevar adelante la voluntad del Cielo.


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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Abr 25, 2015 4:57 pm

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«Plenitud Septiforme de Dios»
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Uno de los grandes problemas en relación al pedido que María Santísima ha venido haciendo a todos sus hijos durante este tiempo es que se responde con mucho entusiasmo al primer llamado de la Madre, pero en la medida en que se acrecientan las dificultades y se acaba el amor primero, volvemos a nuestra vida habitual de tibieza espiritual, o lo que es peor, de alejamiento de Dios.

Desde hace mucho tiempo la Virgen nos ha pedido oración, sacrificio y penitencia y que practiquemos el ayuno corporal, pero hoy en día la realidad es que son muy pocos los que lo cumplen. Nos quedamos en un amor filosófico, sentimental o humanista que en nada contribuye a vivir el Evangelio de Cristo. “Por eso no todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre(…)” (Mt. 7, 21). Así pues, tenemos que edificar en roca y no en arena, y más tratándose de este proyecto de Dios.

Hay quienes piensan que como un regalo especial de la Virgen lograremos participar del Reino de Cristo, porque nosotros –se dice– no somos nada ni podemos nada; y eso es cierto en parte, pero no totalmente. Es necesario Edificar el Templo pues la Plenitud no se logrará gratuitamente. Es cierto que estamos viviendo una especial época de gracia de Dios como nunca antes la ha habido y que se están descubriendo grandes misterios divinos y que el cielo está dispuesto a “abaratar”, por expresarlo así, el Reino para que podamos participar y vivir en él, pues tal y como está profetizado “muchos últimos serán los primeros” (Mt. 20, 16).  Pero es claro que quien quiere el fin, quiere los medios; y María Santísima como portadora de la encomienda tiene –y tuvo– la potestad de otorgar el gran privilegio, pues al igual que le “arrancó” a Jesús el primer milagro en las bodas de Caná, María le ha arrancado de nuevo a Su Hijo el milagro y privilegio de que hombres y mujeres de este tiempo, escogidos desde antes de su nacimiento, aceptando la encomienda y poniendo a Dios como prioridad en sus vidas, puedan alcanzar esta gracia maravillosa de participar y vivir en el Reino de Cristo en la tierra con todo lo que ello implica.

Gracias a sus mensajes auténticos hemos podido comprender mejor el plan de María para este tiempo; de su enseñanza y sus mensajes estamos en posibilidad de entender el proceso hacia la Plenitud, que es la encarnación del verbo de Dios en nosotros. Cuyo primer paso es la entrega y donación de nuestro ser a la Santísima Virgen para que Ella como formadora perfecta edifique en nosotros un nuevo ser que sea semilla digna de las futuras generaciones.

Perfección Septiforme de Dios

La plenitud de la vida cristiana sólo puede habitar en Dios quien es Orden Perfecto, o sea, la Unidad en la Multiplicidad, que se comunica a toda Su Creación. Toda la creación evoca la Perfección del Creador, y esa Perfección es Amor en todas sus manifestaciones, que por venir de la Perfección Absoluta se manifiesta en la abundancia espectacular del Orden en Plenitud, que da gloria al Altísimo.

Por eso el 7 divino es la suma del 3 + 4; el 3 que hace referencia a la vida de Dios, es decir, a la Trinidad, y el 4 que se refiere a la obra creadora de Dios y que se encuentra representada en los cuatro elementos de la naturaleza, es decir, fuego, aire, tierra y agua. Así entonces 7 es reflejo de Dios y su Creación.

Asimismo, si bien todo el simbolismo del número 7 se encuentra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, resulta de particular importancia lo que fue la creación de los cielos y tierra, tal y como lo menciona el Génesis:

“Fueron, pues, acabados el cielo y la tierra con todo el ornato de ellos. El día séptimo terminó Dios la obra que había hecho; y descansó en el día séptimo (…) Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó porque en él descansó Dios de toda su obra que en la creación había realizado” (Gen. 2, 1 – 3).

También el número 7 simboliza la alianza hecha por Dios con el hombre y que se pone de manifiesto en el arcoíris, descrito por Juan en el Apocalipsis, tanto en el Trono de Dios (4, 3) como en el Ángel Poderoso que hace un juramento y que viene con el arcoíris sobre su cabeza (10, 1). Y dijo Dios:

“He aquí que Yo establezco mi pacto con vosotros y con vuestra descendencia después de vosotros (…) Pondré mi arco en las nubes, que servirá de señal de pacto entre Mí y la tierra” (Gen. 9, 9 y 13).

Por ello el arcoíris no es sólo símbolo de esa Nueva Alianza de Dios con el hombre, sino que también es una Alianza de Plenitud, de la verdadera santidad a la que el hombre está llamado desde el origen y que se encuentra representada en sus siete colores. Ya que a través de ellos Dios nos invita como criaturas suyas a retornar a ser Imagen y Semejanza suya, a volver a tener aquella Semejanza con Dios que Adán tenía cuando fue creado inocente y que perdió con el pecado, pues nosotros somos Imagen creada de Dios en nuestra propia naturaleza humana, de la misma manera que el Verbo de Dios es la Imagen increada y consubstancial del Padre. Sólo así se puede pues cumplir la Palabra de Jesucristo: “Sed pues perfectos como mi Padre celestial es perfecto” (Mt. 5, 48).

Es por eso que parte de la esencia natural de Dios está conformada por decirlo así en 7 formas, como los capítulos de un libro que nos ayudan a comprender mejor su lectura, así es la Perfección Divina.  El número 7, tiene la misma connotación en la Sagrada Escritura, es decir, Perfección o Plenitud, de tal manera que la interacción de esta realidad septiforme de Dios nos debe llevar a la perfección humana y a la espiritual, que deben reflejar:

  • Santidad en Perfección del Ser
  • Orden en Armonía del Ser
  • Disciplina del Ser
  • Abundancia del Ser
  • Misticismo del Ser
  • Amor del Ser
  • Creatividad del Ser

Ahora bien, traemos a cuenta los nombres de las primeras comunidades de Asia Menor a quienes Juan se dirigía al escribir el Apocalipsis, comunidades de su tiempo y a la vez comunidades de la Historia de la Iglesia, tanto en el ámbito natural como sobrenatural y que tienen los nombres de:

  • Éfeso
  • Esmirna
  • Pérgamo
  • Tiatira
  • Sardes
  • Filadelfia
  • Laodicea

Estas 7 realidades del ser adecuadas a cada una de las 7 Iglesias del Apocalipsis evocan también un color del arcoíris multicolor que descompone el prismático perfecto de la Luz Blanca de Dios. Y también son custodiadas por cada uno de los 7 Ángeles representados en las 7 estrellas que están en la mano derecha del Hijo de Hombre, figura resplandeciente que se presenta a Juan en Patmos y que lo hace caer de rodillas (Ap. 1, 20).

Pero no se debe quedar sólo en lo místico sino que tenemos que aterrizar esta enseñanza en el proceso espiritual hacia la consecución de la Plenitud, que también debe basarse en un proceso de 7 etapas que van desde la negación del yo hasta la edificación del Verbo encarnado en nosotros, o sea la Plenitud.    

Y pudiéramos seguir con la comparación de esta vida septiforme con los 7 Sacramentos y también las 7 Virtudes en contra de los 7 pecados capitales a saber:

  • Humildad vs Soberbia
  • Generosidad vs Avaricia
  • Castidad vs Lujuria
  • Templanza vs Gula
  • Caridad vs Envidia
  • Paciencia vs Ira
  • Diligencia vs Pereza

Dicho en el orden sobrenatural y místico, las 7 realidades del Ser deben ser la infusión de una Nueva Vida; son las que van moldeando la personalidad del Nuevo Ser, del ser sobrenatural. Es en el arcoíris que la luz blanca –como símbolo de la Plenitud– se descompone en sus 7 colores primarios básicos; y debe el ser, con su entrega diaria, volver a juntar los 7 colores para convertirlos en luz blanca. Es en el fluir de ese arcoíris, por cada color, por cada carisma, en que fluye la Perfección hacia el ser que al juntarse en él se convierte en luz blanca. Así un ser con sus 7 realidades debe ser reflejo de luz, santo de luz, imagen que comparte la luz de Cristo y se mira en el espejo de María para iluminar y vivir la Nueva Vida Eterna desde ahora, desde este mundo sobrenatural que habrá de prolongarse por toda la eternidad.  

Se puede decir entonces que la esclavitud hecha a María, entre otras cosas, recibe unas gracias, unos carismas, que son (1)dones, (2)capacidades, (3)gracias, (4)sabiduría, (5)conocimientos, (6)aptitudes, (7))sensibilidad. Entre los hombres y Dios se han desarrollado estos carismas que reflejan el mundo de Dios, el arcoíris sobrenatural. Y llegan los tiempos en que María desea que surja este hombre nuevo, renovado, restituido para que sea en él el Verbo encarnado de Dios.

La Negación del Yo

Pero el plan de negación de uno mismo por medio del sacrificio es “vencer” el yo. El yo es la “planta baja” del edificio cuya planta alta es el “Nuevo Ser” o la “Nueva Estirpe”. Es aquello con lo que la gracia de Dios va a trabajar junto con nuestra voluntad, para transformar el “yo” en Nueva Estirpe. Cuando una persona quiere crecer espiritualmente, con la primera dificultad que se va a topar es consigo misma. Es nuestro propio yo el primer y gran obstáculo que debemos de vencer para comenzar a ascender en la vida espiritual. Es decir, es nuestra propia voluntad y el egoísmo lo que la mayoría de las veces resulta ser el principal obstáculo para crecer. Por tanto, el primer paso para lograr un crecimiento espiritual es eliminar completamente el egoísmo de nuestras vidas. La razón sobrenatural del que “yo” sea un obstáculo consiste en que no puede prevalecer otra voluntad sobre la Voluntad suprema de Dios.

La rebelión y caída de la primera creación de Dios, los ángeles, consistió en enfrentar otra voluntad contra la Voluntad de Dios. Satanás fue expulsado de la presencia de Dios por no querer servirle, en un acto de profunda soberbia; y de aquí arranca el origen del yo o egoísmo. Del mismo modo, el pecado original se comete por el egoísmo del hombre, pues no siguió el mandato de Dios sino la instigación de la serpiente.

El demonio remeda siempre el plan de Dios, y una clara prueba es que pretendió con la desobediencia del hombre engrandecer su propio yo; sin embargo el único que puede decir con autoridad Yo Soy, es Dios. Cuando se le reveló a Moisés en el Monte Sinaí y le pidió que se presentara ante el faraón y le pidiera la liberación del pueblo de Israel:

“Contestó Moisés a Dios: si voy a los hijos de Israel y les digo: el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; cuando me pregunten: ¿cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Dijo Dios a Moisés: Yo Soy el que Soy. Y añadió: así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me ha enviado a vosotros”.

De la cita anterior se infiere cómo Dios se presenta haciendo alusión a su Ser en su Yo. Es decir, Él es el único Yo que puede existir, pues Él es la Voluntad Suprema de toda la creación. La Esencia de su Ser es Existir. Es el único ser necesario, por ello no pueden coexistir “pequeños yo” que se le enfrenten, sólo puede prevalecer la Voluntad de Dios y a ella se someten todas las criaturas.

Con este antecedente, Jesucristo nos reitera claramente que para poder seguirlo tenemos que aniquilar el yo: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo” (Mt 16,24).

Pues bien, el crecimiento espiritual también se va a desdoblar en 7 etapas o planos que deben llevarnos a la negación y purificación de nuestro ser trino: cuerpo, entendimiento y alma. Dicho en forma simple, recordemos que Dios creó al mundo en 7 días o pudiéramos decir tiempos. Y pudiéramos decir que el hombre, con su caída, descendió simbólicamente de un cierto plano de santidad y casi perfección e inmortalidad, hasta un plano de egoísmo, imperfección y muerte. Este regreso de la imperfección a la perfección es a lo que simbólicamente podemos denominar siete planos de crecimiento espiritual. Es una cuesta arriba, pues con sacrificio y penitencia el hombre tendrá que subir, siguiendo las huellas de Cristo. Tendrá que vencerse a sí mismo, vencer sus vicios y pasiones, tomar su cruz y seguir a Cristo. Jesucristo, que era Dios y no tenía pecado, para subir al Padre y abrirnos las puertas del cielo, lo hizo por la vía del sacrificio hasta la muerte y muerte de cruz. Él hizo un Sacrificio Perfecto con un Amor Perfecto para conseguir la Redención. Los hombres, del mismo modo, tendrán que ir subiendo o creciendo por etapas hasta llegar a la Plenitud. De esto nos ocuparemos en un artículo posterior.

http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/misticismo/478-plenitud-septiforme-de-dios
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Miér Jun 24, 2015 12:20 am

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«¿En qué Consiste El Triunfo del Corazón Inmaculado?»
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Tuve la oportunidad de estar en Fátima, Portugal los días 12 y 13 de junio, coincidiendo con las Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Por la noche del viernes 12 tuvo lugar la vigilia con ocasión del aniversario 98 de la segunda aparición ocurrida el 13 de junio de 1917.

Las palabras de la Virgen transmitidas a Lucía en 1917 de que ella quedaría un tiempo más en el mundo para hacer conocer la devoción al Corazón Inmaculado de María adquirieron mayor prioridad. Pero sobre todo la promesa incondicional que la Madre de Dios transmitió al mundo desde 1917: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”.

Horizonte Desolador

Pero en el horizonte no se visualiza no sólo ese triunfo, sino que tampoco el Corazón Inmaculado de María está ahora en el centro de la Iglesia como reconocido, aceptado y hecho vida en la vida cristiana de los fieles, sino que muy al contrario, lo que percibimos en el futuro inmediato son negros nubarrones, trompetas que anuncian cada vez más una guerra inminente y una nueva derrota para la humanidad. Percibimos la cultura de la muerte mediante odios, mentiras, discordias, asesinatos, sin amor por la patria ni por la familia. Percibimos divisiones y enfrentamientos entre sacerdotes, obispos y cardenales. Percibimos una espiritualidad muy pobre en la vida cristiana de los hombres y una indiferencia profunda a las cosas de Dios. Percibimos que el poder, el dinero y la corrupción son lo que gobierna en el mundo.

¿Dónde está entonces ese prometido triunfo del Corazón Inmaculado de María? ¿De qué forma y cuándo va a suceder? Y en su caso, ¿qué consecuencias prácticas traerá al mundo y a la Iglesia el triunfo profetizado por la Santísima Virgen?

El Sentido de la Profecía

Es aquí precisamente que el sentido profético adquiere su principal relevancia. Cuando los eventos que nos tocan vivir parecen confirmar los más terribles presagios, como en el caso presente, las profecías contribuyen enormemente a fortalecer la fe en momentos de tribulación, porque está profetizado precisamente que “las puertas del infierno no prevalecerán”, lo que indica que aunque habrá momentos de gran obscuridad e incluso de derrotas, la batalla final será ganada por la estirpe de la Mujer, cuya cabeza es Cristo.

Y así es, en este final de los tiempos en que los signos y señales parecen que el mundo de las tinieblas todo lo envuelve y derrotan definitivamente al mundo de la luz, en lo más escondido, sin hacer ruido, en el silencio, en el desierto de la oración y el sacrificio y desconocidos del mundo se están formando unos apóstoles guiados por la mano de la Santísima Virgen para que se conviertan en el talón con el que Ella va a aplastar la cabeza de la serpiente. Este talón –como lo dijera Luis María Grignon de Montfort a inicios del siglo XVIII en su Tratado sobre la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María– son los apóstoles de los tiempos que respondiendo a una llamada del Cielo, llevando una vida de oración y sacrificio intensa; frecuencia de sacramentos; un apostolado firme, constante y diligente concretado en una vivencia palpable de las virtudes cristianas, con el don divino del discernimiento de los signos de los tiempos y el conocimiento de las bases de lo que será la nueva comunidad mística que poblará la tierra en el futuro, trabajan en la edificación de una nueva estirpe que enfrentará al Dragón infernal y lo vencerá, para que se establezca en la Tierra el Reino de Cristo confesado por todos y por todo, contribuyendo a la renovación de este mundo y se cumpla la profecía del Apóstol Pedro: “Cielos nuevos y tierra nueva donde more la justicia” (II Ped. 3, 13).

El Triunfo del Corazón Inmaculado

El triunfo del Corazón Inmaculado tiene una connotación más escatológica de lo que muchos suponen. No es sólo un tiempo de paz al mundo de mayor o menor duración, sino que es ante todo un cambio cualitativo en el devenir de la Historia de la Iglesia y del mundo. Más aún, es el triunfo intrahistórico y mayor fruto de la Redención consumada por Jesucristo en la cruz y que hasta los días de hoy ha quedado en suspenso. Es hacer que todas las cosas queden restauradas en Cristo Nuestro Señor según la sentencia de Pablo a Efesios (I, 9 -10). Es el cumplimiento y la realización de la segunda petición del Padre Nuestro: “Adveniat regnum tuum”, es decir, Venga a nosotros tu reino para que se haga Tu Voluntad en la Tierra como en el cielo. Es consecuencia de la acción del Espíritu Santo que encenderá en todos los corazones el fuego de Su Amor y renovará todas las cosas.

Batalla Previa

Por tanto, este triunfo supondrá una batalla previa y final entre la luz y las tinieblas; entre la Mujer vestida del sol y el Dragón de 7 cabezas y 10 cuernos (Apoc. XII). Batalla que traerá en su momento al hombre de la iniquidad, al hijo de la perdición, que se alza y se opone a todo lo que se dice Dios o es adorado; usurpando el lugar de Cristo y llamándose Dios a sí mismo (II Tes. 2), y coadyuvante de una gran tribulación cual no la ha habido desde el principio del mundo que Dios creó y no la habrá en el futuro (Mt. 24). Y cuando parezca que todo esté perdido y que la Iglesia ha sido derrotada definitivamente, el Corazón Inmaculado de María expresado en los apóstoles renovados y transformados en el Amor de Dios, y guiados por la mano de su formadora y capitana, darán la guerra a las huestes infernales y la ganarán para su Reina, para Dios y para su Cristo, el Rey de Reyes y Señor de Señores (Apoc. 19,16).

Parusía

En otras palabras, este triunfo del Corazón Inmaculado de María no es sino parte de la llamada Parusía, periodo que comprende un largo tiempo histórico en el que se inaugura a plenitud el cumplimiento del plan de Dios para con el género humano y en el que “Cristo debe reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies” (I Cor. 15, 25), y culminará cuando Cristo entregue su reino al Padre. Esta Parusía comienza de hecho con la Justicia Divina sobre las naciones en este mundo (Jer. 25, 30) y termina con el establecimiento de la llamada Jerusalén Celestial (Apoc. 21,2), previa la Segunda Venida de Jesucristo a la Tierra en medio de las nubes.

Por tanto, dentro de la Parusía encontramos lo que el Apocalipsis denomina el Milenio de Paz y que coincide plenamente con el triunfo del Corazón Inmaculado. Asimismo, una y otras realidades, el Milenio y el triunfo de María, coinciden con la llamada Nueva Jerusalén. Como comprenderá entonces el lector, son todos estos conceptos detallados y explicados en el libro del Apocalipsis, el último libro de la Revelación, lo que asocia inmediatamente a la aparición de Fátima con los tiempos claramente apocalípticos, no sólo con el Juicio de Naciones que esto supone sino principalmente con el triunfo e instauración del Reino de Cristo en la Tierra confesado por todo y por todos y en el que habrá un solo rebaño y un solo pastor (Jn. 10, 11).

Expresado en otras palabras: todo este mal que ahora estamos viviendo y que ya hemos identificado con el deterioro espiritual y moral de las almas; la crisis que envuelve a la Iglesia en su conjunto y la confusión y odio que hay entre los pueblos y las naciones que desencadenarán en males mayores, todo ello, será ahogado en la sobreabundancia del bien divino que supondrá la Parusía o manifestación espiritual del Señor y cuyo centro será el Triunfo del Corazón Inmaculado de María a través de la acción diligente de hombres y mujeres que habiendo entendido los signos de los tiempos y respondiendo con generosidad al llamado del Cielo, desarrollaron una vida de crecimiento espiritual y formación de la Verdad Absoluta para ser ese talón de la Señora que constituyen el pequeño reinado de María, lo más valioso de su Corazón Inmaculado.

Civilización del Amor

El triunfo del Corazón Inmaculado de María significará el fin de la civilización actual, como se le conoce, civilización que se ha vuelto capaz de corromper a todo y a todos pues está de raíz totalmente corrompida. Es necesario una transformación del estado actual del hombre consigo mismo, con los demás, con la creación entera (leer la encíclica del Papa Francisco Laudato si), y desde luego, con respecto a Dios. Y esto dará lugar a una nueva civilización a lo que ya Paulo VI y Juan Pablo II habían denominado como la Civilización del Amor. Civilización que es una expresión social del triunfo del Corazón Inmaculado de María, y que hará que se establezca en la Tierra una paz universal tal y como está profetizado, pues llegará el día en que “no se alzará la espada gente sobre gente, ni se ejercitarán para la guerra” (Is 2, 4-5).

Será una época en que habrá gran bienestar y prosperidad temporal pues “los árboles del campo darán fruto y la tierra dará sus productos” (Is 30-44). “Los montes destilarán mosto y todas las colinas abundarán de fruto” (Amos 9,13) y “la tierra se llenará del conocimiento del amor de Dios como una invasión de las aguas del mar... entonces habitará el lobo con el cordero, el leopardo se acostará junto al cabrito; la osa y la vaca pacerán lado a lado y juntas acostarán a sus crías. El león comerá paja con el buey, y el recién nacido meterá la mano en la madriguera del basilisco” (Is. 11, 6 – 8.).

Entonces la paz y la justicia reinarán, la prosperidad temporal permanecerá, los desiertos florecerán y tendrán cosechas de frutos, habrá longevidad en los habitantes de la tierra, se amansarán los animales y las “criaturas, liberadas de la servidumbre de la corrupción, participarán en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8, 21), porque la tierra quedará libre de la maldición a la que Dios la sometió por el pecado (Gén. 3, 17).

La Civilización del Amor llegará con otro espíritu; con el del amor que emana del sacrificio. El fundamento teológico de esta civilización es Dios que nos remite a Cristo, que no es sino el mensaje del Evangelio impregnado en toda la sociedad, y lo que el mismo Evangelio llamó el reino de Dios en la tierra. Y este no podrá llegar a realizarse sino por la poderosa intercesión del Corazón y triunfo del Corazón Inmaculado de María.

Reinado del Sagrado Corazón

Pero el Triunfo del Corazón Inmaculado de María está íntimamente unido al triunfo del Sagrado Corazón de Jesús, pues no pueden separarse uno del otro. Uno es causa del otro y viceversa. Ambos dos, Rey y Reina, no son sino la causa de esta anhelada civilización del amor que hará que se cumpla a Plenitud la razón por la cual el Verbo de Dios se hizo hombre, para que todo –creación y hombre– volvieran a su estado prístino y cumplieran la misión para la cual fueron creados. Es el Corazón Inmaculado de María el modelo de esta Nueva Comunidad, pues es en María que se cumple todo el Plan de Dios que quiso para toda la humanidad, pero que se entorpeció y quedó en suspenso por el pecado original.

Por eso, cada vez más cerca este cielo nuevo y esta tierra en que empezará la verdadera revelación de los hijos de Dios, fruto maduro de la Parusía y en el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

¿Cuándo ocurrirá esto?

Cuando el fuego abrazador del Espíritu de Dios sea capaz –y lo será– de transformar el corazón de piedra en un corazón de carne de solo aquellos que sepan Vencer su Yo, dejándose inundar por el Amor emanado del sacrificio. Quien no lo alcance o no haya caminado en esta dirección, no será escogido para ser parte de esta nueva estirpe del Corazón Inmaculado de María.

Será esencial también que la  Iglesia se abra a la acción de la Poderosa Intercesión de La Mujer Vestida del Sol. Ella es la Formadora; la capitana del ejército de apóstoles de los tiempos y es la Vencedora con esos apóstoles del Dragón infernal; es también la Reveladora del Misterio Septi-forme de Dios. La que hará que todo sea un homenaje al Rey de Todos y de Todo hasta la consecución de la Meta Final establecida por el Padre desde el Principio de Todo…
Luis Eduardo López Padilla

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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Mar Dic 01, 2015 9:20 am

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«Las puertas del infierno no prevalecerán»
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Papa Francisco y el Sínodo

Cuando Jesucristo confirmó por Promesa Divina con respecto a la Iglesia que acababa de fundar que “las puertas del infierno no prevalecerían en contra de ella”, establecería dos realidades: que la Iglesia permanecería hasta el último día, “el día final”. Pero también que su permanencia no sería sin lucha pues precisamente sería acosada, atacada y enfrentada contra lo que Cristo llamó “las puertas del infierno”. A estas “puertas del infierno” los Padres de la Iglesia las han plenamente identificado con los poderes del mal, con los poderes de las tinieblas, cuya cabeza es un poderoso ángel caído conocido como Satanás, quien sabedor que le queda poco tiempo (Ap 12, 12), anda como león rugiente tratando de despedazar a la Iglesia de Cristo y a sus miembros.

Lo anterior viene con ocasión de lo que ha sucedido en la Iglesia en los últimos tiempos, envuelta en escándalos, confusiones y divisiones; todo como resultado de que se ha ido alejando de la Verdad de Su Fundador y del Orden establecido por el Padre, bebiendo en aguas sucias de falsas filosofías que han oscurecido el Camino Verdadero.

Desolación Espiritual en la Iglesia

Para comprenderlo mejor, recordemos que el centro neurálgico del fin de los tiempos lo constituye la apostasía, siendo la más grave la que ha entrado a la Iglesia. La Santísima Virgen ha pedido cosas concretas a la Iglesia y ha  advertido desde hace más de 200 años la crisis espiritual y las tragedias materiales, sociales, naturales y de desolación en general  que se dejarían venir si los hombres no hacían caso a los llamados de Dios. Estos llamados –digámoslo claramente– fueron desoídos por la inmensa mayoría de los hombres, con gran culpa y responsabilidad de aquellos que debiendo asumir un trabajo serio de estudio y evaluación se habrían pronunciado favorablemente sobre las cientos de manifestaciones marianas auténticas en los cinco continentes, es decir, obispos,  sacerdotes, y también no pocos Papas (por ejemplo, desde 1929 el Cielo pidió expresamente la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María, que debía realizar el Papa en unión con todos los obispos del mundo; desde Pio XI a la fecha no se ha cumplimentado este pedido expreso de Nuestro Señor. Es decir, 7 Papas –unos más que otros– cargaron en sus conciencias con esta omisión).

El mensaje dado en La Salette, Francia, en 1846, dio la voz de alerta de lo que el Cielo pedía, y a su vez advertía lo que podría ocurrir en la Iglesia y en el mundo: al hacer mención entre otras muchas cosas de la mala vida de los sacerdotes, obispos y cardenales por su apego al dinero, honores y placeres; del abandono de la oración y la penitencia por parte de los líderes del Pueblo de Dios; del oscurecimiento de la inteligencia por parte de Satanás, así como las divisiones que él causaría en la sociedad, entre las  familias, pueblos, sociedades y dentro de la misma Iglesia.

La Virgen hizo referencia a un tiempo especial donde Lucifer y muchos demonios y espíritus de las tinieblas serían desencadenados del infierno; a la existencia abundante de mala literatura y de un relajamiento a todo lo que se refiere al servicio de Dios. Al ataque sistemático al Santo Padre y al sufrimiento que tendría que padecer el Papa, hasta el extremo de que Roma –no la Iglesia– perdería la fe y sería destruida.

La Tentación de la Iglesia

Muy al comienzo de las apariciones de Medjugorje –más allá del juicio definitivo de la Iglesia sobre esta mariofanía– en un Mensaje de la Virgen al explicar el capítulo XII del Apocalipsis, eje central del final de los tiempos, decía lo siguiente:

“… debes darte cuenta que Satanás existe. Un día se presentó ante el trono de Dios y pidió permiso para poner a prueba a la Iglesia por un periodo de tiempo y Dios le dio permiso para que lo haga por un siglo. Este siglo (XX) está bajo el poder del demonio…”

Por su parte, el Papa León XIII también creía que ese siglo estaba bajo el poder del demonio. La revista Soul Magazine publicó el siguiente relato en la edición de mayo-junio de 1984:

“El 13 de octubre de 1884, el Papa León XIII acababa de celebrar la Santa Misa cuando escuchó una voz profunda y gutural que decía:

Yo puedo destruir tu Iglesia… para hacerlo necesito más tiempo y más poder. Entonces el Papa oyó una voz suave que preguntó: ¿cuánto tiempo y cuánto poder? La voz gutural respondió: de 75 a 100 años y más poder sobre los que se entreguen a mi servicio. La voz suave replicó: tienes ese tiempo.”

Profundamente perturbado el Papa León XIII mandó que se dijera una oración especial a Miguel Arcángel al final de cada misa:

“Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste su poder sobre él, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, por el poder que Dios Padre te ha concedido arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.”

Se siguió diciendo esta oración después de la Misa durante los últimos años del siglo XIX y principios del siglo XX, hasta que el día 26 de septiembre de 1964 se ordenó que ya no se dijera más después de cada Misa.

Precisamente ahora es cuando más se necesitan esta oración y otros ritos exorcistas que existían dentro de la liturgia católica, e inexplicablemente han sido suprimidos.

Catástrofe Anunciada

Desde el principio del cristianismo la Iglesia ha pasado por grandes persecuciones y herejías que eventualmente han minado sus cimientos, que sin lograr atizar un golpe mortal, sí han preparado paulatinamente toda la base de ataque que adquirirá su mayor fuerza en este final de los tiempos, principalmente con las erradas filosofías que a partir del siglo XIV darían lugar a múltiples ideologías, semilla de lo que más adelante generaría una gran confusión en el orden intelectual y posteriormente en el campo moral y religioso.

Especial mención es el año de 1717 con el surgimiento en Inglaterra de la masonería especulativa, que luego degenerará en la masonería oculta o satánica y que ha penetrado al corazón mismo de la Iglesia. Junto con esto, surgen la Ilustración y el Iluminismo, que va a privilegiar a la diosa razón por encima de la fe. Luego también el racionalismo en el siglo XIX y el desarrollo del ateísmo en los ambientes intelectuales y científicos. La filosofía alemana promoverá el idealismo y el positivismo. Y el liberalismo como doctrina hincará sus raíces. El siglo XX es el siglo del modernismo con el humanismo secular, el indiferentismo, el liberalismo teológico, el feminismo radical, el agnosticismo y el panteísmo. Finalmente los totalitarismos con la revolución bolchevique a la cabeza, dando lugar al marxismo leninismo y socialismo comunismo como doctrinas de estado; así como el nazismo. Y entrando de lleno a la época del Concilio Vaticano II surgen los progresismos contra tradicionalismos; en América, la Teología de la Liberación.

Los Papas desde mediados del siglo XIX vinieron alertando de esta catástrofe que se dejaba venir al mundo y a la Iglesia. Pio X alertaba de los enemigos de la Iglesia que “traman su ruina” no desde fuera, “sino desde dentro”. Y de ahí las palabras de Paulo VI en 1972:“Se diría que a través de alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el Templo de Dios”.

A su vez, el entonces Secretario de Estado de Pío XI, Mons. Pacelli, futuro Pío XII, dijo:

“Escucho a mi alrededor a los innovadores que quieren desmantelar la Capilla Sagrada, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, hacer que se arrepienta de su pasado histórico… Vendrá un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dudará como San Pedro dudó.”

Luego vino el Concilio Vaticano II. Y hay que decir que la Iglesia Católica entró dividida y salió de él enfrentada en dos bandos irreconciliables que mantienen aún hoy sus profundas diferencias; lo que dio lugar a dos difundidas interpretaciones del concilio. De aquí las palabras del entonces Cardenal Ratzinger en 1984:

“Resulta incontestable que los últimos veinte años han sido decididamente desfavorables para la Iglesia Católica. Los resultados que han seguido del concilio parecen oponerse cruelmente a las esperanzas de todos, comenzando por las del Papa Juan XXIII y, después, las de Pablo VI… Los Papas y los padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y ha sobrevenido una división tal que –en palabras de Paulo VI– se ha pasado de la autocrítica a la autodestrucción... Estoy convencido de que los males que hemos experimentado en estos veinte años no se deben al concilio “verdadero”, sino al hecho de haberse desatado en el interior de la Iglesia ocultas fuerzas agresivas, centrífugas, irresponsables…” (Informe s/la fe. 1984).

Bajo Juan Pablo II la grave crisis interna de la Iglesia no sólo continuó sino que se agravó, pese a que con el Papa parecía haberse aplacado un tanto la furia innovadora, herética, revolucionaria y de apostasía de tantos sacerdotes, laicos y obispos de todo el mundo.

No obstante, el neo-modernismo progresista quedó consolidado en la Iglesia pero sólo de hecho, no doctrinariamente en la cátedra de Pedro, ni tampoco por Juan Pablo II quien predicó incansablemente por todo el mundo contra sus errores y que, para no precipitar a la Iglesia en males mayores, no pudo erradicar a los muy numerosos teólogos y sacerdotes que los sustentaban más o menos abiertamente.

Toda esta división inter eclesial suma varias causas: las erradas y falsas filosofías modernistas; el ataque del poder de las tinieblas; el mal uso de la libertad humana; la falta de oración, sacrificio y penitencia de parte de los pastores que han ocasionado la pérdida de la fe de las almas y han dado lugar a la desunión y al antagonismo.

El entonces Cardenal Wojtyla lo advirtió con mente preclara en 1976: “Estamos ante la confrontación histórica más grande que la humanidad jamás haya pasado. Estamos ante la lucha final entre la Iglesia y la anti-iglesia, el Evangelio y el anti-evangelio…”

Sínodo de la Familia

Y en medio de muchos y graves problemas y escándalos que atraviesa la Iglesia – “y que hace agua por todas partes”, como dijera en el rezo del Vía Crucis del 2005 el Cardenal Ratzinger– el pontificado de Francisco ha abierto un parte aguas que ha expuesto a la vista del mundo la incontrastable división de la Iglesia. La vivencia real del Evangelio es una espada de doble filo que a muchos incomoda.

Francisco es el Papa rompedor que ha sido testigo y a lo más causa instrumental –que no eficiente como algunos arguyen– de la división dentro de la Iglesia, y el Sínodo de la Familia ha sido ocasión de ello. Por eso, aunque sea doloroso decirlo, hoy es natural asistir cada vez más a contradicciones, oscuridad, enfrentamientos, divisiones y expresiones de falta de unidad entre todos los miembros de la Iglesia, incluidos temas de dogma, fe, costumbres y disciplina eclesial. Todo y esto tal y como se profetizó hace muchos años de que llegarían los tiempos de confusión y división al interior de la Iglesia de Cristo. Pero esta contradicción entra en los planes de la Divina Providencia y que hemos de enfrentar y asumir como parte de la pasión de la Iglesia, pues Dios permite el mal ya que de su existencia sacará mayores bienes.

Debemos recordar y enfatizar una vez más que fue sólo a Pedro a quien el Señor Jesús le prometió que su fe no desfallecería, pues Satanás había pedido cribarlo como el trigo (Lc 22, 31-32) y en esto se funda la roca inconmovible y existencia de la Iglesia en 2,000 años. Respecto a los obispos, la asistencia de Dios a su Magisterio sólo es infalible mientras su doctrina y enseñanza coincida con la del Papa; la asistencia se les prometió a los apóstoles con Pedro, no sin él y menos frente a él. Por eso ninguna herejía de obispos –y ha habido muchas a lo largo de la historia– puede hacer peligrar nuestra fe si sólo nos adherimos a su enseñanza en cuanto esté conforme con la de la Iglesia y del Papa.

Bajo esta tesitura, las conclusiones del Sínodo se reflejaron en los 94 puntos que conformó el documento final, mismos que fueron sometidos a aprobación uno a uno. Demás está decir que en el tema de la homosexualidad se afirma que “no se pueden establecer analogías entre las uniones entre personas homosexuales y el proyecto de Dios sobre matrimonio y familia”. Por su parte, los numerales 84, 85 y 86 referentes a los divorciados vueltos a casar fueron aprobados por los padres sinodales con el número de votos mínimamente exigidos (2/3 +1), y que aunque ninguna frase contradice el dogma o la moral, sí es ambigua en su expresión, sobre todo cuando se afirma que “la conversación con un sacerdote, en el foro interno, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre lo que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena a la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer”.

¿Qué quiere decir esto? ¿Que un sacerdote definirá en conciencia, al oír a los divorciados vueltos a casar, si pueden acceder a la comunión sacramental? ¿Qué significa la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia? No lo dice…pero es ambiguo y no es claro, pues es doctrina de la Iglesia que no hay forma ni manera de que en el caso de los divorciados vueltos a casar puedan comulgar eucarísticamente si no están casados ante la Iglesia, y en su caso, habiendo logrado la anulación canónica de su anterior matrimonio.

Por eso reiteramos lo dicho antes: los obispos, sacerdotes, cardenales y quienes sean pueden ir contra la fe. Pueden caer en herejía, incluso los padres sinodales, pero el Papa, no. Habrá que esperar el documento post sinodal en su caso que emita el Papa, sea Carta Encíclica o Exhortación Apostólica de acuerdo a las recomendaciones de los padres sinodales.

Mientras tanto, las palabras del Papa al término del Sínodo reafirman lo que es la doctrina de la Iglesia en materia de matrimonio y familia:

“Mientras seguía los trabajos del Sínodo, me he preguntado: ¿Qué significará para la Iglesia concluir este Sínodo dedicado a la familia?

…Significa haber instado a todos a comprender la importancia de la institución de la familia y del matrimonio entre un hombre y una mujer, fundado sobre la unidad y la indisolubilidad, y apreciarla como la base fundamental de la sociedad y de la vida humana.

…El primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios, de llamar a la conversión y de conducir a todos los hombres a la salvación del Señor” (cf. Jn 12, 44-50).

¿Y qué viene ahora?

Hay muchos que leen y leen profecías y a fuerza de forzados discernimientos yerran, se confunden y lo más grave, confunden a muchos pues no pocos son líderes de opinión. Conozco amigos, compañeros y hermanos en la tribulación tanto de América como de Europa que están dando bandazos y se han quedado sin la Roca, pues afirman que el Papa es el falso; se han vuelto cismáticos y desconozco por dónde querrán encontrar el Camino Verdadero. Digámoslo claramente: Francisco es, en su entrega y diligencia para enfatizar y llamar a la práctica de la doctrina verdadera, ayuda del Cielo.

Aún está a las puertas la gran prueba para la Iglesia. El tenebroso panorama será peor aún. La confusión irá creciendo… y no falta mucho para que la verdadera Iglesia se separe de la falsa. Pero eso ocurrirá a partir de un cónclave. Y de ahí surgirán dos caminos y cada uno de ellos nombrará a su propio Papa. Y ese día de la elección habrá dos Papas y cada uno –y esto es lo más grave– se proclamará Papa de la Iglesia Católica asentada en Roma. Por lo que entonces habrá dos caminos, uno será el Verdadero que conduce al Padre y el otro, no.

Este panorama será terrible y escandaloso para el mundo católico, lo que hará que muchos fieles huyan del seno de la Iglesia. Y peor la gran confusión que se dará pues no será fácil discernir cuál es el Camino Verdadero, ya que al duplicarse el libro de la Iglesia, ambos Papas seguirán las mismas reglas y la misma Doctrina. De ahí la importancia de que María Santísima sea elevada para que a través de su luz Ella sea proclamada y promulgada como la Madre del Verdadero Camino que conduce al Padre.

Para terminar

El mundo está virtualmente roto y muerto. La violencia, la corrupción, la maldad, la confusión y la muerte penetran todos los ámbitos de la vida del hombre en la tierra. Satanás se erige como cabeza de un mundo infectado de una densa tiniebla de pecado y la humanidad se inclina ante él. El corazón de los hombres sólo genera odios, envidias, celos, traición y horrores perversos que desencadenan guerras, muerte, destrucción, caos, aberraciones, enfermedades, epidemias y destrucción, por lo que la tierra pronto se convertirá en un lugar peligroso para la vida.

Preparémonos física, emocional y espiritualmente, pues grandes catástrofes ocasionadas por desastres naturales están por caer al mundo. Fuego, viento, agua y tierra serán tan aterradoramente violentos que serán desconocidos para los hombres de ciencia, que no atinarán a saber qué sucede en la naturaleza que está más que herida por el pecado.

Orar, oremos; Dios quiere ver y oír nuestra oración, nuestra súplica, nuestro arrepentimiento, el cambio de nuestro corazón, postrados, arrodillados, pues hemos pecado. Todos los hombres nacidos de mujer pecamos, menos la Purísima, la Inmaculada, la Esposa, la Hija y la Madre de Dios, el Ángel Mayor enviado de estos tiempos.

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Luis Eduardo López Padilla, y la página donde fue originalmente publicado.


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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Feb 27, 2016 1:07 am

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«Cronos y Kairós del 2016»
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El inicio de cada año abre la puerta a la especulación sobre lo que podríamos esperar en torno a las profecías. La mejor manera de discernir asertivamente los signos de los tiempos que en todos los órdenes de la vida estamos viviendo al día de hoy es diferenciar el kairós del cronos.

El término griego kairós representa el lapso de tiempo indeterminado en que algo importante sucede o sucederá. Por su parte el cronos se refiere al tiempo medible en años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos. Dicho en otras palabras, el kairós es de naturaleza cualitativa y el cronos es de naturaleza cuantitativa. Según la mitología griega, Kairós era un dios medio desconocido, pero Cronos era la divinidad por excelencia de la época, ni más ni menos que el principal de la primera generación de titanes, descendientes divinos de Gea (tierra) y Urano (cielo).

Ahora bien, el kairós y el cronos no se excluyen sino se complementan. El uno es presupuesto del otro. A los hombres nos toca por mandato evangélico discernir el kairós, es decir, aprender a identificar las señales de los tiempos: “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas” (Mc. 13, 29). Por su parte el cronos le es exclusivo absolutamente a Dios, pues Él es el dueño del tiempo y se ha reservado el día y la hora de cada acontecimiento en Su Infinita Sabiduría y Providencia. Por eso nos alerta Jesucristo que siempre estemos preparados: “Porque no sabéis el día ni la hora” (Mt. 25, 13).

Una Tentación Común

Ha sido recurrente a lo largo de la Historia que los hombres nacidos de mujer (Mt. 11, 11) – fruto de una tentación, en ocasiones por vanidad, confusión, y no pocas veces por el mismo enemigo de Dios – se arrogan el derecho de querer fijar el cronos divino, poniéndole fechas a los acontecimientos proféticos, dando como resultado que se equivoquen una y otra vez.

Con la proximidad del final de los tiempos anunciado en las Sagradas Escrituras y revelado privadamente por muchos místicos y santos de la Iglesia Católica, y principalmente dentro de los mensajes de las apariciones de la Santísima Virgen María, este fenómeno se ha venido acrecentando y se ha hecho común fijar los principales eventos proféticos del final de los tiempos, enmarcándolos en ciertos años, meses e incluso días.

Dentro de estos eventos proféticos anunciados en fechas concretas encontramos, entre otros: la aparición del Anticristo; el inicio de la Tercera Guerra Mundial; la última semana de años antes del fin que habla Daniel, así como la firma o tratado de paz que hará el Anticristo con muchas naciones para dar inicio a la semana de 7 años de la que habla el mismo profeta (9, 24–27). Dentro de las profecías marianas está el llamado gran Aviso de Dios que se encuentra profetizado en varias mariofanías, especialmente en Garabandal, España. También el gran Milagro que ocurrirá un jueves que coincidirá con la fiesta de un santo mártir de la Eucaristía, precisamente en el pueblo de Garabandal, dentro de la Cordillera Cantábrica al norte de España. Dentro del ámbito eclesial se han señalado años y fechas para la aparición del falso profeta anunciado en Apocalipsis (13); también un cisma en la Iglesia de proporciones gigantescas. Fátima nos anuncia también la huida de un Santo Padre vestido de blanco sobre los cadáveres de sus sacerdotes. Y también para esto se han anunciado fechas en años concretos. O dando nombre y apellido por anticipado a los personajes del Apocalipsis, como quién es el falso profeta o el anticristo, etc.

Esta desmedida conducta o manía de querer anunciar fechas sobre los distintos eventos proféticos del final de los tiempos causa daño a las almas, ya sea por exceso o por defecto. Por exceso pues al saber supuestamente la inminencia de un acontecimiento provoca en las personas una afectación en su vivir diario: algunos abandonan su trabajo profesional y se van a vivir al campo para esperar los acontecimientos; otros sufren de estrés emocional pues lo que va a suceder les sobrepasa a su comprensión humana y caen en una gran depresión; así se van ejecutando quehaceres en función de lo que ya es inminente, provocando en otros una especie de euforia mística pero que a la postre no ayuda a la verdadera y profunda conversión, que es lo que realmente el Cielo pide en estos tiempos.

Por defecto tampoco ayuda a las almas, pues al no cumplirse lo anunciado (y tenemos desde 1960 anuncios de todos estos acontecimientos) provoca un efecto devastador a toda las profecías bíblicas y marianas, pues parecería que su incumplimiento lo único que denota es que todo eso que se dice simple y sencillamente es falso, y se provoca así un gran descrédito, tergiversación y manoseo a lo que es tan sagrado como es el don de la Profecía. Además, con el agravante que el deseo de conversión se va perdiendo hasta desaparecer al no cumplirse lo profetizado en los tiempos anunciados.

Este servidor reconoce que en algún tiempo fui tentado a ello, sobre todo al final del Pontificado de Juan Pablo II. Pero ahora se ha madurado y entendido a cabalidad que lo más importante es el discernimiento del kairós, de las señales de los tiempos que estamos viviendo ahora y que sin duda alguna nos van acercando inexorablemente al tiempo del cronos. Esto ayuda a fortalecer las bases de una buena preparación espiritual que incentiva una sólida conversón del alma.

Estamos Cerca, a las Puertas

Todo lo anterior no significa, como muchos creen, que las profecías escatológicas del final de los tiempos sean fruto de mentes calenturientas. O incluso, se llega a aceptar la veracidad de estas profecías, pero hay quienes afirman que no hay forma de saber su inminencia pues siempre ha habido males, guerras, desastres naturales, etc., por lo que pueden ocurrir ahora o dentro de 50 años.

Pero no es así. Existen pruebas más que suficientes, para quien quiera verlas, que se han venido cumpliendo las señales anunciadas, y particularmente podríamos decir  dos muy importantes: primero, el regreso de los judíos a Palestina, y que después de haberse constituido Israel en estado en 1948, han ido recuperando su tierra a partir de 1967 en la Guerra de los Seis Días, profecía que estuvo casi 2,000 años en espera de cumplirse. El segundo gran acontecimiento es la Santísima Virgen María, la señal de la Mujer en el Cielo (Ap. 12) que con sus manifestaciones en los 5 continentes por los últimos 200 años confirman que hemos llegado a los tiempos del fin de esta época (no el fin de la Historia, que es otro concepto).

Así que no debemos asumir la postura contraria y extrema de que no pasa nada o que si pasa algo no sabremos cuándo tendrán lugar los acontecimientos. No, sí sabemos, pues el kairós nos lo confirma. Y este kairós nos permite confirmar que lo anunciado en Mateo 24, Lucas 21 y Marcos 13 irá in cescendo a lo largo de este 2016:

“Guerras, rumores de guerras; hambrunas, pestes, enfermedades y grandes terremotos en diferentes lugares de la tierra…

…Se levantará pueblo contra pueblo y nación contra nación…

…Habrá terror y grandes señales en el cielo… Y con el crecimiento de la maldad se enfriará la caridad y serán perseguidos y odiados por causa de mi nombre…

…Y habrá gran expectación entre los habitantes de la tierra por las cosas que están por venir, porque las potencias de los cielos serán conmovidas…

…Y habrá falsos profetas que engañarán a muchos incluso a los mismos elegidos…

Esta profecía de Jesucristo nunca como ahora tiene plena vigencia, pues constatamos la división, el odio, el rencor, la maldad entre las sociedades y las familias; entre los pueblos y las naciones que genera terror, muerte y violencia. La naturaleza cada día más clama venganza y se ha vuelto contra el mismo hombre con mayores desastres naturales que envuelven los cuatro elementos: fuego, tierra, agua y viento.

Pero lo más grave y doloroso es la división entre pastores poniéndose en tela de juicio los principales dogmas de la fe cristiana en medio de una grandísima confusión entre los pastores y los fieles. Asimismo, ya es de conocimiento público la mala vida de las personas consagradas a Dios, afectando con todo esto a la moral y espiritualidad de los hijos de la Iglesia, y por extensión, a la mayoría de los habitantes de la tierra. Lo anterior contribuye a un mayor odio a la fe, a la Iglesia, al Papa y a los cristianos en general, que cada vez son más perseguidos.

Pero todo esto es el comienzo de los dolores de parto. A la humanidad le esperan largos años de dolor y sufrimiento como no ha habido desde que el mundo comenzó. Y a la Iglesia le espera la más grande división, oscuridad y persecución desde que fue fundada.  

Y ciertamente estamos también ante la inminencia de grandes eventos de origen cósmico consecuencia de una inestable zona rara del universo que traerá efectos a toda la tierra. Incluso hay quienes afirman que en este año 2016 tendrá lugar el profetizado Aviso de Dios a la humanidad – donde todos los hombres entraremos en una especie de éxtasis y veremos espiritualmente nuestro interior y el estado de nuestra alma - pero no parece que las condiciones para este gran evento universal y que también están profetizadas se hayan cumplido. Primero deben ocurrir ciertos sucesos que harán que verdaderamente nos encontremos en el peor momento de la historia, tanto en el campo político, como económico, natural, social y eclesial. Mientras esto no suceda el AVISO profetizado no tendrá lugar aún.

Este evento universal sin duda ocurrirá en la tierra, así como otros profetizados de carácter universal, lo mismo el cisma que vendrá a la Esposa de Cristo, donde la verdadera Iglesia se separará de la falsa, pero al menos esto no tendrá lugar ni se habrá consumado hasta que no concluya el Pontificado del Papa Francisco. Esto es lo que se desprende de una lectura atenta y prospectiva de las verdaderas y auténticas profecías.

Juan y Daniel

Ahora bien, aunque el cronos le compete a Dios, existen profetas que comparten esa sabiduría divina. En efecto, son dos los profetas que tienen, por decirlo así, las “llaves del tiempo”: Daniel y Juan. Daniel tiene tres profecías del tiempo: “los tres tiempos y medio” (7, 25); la profecía de las “dos mil trescientas tardes y mañanas” (7, 13 – 14) y las “setenta semanas” (9, 24 – 27). Pero a Daniel, el Señor le dice claramente: “Guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del Fin” (12, 4).

Por su parte, Jesucristo le dice a Juan: “No selles las palabras proféticas de este libro, porque el tiempo está cerca” (22, 10) y en otro capítulo muy importante (10), y que pasa desapercibido para la gran mayoría, Juan tiene una visión de un Ángel poderoso, que juró por Aquél que vive por los siglos de los siglos… y gritó: “Ya no habrá más dilación (…) pues se va a consumar el Misterio de Dios, según lo había anunciado como buena nueva a sus siervos los profetas” (10, 6 – 7) y tú, “tienes que profetizar de nuevo, contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (10, 11). ¡Todo lo anterior para quien tenga sabiduría!

Por tanto, no subestimemos a Dios en cuanto a fechas y tiempos se refiere. Dios, estando en la eternidad donde no hay tiempo –el no tiempo– es, sin embargo, dueño del tiempo, del pasado y presente. Todo lo tiene pesado y medido. Y el fin está fijado.

El Fin está Fijado

Desde el principio Dios tiene determinada cada hora, minuto y segundo de cada acontecimiento de la historia. Cuando se suele decir que “Dios concedió un tiempo adicional para tal o cual evento”, o “que por las oraciones de los fieles se ha pospuesto un suceso”, o “que Dios le ha dado una nueva oportunidad” o “que no era su tiempo”, etcétera, aún en estas eventualidades que alejan o acercan acontecimientos en el mundo, según las oraciones de los fieles, Dios lo ha previsto todo desde siempre. Entonces, con mayor razón los tiempos finales han sido determinados.

“Mira voy a manifestarte lo que ocurrirá al fin de la ira, porque el fin está fijado” (Dn. 8, 19).

Ciertamente toda la escritura revela tiempos y fechas, pero es para quien tenga sabiduría. Cada cifra, cada número, cada matemática dada por Dios a través de los profetas en el Antiguo Testamento, o mencionado por Jesucristo en el Nuevo Testamento, tiene una razón específica que marca un tiempo o un propósito más profundo. Más aún, el arcano de Dios es el número 7, pues es el símbolo de lo perfecto. Toda su creación se sustenta en el 7, de ahí que haya creado al mundo en 7 días o 7 tiempos. Toda la historia está perfectamente dividida en “7 grandes días”; y a su vez, el día del hombre, el sexto, ha sido dividido en “7 días”, comenzando en el domingo –primer día de la semana y terminando el día sábado, 7mo día de la semana del hombre– y basado en la historia y la matemática se concluye con certeza matemática divina que hemos llegado al final de los tiempos.

Y sí, algunos que caminan por la tierra lo saben pero no lo dicen ni lo dirán, hasta que el ángel haya tocado la trompeta de Dios. Mientras tanto, a nosotros nos toca estar preparados y discernir la inminencia, pues no sabemos el día y la hora. Pero las profecías dicen que sí, que estamos cerca...
Luis Eduardo López Padilla

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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Lun Abr 04, 2016 9:37 am

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«Previsiones Geopolíticas, Económicas y Escriturísticas para el 2016. El Pulso de la Fe»
Publicado el 10 feb. 2016
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Lun Jun 13, 2016 10:17 pm

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«Fátima, "hay más de lo que hemos publicado"»
Written by Luis Eduardo López Padilla
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El pasado 21 de mayo el Padre Benedicto XVI –Papa Emérito– ha dicho según un comunicado anónimo de la Sala de Prensa Vaticana, que son “puras invenciones” las últimas suposiciones sobre el Tercer Secreto de Fátima, según las cuales la Santa Sede no habría publicado todo y que en la parte oculta “se hablaría mal del Concilio y de la reforma litúrgica”.

La exclusiva de Pentecostés

Estas fuertes revelaciones surgen de parte del teólogo alemán, el Padre Ingo Döllinger, amigo personal de Benedicto XVI, quien habría dado a Maike Hickson para el sitio “OnePeterFive” un anuncio más que explosivo, describiendo un diálogo cara a cara con el entonces Cardenal Ratzinger:

“No mucho tiempo después de la publicación –en junio de 2000– del Tercer Secreto de Fátima por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Joseph Ratzinger dijo al padre Döllinger, durante una conversación que hay una parte del Tercer Secreto que todavía no han publicado. ‘Hay más de lo que hemos publicado’, dijo Ratzinger. Además le dijo a Döllinger que la parte publicada del secreto era auténtica y que la parte inédita del Secreto habla de un ‘mal Concilio y de una Misa mala’, que habrían llegado en un futuro próximo. El Padre Döllinger me dio el permiso de publicar estos hechos en la fiesta del Espíritu Santo y me dio su bendición”, terminó citando Maike Hickson.

Rompe el silencio el Papa Emérito

El desmentido de la Sala de Prensa Vaticana, inédito y fulminante, llegó como hemos dicho el 21 de mayo en donde se citan las palabras de Benedicto XVI:

“Algunos artículos publicados recientemente atribuyen al profesor Ingo Döllinger declaraciones según las cuales el Cardenal Joseph Ratzinger, después de la publicación, en junio del año 2000, del Tercer Secreto de Fátima, le habría confiado que dicha publicación no era completa”. “A tal propósito” —continúa el comunicado—, “el Papa Emérito Benedicto XVI comunica que ‘no ha hablado nunca con el Profesor Döllinger acerca de Fátima’ y afirma claramente que las frases atribuidas al Profesor Döllinger sobre ese tema son ‘pura invención, absolutamente no verdaderas’ y reitera decididamente: ‘La  publicación del Tercer Secreto de Fátima es completa’”.

Este hecho resulta poco menos que desconcertante y nos lleva a recordar las palabras que dijera el entonces Cardenal Ratzinger en 1984 y que resultan en forma y fondo distintas a lo revelado en junio del 2000 por el propio Cardenal como el Secreto de Fátima, y que, con lo recientemente publicado por la Sala de Prensa Vaticana, enrarece más este tema del Secreto de Fátima.      

Palabras del Cardenal Ratzinger en 1984

Es conocida la entrevista que concedió el entonces Prefecto para la Doctrina de la Fe al periodista Vittorio Messori en el año 1984 y que fue publicada en la revista paulina Jesus el 11 de noviembre con el título “Por eso la fe está en peligro”; publicada con el permiso explícito del Cardenal. En esa entrevista, el Cardenal Ratzinger reveló que él había leído el Tercer Secreto y que el Secreto se refiere a “los peligros que amenazan la fe y la vida de los cristianos y por lo tanto (la vida) del mundo”.

Y a la repregunta de por qué no había sido revelado, el Cardenal contestó: “Porque de acuerdo al juicio de los Papas, esto no agrega nada diferente a lo que un cristiano debe saber respecto a lo que surge de la Revelación: es decir, un llamado radical a la conversión; la importancia absoluta de la historia; los peligros que amenazan a la Fe y a la vida de los cristianos, y por lo tanto del mundo. Y entonces la importancia de los ‘novissimi’ (los últimos eventos y el fin de los tiempos). Si esto no se hizo público –al menos por el momento– es para evitar que la profecía religiosa sea malinterpretada para buscar el sensacionalismo. Pero las cosas contenidas en ese ‘Tercer Secreto’ corresponden a lo que ha sido anunciado en la Escritura y se dijo una y otra vez en muchas otras apariciones marianas, en primer lugar, la de Fátima en la que ya es conocido lo que contiene su mensaje. Conversión y penitencia son las condiciones esenciales para la ‘salvación’.

Entonces, si el Tercer Secreto fuera únicamente la visión profética del atentado contra el Papa conforme se reveló en el año 2000, no se entiende por qué el Cardenal Ratzinger en 1984 (es decir, 3 años después del atentado que sufriera Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro en 1981 y que fue la interpretación que sobre la visión dio el Secretario de Estado Vaticano, Angelo Sodano y confirmada por el propio Ratzinger) habría de decir que debía evitarse la publicación “para evitar el sensacionalismo”. La pregunta es ¿cuál es el sensacionalismo de un atentado que ya se produjo y que ya no tiene nada de dramático?... O al menos que en 1984 Ratzinger hablaba del Tercer Secreto como algo que podía desencadenar el “sensacionalismo” a causa de la “profecía religiosa” que contiene el Secreto, pero entonces aquí no se está refiriendo a la visión –de apariencia inocua– sino de otro texto. Más aún, en el Comentario Teológico que hace el propio Ratzinger en el 2000 dice algo muy distinto a lo que dijo en 1984: “Quien lee con atención el texto del llamado Tercer Secreto (…) tal vez quedará desilusionado o asombrado (…). No se revela ningún gran misterio; no se ha corrido el velo del futuro”.

A mayor abundamiento, a sólo cuatro años de que se revelara el Secreto en el año 2000, el 13 de octubre de 1996, el Cardenal Ratzinger celebró en Fátima una conferencia de prensa –muy poco conocida–, y a la puntual pregunta sobre la futura divulgación del Secreto, contestó el prelado lo siguiente: “La divulgación del Secreto debe realizarse sólo cuando no haya riesgo de crear unilateralidad y desequilibrios, concentrados únicamente en los detalles; la revelación debe producirse sólo cuando pueda entenderse que este hecho ayuda al progreso de la fe” (Miguel Aura. Totus Tuus. p.137).

Entonces, si lo revelado en el 2000 es la visión del Santo Padre que sale medio tembloroso de una ciudad medio en ruinas para posteriormente ser asesinado, ¿dónde están los “detalles” que han impedido durante tantos años su divulgación, “detalles” tan explosivos como para llegar a poner en crisis, según Ratzinger, el “progreso de la fe”? Por tanto, en el texto de la visión no se encuentran detalles explosivos; más aún, el prelado ha dicho que el texto dejaría “desilusionado a la mayoría pues no se descubre ningún misterio”. Así es, la visión nos muestra sólo un penoso retrato de la Iglesia de los mártires encabezada por el Papa.

Repetimos, ¿el cardenal Ratzinger no podría estarse refiriendo en 1996 a otro texto? ¿Cuál era ese detalle violento que podría monopolizar la atención de la opinión pública con el riesgo de resultar explosivo para la Iglesia? ¿No será más bien que él aludía a esas enigmáticas palabras que la Virgen reveló después de la frase “en Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc.”? (4ta Memoria de Lucía publicada el 8 de diciembre de 1941).  

Esto explicaría mejor lo que dijo en el avión rumbo a Fátima el 11 de mayo del 2010 para celebrar el 10º Aniversario de la Beatificación de Francisco y Jacinta, a una pregunta sobre el Secreto de Fátima: “…es verdad que además del momento indicado en la visión, se habla, se ve la necesidad de una pasión de la Iglesia, que naturalmente se refleja en la persona del Papa, pero el Papa está por la Iglesia y, por tanto, son sufrimientos de la Iglesia los que se anuncian”.

Igualmente, durante la homilía en Fátima del 13 de mayo del 2010 con motivo del X aniversario de la Beatificación de los niños Jacinta y Francisco Marto, dijo: “Se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada…” (vatican va).

A la luz de todo lo anterior, nos parece la mar de desconcertante que ahora salga el Padre Benedicto –Papa Emérito– a decir que todo lo del Secreto ha sido revelado y que no hay más. O al menos eso dice el comunicado anónimo de la Sala de Prensa Vaticana.

“Em Portugal se conservará sempre o dogma da fé, etc'.”

En la Cuarta Memoria escrita por la Hermana Lucía el 8 de diciembre de 1941, después de reproducir las dos primeras partes del secreto, añade una frase que sería, según Lucía, el inicio de las palabras de lo que aún era Secreto:

“En Portugal, siempre se conservará el dogma de la Fe, etc.” Esta frase explosiva dicha por la Santísima Virgen nos revela dos cosas: que el secreto son PALABRAS que Ella pronunció (no una visión conforme se dio a conocer en el año 2000, pues el texto de la visión revelado no comienza con estas palabras); y que el etc. indica que la frase continúa… ¿Dónde quedaron pues estas palabras?

Para aclarar lo anterior, recordemos que los niños videntes –Lucía, Jacinta y Francisco– tenían un acceso distinto al evento de las apariciones. En efecto, mientras Sor Lucía veía a la Virgen, escuchaba su voz y podía hablarle, Jacinta Marto podía sólo ver y escuchar, pero no hablar con la Señora; mientras que Francisco Marto sólo veía y ni escuchaba nada y menos hablaba con la Virgen. Francisco pues, el primo de Lucía, siempre pudo ver todo, incluida la visión del infierno, pero no escuchó las palabras de la Virgen, que fueron percibidas por su hermana y su prima. Lo confirma la misma Sor Lucía en la cuarta “memoria”, de 1941. La aparición, al hablar sobre la tercera parte del Secreto, habría dirigido a Lucía y Jacinta estas palabras: “A Francisco sí, se lo pueden decir”. De este particular se deduce que el Tercer Secreto no solo contenía una visión (la del martirio de los cristianos y del Papa) sino también un conjunto de PALABRAS que la acompañaban y la interpretaban.

Se confirma que eran palabras lo que la Virgen reveló que el propio Canónigo Barthas escribe lo siguiente con motivo del interrogatorio que se le hizo a Lucía en 1924 y que sirvió como prueba para el proceso canónico de la Beatificación de sus primos. Al contar la aparición del 13 de julio, Lucía declara: “Después la Señora nos dijo unas breves palabras (palavrinhas) insistiendo en que no se las dijéramos a nadie, excepto a Francisco solamente”.

Aquí es fácil extraer una conclusión: si el Tercer Secreto consistía sólo en la visión revelada por el Vaticano en el año 2000, Francisco la hubiera visto al igual que Jacinta y Lucía. Pero si hay una parte de la que la Virgen dice que le cuenten a Francisco es porque tal Secreto abarca también las PALABRAS de la Virgen que él no ha oído, obviamente.

Existen cualquier cantidad de testimonios desde los años 40’s en que siempre se hizo referencia a que el Secreto eran Palabras dictadas por la Virgen. Por ejemplo, Juan Pablo II en 1994 se refiere a las “palabras que María dijo en Fátima a los tres pastorcillos que parecen acercarse a su cumplimiento”, es decir, que aún no se cumplen (Cruzando el Umbral de la Esperanza. Vittorio Messori. p. 216). Lo que confirma que para el año 1994 no se había verificado el contenido del Secreto. Nada que ver pues con el atentado que sufriera Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981 que la interpretación oficial de Sodano y Ratzinger nos presentaron como la visión del Secreto.

Y finalmente el propio Barthas interrogará a Lucía sobre el Secreto los días 17 y 18 de octubre de 1946 y confirmará que: “El texto de las palabras de Nuestra Señora fue escrito por Sor Lucía y guardado en un sobre lacrado” (Morlier. Il Terzo Segreto di Fatima. p. 196.)

La existencia entonces de dos documentos (el primero en formato de una carta escrita en una sola hoja de papel, y el otro en un cuaderno) es claramente testificada por varios testigos creíbles, incluyendo Sor Lucía; citados principalmente en el libro del Hermano Michel de la Trinité “Toda la Verdad sobre Fátima”. Las fuentes y los propios testimonios del Hermano Michel nunca han sido desafiados; por lo tanto, él es también un testigo que debe ser considerado auténtico y digno de toda credibilidad. El libro del Hermano François de Marie des Anges, Fátima: Tragedy and Triumph (Fátima: La Tragedia y el Triunfo) una versión en sumario de The Third Secret (El Tercer Secreto), también aporta información precisa para el propósito de los dos textos. El hermano François es también un reconocido erudito de Fátima.

Fátima y el Futuro Próximo

Cuando el Papa Juan Pablo II estuvo en Fulda, durante su visita a Alemania (del 15 al 19 de noviembre de 1980) un grupo de personas le hicieron algunas preguntas: una fue con respecto al 3er secreto de Fátima y otra sobre el futuro próximo de la Iglesia. Una de las personas presentes documentó este intercambio. Los nombres de los testigos están en las oficinas de la revista "Vox Fidei". Esta es la parte del texto correspondiente a las dos preguntas, publicado (en italiano) por esa revista (edición #10 – 1981).

- "¿Qué hay con relación al Tercer Secreto de Fátima? Ya debía haber sido publicado en 1960".

- "Debido a su impactante contenido y para evitar que el poder mundial del comunismo tomara ciertas determinaciones, mis predecesores proporcionaron información confidencial de manera diplomática. Además, debe bastar a cada cristiano saber lo siguiente: cuando se lee que los océanos inundarán continentes, que millones de hombres morirán repentinamente en pocos minutos... si esto es conocido, en realidad no es necesario demandar la publicación de este Secreto... Muchas personas lo quieren conocer sólo por curiosidad y sensacionalismo: pero olvidan que "saber" implica también una responsabilidad... pero sólo desean satisfacer su propia curiosidad. Esto es peligroso cuando al mismo tiempo, nada quieren hacer, diciendo: "¡Es inútil hacer algo para mejorar la situación!" Entonces el Papa tomó el Rosario y dijo: "¡Aquí está el remedio para esta enfermedad! Oren, oren y no hagan más preguntas. ¡Encomienden el resto a Nuestra Señora!"

- "¿Cómo irán las cosas con la Iglesia?".

- "Debemos estar preparados para enfrentar grandes pruebas inminentes, que podrían exigir también el sacrificio de la propia vida por Cristo... Las pruebas podrían ser atenuadas por medio de sus oraciones y de las nuestras, pero (ya) no podrán evitarse, porque solamente por este medio podrá llevarse a cabo una verdadera renovación de la Iglesia... tal como ya ha ocurrido muchas veces que la Iglesia surgió de nuevo por medio de la sangre. Tampoco será diferente en esta ocasión. Seamos fuertes y preparémonos, teniendo fe en Cristo y en su Madre. Oremos mucho y con frecuencia el Santo Rosario".

Conclusión

Existen muchas referencias –obispos y sacerdotes que estuvieron en estrecha relación con Lucía; comentarios de cardenales y de los Papas Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI; y pruebas documentadas desde 1944 en que Lucía puso por escrito el contenido del Secreto– que la grave y fuerte profecía de Fátima está a las puertas de cumplimentarse (como lo corroboran otras manifestaciones marianas del siglo XX) y más ahora que estamos al centenario de su manifestación. La fuente de mayor autoridad, la propia Hermana Lucía, que en sus rarísimas manifestaciones públicas pero auténticas, relacionó explícitamente la Tercera parte del Secreto con el Apocalipsis: “Está todo en los Evangelios y en el Apocalipsis, leedlos”. Llegó a indicar incluso de forma precisa los capítulos VIII y XIII del Apocalipsis (H. Michel. T.III. p. 533).

Esto nos revela, por un lado, un grave castigo material al mundo de proporciones “apocalípticas” por nuestros graves pecados; y por otro lado de orden espiritual, sintetizado en la homilía del Papa en Fátima en el año 2000:

“Y apareció otra señal en el cielo: un gran dragón (Ap. 12, 3) palabras que nos hacen pensar en la gran lucha que se libra entre el bien y el mal… El mensaje de Fátima es un llamado a la conversión alertando a la humanidad para que no siga el juego del dragón, que, con su cola, arrastró un tercio de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra (Ap. 12, 4)” (www.vatican.va).

O sea, una apostasía generalizada que enfrentará, dividirá, perseguirá y socavará a la misma Iglesia de Cristo hasta el extremo que parecerá que llega a su fin.

Respecto al contenido completo del Secreto, hay información de que la Virgen le reveló a la Madre Lucía poco tiempo antes de mayo de 1991 “que el Tercer Secreto iba a ser revelado durante el curso de una guerra de gran magnitud”.  

Los peores presagios para el mundo y la Iglesia fueron advertidos para aminorarlos en duración e intensidad, pero los anuncios hechos por la Madre de Dios desde 1917 en Fátima fueron ignorados por la Jerarquía. Pues ni se ha consagrado a Rusia al Corazón Inmaculado de María; ni se reveló el Secreto en 1960 al mundo conforme indicación expresa de la Virgen; así como las graves inconsistencias y ambigüedades en torno al silencio impuesto a Lucía desde 1959 y a lo publicado en junio del 2000 como el Secreto de Fátima. Por tanto, lo advertido comenzó a verificarse y continúa realizándose ante nuestros ojos, pero los peores anuncios apocalípticos para la Iglesia y para el mundo están a las puertas. Afortunadamente, el mensaje de Fátima –y este es el sentido profundo de las profecías– anuncia incondicionalmente que al final el Corazón Inmaculado de María triunfará.


http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/profecia/495-fatima-hay-mas-de-lo-que-hemos-publicado
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Miér Jul 13, 2016 9:43 am

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«Estas son las Señales»
Written by Luis Eduardo López Padilla
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A lo largo de los siglos han existido dos grandes concepciones de la Historia. La primera de ellas es la concepción de una Historia circular, es decir, no tiene comienzo ni fin. Es como el círculo, que no se sabe dónde empieza ni dónde concluye. Así también pensaban los antiguos. Algunos griegos pensaban sobre todo que la Historia era cíclica, es decir, siempre se iba repitiendo a lo largo de los siglos. Luego esta idea de los griegos fue retomada en el siglo XIX por Federico Nietzche, el cual habló del “eterno retorno”, es decir, una visión circular de la Historia.

Por el contrario, la visión cristiana de la Historia es lineal, rectilínea. La Historia tiene un comienzo, un medio y un fin. Un principio, un nudo y un desenlace. Teológicamente dicho: la Creación, la Redención y la Parusía. Es decir, el comienzo es la creación de todo cuanto existe, comenzando con los ángeles, espíritus puros; luego la creación material y la naturaleza entera y los animales, hasta llegar al hombre, quien es el centro de la creación. Luego, en medio, en la llamada Plenitud de los Tiempos (aunque no en el centro de la Historia del hombre sobre la tierra) encontramos la Encarnación del Verbo de Dios, que se hace hombre en las entrañas purísimas de una Virgen; luego, en un exceso de oblación por Amor cumple la Voluntad de su Padre mediante la redención del género humano, con su muerte y muerte de cruz, Y al final, el retorno, la vuelta gloriosa de Cristo al término de la Historia.

Así pues, la Historia de la humanidad en este mundo tendrá un fin; ya estamos muy lejos del principio, pero todavía falta para el último fin. Pero primero tendrá que venir una gran apostasía, el anticristo y una gran tribulación. A esto le sucederá la Parusía del Señor y de Su Reino, el cual no ha de tener fin…

Dios Avisa Siempre

Y al respecto dice el profeta Amós que “Dios no hace nada sin revelar sus secretos a sus siervos los profetas” (3, 7). Y así es, Dios avisa siempre; muchos de los acontecimientos de importancia para la humanidad han sido previamente anunciados a través de videntes y profetas. Y lo que está ocurriendo en el mundo en todos los órdenes y lo que va a ocurrir en breve, está total y absolutamente profetizado hace miles de años en la Sagrada Escritura. En el Antiguo Testamento se desglosa la manera y tiempo del advenimiento del Mesías, y en los libros sagrados también se nos habla de lo que acompañará a los últimos tiempos, particularmente a la manifestación de la Parusía del Señor. Y conforme hemos terminado el siglo XX y recorremos los primeros años del tercer milenio, se han ido acumulando una tras otra lo que Cristo Nuestro Señor llamó “las señales de los tiempos” (Mateo 16, 1- 4).

Cumplimiento de las Señales

Maratónicamente se vienen cumpliendo las señales o signos que anuncian la Parusía del Señor, y sobre los cuales Él mismo nos invitó a estar atentos a discernirlas, a escudriñarlas. Por tanto, el hecho de no saber el día ni la hora de este gran acontecimiento no significa que no podamos precisar su inminencia, sobre todo a la luz de los múltiples hechos históricos y acontecimientos en el orden político, económico, social, natural, cultural, moral, religioso y científico que han tenido lugar en el siglo XX y principios de este siglo XXI. En otras palabras, si bien “respecto a aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo sino sólo el Padre” (Mateo 24, 36) por lo que resultaría una pérdida de tiempo estar elucubrando sobre fechas concretas en las que ocurrirán importantes sucesos de este momento histórico; no menos cierto es que no se pueden ignorar tranquilamente los sucesos que van a acompañar y preparar los acontecimientos específicamente escatológicos, toda vez que Jesucristo NO dijo: “Bienaventurados los despreocupados de las señales de los tiempos porque no andarán perdiendo el tiempo”, sino que muy al contrario nos exhortó a estar atentos y vigilantes porque ignorábamos exactamente cuándo sería el momento, razón por la cual tenemos que estar con los ojos bien abiertos porque así está dada la sentencia evangélica: “De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que Él está cerca, a las puertas” (Mateo 24, 32 – 33). Tan mandatorio es este asunto, que el mismo Jesucristo tachaba de hipócritas a los escribas y fariseos por ser incapaces de percibir las señales anunciadas sobre los tiempos relativos a la primera venida de Cristo, y les dijo: “¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿por qué entonces no discernís las señales de este tiempo?” (Lucas 12, 54 – 56).

Por tanto, la pregunta no es ¿cuándo será el día? sino más bien ¿cuáles son las señales indicadoras de que el tiempo está cerca, a las puertas? Y es indudable que el siglo XX y los primeros años de este siglo XXI se han caracterizado por una multiplicidad de signos y señales que vienen perfectamente a responder a lo que el mismo Jesucristo nos indicó como las señales precursoras de su Venida, entre las cuales está una apostasía o falta de fe generalizada en el mundo que iba a preceder su Segunda Venida a la tierra, al grado que el mismo Señor Jesucristo dijo: “Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lucas 18, 8.).

Así pues, el sentido común nos invita a no ser insensatos y a asumir una postura de un mínimo de sensibilidad y lógica ante los diversos acontecimientos que están ocurriendo. Atender a las señales de los tiempos es muestra de sensatez y cordura, y esto implica a todos, incluyendo sacerdotes, obispos y cardenales de la Iglesia.

Estas son las Señales

Religiosas
1.La falta de fe en el mundo, con tintes de apostasía generalizada. Gradualmente se van apagando los principios cristianos que sustentaron la cultura occidental y europea en 2,000 años, dando cabida a una serie de errores modernos como el escepticismo, el racionalismo, el idealismo, el materialismo, el positivismo, el existencialismo y el modernismo.
2.El deterioro espiritual y moral de pastores y príncipes de la Iglesia. El apego a los placeres, honores y dinero es de conocimiento público.
3.Los escándalos públicos de la vida pecaminosa y delitos de no pocos sacerdotes, obispos y cardenales.
4.Virtual división en la Iglesia entre sacerdotes, obispos y cardenales en materia de fe, doctrina, moral, liturgia y disciplina.
5.La indiferencia profunda de los hombres hacia las cosas de Dios. Existe una falta de conciencia de pecado en la mayoría de los cristianos, que viven su fe de solo apariencias y de compromisos sociales.
6.Crítica y persecución abierta contra la Iglesia Católica en sus principios, dogmas, Evangelio; a la figura de Cristo y de Su Vicario.
7.Una relajación para lo divino que por donde quiera se oye hablar de mensajes vanos y superficiales venidos supuestamente del Cielo, así como falsos videntes y profetas; falsos cristos; proliferación de sectas apocalípticas.
8.Aumento de profecías esotéricas, ocultistas y paganas, negando siempre la intervención del Dios personal Uno y Trino en la historia.
9.Una vida de apariencias y superficialidad por parte de la mayoría de los cristianos que les lleva a una falta de integridad en su vivencia evangélica, lo que ha llevado a un incumplimiento de la práctica cristiana y a abrazar una especie de religiosidad light, ausente de mandamientos, de sacrificio, penitencia, expiación, en una palabra, ausente de la Cruz de Cristo.
10.El Islam como religión monoteísta con casi 1,200 millones de seguidores, igualando o superando a la religión católica como la más numerosa de la tierra.
11.El surgimiento en el siglo XX de innumerables grupos sólidos en fe, doctrina y apostolado con signo marcadamente laical y espiritualidad en torno a la Santísima Virgen María.
12.Los pasos cada vez más claros para una próxima unidad cristiana entre Roma y las distintas Iglesias Ortodoxas.
13.La presencia y mensaje de la Santísima Virgen María en los últimos 185 años, a través de numerosísimas apariciones y manifestaciones en el mundo.
14.La actitud de rechazo y represión de parte de pastores de la Iglesia sobre Mensajes y Apariciones Marianas ya aprobadas o con signos de autenticidad.
15.La realización del Concilio Vaticano II y los pontificados de San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, con la implementación de las reformas del Concilio; y la oposición de ciertos grupos a la forma y fondo de conducir la Iglesia por parte de Francisco, en su llamado a la Iglesia Universal – antes de la última hora – a recuperar el “amor primero”, esencia de la práctica verdadera del cristiano.

Morales
1.La confusión de las ideas y de los valores que se han tergiversado como consecuencia de extrañas filosofías y nuevas creencias llamando a lo malo, bueno y a lo bueno, malo.
2.El generalizado desorden moral y natural en la sociedad fruto de ideologías mundialistas que han tergiversado el orden de la naturaleza establecido por Dios.
3.El egoísmo humano con las consecuentes rivalidades entre las sociedades, las familias y los seres humanos.
4.El aborto y su proyecto de legitimación mundial que ha llevado a la postre a la estimación de 70 millones de abortos al año. La falta de respeto a la vida humana en general, la eutanasia.
5.El deterioro moral en la familia y en la sociedad, con el consecuente abandono de hijos.
6.La explosión y legalización de la homosexualidad y el lesbianismo como “derechos” del hombre. “Matrimonio” igualitario con reconocimiento oficial. Derecho de adopción de personas del mismo sexo.
7.El alto índice de divorcios, la promoción indiscriminada de uso de anticonceptivos, las píldoras abortivas, el adulterio y la infidelidad conyugal como conducta cotidiana, las relaciones sexuales fuera del matrimonio.
8.La exaltación y encumbramiento de hombres y mujeres, frívolos, corruptos, consumidores de droga y practicantes de brujería.

Políticas
1.Las dos guerras mundiales y la continua guerra fría, así como los múltiples conflictos armados, atentados terroristas, secuestros, golpes de Estado y guerras fratricidas en diversas regiones del planeta (Siria, Irak, Turquía, el Estado Islámico; migraciones a Europa por pobreza, hambre y guerra; Rusia, Crimea y Ucrania; Israel y los territorios ocupados; Tíbet y China; Corea del Norte y Estados Unidos; acciones separatistas en España; escasez, revueltas sociales y guerra de guerrillas en América; lucha contra el narcotráfico, etc.).
2.Las armas de destrucción masiva, así como químicas y bacteriológicas.
3.La revolución comunista que trajo más de 110 millones de muertos en el mundo.
4.La corrupción del Estado moderno y de los gobernantes.
5.La caída del muro de Berlín y el aparente colapso del comunismo y su presencia aún visible en innumerables puntos del planeta, a través de varios regímenes de corte comunista, socialista y/o totalitario como Venezuela, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Paraguay, Ecuador, Cuba, Corea del Norte, China, Irán, Siria, Rusia, entre otros.
6.El ataque a las Torres Gemelas.
7.El reconocimiento del Estado de Israel por parte de la ONU en 1948. La vuelta de los judíos a Palestina en 1967 recuperando así la ciudad de Jerusalén.

Sociales
1.La búsqueda del placer como ley máxima. El consumismo de bienes y servicios superfluos.
2.La frivolidad y vulgaridad en los medios de comunicación.
3.Las pestes y enfermedades desconocidas. El SIDA, el cáncer incurable.
4.La drogadicción y el negocio de narcotráfico tolerado por multitud de gobiernos corruptos.

Económicos
1.La recesión económica y el desempleo.  
2.La injusticia social y la desigualdad entre las naciones: el enriquecimiento de los ricos y el empobrecimiento de los pobres.
3.La hambruna en una 5ª parte del planeta.
4.El manejo bursátil especulativo a favor de un grupo reducido de poder económico.
5.El control informático de la economía mundial.

Globalizadores
1.La creación de bloques económicos mundiales, la Comunidad Económica Europea, el Tratado de Libre Comercio, el Mercosur, el Fondo Monetario Internacional, la APEC y la OEA. El G-7, G-8 y G-20. La Organización Mundial de Comercio, la ONU, el bloque asiático, las corporaciones transnacionales, la globalización y el proyecto de un Nuevo Orden y Gobierno Mundial.
2.La promoción de un ecumenismo religioso bajo la bandera de la unión de todas las religiones y creencias bajo una sola Religión Mundial.

Satánicos
1.Culto al demonio, luciferismo y misas negras, narcos satánicos y comuniones sacrílegas.
2.La proliferación de espiritismo, brujería, hechicería, astrología, ocultismo, fenómenos psíquicos y superstición, avistamiento de ovnis.
3.Aumento considerable de obsesiones y posesiones diabólicas.
4.Signos e influencia satánica en caricaturas y programas de televisión.

Naturales
1.El cambio climático y estaciones extremas.
2.La contaminación ambiental.
3.Las sequías en África, los tifones y maremotos, especialmente en Asia.
4.La desertificación de los trópicos, el deshielo de los casquetes polares.
5.El sobrecalentamiento del planeta, el efecto del fenómeno del “Niño”, el aumento de las erupciones volcánicas, terremotos e inundaciones de una intensidad y frecuencia nunca antes vista.
6.Señales cósmicas que aparecen en el cielo.
7.Tormentas solares de máxima frecuencia con efectos electromagnéticos en toda la tierra.
8.Aparición y mayor descubrimiento de asteroides con comportamientos erráticos.

Tecnológicos
1.La era espacial.
2.Los satélites artificiales, la expansión electrónica, la cibernética aplicada, la micro-computación, la computadora personal para las ciencias, artes, empresas y hogares.
3.La comunicación digital, redes sociales, el rayo láser, los robots, internet y derivados, la telefonía móvil, los simuladores, el mundo de comunicación en red satelital y por fibra óptica; los chips en la piel.
4.Los niños probeta, la manipulación genética, la fecundación in “vitro”, la clonación de animales y seres humanos.

Conclusión

Como verá el lector, algunos signos son de Dios, otros del demonio y otros del hombre; unos y otros se suman para confirmar que estamos a las puertas del cumplimiento de lo profetizado en la Sagrada Escritura para estos tiempos. La breve época, pero terrible que está a punto de azotar al mundo y a la Iglesia enfrentará a todos a nuestras más grandes esperanzas, pero también a nuestros más grandes temores y tribulaciones, pues el mundo será castigado y purificado por su obsesivo rechazo a la Ley de Dios, y donde la Iglesia de Cristo pasará una horrorosa pasión y “muerte”, necesaria para su renovación y pueda al fin hacer realidad en la tierra la segunda petición del Padre Nuestro: “Venga a Nosotros tu Reino”.

Los signos son entonces una ayuda que debe servir para prepararnos – con carácter de urgente – pues la fe y el alma serán puestas a prueba al extremo y el cuerpo será pasado por las más extremas condiciones de carencia, penuria y desasosiego sin comparación con otra época de la Historia.


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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Miér Jul 13, 2016 9:49 am

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Written by Luis Eduardo López Padilla
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A continuación, cito los eventos que, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, son parte de los llamados tiempos escatológicos –los previos al Reino de Cristo en la Tierra, conforme a la petición del Padre Nuestro–  en el que está incluido desde luego el Día de la Ira de Yahveh, que antecede a la fase del Reino de Cristo, pues Él no sólo es el Rey, sino que también es el Juez.

Conocer por anticipado lo que va a ocurrir es el propósito de las profecías, para que nosotros no vayamos a perder la fe en los momentos de mayor obscuridad y tribulación.

Existen multitud de textos de la Escritura, pero sólo indicaremos algunas referencias bíblicas de todos los sucesos llamados escatológicos y que pertenecen a este breve periodo de la Historia, previos al triunfo del Señor por medio de la Santísima Virgen María, donde el mundo completo será purificado y la Iglesia renovada:
1.Rumores de Guerra y Terrorismo: Ez.39; Mt.24; Lc.21; Mc.13; Ap.6
2.Catástrofes Naturales: Mt.24; Lc.21; Mc.13; Ap.6
3.Caos Social, Económico y Financiero; carestía y corrupción política: Mt.24; Lc.21; Mc.13; Ap.6; Sal2; Ap.17, 8 y siguientes
4.Hambrunas: Mt.24; Lc.21; Mc.13; Ap.6
5.Pestes y Enfermedades: Mt.24; Lc.21; Mc.13; Ap.6
6.Guerras entre Naciones: Ez.38 y 39
7.Verdadera y Falsa Iglesia y Dos Papas: Ap.17,1-6;9 y 18; Zc.11, 16; Mt.26, 31; I Jn.2, 19; Jn.10, 12-13
8.Persecución, Huida, Desierto y Reducción de la Iglesia: Mt.24; Lc.21; Mc.13; Ap.6; 11 y 12,6
9.Señales en el Sol, luna y Estrellas: Lc.21,25
10.María y Sello de los Elegidos: Ap.7; Ap.12, 1
11.Construcción del Tercer Templo: Dn.9, 27
12.Aparición y Gobierno del Anticristo, Falsa Paz y Falso Profeta; Supresión de la Eucaristía: Dn.7, 24 y 9, 27; Jn.5, 43; Ap.13, 1-10; II Tes.2, 8-10; Zc.11, 16
13.Los 2 Testigos: ¿Elías/Enoc/Moisés/Juan, ¿otros?: Ap.11, 3
14.Abominación Desoladora en el Lugar Santo: Mt.24, 15; Lc.21:20-27; II Tes 2; Dn.9,27
15.Conversión de Israel: Is.6, 11; Rom.11
16.Gran Tribulación: Mt.24, 21; Lc.21; Mc.13
17.Ocultismo, Ovnis, Seres y Falsas Resurrecciones: II Tes 2,9-12
18.Armagedón: Ap.16, 12
19.Día de la Ira, Juicio de Naciones; Is.3, 4; Jer.25, 30; Mal.4, 1-3; Sal 109, 5-6
20.Eventos y Convulsiones Cósmicas; Cambio del eje de la Tierra; Días de Obscuridad: Is.24, 18-20; Ap.6, 12; II Ped.3; Sof.1, 14-16;
21.Destrucción de las 2 Bestias y Encadenamiento de Satanás: Ap.19, 19-21; Ap.20
22.Parusía como Reino: Ap.11, 15
23.Transformación del Ser Trino(los protestantes le mal llaman “arrebato”): I Cor.15, 50-53; Lc.17, 34
24.Unidad bajo un Solo Pastor: Jn.17, 21
25.Primera Resurrección de Mártires y Santos y Juicio de Algunos Vivientes que no Morirán (vivos)Dn.12, 2; I Cor.15, 50; Ap.20
26.Nuevos Cielos y Nueva Tierra: Ap.21, 1
27.La Nueva Jerusalén: Ap.21, 2

Como verá el lector, múltiples y variados acontecimientos están por venir como consecuencia de la lucha entre la Mujer y el Dragón (Ap 12). Algunos de gran sufrimiento físico y espiritual; otros de gran y profundo misticismo simultáneos con fenómenos de tenebrosidad y alto contenido esotérico; al final el triunfo de Cristo Rey en su Parusía y su reino en la Tierra como en el Cielo.

Las Fechas…sólo las conoce el Padre

Una afirmación categórica y esencial por parte de Jesucristo en tratándose de las fechas de los acontecimientos, es que “Nadie sabe el día ni la hora, ni los Ángeles del cielo, ni el Hijo sino sólo el Padre” (Mt. 24, 36). Esto quiere decir precisamente esto: que nadie sabe las fechas, no sólo del fin del mundo sino de todos los acontecimientos que conforman la existencia humana, llámese fin de los tiempos, aparición del Anticristo, Parusía del Señor o incluso la muerte de cada uno, etc. Y esto es así porque es un derecho exclusivo y personalísimo del Padre Eterno que ni al mismo Hijo de Dios se le reveló. La consecuencia de lo anterior es lo que el mismo Cristo a lo largo de su predicación nos repitió de diversas maneras: “Estad preparados en todo momento, pues no sabéis el día ni la hora…Pues si el dueño de la casa supiera a qué hora va a venir el ladrón se mantendría despierto para no dejarlo entrar a su casa” (Mt. 24, 43).

En ese sentido, la predicación de Jesucristo fue siempre invitarnos a discernir los signos de los tiempos que nos ayudarían a estar especialmente preparados, pero sin saber a ciencia cierta cuándo tendrán lugar los acontecimientos. Pero el cumplimiento de las señales que se han dado a lo largo del siglo XX y que hemos descrito en artículo anterior nos confirma que estamos muy cerca. ¿Cuándo? Pues a las puertas sin duda alguna… pero las fechas exactas sólo las conoce el Padre.

¿Sabe el Diablo?

Hay quienes dicen que el Diablo sí conoce la fecha, en base al texto del Apocalipsis que “sabe el Diablo que le queda poco tiempo…” (12,12). Pero esto contradice lo dicho por Jesucristo, de que ni los Ángeles del cielo conocen la fecha; y aunque el Diablo es Ángel del infierno, por Justicia Divina, si los Ángeles del cielo no conocen la fecha, tampoco los Ángeles del infierno.

Profetas del Cronos

Existen dos profetas que tienen las Claves del Tiempo, Daniel en el A.T. y Juan Evangelista en el N. T. Y Dios las reveló anticipadamente a estos profetas para que cuando se cumplan los acontecimientos en el tiempo, año, mes, y día, glorifiquen a Dios en Su Perfección. En ningún lado Jesucristo nos dice que hurguemos las fechas, que las encontremos; Él, lo que nos pide, y ha insistido es estar siempre preparados y vigilantes con la lámpara encendida de nuestro aceite, que se traduce en preocuparnos por “ser perfectos como Su Padre celestial es Perfecto” (Mt 5, 48) pues la voluntad del Padre es “nuestra santificación” (I Tes 4, 3), para que cuando él vuelva –sea en nuestra muerte o en la Parusía– “nos encuentre viviendo de modo irreprochable” (I Tes 3, 13).  

Ahora bien, si alguno, por su altísima vida espiritual logra acceder al mundo de Dios y conocer las fechas –y de que los hay, los hay– sabe que le está prohibido revelarlo a los hombres, pues eso pertenece en exclusivo a Dios.

Finalmente, en cuanto al tema de las fechas, algunos han querido ver que para noviembre de este año 2016 tendrá lugar el profetizado Aviso de Dios; en abril del 2017 el profetizado Milagro de Garabandal, España; incluso ven en el año 2021 la Parusía, y el Anticristo para el 2018. Pero los hechos históricos no apuntan hacia ese cronograma, pues estamos en los comienzos de los dolores y ante el inicio de largos años de sufrimientos nunca antes experimentados por la humanidad, pero también ante gracias e intervenciones de Dios nunca antes palpados y vistos en la Tierra desde los comienzos del mundo, por lo que es prácticamente imposible la línea de tiempo que algunos proponen.

Lo que está por Suceder

No seguiré un orden riguroso, pero trataré de llevar en lo posible un orden cronológico sobre la premisa de que muchos acontecimientos son simultáneos y a partir de un determinado momento serán sucesivos y vertiginosos.

1.  Catástrofes Naturales que involucrarán los cuatro elementos de la naturaleza: Fuego, Tierra, Agua y Aire. Estos desastres provocados por catástrofes naturales serán descomunalmente colosales pues serán ocasionados por eventos cósmicos que involucrarán a diversos astros, lunas, asteroides y al Sol y por efecto de una zona “rara e inestable” del universo por la que atraviesa el Sistema Solar. Acontecerán erupciones volcánicas en medio de ciudades y bajo el mar; vientos desconocidos tan violentos que arrasarán construcciones de cemento, varilla y concreto, imposibilitando de cuajo el uso de transportación aérea y marítima; terremotos que sacudirán y engullirán ciudades completas; heladas y sequías; inundaciones y tempestades de lluvia y granizo que anegarán y destruirán completamente poblaciones y ciudades enteras. Asimismo, la tierra sufrirá cambios bruscos en su campo magnético que se volverá errático y que traerá afectaciones que convulsionarán la atmósfera terrestre con nubes tóxicas, radiaciones, fuegos cósmicos e ionización del aire que desencadenarán alteraciones físicas y psíquicas para los habitantes de la tierra. El agua –que valdrá más que el oro- y los campos sufrirán una contaminación terrible que provocará epidemias, pestes contagiosas y en especial “una enfermedad se esparcirá por el mundo y tomará muchas vidas… El viento soplará de este a oeste, el cielo estará rojizo y las nubes no cubrirán el sol. La cura no resultará y sólo la fe sanará…”; el hombre de oración y sacrificio logrará que su cuerpo sea inmune a esta enfermedad. Pero serán grandes los sufrimientos que nos esperan, al extremo que …”la tierra se convertirá en un lugar difícil y peligroso para la vida…”

2.  Colapso económico y financiero. Este derrumbe tendrá dos causas debidamente identificadas: por un lado, como resultado de una injerencia consensuada y premeditada a través de las grandes instituciones de crédito mundiales en un desmedido afán de atesorar más. La segunda causa, más imprevisible, son las catástrofes naturales que afectarán directamente todas las transacciones de la macroeconomía informática.

3.  Convulsiones sociales y civiles por los pueblos sometidos, por luchas entre la libertad y la esclavitud, la vida y la muerte, la obscuridad y la luz, que justificará la militarización de las sociedades, la suspensión de derechos constitucionales, el ejército en las calles y todo tipo de control a las personas. Por el egoísmo y deseo de poder de los hombres surgirán violentas revueltas y luchas sociales en numerosísimos países. Fuegos de guerra y muerte se generarán en diversos puntos del planeta, pues aun teniendo dinero y recursos faltarán alimentos y agua. “Miles y miles morirán por carencias y otros morirán por la lucha y las guerras para obtener aquello que será más valioso que el oro…” El caos de la revolución mundial será tal que los valores, el sentido patriótico y el propósito por el que se lucha se perderá, por lo que “las banderas quedarán sin asta”. El reposicionamiento y resurgimiento del antiguo comunismo como poder mundial y avasallador será puntual y sorpresivo. En algún momento se desencadenará una revolución con el apoyo del fundamentalismo islámico que llegará hasta Europa y la convulsionará por completo.

4.  Guerra entre naciones poderosas. Habrá una Guerra declarada en las Américas. Las naciones de este continente tendrán de igual forma que ser purificadas por haber abandonado de sus bases la Ley de Dios. México pasará por una horrorosa prueba. Asimismo, una guerra entre naciones poderosas que involucrará a Medio Oriente tendrá lugar; será causa de mucha desgracia y sufrimiento para toda la humanidad. Comenzará “al amanecer del día de la Verdad…”. Tan terribles serán los sonidos de los fuegos, que “el ruido dejará sordo a los ciegos” (espirituales).

5.  Seguridad para el Santo Padre. Se deberá reforzar la seguridad al Papa. Especial cuidado habrá que tener “el día de la fiesta que celebra la venida del Ángel. Gente maligna, que va en contra de la fe, planifica la obscuridad de la Iglesia”.

6.  Cisma, defección de la fe y persecución contra la Iglesia. En un momento dado de un cónclave surgirán “dos Papas”. La verdadera Iglesia se separará de la falsa y cada una nombrará a su propio Papa. Habrá división y cisma y cada Papa literalmente duplicará el libro de la Iglesia. Habrá una gran deserción y abandono de la fe. Muchísimos huirán escandalizados. La Iglesia será eclipsada y pasará por una horrorosa crisis y el mundo envuelto en una gran confusión generalizada. El cisma sólo será el comienzo de la larga pasión que tendrá que sufrir la Iglesia. El abandono de los fieles a la Única y Verdadera Iglesia fundada por Cristo será muy grande y los enemigos de ella, guiados por los “poderes del infierno”, aprovecharán para tratar de asestarle un golpe mortal. En Italia habrá una gran revolución y traerá como consecuencia que el Santo Padre se vea obligado a salir de Roma buscando refugio en otra tierra (este Papa que sale huyendo no es Benedicto ni Francisco como algunos suponen). Dados los acontecimientos que pasará el mundo, y aunque será ya demasiado tarde, en un momento dado un Papa consagrará a Rusia y vendrá milagrosamente la conversión de esta nación que, entre otras cosas, posibilitará que se restablezca la unidad entre la Iglesia católica y ortodoxa. Después de su exilio forzado, el Papa será asesinado... No habrá más Papas –Vicarios de Cristo– en Roma, hasta que se reedifique la Iglesia en su nueva y definitiva sede, pero antes pasará por su “muerte” y su aparente “fin”, una de las condiciones para la aparición del Anticristo.

7.  Un Aviso mandado por Dios para todos los habitantes de la Tierra, sea cual sea su raza, credo o condición social. En algún momento y a partir de un hecho cósmico en el Cielo –el choque de dos astros; la tesis de la colisión entre una parte de la luna Io de Júpiter y el asteroide Eros parece ahora la más plausible– una luz interior nos posibilitará ver lo que hemos hecho mal y lo que hemos dejado de hacer. Será un juicio particular en vida. Será fruto de la Justicia –nos hará sufrir y purificar nuestros pecados– y la Misericordia de Dios –nos dará la oportunidad de arrepentirnos. Nadie morirá a consecuencia directa del Aviso a menos que sea de la impresión, del shock. Pero quedará revelada nuestra alma y con una grande consternación y lamento, nos daremos cuenta de cuánta sangre inocente, de almas víctimas, derramaron nuestros pecados. Será en extremo sobrecogedor en lo natural, pero sobre todo en lo sobrenatural. Todos los hombres enfrentaremos el Juicio de Dios.

8.  Un Milagro que deberá de ocurrir inicialmente en las montañas de Garabandal, España; aunque también podría ocurrir eventualmente en los lugares de apariciones marianas que han sido privilegiados por la respuesta de los fieles y sus frutos de conversión (esto no significa necesariamente que hayan sido aprobadas dichas apariciones por la Jerarquía de la Iglesia). Será el más grande evento sobrenatural para el mundo desde la Resurrección de Jesucristo. Ocurrirá un jueves, en la fiesta de un santo mártir de la Eucaristía; entre los meses de febrero y junio y entre los días 6 y 16 de esos meses. Podrá ser fotografiado, filmado y presumiblemente televisado. Los enfermos que asistan sanarán y los incrédulos creerán. El Santo Padre lo verá desde donde quiera que esté. Y este Milagro coincidirá con un acontecimiento venturoso y feliz para la Iglesia (estimamos que este evento sea la unidad de las Iglesias, es decir, la reconstrucción de la Iglesia primitiva por la reconciliación de los católicos y ortodoxos, separados desde 1054).

9.  Manipulación Genética. “A causa de experimentos con células humanas y clonación de trabajos genéticos”, la humanidad sufrirá un grave deterioro que irá en su detrimento. Surgirán seres horribles y monstruosos que se saldrán completamente de control. Se crearán virus inteligentes artificiales que atacarán ciertas cepas del ADN, a ciertos hombres y razas. No es la primera vez que el hombre quiere ser como Dios. Ya en el pasado existieron gigantes en la tierra (cfr. Gen VI, 4). Será uno de los preámbulos del reino del Anticristo.

10.  En un momento dado aparecerá el Anticristo. Será completamente lo contrario a Cristo. Su madre, especialmente hermosa, tendrá una especie de virginidad, pero será en realidad una “virgen de tinieblas”. El Anticristo tendrá la capacidad de violentar la ley natural, a diferencia de Cristo que se sometió a la ley natural. El Anticristo será un personaje político –no religioso– y tendrá una excelente preparación académica, al igual que su séquito que lo acompañará. Establecerá una filosofía de vida que funcionará por un tiempo, dando solución a los graves problemas sociales, políticos, económicos, naturales y religiosos que aquejarán a la humanidad. Tendrá un poder preternatural y nadie le podrá hacer daño. Será una especie de demonio encarnado. Durante su tiempo se verán los más grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. No pensarán más que en divertirse envueltos en abominación tenebrosa. Habrá una estrepitosa falsa paz en el mundo. Se manifestarán en la Tierra y en los aires hombres y seres pertenecientes al reino de la obscuridad que expresarán actos de alto nivel esotérico, ocultista y de gran desarrollo en todas las ciencias. Negarán a Jesús y a la Iglesia como salvadores del hombre, proclamándose ellos como verdaderos creadores y redentores del hombre, y mostrarán pruebas convincentes y “científicas” de ello. Será el “fin de la Iglesia”, que será perseguida hasta la muerte total. Las Iglesias serán cerradas o profanadas. La eucaristía suprimida.

El Anticristo tendrá un aliado de corte religioso con poderes preternaturales, que erigirá una nueva religión que aglutinará a todos los hombres en la Tierra y serán obligados a ser parte de ella, so pena de ser perseguidos y eliminados. Habrá un control biotecnológico sobre los hombres para asegurar su fidelidad a esa nueva religión. Quien no se adhiera “no podrá comprar ni vender nada” (cfr. Apoc XIII, 17-18). Engañarán a muchos, hasta a los mismos elegidos y se convertirán en hierofantes del Anticristo quien será el único señor de la Tierra. La humanidad será entregada a todo tipo de placeres y el demonio tendrá sometida a toda la tierra, aunque no a todos.

Ningún antipapa será el Anticristo. Él no se presentará como el Vicario de Cristo, sino que usurpará el lugar y nombre del mismo Cristo, proclamándose Dios a sí mismo y siempre “en su propio nombre” (cfr. Jn V, 43). El Anticristo no se sentará en la sede de Pedro, puesto que la Escritura menciona que se sentará en el Templo Santo de Dios, pero el Templo en la Sagrada Escritura siempre ha sido el Templo de Jerusalén, por eso los judíos lo aceptarán como su Mesías que aún siguen esperando. Y desde ahí, del Lugar Santo, establecerá la “Abominación Desoladora” que dará inicio a la Gran Tribulación (Mt 24, 15).

11.  El Castigo al mundo será el Día de la Ira de Yahvé y el Juicio de Naciones. Como consecuencia de los pecados de los hombres y su no arrepentimiento, vendrá “la gran prueba para el mundo que dejará destrucción y desasosiego por doquier. Sucederá pronto, más mañana que hoy”. Este castigo será terrible y nunca se ha visto en la historia de la humanidad. Las fuerzas cósmicas todas serán conmovidas y la tierra se bamboleará como un beodo. Un choque previo de astros provocará que un astro se enfile en ruta a la tierra trayendo desesperación, agonía, destrucción y muerte. Será “como si el infierno se hubiera posado sobre la tierra… La piel de algunos hombres se les caerá y chorreará por sus huesos. Otros se convertirán en seres monstruosos, abominables y se comportarán como demonios. Vendrá la culminación del caos y la desesperación; morirán justos y pecadores”. Y será tal el cataclismo que mucho de lo que ahora es agua será tierra; y mucho de lo que ahora es tierra será  agua.      

12.  Muchos, que con sacrificio pusieron a Dios como prioridad, quedarán de pie; gradual y paulatinamente irán apareciendo seres de alto nivel espiritual que asumirán una misión de guía y luz ante los tiempos de obscuridad que se avecinan. Serán estos que respondiendo a un llamado en su corazón se propusieron, bajo la guía y dirección de la Santísima Virgen, trabajar para aplastar y someter su “yo”, y edificaron virtudes sólidas y fortalecieron su ser trino; el cuerpo con el sacrificio, el entendimiento con la fe; y el alma con la gracia de Dios.

Y del mismo modo y como acción de la estirpe de la luz y de la Mujer, surgirán hombres de Dios que harán milagros. Desde hace muchos años, en el silencio, en lo escondido del mundo, la Santísima Virgen ha ido formando a hombres y mujeres que poco a poco se han superado espiritualmente y han logrado interactuar en el mundo sobrenatural, en la que no sólo está Dios y los ángeles, sino seres trinos de excepcional crecimiento espiritual que vigilan de cerca el desarrollo y andar de la Iglesia y del mundo. En un momento dado, algunos los verán y harán grandes milagros y lograrán hacer crecer lo mejor de cada uno. Más aún, “se llevarán consigo alguno de los elegidos”. Todos ellos irán conformando el pequeño resto que restablecerá el amor de Dios sobre todas las cosas en una Nueva Comunidad. Será esta Nueva Estirpe de María la que coadyuvará para el triunfo de Jesucristo contra las huestes del mal y del Anticristo, pues éste no podrá tocarlos. Serán el talón de María que aplastará la cabeza de la serpiente.

Conclusión Final

Lo más importante es estar preparados espiritualmente ante los diversos sucesos dolorosos y de gran sufrimiento que vendrán al mundo, así como la gran pasión que le espera a la Esposa de Cristo, la Iglesia. Tan mandatorio es preparar el espíritu como también el cuerpo y el entendimiento. Somos seres trinos. Pero por sobre todo estar en tiempo para convertirnos en aposentos de luz para los demás, pues llegan ya los tiempos en que la obscuridad será tal que no se sabrá dónde está el Camino Verdadero, máxime si no fuimos precavidos para preparar nuestra alma y la luz de nuestra fe.

Muchos eventos más vendrán al mundo y a la Iglesia. Algunos más previsibles que otros, pero por el momento es suficiente con lo que anteriormente hemos mencionado.

La opinión que este servidor ha expresado sobre los tiempos actuales es fruto de la reflexión, meditación y maduración de 33 años en base al estudio de los mensajes auténticos de la Virgen María y el aprendizaje obtenido por un discernimiento precipitado en el pasado. Apoyado también en el análisis de la Revelación Pública hecha por Jesucristo que cumplimenta, ordena y da coherencia a lo anunciado por los profetas del Antiguo Testamento bajo el influjo del Espíritu Santo; y particularmente fruto de la inspiración de aquél de quien dijo Jesús a Pedro: Si yo quiero que éste se quede hasta que yo vuelva… (Juan XXI, 22).


http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/profecia/497-estos-son-los-eventos-por-suceder
(http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/signos-de-los-tiempos/496-estas-son-las-senales)
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Miér Ago 03, 2016 10:54 pm

study Las profecías de Gog y Magog
«Venga a Nosotros Tu Reino»
Written by Luis Eduardo López Padilla
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Una oración esencial en la vida del cristiano es el Padre Nuestro. En la segunda petición encontramos la gran esperanza del triunfo de Cristo, y es la frase de Venga a Nosotros tu Reino.

Pero hay quienes creen que lo que pedimos a Dios con estas palabras de venga a nosotros tu reino, es que la Iglesia presente crezca y se extienda a todo el linaje humano y que todos sus individuos entren en la Iglesia; sean justos y santos, etc. Mas para pedir este propósito no resultan apropiadas las palabras venga a nosotros tu reino; muy por el contrario; parecen obscuras y fuera del fin que pretenden. Mas si por ellas entendemos el reino que ha de venir, según lo anuncian las Sagradas Escrituras, entonces las palabras con que pedimos en el Padre Nuestro venga a nosotros tu reino las hallamos claras, simples, propias y escogidas entre millares que pudieran imaginarse. Por lo tanto, con esta frase lo que estamos pidiendo es que Cristo sea Rey de reyes y Señor de señores, que su reino se haga una realidad plena en la tierra; que todos los pueblos, tribus y lenguas, adoren en Espíritu y en Verdad al verdadero Dios; que todos los cristianos sean Uno; que no existan ya oposiciones a este reino, sino que Él sea de verdad, de hecho y de derecho, Rey de reyes y Señor de señores.

Jesucristo en Su Primera Venida fundó un reino espiritual que podríamos denominar el reino de los cielos o el reino de Dios. Sin embargo, lo que Jesucristo llama frecuentemente en sus parábolas reino de los cielos, reino de Dios, no es otra cosa las más de las veces que lo que Él mismo llamó el reino del Evangelio: esto es, “la noticia”, “la buena nueva”, “el anuncio”, “la predicación del reino de Dios”. Como dice San Jerónimo, “el reino de los cielos es la predicación del evangelio y la noticia de las escrituras que conduce a la vida.” Esta predicación y noticia del reino parece claro que no puede ser el reino mismo, sino más bien un anuncio para que se alisten los que quieran vivir bajo esta bandera: ser herederos verdaderamente de Dios y coherederos de Cristo por la fe y la caridad plena.

Así pues, el reino de Dios o el reino de los cielos, no ha venido hasta ahora, y por eso pedimos ahora que venga. Lo que podemos entender más bien es que únicamente ha venido la noticia, la fe, el evangelio del reino, pero que algún día deberá ser vivido plenamente en esta tierra. Porque si todo lo que nos dicen las escrituras del reino de Dios, debe verificarse allá en el Cielo, entonces tendríamos que pedir “vayamos nosotros al cielo, al reino de Dios”, y no que el reino de Dios venga a nosotros, es decir, a la tierra, tal y como lo rezamos en el Padre Nuestro.

Podemos afirmar entonces que el reino de Dios es aquel en que, haciendo Jesucristo de sus enemigos escabel de sus pies, reinará en todas partes. Pues aunque en todas partes hoy en día domina, no podemos decir que realmente reina de hecho, porque de los 7,000 millones de habitantes que hay en esta tierra, solamente 1,200 millones somos católicos y unos 300 millones son cristianos, que en un sentido muy amplio pudiéramos decir aceptan a Cristo, por lo que eso se convierte en un reino de caricatura. Pero deben llegar tiempos en que Cristo sea Rey en paz absoluta, al frente de enemigos y de rebeldes que le resisten, subyugados sus contrarios, libres sus amigos y condenados sus enemigos, donde su imperio sea completo en todo sentido.

Así pues, entendemos que este reino de Dios en la tierra coincidirá, por ejemplo, con el anuncio profético que la Virgen de Fátima anunció en Portugal: “Al fin Mi Corazón Inmaculado triunfará”.

El canónigo Dr. Antonio Brambila, en su libro El Ajedrez Trascendente, dice que la instauración plena y definitiva del reino de Dios en la tierra será una Parusía (presencia) de tipo espiritual, es decir, de Poder y de Gracia y en la que nuestro Señor será servido, adorado y glorificado, como el único Señor de cielos y tierra, porque “Él debe reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies” (I Cor 15, 24).

A mayor abundamiento, a todo lo largo y ancho de la Sagrada Escritura se anuncia una época admirable de paz y santidad espiritual, donde todos los equivocados volverán al camino de la verdad y en la que nuestro Señor Jesucristo instaurará su reino espiritual sobre todos y sobre todo. Se cumplirá admirablemente el texto de Pablo a los Efesios:

“Dios ha querido ahora darnos a conocer el misterio de Su voluntad... Lo que Él se propuso en un principio para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo, lo de los cielos y lo de la tierra, quede restaurado en Cristo, bajo su jerarquía soberana” (1, 9–10).

Así pues, Cristo cumple su misión de Profeta y Sacerdote, y en la tierra empieza ya de algún modo y en cierta dimensión su reinado; un reinado que se realiza y se extiende en la Iglesia. Actualmente no es todavía un reino pleno; ni lo acatan todos los hombres ni alcanza a todas las cosas. Él es por derecho Rey universal, pero no lo es aún de hecho. Él no quiere imponerse, quiere que lo acepten, y la realidad de las cosas es que hoy en día crece el número de los que no lo aceptan, y aún más de los que lo combaten, lo ignoran, o simplemente lo toman por loco. A pesar de todo, los designios de Dios tendrán fiel cumplimiento. El reino de Cristo se establecerá en toda la tierra, abarcándolo todo, y ante Él, ante Jesús, el desdeñado, ultrajado, hoy por hoy insultado por tantos y tantos:

“se doblará toda rodilla en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua y toda ley proclamará que solo Él es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil 2, 10–11).

Parusía y Segunda Venida de Cristo

Cuando hablamos entonces de Parusía, ordinariamente dicho término se entiende como la Segunda Venida de Cristo y que en el Juicio Final juzgará a todos previo al fin del mundo. Pero la Parusía como Reino de Presencia Espiritual de Poder y Gracia hay que entenderla como lo reflejan los Salmos 2, 72 y 110 que aluden a la reyecía de Cristo, como Rey de reyes y Señor de señores. No se trata, de acuerdo a la enseñanza del Magisterio de la Iglesia, de un reino carnal y materialista de Cristo, (como lo entendieron algunos herejes a principios de la era cristiana) sino de una presencia espiritual en que Cristo reinará “hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies” y entregue a su Padre el reino “después de haber destruido todo principado, dominación y potestad...” (I Cor 15, 23–28).

En la Parusía, pues, se destaca el escenario histórico donde Cristo se convierte en el único Señor de cielos y tierra, completándose así entonces la petición al Padre que el mismo Cristo nos enseñara “... venga a nosotros tu reino...”.

En el prefacio de la misa de Cristo Rey canta la Iglesia:

“En verdad es digno y justo, equitativo y saludable... Señor Santo Padre Omnipotente y Eterno, que ungiste con el óleo de la alegría a tu Hijo Jesucristo como Sacerdote Eterno y Rey de todos... y una vez sometidas a Su Imperio todas las cosas, entregase a Tu inmensa Majestad un Reino Eterno y Universal...”.

Así pues, la fe de la Iglesia canta que Jesucristo es Rey de todos; no de muchos ni de algunos sino de Todos. De hecho y de derecho. Y este cumplimiento absoluto se dará en la Parusía.

En este orden de ideas, el Papa Pablo VI dijo:

“Jesús reina ya sobre la Iglesia, más no aún sobre el mundo, siendo así que la profecía de David, a la que Cristo y la predicación primitiva se refería abiertamente, le promete aquel dominio de toda la gente del que todavía no goza. Pero está escrito: siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como escabel a tus pies” (I Cor 15–24).  

En suma, antes de que Jesucristo entregue el reino a su Padre debe reinar y reducir a nada todo poder y potestad diabólica, porque es preciso que “Él reine hasta que ponga a todos sus enemigos sometidos a sus pies”. Esto aún no se ha cumplido, porque siguen muchas naciones separadas de Cristo que no le dan vasallaje, y lo que es peor, están en franca rebelión contra Él; pero habrán de cumplirse las profecías y entonces resonará en toda la tierra esta aclamación:

“Ya llegó el reino de nuestro Dios y su Cristo sobre el mundo, y Él reinará por los siglos de los siglos” (Apoc 11, 15).

Este reinado no ha de ser sólo en el orden espiritual, sino también en el orden social, tal y como lo indican innumerables textos de las Sagradas Escrituras: “... pídeme y te daré las naciones en herencia y en posesión los confines de la tierra. Con cetro de hierro los gobernarás, los quebrarás como vaso de alfarero” (Salmo II, 8, 9).

Expresiones como estas carecerían de sentido si se hiciera alusión a la vida eterna, pues ya no habrá para entonces más naciones que regir ni pueblos que quebrar. Por su parte, el Salmo 72 va por la misma línea:

“Y Él dominará de mar a mar y del río hasta los confines de la tierra; ante Él se postrarán sus enemigos y lo adorarán los reyes todos de la tierra; todas las naciones le servirán” (8, 9).

Los profetas también lo anunciaron hace miles de años.

“Y reinará Yahvé sobre la tierra toda y Yahvé será único y único su nombre” (Zacarías 14, 9).

“Subirán victoriosos al monte Sión.... y Yahvé reinará” (Abdías 1, 21).

“La luna se enrojecerá, el sol palidecerá, cuando Yahvé Sebaot sea proclamado Rey” (Isaías 24, 23).

El Reino de Cristo en el Profeta Daniel

Una profecía muy importante del reino de Cristo es la que recibió Daniel y que dice así:

“Y el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido; y este reino no pasará a otra nación, sino que quebrantará y aniquilará a todos aquellos reinos, en tanto que él mismo subsistirá para siempre, conforme viste que de la montaña se desprendió una piedra, no por mano alguna, que redujo a polvo el hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro” (2, 44–45).

Este reino “que jamás será destruido” del que habla el profeta Daniel es una profecía auténtica del Reino Eterno de Jesucristo, y “la piedra desprendida sin ayuda humana”, es, según los intérpretes, el mismo Jesucristo, el mismo Mesías descendiendo del Cielo que funda su Reino sobre las ruinas de los imperios del mundo, conforme dice el profeta:

“He aquí que pondré en los cimientos de Sión una piedra, piedra escogida, angular, preciosa, sentada por fundamento” (Isaías 28, 16).

Y este reino aparecerá con todo su esplendor en la Parusía, en los tiempos escatológicos.

Así se cumplirá lo que también Daniel menciona:

“Le fue dado el señorío, la gloria y el reino, y todos los pueblos y naciones y lenguas le sirvieron. Su señorío es un señorío eterno que jamás se acabará, y su reino no será jamás destruido” (7, 14).

Este pues es el reino que tendrá lugar en la Parusía; el reino de Jesucristo en que serán recogidos todos los pueblos y a cuyo Rey obedecerán todas las naciones; este reino tendrá lugar precisamente sobre pueblos y hombres que están en la tierra, pues ejercerán el dominio “el pueblo de los santos del Altísimo sobre todos los reinos que se hayan debajo del cielo” (Daniel 7, 27), y este es el reino que nos invitó Jesucristo a pedir todos los días en la oración del Padre Nuestro: ¡Venga a Nos Tu Reino!

Reino de Dios y Reino de Cristo

Vamos ahora a distinguir lo que es el Reino de Dios en sentido amplio de lo que es el Reino de Cristo en específico. Esta falta de distinción llega a confundir fácilmente, pues existe la creencia común de que el Reino de Dios sólo se va a realizar y tendrá lugar únicamente en el Cielo y en la vida eterna, y no se hace mención al Reino de Cristo en la tierra, o en su caso, se suele identificar este Reino de Cristo en la tierra con la vida de la Iglesia que se extiende por todo el orbe.

En la Sagrada Escritura se utiliza en ocasiones el término Reino de Dios para definir varios significados distintos y al mismo tiempo complementario, concurrente e integrante de una misma realidad y de un mismo plan divino. Es una especie de diversidad dentro de la unidad querida por Dios. Así, por ejemplo:

1.El Reino como reino de la verdad, el cual existe desde que nace Cristo y viene “al mundo para dar testimonio de la verdad” (Juan 18, 37), tal y como se lo dijo a Pilatos.

2.El Reino como reino espiritual de las almas. Para hablar de este reino citamos a San Lucas que dice: “El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: vedlo aquí o allá, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros” (17, 20–21).

3.El Reino como reino de la gracia a través de la Iglesia. Este reino de gracia es el que prepara al reino de gloria. El reino de gloria no se alcanzará sino por medio de la gracia, que se realiza y florece en lo íntimo del alma, en el seno de la Iglesia. Así por ejemplo tenemos el texto de San Pablo a los romanos que dice: “Porque el Reino de Dios no consiste en comer ni beber, sino en justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo” (14, 17).

4.El Reino como reino de los cielos. Este es el Reino de Dios que habrá en la vida eterna en el Cielo, después de la última resurrección. De hecho, existe hoy en día este Reino de Dios sobre las almas bienaventuradas y sobre el mundo angélico porque Cristo es Rey de todo lo creado, y existe también como reino espiritual por la verdad y por la Iglesia. Es pues el reino de los cielos plenamente perfecto sin sombra del mal y que se dará en la vida eterna.

5.El Reino como reino milenario de Cristo en la tierra. Este es el reino del que habla el capítulo 20 del Apocalipsis. Jesús ante Pilatos se proclama abiertamente Rey y el Apocalipsis dice que vendrá como Rey y Juez al Final de los Tiempos; y la Iglesia celebra la fiesta de Cristo Rey.

Reino de Cristo y Reino de los Cielos

Otros muchos creen que el Reino de Cristo tendrá cumplimiento hasta el Fin del Mundo, con el inicio de la vida eterna en el Reino de los Cielos. Pero no es esto lo que dicen las Escrituras.

Es claro que este Reino de Cristo se realizará en la tierra. En la oración del Padre Nuestro, las tres primeras peticiones, es decir,

“santificado sea tu Nombre”;
“venga a nosotros tu Reino”; y
“hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”,

sólo pueden tener sentido si son para cumplirse en la tierra, ya que en el cielo están dadas y cumplidas totalmente. Así, el pedir “santificado sea tu Nombre” tiene que ser una petición para la tierra puesto que en el Cielo se cumple a la perfección. Lo mismo “venga a nosotros tu Reino” implica pedir que venga a la tierra, pues si fuera el reino de los cielos tendríamos que pedir no que viniera, sino que nosotros fuéramos a él. Y lo mismo respecto a la tercera petición que por sí misma se explica: “hágase tu voluntad en la tierra como (se cumple) en el cielo”.

Por otro lado, tenemos la cita de la Anunciación del ángel a María en la que le dice que:

“éste (su Hijo Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de David su padre, y reinará en la Casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin”.

Aquí es claro que se le promete a Jesús que ese reino no puede ser en el Cielo, sino en la tierra, porque el trono de David no estuvo en el Cielo sino en Jerusalén.

Lo mismo se aplica a las ya citadas palabras de Cristo a Pilatos y que según el original griego dicen:

“Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; más ahora mi reino no es de aquí” (Juan 18, 36). La mayoría de las traducciones omiten el “ahora” contenido en la última frase “más ahora mi reino no es de aquí”, con la simple frase “mi reino no es de aquí”. Las que conservan “el ahora”, entre otros, están las versiones de Torres Amat, Scio de San Miguel, Monseñor Straubinger.

Por tanto, su reino ahora no es de aquí, pero lo será cuando lo instaure en la tierra a partir de la Parusía.

Algunas Características del Reino

En este Reino de Cristo en la tierra se cumplirán un sinnúmero de promesas de paz y bienestar temporal, como consecuencia de la efusión sobrenatural y Presencia de Poder y Gracia que significará la Parusía. Así, por ejemplo:

1. Paz universal. Los profetas anuncian una época en que no volverá a haber guerras. Este vaticinio no se ha cumplido hasta los días de hoy, ya que los textos sagrados hablan de una paz social y perfecta, y la historia es testigo de que siempre ha habido guerras y cada vez peores, por lo que esta época aún no ha tenido lugar. Además de ello, esta paz está profetizada que vendrá al Final de los Tiempos. Así dice Isaías:

“El Señor juzgará a las gentes y dictará sus leyes a numerosos pueblos, y de su espada harán rejas de arado y de sus lanzas, hoces. No alzará la espada gente contra gente, ni se ejercitarán para la guerra” (2, 4–5).

2. Bienestar temporal y prosperidad material inigualable. El Reino de Cristo nos traerá una época en la que desaparecerá la explotación del hombre por el hombre, las injusticias y todo aquello que obstaculice el desarrollo y progreso del hombre para el servicio de Dios. Así lo dicen los profetas:

“He aquí que vienen días, dice el Señor, en que al arador le seguirá el segador, y al que pisa las uvas, el que esparce las semillas; los montes destilarán mosto y todas las colinas abundarán de fruto” (Amós 9, 13).

“Enviaré a su tiempo las lluvias y lluvias de bendición. Los árboles del campo darán fruto y la tierra dará sus productos y vivirán en paz en su tierra” (Isaías 30, 22).

“Y el pan que la tierra producirá será suculento y nutritivo... construirán casas y las habitarán… no edificarán para que habite otro, no plantarán para que recoja otro… no trabajarán en vano” (Isaías 65, 21–22).

3. Salud y larga vida. En la época del Reino de Cristo “no habrá allí niño nacido para pocos días ni anciano que no haya cumplido los suyos. Morir a los cien años será morir niño, y no llegar a los cien años será tenido por maldición... no se fatigarán en vano, ni darán a luz para una muerte prematura, sino que serán la progenie bendita de Yahvé” (Isaías 65–24).

4. Se amansarán las fieras. En el Reino de Cristo se verá la convivencia de animales mansos con las bestias más feroces y estarán sometidas al hombre como los demás animales domésticos para que no hagan daño a nadie. Así, cuando los hombres impíos hayan desaparecido y “la tierra se llene del conocimiento del amor de Dios como una invasión de las aguas del mar… entonces habitará el lobo con el cordero, el leopardo se acostará junto al cabrito; la osa y la vaca pacerán lado a lado y juntas acostarán a sus crías. El león comerá paja con el buey, y el recién nacido meterá la mano en la madriguera del basilisco” (Isaías 11, 6–8.).

Entonces la paz y la justicia reinarán, la prosperidad temporal permanecerá, los desiertos florecerán y tendrán cosechas de frutos, habrá longevidad en los habitantes de la tierra, se amansarán los animales y las “criaturas, liberadas de la servidumbre de la corrupción, participarán en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom 8, 21), porque la tierra quedará libre de la maldición a la que Dios la sometió por el pecado (Génesis 3, 17).

En efecto, San Pablo enseña que la naturaleza, al igual que el hombre, está caída, es decir, que no está en su debido ser, sino en una situación de violencia, en situación antinatural; porque a ella –a la naturaleza creada– también le alcanzó la maldición del pecado original del hombre, del hombre que debió haber sido su señor y amo. Por eso dice el Génesis con respecto al hombre: “Maldito sea este suelo por tu causa.... espina de abrojos tendrás en abundancia” (3, 17–19).

Es decir, la creación material no es ahora para el hombre lo que hubiera sido de no haber ocurrido la caída de los primeros padres en el pecado. Esta realidad de la creación entera, afectada penosamente por el pecado del hombre, es la que precisamente denuncia San Pablo cuando dice que “la creación está ansiosa y desea vivamente la revelación de los hijos de Dios”.

Por tanto, el universo material, creado para el hombre, ha participado hasta hoy de las consecuencias del pecado original. Pero con motivo de la Parusía y la instauración del Reino de Cristo en la tierra, la tierra será liberada de esta miseria y será devuelta a las condiciones primeras en que Dios la creó. Pero esto no es lo más importante, sino la consecuencia que traerá la Parusía para la restitución o restauración del hombre, quien es la creación más importante de Dios. Pero esto será motivo de otra reflexión.
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Dom Sep 11, 2016 11:09 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las profecías de Gog y Magog
«Prepararnos para lo que Viene »
Written by Luis Eduardo López Padilla
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Hoy como nunca la humanidad necesita de santos. El mundo actual no requiere de teólogos sabios, técnicos especializados, científicos ilustres o humanistas inteligentes; no, lo que verdaderamente hace falta hoy en el mundo es la abundancia de hombre santos, y principalmente en el “mundo”, es decir, en la vida pública, en la sociedad entera. Y así debe ser porque la exigencia de santidad no es sólo para aquellos que han recibido la vocación a la vida religiosa, sino para todos los hombres según el mandato evangélico: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Así pues, “A los laicos corresponde por propia vocación – dice el Concilio Vaticano II – tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con la que su existencia está entretejida” (LG 31).

Y precisamente, la Santísima Virgen nos recuerda en estos tiempos a través de sus numerosísimas apariciones la necesidad y urgencia de la conversión: “Si no os arrepentís, todos pereceréis por igual” (Lc 13, 3). Y esto tanto porque es nuestra obligación por ser hijos de Dios, así como por los difíciles tiempos de confusión y obscuridad que estamos viviendo y por las grandes pruebas que están por venir tanto para la Iglesia como para el mundo en general, con largos años de mucho sufrimiento y dolor.

La Conversión

Dijo la Virgen en Medjugorie (Herzegovina): “La única palabra que deseo decir es conversión del mundo entero. Se los digo para que ustedes lo transmitan al mundo entero. Yo no pido otra cosa que la conversión.”

¿Y qué es la conversión? La conversión, en esencia, es despojarnos de lo que San Pablo llama el hombre viejo en orden a revestirnos del “hombre nuevo”; el hombre de Jesucristo, el hombre que ha aceptado el Evangelio sin reservas y está presto a cargar su cruz de cada día. La conversión es entonces un cambio profundo que se realiza dentro de nosotros: un cambio radical que se concreta cada día, cada hora, en cada momento. No es, por ejemplo, el proponerse ser más buenos, dar algo a los pobres o ser un poco más generoso en la caridad cristiana. Esto es una cosa digna de admiración y alabanza, pero no es propiamente la conversión. La conversión es más profunda y radical; es dejar todo aquello que nos aparta del camino de la salvación, con todos sus prejuicios, convicciones, actitudes, valores, hábitos, modos de pensar y actuar.

Participación de los Sacramentos

La Virgen María insiste mucho en la participación y frecuencia de los sacramentos, especialmente el de la confesión o penitencia y el de la eucaristía. El sacramento de la confesión es la gran manifestación de la Misericordia infinita de Dios. “¡El Señor no despreciará un corazón contrito y humillado!” (Sal 50). Por eso, el primer signo de una conversión es una buena confesión ante el sacerdote para quedar libre de todas nuestras iniquidades, por muy grandes y terribles que éstas sean. Nuestra vida sólo tiene eficacia temporal y eterna cuando estamos en gracia de Dios, de lo contrario, nuestras obras corren el riesgo de ser estériles.

Asimismo, la Santísima Virgen pide que comulguemos con frecuencia, que nos acerquemos a recibir el sacramento de la eucaristía, donde está Jesús presente realmente con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Ya hace algunos años Nuestra Señora del Carmen –en Garabandal, España, en 1961– había dicho que “a la eucaristía cada vez se le daba menos importancia”; y en las apariciones de Fátima, Portugal, en 1917, el ángel de Portugal que se había aparecido a los tres pastorcitos para preparar la aparición de la Virgen, al darles la comunión les dijo: “Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, terriblemente ultrajado por los hombres desgraciados. Reparad por sus crímenes y consolad a vuestro Dios.” Así pues, María Santísima nos pide que seamos constantes en recibir la eucaristía: “Yo soy el Pan Vivo que ha bajado del cielo, si alguno come de este Pan vivirá eternamente” (Jn 6, 51).

La eucaristía aumenta nuestra vida espiritual; ningún acto existe cuya acción santificadora pueda compararse con la recepción de este sacramento. Todos los sacramentos se ordenan a la Sagrada Eucaristía y la tienen como centro.

Santa Misa

La Santísima Virgen María le da una gran importancia en sus mensajes a la asistencia a la Santa Misa, ya que no hay oración más completa que la Santa Misa. Ella ha dicho que la Santa Misa es la más grande oración a Dios y jamás podremos comprender su grandeza. La Misa es la renovación incruenta del sacrificio hecho por Jesucristo en el Calvario. En cada Misa se ofrece al Padre una oración, acción de gracias y reparación infinitas, en la cual la víctima ofrecida es el mismo Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Por eso no hay forma más perfecta de dar gloria, de reparar y de adorar que el sacrificio del altar. Por esoJuan Pablo II llego a decir que la Santa Misa “es realmente el corazón y el centro del mundo cristiano” (21-IV-82), y el Papa Pablo VI dijo que la “Misa es la manera más perfecta de hacer oración” (1973).

Santo Rosario

La oración predilecta de la Santísima Virgen es el Santo Rosario, fragilísima cuerda con la que ha de vencer a su infernal adversario. En todas sus apariciones, María nos insiste rezar el Santo Rosario. Rezar el Rosario es tratar de conocer a María; es recibir de Ella la enseñanza de la Vida, Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; pasajes nunca acabados de meditar, siempre nuevos y siempre ricos. Rezar el Rosario es un coloquio confidencial con María, una conversación llena de confianza y abandono.

“Yo prometo mi protección maternal cubriendo con mi manto y facilitando las gracias necesarias, a todo aquél que, en los momentos difíciles, todos los días rece cinco misterios del Rosario” (Extracto del tercer mensaje dado en Sabana Grande, en 1987).

“Yo soy nuestra Señora del Rosario, quiero que continuéis rezando el Rosario todos los días” (Fátima, Portugal, 1917).

“Todas las oraciones que ustedes digan por la noche en sus hogares, dedíquenlas para la conversión de los pecadores, porque el mundo está hundido en una gran degeneración moral. Recen el Rosario todas las noches. Oren y tengan el Rosario siempre en sus manos como una señal a Satanás de que me pertenecen” (Medjugorie, 1981).

Visitas al Santísimo

La Santísima Virgen María también ha pedido que vayamos a visitar a su Hijo al Sagrario en reparación de tantos pecados como se cometen en el mundo. Ya en las apariciones de Fátima, el ángel de Portugal, postrado con la frente en tierra, había orado con los pastorcitos:

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con lo que Él mismo es ofendido.”

Así pues, la segunda persona de la Santísima Trinidad está en el Sagrario; y está con el poder soberano de Su Divinidad. Él, el Hijo unigénito de Dios Padre, por quien todo fue hecho, ante quien tiemblan los tronos y las dominaciones, con todo Su Poder, Honor, Gloria y Divinidad está oculto en todos los sagrarios del mundo.

“…tenemos que visitar mucho al Santísimo, pero antes tenemos que ser muy buenos…”  (Garabandal, España, 1961).

Uso de Sacramentales

La Santísima Virgen también nos recuerda en sus mensajes que hagamos uso de los sacramentales: agua bendita, crucifijo, medallas y escapulario, etc. Los sacramentales son medios a través de los cuales nos viene gracia y bendición, particularmente en contra de las asechanzas de Satanás. Los sacramentales son menos fuertes que los sacramentos, pero más poderosos que la plegaria puramente privada. El usar estos medios con fe y devoción nos ayudan a la remisión de los pecados veniales, nos protegen espiritualmente contra muchas tentaciones y son canales de abundantes gracias e indulgencias.

“Restauren el uso del agua bendita… Yo los invito a colocar objetos benditos en sus hogares y a que cada persona lleve puestos objetos benditos… porque si están armados contra Satanás, él los tentará menos”  (Herzegovina, 1982).

Sacrificio y Penitencia

Nuestra Señora nos recuerda en todas sus apariciones la necesidad de llevar a nuestra vida el espíritu de sacrificio y penitencia. Es un recordatorio de las palabras de Jesucristo: “Quien no toma su cruz y me sigue no es digno de Mí” (Mc 10, 38). Cristo nuestro Señor no canceló el sufrimiento y la muerte que el hombre había causado con su desobediencia, sino que para redimirnos asumió el sufrimiento y pasó por la muerte y muerte de cruz, dejando a la cruz como medio de santificación; por tanto, no es posible un cristianismo sin cruz. Y asimismo lo dejó dicho Juan Pablo II: “No es que la cruz sea el mejor camino para llegar al cielo; es el único”. Sin embargo, hablar de mortificación, sacrificio y penitencia en estos tiempos, para muchos, incluso sacerdotes, parece locura o necedad, reminiscencias que no encajan con los adelantos de la época actual. También pudiera ser piedra de escándalo para aquellos que viven alejados de Dios; ya San Pablo escribió que la cruz era “escándalo para los judíos y locura para los gentiles” (I Cor 1, 23).

No obstante, este camino espiritual no ha pasado de moda, aunque hoy casi nadie lo practique; al contrario, porque casi todos han abandonado la cruz es por lo que el mundo está en una gran confusión espiritual y al borde del precipicio. Por tanto, o lo asumimos voluntariamente o nos vendrá impuesto necesariamente desde arriba, pues no hay ya otra forma para renovar al mundo. Es así que la Virgen Santísima nos invita a ofrecer nuestros sacrificios, en unión con su Hijo, al Padre Eterno. En un mundo donde todo invita a la comodidad, al placer, al aburguesamiento y al consumismo, el crecimiento espiritual se hace muy difícil y sólo el sacrificio y la penitencia nos ayudarán a recorrer el camino angosto que conduce a la salvación eterna.

Pero de igual modo, el espíritu de sacrificio ayudará para reparar tantos pecados propios y ajenos como se cometen en el mundo. De aquí se desprende el imperativo de ofrecer sacrificios como penitencia por nuestros pecados, para “pagar” la pena debida por los pecados, igual que el delincuente tiene que purgar una pena por sus delitos cometidos contra la sociedad.

“Para ayudar a mi Hijo a aliviar el peso de la cruz, les propongo que se sometan a la autodisciplina haciéndose partícipes de la purificación de la humanidad por la mortificación de los sentidos”  (Sábana Grande, 1992).

Práctica del Ayuno

También María Santísima pide otro tipo de sacrificios voluntarios, como es el ayuno, así como hacer un esfuerzo por eliminar el exceso de televisión de nuestros hogares, el cigarro, las palabras vanas, el alcohol, etc., todos estos apegos que nos impiden el crecimiento espiritual. El ayuno es abstenernos de ciertos alimentos durante el día o varios días. Por ejemplo, los viernes no tomar más que agua o pan y agua. El ayuno no es solo ausencia de alimento sino presencia de Dios. Algunos mensajes al respecto dicen: “Díganles que ayunen y oren y Yo oraré con ellos y Jesús les concederá sus deseos.” “Por medio del ayuno y de la oración se pueden evitar las guerras y aún las catástrofes naturales. Todos, excepto los enfermos, deben ayunar”  (Medugorie, 1982).

Además ciertos demonios –apegos, conductas, pecados, inclinaciones– sólo pueden ser vencidos con la oración y el ayuno (Mt 17, 21).

Meditar la Pasión de Jesús

La Santísima Virgen ha pedido También que meditemos en la pasión de nuestro Señor, mediante la devoción al Vía Crucis. En Garabandal, España, la Virgen lo pidió expresamente: “Meditad en la pasión de Jesús” (1965).

Lectura del Evangelio

No hay problema, duda, inquietud, motivación o preocupación ya personal o familiar que no encuentre respuesta sino en las palabras del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. La lectura diaria de unos minutos de la Sagrada Escritura, particularmente del Nuevo Testamento, así como del libro del Apocalipsis de Juan –que descubre los misterios del Reino de Cristo y del Plan de Dios para estos tiempos– será modelo y guía para imitar la vida de Jesucristo y seguir la luz de la Verdad.

Oración Mental y Meditación Contemplativa

La Santísima Virgen también hace un llamado continuo a hacer oración; Ella nos recuerda la necesidad de dedicar un tiempo específico para un coloquio más íntimo con nuestro Señor: “Estaría contenta –ha dicho la Virgen en Medjugorie– si en la familia se orara una media hora por la mañana y una media hora por la tarde. Sus trabajos irían mucho mejor”  (1982).

El Evangelio nos relata muchas ocasiones en que nuestro Señor se retiraba a orar, porque es en la oración diaria donde se encuentra el origen de todo progreso espiritual y la fortaleza ante las pruebas y dificultades. Pero sobretodo, nos enseña a conocer y a amar a Dios. ¡No dejéis de orar –aconsejaba el Papa Juan Pablo II– la oración es un deber, pero también una gran alegría, porque es un diálogo con Dios por medio de Jesucristo!”  (14 de marzo, 1979).

“Cuando oréis –dice Jesucristo– no seáis como los hipócritas, que gustan de orar de pie en las Sinagogas y en las esquinas de las calles, para exhibirse delante de los hombres… Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, cerrando la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto, y Él, que ve en lo escondido, te recompensará”  (Mt 6, 5-6).

Otra forma de oración es la meditación contemplativa, practicada por los que quieren caminar por la vía mística, cerrando los sentidos naturales y dejando a Dios que guie nuestra alma para encontrarnos con Él en el mundo del No Tiempo y acceder así a las profundidades del mundo sobrenatural. Es el quehacer no de Marta, sino de María, “que escogió la mejor parte, y no le será quitada” (Lc 10,38). Dios puede ser amado, pero no puede ser pensado; puede ser percibido por el amor, jamás por los conceptos. ¡Sólo el Cristo Resucitado entró en puertas cerradas!

Vivencia de Virtudes y transformar el Corazón

Todo lo que pide la Virgen y exige la vida evangélica no serviría de mucho si no se concreta en la vivencia de las virtudes, principalmente en la más importante: la caridad. Podemos concretar las virtudes en aquellas que se contraponen a los pecados capitales:

humildad      vs   soberbia,
generosidad  vs   avaricia,
castidad        vs   lujuria,
paciencia       vs   ira,
templanza     vs   gula,
caridad          vs   envidia,
diligencia       vs   pereza.

Como vemos, no hay nada nuevo en su mensaje, es el llamado de siempre que Jesucristo nos hace a través del Evangelio, que a su vez la Iglesia como Madre siempre ha enseñado y que no es otro que la Voluntad del Padre: nuestra santificación, el ser santos; pero particularmente en este tiempo de grave crisis de fe en donde ponemos en peligro no sólo nuestra fe personal sino en grave riesgo nuestra salvación eterna, por las difíciles pruebas que vendrán en este final de los tiempos. Mandatorio es convertirnos en aposentos de luz, llamas encendidas y hostias vivientes para la Iglesia y para los demás, pues están a las puertas días de gran confusión, oscuridad y tribulación.

Apostolado diligente

Hay que evangelizar y llevar la palabra de Dios a los demás, según las condiciones de cada uno; el apostolado del S. Rosario, de las imágenes de María de casa en casa; consagrando a los demás al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María; formando a los demás sobre los tiempos que vivimos; defendiendo la vida y la familia establecida por Dios; anunciando el final de los tiempos y la conversión, con la voz –escribiendo, hablando– y con el ejemplo, etc. Apoyar al sacerdote en la comunidad; organizando grupos oración. Son tiempos de darnos a los demás pues el tiempo ya es muy corto y las profecías se irán cumpliendo.

Apóstoles de los Tiempos

El triunfo de la Iglesia vendrá por medio de María. Es el gran misterio de Dios y que se descubre en este tiempo. Ella está llamada a ser el Modelo de la Futura Humanidad, en la que, por medio de Ella y a través de Ella, según el Plan de Dios, todas las cosas serán jerarquizadas en Cristo. Pero María no lo hará sola, sino que con su talón aplastará la cabeza del dragón, y su talón son apóstoles de este tiempo, proféticamente anunciados por Luis María Grignion de Monfort en el Siglo XVII.

“María ha producido, junto con el Espíritu Santo, la cosa más grande que ha existido y existirá jamás (…): un Dios hombre. Y Ella producirá consecuentemente las cosas mayores que se darán en los Últimos Tiempos: la formación y la educación de grandes santos que existirán hasta el fin del mundo”  (no. 35 Verdadera Devoción).

“…el Altísimo y su Santa Madre formarán grandes santos para sí, que sobrepasarán a la mayoría de los otros santos en santidad, como los cedros del Líbano sobrepasan a los pequeños arbustos”.

Y están en el silencio, en la humildad, en lo escondido del mundo trabajando para dar la gran batalla. Pero de estos hablaremos en otra oportunidad…


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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Oct 29, 2016 9:20 am

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«Dualidad en Unidad»
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La lucha por la igualdad de los sexos apoyada en procesos democráticos contribuyó desde hace tiempo a una mayor participación de la mujer en los ámbitos de la política, de la cultura y de la educación, dando lugar al llamado movimiento feminista, cuya esencia insistiría específicamente en lo femenino y defendería sus derechos y libertades, salvaguardando la dignidad de la mujer en la familia, en el trabajo y en la vida social.

Sin embargo, el feminismo radical se adueñó del movimiento feminista. Ya no buscará la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer, sino la liberación femenina, en la que el objetivo ya no es la igualdad sino la liberación de la explotación. Así, la mujer se constituye en antagonista del varón, con rivalidad entre ambos y consecuencia negativa para la estructura familiar, hasta el extremo de que cancela la diferencia biológica entre varón y mujer, considerándola como un simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural.

Ideología de Género

Es gracias a Malthus (1766 – 1834), Marx (1818 – 1883) y Lenin (1870 – 1924) donde encontramos los orígenes de esta ideología de género. En efecto, en el caso de Malthus, es el principal teórico de la seguridad alimentaria. De acuerdo con su tesis, entre el crecimiento aritmético de los recursos alimenticios y el crecimiento geométrico de la población, la brecha se agranda fatalmente. Se puede prever la miseria, y con ella, el espectro de la hambruna. Dice Malthus que hay que dejar que actúen por si mismos los frenos gracias a los cuales son eliminados aquellos que, menos dotados, son pobres. Así, Malthus contribuye a consolidar la visión esencialmente utilitarista del hombre. El pobre es el vencido en la libre competencia y está de más porque no produce, y a pesar de ello, pretende consumir.

En esta herencia malthusiana, se establece que hay que hacer una selección artificial para poder ejercer, como derecho, el dominio sobre la propia transmisión de la vida, y de aquí surgen todos los proyectos contra la vida apoyados y financiados por la ONU, particularmente por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La ideología de género fundada en las ideas malthusianas, recibe gran influencia de Marx y de Engels. Para estos autores, la opresión de la mujer es por excelencia la expresión de la lucha de clases en su forma original. Decía Engels que la primera oposición de clases que se manifiesta en la historia, coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la unión conyugal. Marx y Engels afirmaban que el comunismo habría de remediar esta situación. La mujer y el hombre serían iguales en el sentido de que ambos tendrían el mismo status de trabajadores en la sociedad, y estarían en función de ésta. Así, el comunismo permitiría que la mujer trabajara en la industria, haciendo desaparecer el matrimonio monogámico y destruyendo a la familia tradicional, fomentando el amor libre y predicando la igualdad del hombre y la mujer hasta el grado de considerarlos intercambiables. Así entonces, la ideología de género conduce finalmente a la desaparición de la familia, que ya no es motivo de complementariedad, sino de oposición. Así se concluye fácilmente, apoyado por una corriente feminista muy activa, que las diferencias entre los géneros ya no son naturales, sino que aparecen a lo largo de la historia y son construidas por la sociedad: es decir, son culturales. La ideología de género combina temas que provienen de la ideología socialista en su forma marxista y de la ideología liberal en su forma malthusiana. Por tanto, el cuerpo no es sino un instrumento para todo tipo de placeres: heterosexual, homosexual –sin olvidar el placer solitario–, la anticoncepción, el aborto.

Subversión Cultural

La sociedad entonces, según la ONU, se reinventó bajo la ideología de género, aboliendo el papel que en el pasado la sociedad atribuía al hombre y a la mujer. Es un proyecto de subversión cultural. No solamente se agregan nuevos derechos, y en especial derechos de la mujer, sino que se pretende interpretar a la sociedad de forma distinta, bajo un nuevo paradigma.

El concepto de la familia se ha visto privado de su sentido tradicional y desde entonces este término se usa indistintamente para designar uniones heterosexuales, homosexuales, y aún situaciones monoparentales, etc.

Los defensores de la ideología de género, como W. Reich, Simone de Beauvoir, H. Kentler, M. Sanger, H. Marcuse, entre otros, intentan llevar la libertad sexual al máximo. Ya no hay ningún criterio entre lo lícito y lo ilícito, lo normal y lo anormal. La permisividad absoluta, el rechazo de toda moral que no se identifique con el placer y el naturalismo biológico son el denominador común de esta corriente.

Como dice Pedro Trevijano en su “Relativismo e Ideología de Género”, “estas corrientes con su reductora visión de la realidad, que queda disociada del matrimonio y de la procreación, y su unilateral exaltación del placer, al que consideran independiente del amor, de la moral y por supuesto de la religión, llevan al desenfreno, a la corrupción de la conciencia y a la degradación de la persona…” (pág. 74, Ediciones Voz de Papel).

La Perspectiva del Género o “Gender”, como Nueva Filosofía de la Sexualidad

Se basa en la famosa frase de Simone de Beauvoir “una no nace mujer, la hacen mujer” (On ne nait pas femme, on le devient). La Conferencia Episcopal Española lo explica muy bien: “Los antecedentes de esta ideología hay que buscarlos en el feminismo radical y en los primeros grupos organizados a favor de una cultura en la que prima la despersonalización absoluta de la sexualidad… El proceso de “desconstrucción” de la persona, el matrimonio y la familia, ha venido después propiciado por filosofías inspiradas en el individualismo liberal, así como el constructivismo y las corrientes freudo-marxistas. Primero se postuló la práctica de la sexualidad sin la apertura del don de los hijos: la anticoncepción y el aborto. Después, la práctica de la sexualidad sin matrimonio: el llamado “amor libre”. Luego, la práctica de la sexualidad sin amor. Más tarde la “producción” de hijos sin relación sexual: la llamada reproducción asistida (fecundación in vitro, etc.). Por último, con el anticipo que significó la cultura unisex y la incorporación del pensamiento feminista radical, se separó la “sexualidad” de la persona: ya no habría varón ni mujer, el sexo sería un dato anatómico sin relevancia antropológica. El cuerpo ya no hablaría de la persona, de la complementariedad sexual que expresa la vocación a la donación, de la vocación al amor. Cada cual podría elegir configurarse sexualmente como desee” (La Verdad del Amor Humano. No. 52 del 26 de abril del 2012).

En conclusión, el dogma pseudocientífico de esta ideología es que todos nacemos “sexualmente neutros”.

Lo anterior adquiere una mayor gravedad cuando se pretende por medio de la educación básica primaria inocular esta corriente que adoctrina a los niños para convencerlos de la “normalidad” de estos postulados. Más aún, la ideología de género reafirma que la formación en cuanto a la educación afectivo-sexual debe asumirla el Estado por cuanto que la ciudadanía prevalece frente al derecho de los padres. Esto traerá como consecuencia, en primer lugar, que se libere al ser humano de su biología. Que el ser humano se haga a sí mismo lo que él quiera, pues será la única forma de ser libre y estar liberado. Y finalmente, que el matrimonio y la familia son dos formas de violencia permanente contra la mujer y que es necesario combatir.

Homosexualidad

Con todo lo anteriormente dicho, ahora entremos en esta inclinación hacia el mismo sexo. La identidad sexual es la base de la identidad personal y toma su raíz en el cuerpo, sea varón o hembra. Mujer es haber nacido de una persona de su mismo sexo; varón supone haber nacido de un cuerpo de sexo distinto. La homosexualidad corresponde a una tendencia sexual que inicia durante el desarrollo afectivo de la persona. La homosexualidad como tal no existe. Lo que existe son personas con problemas de homosexualidad, es decir, con deseo homosexual, que se impone al individuo que lo tiene y que a priori no lo ha escogido. El homosexual desde niño se ve atraído sexualmente por personas de su mismo sexo. Pero solo se considera homosexual al individuo que de manera exclusiva o predominante desea un socio sexual adulto de su mismo sexo, haya tenido o no relaciones físicas, y no así aquel que solo ha deseado o tenido estas relaciones de modo accidental y pasajero.

Es claro que la anatomía humana apunta a la heterosexualidad. La homosexualidad se origina ordinariamente antes que el joven pueda tomar decisiones personales y conscientes, por lo que no es extraño que muchos de ellos crean que se trata de una inclinación innata. Pero la inclinación homosexual se encuadra dentro de la condición psíquica del sujeto y no es algo que la persona escoge. Incluso cuando se declara en edad adulta, sus raíces son muy anteriores.

Desde 2009 la Asociación de Psiquiatras Americanos ha autorizado a ciertos terapeutas a tratar la homosexualidad, pues estiman que la misma es una interrupción o bloqueo en el desarrollo psicosexual del individuo, y no se fijan tanto en las causas físicas o de herencia. Para estos psiquiatras como R. Cohen, J. Nicolosi, Van der Aardweg y A. Polaino, nadie nace con una orientación homosexual ni existen datos científicos que indiquen una base genética para las atracciones hacia personas de mismo sexo, sino que esta atracción es el resultado de traumas sin resolver que conducen a una confusión de género. Más aún, se puede salir de la homosexualidad y existen multitud de casos de pacientes que han llegado hasta la heterosexualidad y contraer matrimonio. Por eso un ex homosexual casado decía de sí mismo: “Durante muchos años creí ser gay, pero al final entendí que era un heterosexual con un problema de homosexualidad”. Por eso, ningún acto volitivo puede cancelar esta bipolaridad sexual. En realidad “todo homosexual es, de hecho, un heterosexual latente” (Irving Bieber. Homosexuality: A Psychoanalytic Study of Male Homosexuals 1997, p. 241),

Matrimonio y parejas homosexuales

El matrimonio siempre se ha considerado en los contextos culturales, como la institución que legitimaba las relaciones sexuales y la filiación, y servía para fundar una nueva familia. No es una unión cualquiera, sino que tiene naturaleza y finalidades propias. Por siglos y siglos se pensaba de él, y así lo considera la inmensa mayoría de la humanidad, como una relación heterosexual entre personas de sexo diferente, para asegurar la especie, fundar una familia y establecer una comunidad de amor y ayuda estable, permanente y exclusiva, que se diferenciaba de cualquier otro tipo de relación, por lo que la unión entre personas del mismo sexo no se le podía llamar matrimonio.

La agenda homosexual pretende que su relación sea reconocida como matrimonio; que tenga efectos civiles y que tengan derecho de adopción. Y han avanzado desde al año 2000, cuando Holanda se convirtió en el primer país en reconocer el matrimonio a parejas del mismo sexo. Como se sabe, ya en la Ciudad de México ha sido aprobado junto con varios estados, y un total de 24 países en el mundo (15 europeos, 7 americanos, más Sudáfrica y Nueva Zelanda) –el último fue Colombia– han legislado a favor del llamado matrimonio igualitario.

El Cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, en carta del 20 de junio de 2010, se oponía a la consideración de las uniones homosexuales como matrimonio, porque está en juego la identidad y la supervivencia de la familia, así como la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Ello además supone un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada en nuestros corazones. Incluso afirmaba “no seamos ingenuos; no se trata de una simple lucha política, es la pretensión destructiva del Plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (esto es sólo el instrumento) sino de una “movida” del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”.

Igual con los iguales, Desigual con los desiguales

Precisamente porque la ley debe ser igual para todos, realidades diferentes no pueden ser tratadas como si fueran iguales, pues a distintas realidades, distintos derechos y deberes. Es claro que la unión homosexual no es la unión entre dos personas de diferente sexo, requisito hasta ahora para cualquier definición de matrimonio. Lo que une a la pareja homosexual es el deseo sexual y el placer de estar juntos. Si la unión homosexual es un verdadero matrimonio y pretende ser reconocido igual que la unión entre varón y mujer, quiere decir entonces que la diferencia sexual, y por tanto la procreación de los hijos, ya no son elementos constitutivos ni esenciales de lo que llamamos matrimonio. La aceptación de la unión homosexual como auténtico matrimonio, así esté reconocido por la ley, no ayudará a la comprensión del verdadero significado del matrimonio para las futuras generaciones, e irá en gravísimo detrimento de la humanidad, dejando prácticamente sin esperanza alguna el futuro de la familia.

Ser comprensivos ante ciertas realidades y situaciones no significa claudicar, y si la ley no puede desconocer la realidad, sí debe defender los valores fundamentales de la familia. Y como no lo hace, la Iglesia, que no puede renunciar a su misión orientadora y evangelizadora, debe oponerse a esta forma de convivencia que pretende homologarse con el matrimonio debidamente contraído.

Por tanto, no es injusto ni discriminatorio regular de manera distinta situaciones distintas; regular de manera desigual situaciones desiguales. La pareja homosexual se encuentra esencialmente impedida para transmitir la vida y tampoco puede realizar la complementariedad de los sexos, ni la entrega total propia del varón y la mujer en el plano psicobiológico y aún psicológico. Solo la relación entre dos sexos puede consumar la dimensión conyugal, porque ésta implica la diferencia sexual y la capacidad de ejercicio de la paternidad y la maternidad, funciones que los actos de las parejas homosexuales no pueden realizar.

Moralidad y Fe

Los actos de homosexualidad y lesbianismo no son un signo de nuestro tiempo. De hecho, desde la época de Abraham dicho acto ya provocaba la santa Ira de Dios, tal y como lo dice el Génesis: Propter quod ira Dei venit in filios difidentiae, es decir, “por el cual cayó la ira de Dios sobre quienes le desafiaban” (Gen. 18, 16-33 y 19, 1-29).

Por tanto, no corresponde a nuestro tiempo la infame gloria de haber “dado a luz” este aberrante pecado; pero sí, en cambio, es característica de nuestra época la negación más esencial que pueda darse de la Ley Natural, al extremo no sólo de ignorar y hacer caso omiso a la perversión homosexual, sino homologarlo como “unión matrimonial” en leyes ciertamente escandalosas.

Así es, la homosexualidad y el lesbianismo no sólo atentan contra la naturaleza humana, sino que, más grave aún, atentan directamente a la esencia de Dios. Es contrario al místico plan de Dios querido en la unidad hombre-mujer, pues no son dos sino una sola unidad, realidad sustancial complementaria en la feminidad y masculinidad del ser. Por ello, uno de los pecados que hacen casi imposible alcanzar el cielo, si no hay un alto total y una profunda vida de reparación y penitencia, es el de homosexualidad y lesbianismo.

Téngase presente que el pecado impuro contra natura –el pecado de lujuria más gra­ve– (S. Th. Il-IIae, q. 154, a. 11) clama ven­ganza al cielo al pertenecer, como enseña el Espíritu Santo, a la categoría de los pecados “más graves y funestos porque son directa­mente contrarios al bien de la humanidad y provocan, más que los demás, los castigos de Dios” (San Pío X, Catecismo de la doctrina cristiana # 154).

Por su parte, el Tercer Concilio Lateranense sancionó la sodomía –“atracción sexual, exclusiva o preponderante, hacia personas del mismo sexo” (CCC, 2357)– con la pena de la excomunión, con lo que confirmaba su relevancia penal: “quicumque incontinentia illa quae con­tra naturam est (…) si laici, excommunicationi subdantur, et a coetu fidelium fiant prorsus alieni” (a todos los que se den a esa inconti­nencia que es contraria al orden de la natura­leza (...) si son laicos, castígueseles con la ex­comunión y exclúyaseles por completo de la asamblea de los fieles) (canon 11; confir­mado por Gregorio IX, Decrétales, libro V, título 31, capítulo 4).

El severo juicio del Magisterio tocante a los actos de sodomía resulta perfectamente coherente en el tiempo, como que se funda en la santa Tradición Apostólica (p. ej., San Policarpo, Carta a los filipenses, V, 3; San Justino, Primera apología, 27,1-4; Atenágoras, Súplica por los cristianos, 34, etc.) y en la Sagrada Escritura, en donde las prácticas homosexuales “se condenan como depravaciones graves, o, mejor dicho, se presentan como la funesta consecuencia de un rechazo de Dios”, y ello desde el Génesis (19, 1-29) hasta el Nuevo Testamento (I Tim 1,10; Rom 1, 18-32): “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y al igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer; se encendieron con su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío”, pasando por el Levítico, en el que Moisés  define la sodomía como “práctica abominable”: “No te acostarás con varón como con mujer; es abominación. (…) No os hagáis impuros con ninguna de estas acciones, pues con ellas se han hecho impuras las naciones que yo voy a arrojar ante vosotros” (Lev. 18-22-24). “Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación: morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos” (Lev. 20, 13), por lo que excluye del pueblo de Dios a los que asumen un com­portamiento sodomítico, lo cual le sirvió a San Pablo para confirmar tal ex­clusión en una perspectiva escatológica particular ¿” No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idolatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que yacen con varones (sodomitas), ni los ladrones, ni los avaros ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”. (I Cor 6, 9-10).

La sodomía pues constituye mate­ria grave de suer­te que, cuando se da plena conciencia y con­sentimiento deliberado, un solo acto homose­xual priva al pecador de la gracia santificante y destruye en él la caridad y lo condena al infierno (CCC, 1033; 1035; 1472; 1861).

Conversión

Sin embargo, aunque es un pecado gravísimo, con todo, la sodomía halla el perdón de Dios con tal que el pecador contrito reciba la absolución sacramental después de haberse acusado de sus pecados mortales en una confesión hu­milde, íntegra y sincera, acompa­ñada de un propósito de enmienda absoluto y eficaz. La Iglesia, por su parte, se compromete a asistir espiritualmente a esos desafortuna­dos hijos suyos sosteniéndolos en la dura lu­cha contra la tentación y protegiéndolos de las insidias de doctrinas morales erróneas, que es causa cierta de muerte espiritual si se llevan a cabo. (Cfr. Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre el cuidado pastoral de las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986).

Ayudemos a quienes se encuentren en esta triste y lamentable situación, proveyéndoles de la terapia profesional para corregir su desviación. Pero no se puede confundir al pecado llamándolo "el uso de derecho de elegir su equidad de género", pues Dios nos deja libres, sí, ciertamente, incluso hasta para perder el alma por toda la eternidad. Dicho en otras palabras, todo homosexual tiene derecho a la salvación, pero tiene la obligación de vivir conforme al evangelio.

Confusión y Desorden

Este tema no es ni por mucho asunto menor. Es preciso tener ideas muy claras para no errar en el discernimiento, pues cerca están ya los tiempos en que la Iglesia entrará en una gran división y cisma que en nada ayudará a erigirse en la luz que debiera iluminar la verdad sobre la unidad hombre y mujer querida por Dios desde el principio, y fundamento de la vida de familia en sociedad. Ciertamente y como consecuencia de arrojar de la vida del hombre la presencia de Dios Uno y Trino, se viven tiempos de división y crisis familiar en todos los órdenes; pero esta deformación de la sexualidad y sus fines dentro del matrimonio y de las relaciones de pareja del mismo sexo, serán de una catástrofe inimaginable con consecuencias desastrosas para la humanidad, y entonces el Padre no perdonará a esta generación que será castigada mucho más severamente que en los tiempos de Sodoma y Gomorra.


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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Oct 29, 2016 9:21 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las profecías de Gog y Magog
«La Esencia de María»
Written by Luis Eduardo López Padilla
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Para la generalidad de los hombres es una realidad que la segunda mitad del siglo XX y los primeros años de este siglo XXI han estado inmersos en grandes señales de diverso orden que no pueden ya más pasar desapercibidas. Si no son las hambrunas son las pestes, las enfermedades y epidemias; las guerras, los actos terroristas y las revueltas sociales. Asimismo, los grandes y cada vez más violentos fenómenos de la naturaleza que con más frecuencia azotan los cinco continentes. También el proyecto de globalización ideológico en el campo político, social y económico.

Pero la gran señal o manifestación que ha sellado la historia reciente es la figura de la Santísima Virgen María, a través principalmente de un creciente fenómeno de sus apariciones que arranca vertiginosamente en Francia a mediados del siglo XIX, con la conocida devoción de la Medalla Milagrosa, surgida en París en 1830. Aunque ciertamente los medios de comunicación seculares no les han prestado importancia a estos hechos – incluso la misma Iglesia Católica no le ha dado la importancia que tiene a las apariciones de la Santísima Virgen– es una realidad que constituyen el Gran Signo de nuestro tiempo, por su trascendencia dentro del Plan de Dios.

En esta línea encontramos lo dicho por el entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe Cardenal J. Ratzinger, hoy Papa Emérito Benedicto XVI, al periodista italiano Vittorio Messori en 1984:

“…uno de los signos de nuestro tiempo es que las noticias sobre “apariciones marianas” se están multiplicando en el mundo. A nuestra sección disciplinar llegan informes de África, por ejemplo, y de otros continentes” (Informe Sobre la Fe. Bac Popular, Madrid, 1985).

¿Por qué María?

Los hombres de hoy tenemos que preguntarnos el porqué de las apariciones de la Madre de Dios en este tiempo. El por qué la Santísima Virgen, quien es también por decreto divino Madre de todo el género humano, se ha venido manifestando tan frecuentemente en los últimos tiempos. ¿Cuál es el plan que trae entre manos? ¿Viene por iniciativa personal o por mandato del Padre Eterno? No puede pasar desapercibida esta mariofanía – manifestación de María – en multitud de países y pueblos, de uno y otro lado del Atlántico y no pocas veces con lágrimas en los ojos. Entonces nos volvemos a preguntar, ¿cuál es la razón de que en medio de tantos signos y señales de orden político, económico, social, moral, cultural, natural, científico, etc. se dé este impacto mariano? Pues tenemos que mirar en la misma Escritura para encontrar el Signo Magno: “Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas”  (Apoc XII).

En efecto, la presencia de la Señora de Cielos y Tierra está dentro del plan de salvación para el hombre de este tiempo. De acuerdo a la experiencia del estudio de las apariciones marianas y sus mensajes, pudiéramos afirmar que de los objetivos de su presencia en el mundo se reducen a cuatro puntos concretos:

1. Llamar a todos los hombres, o sea, a todos sus hijos, a una urgente conversión de vida, en la que nos recuerda las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo contenidas en el Evangelio. Es decir, se trata de que cumplamos el fin para el cual hemos sido creados y que es retornar a Dios. Ella deja establecido qué tenemos que hacer y lo expresa con una súplica dramática pues dice que el tiempo es muy corto.

2. Como Reina de los Profetas y Madre del Apocalipsis, o sea, Madre de la Revelación, viene a anunciar una serie de hechos y eventos conocidos como de “corte apocalíptico”, acontecimientos que están destinados a cumplirse en los días de hoy. En realidad, la Virgen no dice nada nuevo o no inventa cosas distintas de las que ya han sido reveladas en la Escritura. Solamente las recuerda, las pone de relieve en el momento histórico que estamos viviendo y nos dice que lo que Su Hijo Jesucristo reveló hace 2,000 años para estos tiempos, es de inminente realización.        

3. En tercer lugar, y esto sería lo más importante, María Santísima viene a preparar el plan maestro de Dios por medio de Su Hijo Jesucristo. Es decir, que Ella se constituirá en el instrumento que como “estrella de la mañana” precederá al Sol de Justicia; en otros términos, que a través de Ella se hará realidad en la tierra el Reino de Cristo, por el cual pedimos cotidianamente cuando rezamos la oración del Padre Nuestro: “Venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad en la tierra como (se cumple) en el cielo”.

4. Y, finalmente, el cuarto propósito, estrechísimamente vinculado al anterior, es que María Santísima como Reina de los Apóstoles viene a hacer un llamado a hombres y mujeres de este tiempo, que, como consecuencia de una predestinación divina, estén dispuestos a poner a Dios como prioridad en sus vidas, y se constituyan así en apóstoles de estos tiempos para realizar dos objetivos:

a.) coadyuvar a la labor de la Virgen para aplastar la cabeza de la serpiente (tal y como lo profetiza Génesis 3, 15); y

b.) formar parte de una nueva estirpe que se va a constituir en la semilla de las futuras generaciones que poblarán la tierra, y que participarán de la victoria y del reinado de Cristo en la tierra, logrando de esta forma que se cumpla el propósito de Dios que quiso desde el principio de los tiempos cuando creó al hombre, pero que había quedado en suspenso en el tiempo en virtud del pecado original de los primeros padres.

La Esencia de María

Todos estos objetivos revelan en parte lo que es María Santísima y cuya verdadera esencia se descubrirá en el futuro inmediato. Sus privilegios son incomprensibles. Es la única criatura que ha alcanzado una intimidad perfecta con la Trinidad: es Hija, Madre y Esposa de Dios. Nada puede expresar su altísima dignidad. Dios le ha dado todo. María Santísima es la única que tiene el derecho y potestad de hablar de Ella misma de modo absoluto. Así como Jesucristo habla de Sí mismo cuando dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, de la misma manera Ella se manifestó en Lourdes no diciendo: “Yo soy concebida sin pecado”, sino “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Y en el futuro la Iglesia seguirá adornando con gemas inestimables la corona de esta Reina; pero nada será más esplendoroso y grandioso que el prodigio de haberse humillado muy por debajo de todo, cuando es Ella la llena de gracia: “¡He aquí la esclava del Señor!”

María es la Mujer con cuerpo de Eternidad, la Bella de las bellas, el Templo del templo, el espejo de la Luz de luz. Pero, ¿cómo puede el hombre descubrir la grandeza de esta criatura celestial en su cuerpo perecedero, cuando su alma está oprimida por el pecado? Hace falta que abra su corazón y entonces todos los misterios que parecen insondables se le revelarán y entenderá entonces quién es realmente la Madre del Dios por quien se vive. En ese momento todo su ser será elevado y su corazón se regocijará y extasiará al contemplar y comprender el Plan Perfecto que María Santísima trae a sus hijos. Por eso la Virgen Santísima es la única criatura que puede sacar al mundo y a la Iglesia de la confusión por la que transitan. Y, lo hará por encargo de su Amadísimo Hijo y por decreto inescrutable del Padre Eterno.

Por eso repetimos que, aunque millones de hombres no se den cuenta, María Santísima se ha convertido hoy en el signo y señal más importante de la presencia de Dios en este tiempo, y nunca como ahora la Iglesia habría tenido tan grande privilegio por la presencia, la misión y el triunfo que nos garantiza este Ángel Mayor.

Todo ha Sucedido

Todo ha sucedido según estaba escrito… más no deseado.

Todo se desordenó. Se nos fue quitado el orden y la disciplina, se perdió la Paz Eterna y el Amor Perfecto, imperó la confusión. Quisieron remedar a Dios y burdamente lo consiguieron…

Pero sobrevino el caos, aberraciones por todos lados y la soberbia cegó a los hombres. Se degollaron unos a otros. Faltó el pan, el agua se contaminó y muchos inocentes perdieron la vida. El resto fue azotado con toda clase de plagas, enfermedades y desearon la muerte. Muerte que comienza en el Paraíso. Cuando el hombre escoge enfrentarse a Dios, la lucha entre el bien y el mal y todo tipo de calamidades se hacen presentes en la vida… De la Vida Eterna se pasó a la mortal… de la incorruptibilidad a la corruptibilidad… de la luz a las tinieblas… de la presencia de Dios a la ocultación de su rostro… de la abundancia a la carestía… de la inmunidad a la enfermedad… de la translucidez a la opacidad… de la felicidad al dolor.

Dios anunció a una Mujer y a su linaje como determinantes en el triunfo del bien sobre el mal, que por primera vez ensombreció la Creación. Y así se estableció el linaje vencedor, el restituidor, la esperanza. Y entonces vi al Vencedor. Sus ojos como llama de fuego, su manto empapado en sangre y alcanzó la victoria sobre la muerte...

Y vi a la Mujer, “…descender del cielo como un Ángel poderoso, envuelto en una nube, con el Arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra, y gritó con fuerte voz, como ruge el león. Y cuando gritó, siete truenos hicieron oír su fragor. Apenas hicieron oír su voz los siete truenos, me disponía a escribir, cuando oí una voz del cielo que decía: “Sella lo que han dicho los siete truenos y no lo escribas”. Entonces el Ángel que había visto de pie sobre el mar y la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, ¡que el tiempo no sería más! sino que en los días en que se oiga la voz del séptimo Ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, se habrá consumado el Misterio de Dios, como él lo anunció a sus siervos los profetas”  (Apoc 10,1-2; 5-7).

María: El Gran Misterio de la Restitución

En todo este proceso de Restitución que ha de venir al mundo, a la Iglesia y al hombre, hay pues una criatura que refleja a Plenitud lo que significa el Plan de Dios para el hombre. Y esta criatura no es otra que la Santísima Virgen María, mujer que fue el instrumento Inmaculado y Perfecto como Esposa del Espíritu Santo para que el Verbo de Dios se hiciera hombre.

Dicho en otras palabras, Dios creó al hombre para ser eterno, pero el hombre libremente cae y es condenado a muerte; sin embargo, ya desde entonces Dios tenía previsto el propósito de que las cosas volvieran al estado prístino de la creación, es decir, la Restitución. Es entonces que el Padre manda a Su Hijo a la tierra para nacer del seno de María Santísima porque la Restitución iba a venir por medio de Ella. La Restitución comienza con el nacimiento de María, pero María es el Gran Misterio, es un signo de contradicción, pues Ella es el prototipo de la Plenitud, de la Perfección, pues sólo a través de Plenitud se logrará la Restitución, es decir, volveremos al origen. Ella es ciertamente Hija de Dios y Madre del Hijo, pero ante todo es Esposa de Dios.

María fue pues el Nuevo Paraíso Terrestre de Dios, el nuevo edén rodeada de todos los bienes y plantado por la Mano Divina, cuya tierra fue preservada de la maldición que Adán le había acarreado, tierra donde siempre vivió el Sol Divino en todo su esplendor. Así, cuando la Virgen pronunció ante el Ángel de la Anunciación el “Hágase en mí según Tu Palabra” (Lc 1,38), quedó listo el escenario de todos los frutos que traería la Redención hecha por Jesucristo.

María es el Gran Misterio de Dios que se descubre en este tiempo. María es tanto la Hija de Dios nacida en el tiempo, hija de Joaquín y Ana, como también Madre de Dios, Inmaculada y exenta no sólo del pecado original sino de cualquier mancha o sombra de imperfección, lo que deja ver a la Santísima Virgen como expresión perfecta y exacta de lo que es una criatura a Imagen y Semejanza de Dios. Es también la Esposa de Dios, como se autoproclamó en Sabana Grande, pues en esta función donde adquiere su mayor intimidad con la divinidad. Es pues esta perfección la que la hace ser el modelo de la futura humanidad, en la que, por medio de Ella y a través de Ella, según el Plan de Dios, todas las cosas serán jerarquizadas en Cristo, “y así puedan llegar los tiempos de la consolación de parte del Señor y Él envíe a Aquél que les había designado como Mesías, a quien debe retener el cielo hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, del que Dios habló por boca de sus santos profetas”  (Hechos 3, 20 – 21).

Entonces, la llamada Parusía de la que habla Pablo en su Primera Carta a los Tesalonicenses será la Restitución de todas las cosas; el restablecimiento del orden original de la creación, tal y como Dios la quiso antes de que se cometiera el pecado. Este será el Reino de Dios en la tierra, y se logrará por medio de la Santísima Virgen, modelo de la futura humanidad, Imagen y Semejanza plena de Dios para que el hombre pueda alcanzar la santidad y perfección que Dios quiso desde un principio, y se cumpla lo del profeta: “Os rociaré con agua pura y seréis purificados... os daré un corazón nuevo, en vosotros pondré un espíritu nuevo” (Ezequiel 36, 25 – 26).

Aquí empieza entonces a manifestarse más de cerca el misterio grande e incomprensible de haberse hecho hombre el mismo Verbo de Dios. Aquí se empieza a ver y a conocer con mayor claridad el fin y el término adonde se destinaba la Visión y la Profecía del Apocalipsis, a quien con toda justificación y razón se le da la bienaventuranza de aquellos que lean y vivan lo contenido en ese majestuoso libro. Aquí se cumplirá el Misterio de poder ver a Dios cara a cara, porque entonces seremos semejantes a Él. Los tiempos se acercan. María está a punto de salir a escena con todo su Poder y Magnificencia. ¡Estos son sus Tiempos!

Algunos extractos fueron tomados del libro de su servidor, Un Mandato Venido de lo Alto, escrito en el 2008.


http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/profecia/501-la-esencia-de-maria
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Ene 21, 2017 10:26 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las profecías de Gog y Magog
«La Iluminación de las Conciencias»
Written by Luis Eduardo López Padilla
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Dice el profeta Amós que “Dios no hace nada sin revelar sus secretos a sus siervos los profetas”  (III, 7). Y es así, Dios avisa siempre. Por eso, los grandes acontecimientos de trascendencia e importancia para toda la humanidad han sido previamente anunciados tanto en la Sagrada Escritura como a través de múltiples profetas y videntes de nuestros tiempos.

Así como en el Antiguo Testamento los profetas mayores advirtieron al pueblo de Israel de los inminentes Juicios que sufrirían para su bien, de la misma manera, la humanidad de hoy ha estado recibiendo advertencias de un sinnúmero de profetas de nuestros tiempos de grandes acontecimientos que están por venir para el mundo y para la Iglesia. Se ha anunciado hasta la saciedad de que nos encontramos en la inminencia del llamado Fin de los Tiempos, y con ello eventos nunca antes vistos, tanto del Reino de la Luz como de las Tinieblas están a las puertas.

Y ahora me quiero referir a uno en particular, que sin ser el más importante, sí ha llamado la atención, o al menos a últimas fechas se ha escrito y se ha hablado de este suceso –quizá no muy asertivamente– y que se le conoce como Día de la Iluminación de las Conciencias o también como el Gran Aviso, la Gran Advertencia, Juicio en Pequeño o en Miniatura.

Día de la Iluminación

Quizá la profecía más antigua respecto a esta Iluminación de las Conciencias se ha atribuido a San Edmundo Campion S.J. mártir de la fe en 1581. Canonizado por el Papa Pablo VI en 1970. Tuvo una revelación de parte de Dios nuestro Señor que le dijo:

“Yo he decretado un gran día, será donde un terrible Juicio revelará las conciencias de todos los hombres y probará a todo hombre de cualquier religión. Este será el día del cambio...” (Citado por Thomas Petrisko. The Miracle of the Illumination of All Consciences. St. Andrew’s Productions. PA. U.S.A. 2000. P. 21).

Antes de adentrarnos a la naturaleza y tiempo de este acontecimiento mundial, citaremos otras revelaciones sobre este Juicio, pues Dios siempre obra por una razón profunda.

En 1836, la Beata Ana María Taigi, mística de la Iglesia, recibió una revelación sobre este evento:

“Habrá un momento de Iluminación de las Conciencias en donde cada persona se verá a sí misma como la ve Dios. De esta iluminación resultará la salvación de muchas almas, porque muchos se arrepentirán como resultado de esta advertencia, de este milagro de iluminación propia” (Ídem. P. 27).

En abril de 1968, nuestro Señor le transmitió a Rosa Quattrini, conocida como Mama Rosa, vidente de la aparición en San Damiano, Italia, las siguientes palabras:

“Vendré a dar una gran Luz para alumbrar a todas las almas. Pero será muy tarde para aquellos que no entienden el amor de una Madre. Estarán todos en el centro de un gran Juicio” (Ídem. P. 45).

En 1980, la vidente de Betania, Venezuela, María Esperanza, tiene el siguiente mensaje:

“Está llegando el gran momento de un Gran día de Luz. La conciencia debe ser sacudida violentamente para que pongan sus asuntos en orden y ofrezcan a Jesús la justa reparación por las infidelidades cometidas diariamente” (Citado por Luis E. López Padilla. La Hora de la Verdad. P. 191).

De los anteriores mensajes se desprende que habrá un momento en que la conciencia del mundo será “sacudida” por la Luz de Dios. Se revelará nuestra alma y nos “veremos” tal y como Dios nos “ve”. Es decir, tomaremos total conciencia de nuestros pecados y omisiones, lo cual sin duda será estremecedor en grado máximo, pues esta Iluminación no está exenta de ser una especie de Juicio pero en pequeño.

Otros mensajes van perfilando aún más este acontecimiento:

“Yo daré a todos una especial luz; para muchos, esta Luz será de bendición; para otros, de tinieblas. Yo a todos descubriré Mi Justicia y Mi Misericordia... será terrible, un Juicio en Pequeño” (Heede, Alemania, 1938. Apud Thomas Petrisko. Ídem. St. Andrew’s Productions. PA. U.S.A. 2000. P. 29).

“Mis hijos alejados deben ser advertidos de manera que no haya más duda: Yo soy Su Padre. Yo os llamaré de la misma manera a todos al mismo tiempo. Luego Mi Verdad, el Aviso, vendrá a iluminaros. En medio de los elementos desencadenados, vuestra alma se despertará súbitamente de este sueño que os ha adormecido durante tantos siglos...” Mensaje del 18 feb 1997, a la vidente JNSR en Dozulé, Normandía, Francia (“Testigos de la Cruz”. 4 volúmenes. Cenáculos de Oración del Santo Rosario. Madrid, España. 1999).

Este evento está ligado al Fin de los Tiempos:

“He aquí los Tiempos del Fin, los que cerrarán esta época sin Dios y abrirán el tiempo de una era nueva, la de la paz con Dios. Para esto emplearé lo que los mismos hombres han desencadenado y que vosotros llamáis el Gran Aviso” (20 de junio del 1997).

“El mundo debe entrar en Mi Verdad pasando por la purificación de los cuerpos y los espíritus; es el Gran Aviso que viene a vosotros”.

En otro mensaje se dice:

“Mi Santa Faz estará delante de ellos, sin hablar, ellos se juzgarán a sí mismos porque la imagen de Dios en ellos se convertirá en su propio espejo. Qué horribles visiones tendrán ante los ojos de su conciencia los que son verdugos, pues los que matan Mi Amor son los asesinos de Dios. Yo les infringiré tal arrepentimiento, ante esta gran purificación, que ellos saldrán de ahí transformados, olvidando hasta que han existido, porque clamarán por su perdón de rodillas delante de Mi Santa Imagen. Si ocurre lo contrario, si ellos no me quieren, si renuncian a este juicio maldiciéndome, Yo borraré de ellos hasta el recuerdo de su existencia; ellos se volverán inmediatamente nadas en la gran nada” (1º de noviembre de 1997, JNSR, Ídem, Testigos de la Cruz... Madrid, España. 1999).

San Pablo a los Corintios parece clarificar este suceso mundial:

“Así que, no juzguéis nada antes de tiempo hasta que venga el Señor. Él iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los designios de los corazones”  (IV, 5).

La confusión del hombre

Si existe una época concreta de gran confusión para el mundo y para la Iglesia, y por ende para el hombre en general es precisamente la actual, que hace que el crecimiento espiritual se haya vuelto casi imposible, pues el camino de la verdad se ha oscurecido, multiplicándose por ende pecados por doquier. Estamos tan acostumbrados a la oscuridad, que nos hemos vuelto inquilinos permanentes de ella. Nuestros ojos están habituados a “ver” en la oscuridad, aunque en realidad no veamos nada y estemos totalmente ciegos, por lo que la luz de este Aviso será tan deslumbrante y cegadora, que muchos morirán de la impresión.

Es entonces este evento mundial de tan gran magnitud y trascendencia que será un parte aguas definitivo en la historia de la humanidad… Este Aviso, será el anuncio oficial por parte del Cielo de que se inicia para el mundo el Final de los Tiempos…

Garabandal

Una de las apariciones de la Virgen en que ella se refirió a este Aviso fue en Garabandal, España, entre los años 1961 y 1965. La principal vidente, una niña de entonces 12 años de edad, Conchita González, refiere lo siguiente:

“La Virgen me lo dijo el primero de enero de 1965 en “los pinos”. No puedo decir en qué va a consistir, pues Ella no me ha ordenado decirlo. Y ¿cuándo será? No me lo ha dicho, así que no lo sé. Si sé que será visible para todo el mundo y será obra directa de Dios… Yo no sé si morirán personas, únicamente podrán morir al verlo, de impresión.”

En sucesivas entrevistas a medios de comunicación, como la BBC de Londres, clarificó aún más otros detalles, afirmando entre otros puntos lo siguiente:

“Que este aviso será una luz especial que iluminará nuestra conciencia.”

“El Aviso es algo que viene directamente de Dios. Se podrá ver en todo el mundo, donde quiera que uno se encuentre, y también lo sentiremos interiormente”.

“El Aviso será como una corrección de la conciencia del mundo y … veremos las consecuencias de nuestros pecados” (Apud Luis E López Padilla, Garabandal, La última Oportunidad. Entrevistas de los años, 60’s 70’s y 80’s en The Workers of Our Lady of Mount Carmel en garabandal us).

La Conciencia

La conciencia es pues el medio por el cual se puede conocer qué cosa es el bien en un determinado momento. Es la voz y huella de Dios en nosotros que nos guía y señala el camino recto que nos conduce a Él y, como consecuencia, nos lleva a la paz y a la alegría. Para llegar a Dios el hombre está obligado a seguir fielmente su conciencia (Conc. Vat. II. Dignitatis Humanae, 3). Por eso, la antorcha del alma es la conciencia, y si esta tiene luz –si está bien formada–, el hombre puede caminar hacia Dios. Si la conciencia se deforma, el hombre se queda a oscuras, se desorienta y cae. La conciencia no crea la ley moral, sino que ayuda a vivirla con rectitud en cada caso concreto. La conciencia muestra que todos respondemos ante Dios de nuestras acciones. Finalmente, todo hombre está obligado a formarse una recta conciencia, adquiriendo la ciencia moral debida y luchando por vivir las virtudes morales.

A esto se refería Jesucristo cuando dijo lo siguiente:

“La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!” (Mt. 6, 22-23).

Es en esta línea que encontramos también descrito este Aviso en los mensajes dados al Padre Esteban Gobbi:

“El Espíritu Santo... con Su Divino Amor abrirá las puertas de los corazones e iluminará todas las conciencias. Cada hombre se verá a sí mismo en el ardiente fuego de la Divina Verdad. Será como un juicio en pequeño” (22 de mayo de 1988. A los Sacerdotes Hijos Predilectos. Movimiento Sacerdotal Mariano. 19a Edición Española. 1997. P. 718).

El 4 de junio de 1995, la Virgen dijo: “Lenguas de fuego descenderán sobre todos vosotros... Y así seréis iluminados por esta Luz Divina y os veréis a vosotros mismos en el espejo de la Verdad y de la Santidad de Dios. Será como un Juicio en Pequeño que abrirá la puerta de vuestro corazón para recibir el gran don de la Divina Misericordia” (Ídem. P. 1091 y 1092).

En efecto, las acciones que el Espíritu Santo derrama en nuestras almas son el perdón de los pecados, la iluminación de la inteligencia y la ayuda para cumplir los mandamientos, efectos que se palparán con fuerza en las almas que acepten para sí los frutos del Aviso.

Hasta lo ahora expresado, de esta Iluminación o Aviso podemos deducir con certeza moral lo siguiente:

1.Que será una amonestación grave y profunda de parte de Dios a una humanidad que se empeña en recorrer, consciente e inconscientemente, el ancho sendero que conduce a la perdición eterna;
2.Una oportunidad grandísima de corregir la vida de cada uno de los hombres de esta tierra;
3.Una luz especial de Dios para conocer la gravedad intrínseca del pecado y sus funestas consecuencias;
4.Una purificación como consecuencia de los pecados y ofensas cometidos por los hombres a Dios y la posibilidad de un gran arrepentimiento, o en su caso, rechazo definitivo a Dios;
5.Una corrección de la conciencia del mundo que está totalmente desorientada;
6.Un gran anuncio de que el mundo llega al Final de los Tiempos, con todo lo que ello significa de sufrimiento, dolor, confusión, angustia, oscuridad de la fe y prueba para la Iglesia; y
7.Una especie de fuego abrasador que, como efusión sobrenatural del Espíritu Santo, fortalecerá y renovará a los cristianos para los eventos futuros que ocurrirán en el futuro inmediato.

Vamos ahora a adentrarnos en su naturaleza.

Un Fenómeno Cósmico

La información disponible que tenemos es que este Aviso – Iluminación – Juicio será originado por un fenómeno cósmico impresionante de proporciones gigantescas, que vendrá directamente de Dios y será experimentado internamente, al mismo tiempo, por absolutamente todos los hombres de la tierra.

La ya mencionada Conchita – una de las videntes de Garabandal – en otra parte de las entrevistas que hemos citado dice:

“El Aviso… es también una especie de catástrofe. Hará que pensemos en los muertos, es decir, que preferiremos estar muertos antes que experimentar la vivencia del Aviso. El Aviso será muy terrible, mil veces peor que los terremotos. Será como el fuego. No quemará nuestra carne, pero se sentirá dentro y fuera del cuerpo. Todas las naciones y toda la gente lo sentirán del mismo modo, nadie se escapará. Hasta los no creyentes experimentarán el Temor de Dios”.

“Es un fenómeno que será visto y sentido en todas partes del mundo: siempre pongo como ejemplo de dos estrellas que chocan entre sí. Este fenómeno no producirá daño físico, pero sí nos espantará porque en ese preciso instante veremos nuestras almas y el daño que hemos hecho. Será como si estuviéramos agonizando, pero no moriremos por sus efectos, aunque sí es posible que muramos de miedo o por la impresión de vernos a nosotros mismos”.

En la aparición del Escorial, a la vidente Amparo Cuevas –recientemente fallecida– la Virgen dice:

“Antes del castigo, habrá un Aviso en el cielo; todos lo verán. El Astro Eros iluminará la tierra; será horrible hija mía, y parecerá que el mundo está en llamas... muchos morirán de la impresión” (Citado por Luis E. López Padilla. Advertencias Marianas. México, D.F. 1987. P. 161. Mensaje del 11 de febrero de 1982).

En Umbe, Bilbao tenemos este mensaje de la Virgen a Felisa Sistiaga:

“Daré un Aviso, lo verán todos, pero la humanidad – salvo una pequeña minoría – seguirá sin creer. … se iluminará el cielo con una gran cruz que al descomponerse producirá una inmensa luz blanca de tal fuerza que incluso impedirá ver el sol… muchos morirán de la impresión... a continuación un viento ardiente azotará toda la tierra” (Francisco Sánchez Ventura. Y el Agua Seguirá Curando. Ed. Círculo. Zaragoza, España. 1983. P. 156).

Ío y Eros

En Colombia ha surgido la Alianza de Dios Padre Misión Ío Eros – Nasa que reúne a un grupo de laicos comprometidos para difundir un mensaje urgente, llamando a la conversión, y que advierte y previene sobre un acontecimiento cósmico que involucra tanto a una luna de Júpiter (Ío) como al asteroide Eros, con gran incidencia y graves consecuencias para la humanidad.

En estas revelaciones se descubre la naturaleza cósmica de lo que causa el Aviso. Lo que sucede en el Sistema Solar, es que un trozo de una luna de Júpiter (Ío, que se distingue por su intensa actividad volcánica con erupciones que alcanzan los 300 kms de altura) por alguna razón de inestabilidad y comportamientos híbridos y atípicos en el cosmos, choca con el asteroide Eros (33 kilómetros de longitud, y que no sólo fue orbitado sino que la sonda NEAR en 2001 aterrizó en su superficie) produciendo un gran luz azul y un estruendo enorme en toda la tierra, constituyéndose así lo que serían entonces las características físicas, naturales y cósmicas que Dios usa para que todos  los hombres pasemos por su Iluminación y Juicio.

Por lo demás, llama la atención que en la aparición del Escorial también se mencione al asteroide Eros.

Estos mensajes dicen:

“Sonará en el orbe la señal cuando Ío roce a Eros. La voz de Dios llenará el orbe, la oirán y verán con dolor a su ser con obras de Satanás” (14 Julio del 2013)… cuando Ío haga trizas al sur de Eros. Esa será mi señal” (31 mayo del 2014).

“El aviso es y viene de Dios; Ío lo accionará. Todos los seres lo veréis y a cada uno tocará en su ser. Ahí deciden si están o no con Dios. Se divisará la luz azul en el cielo” (19 Marzo del 2013).

Así pues, este evento será un acontecimiento cósmico que impactará a todo el mundo y a toda la humanidad. Que existe en el orden natural y que está asociado a una luminosidad desconocida simultánea en toda la tierra, que se verá en el firmamento, acompañada de un gran estruendo y fuego ardiente. Se pudiera explicar o definir como el choque de dos astros. Y a través de esta luz “veremos” nuestra alma. Nadie morirá como consecuencia directa del Aviso, a no ser que muera de la impresión, del shock.

Para terminar este apartado del fenómeno cósmico que desencadena el encuentro con Dios, diremos que siempre que un ser sobrenatural irrumpe en el mundo natural, viene precedida de una luz, señal que el umbral del mundo de Dios con el mundo natural se ha abierto. Del mismo modo, este estruendo cósmico que eventualmente irradiará una gran luz, abrirá el umbral del “tiempo” con el llamado “no tiempo” para que todos los hombres puedan ver y percibir con cuerpo mortal la existencia y el estado de su alma. Una gracia de Dios sin precedentes en la historia conocida, con la miel y la hiel que eso supondrá.  

¿Cuándo será el Día de la Iluminación o Aviso?

Una afirmación categórica y esencial por parte de Jesucristo en tratándose de las fechas fue ésta: “nadie sabe el día ni la hora, ni los Ángeles del cielo, ni el Hijo sino sólo el Padre” (Mt. 24, 36). Y esto es así porque es un derecho exclusivo y personalísimo del Padre Eterno que ni al mismo Hijo de Dios se le reveló. Por eso, el mismo Cristo nos repitió de diversas maneras: “Estad preparados en todo momento, pues no sabéis el día ni la hora… Pues si el dueño de la casa supiera a qué hora va a venir el ladrón se mantendría despierto para no dejarlo entrar a su casa” (Mt. 24, 43).

En ese sentido, la predicación de Jesucristo fue siempre invitarnos a discernir los signos de los tiempos que nos ayudarían a estar especialmente preparados, pero sin saber a ciencia cierta cuándo tendrán lugar los acontecimientos. Esta es precisamente la diferencia entre el Kairos – tiempo aproximado – y el Cronos – año, mes, día y hora.

Bajo esta tesitura, lo que sí sabemos son algunas frases dichas por las otras videntes de Garabandal en sucesivas entrevistas, así como otros mensajes del Cielo, que nos dan pauta a cuándo podría suceder el día de la Iluminación.

Se ha repetido que antes del Aviso, ha dicho Mari Loli Mazón que habría “una tribulación que hará difícil practicar la religión…y que el Papa no podría estar en Roma abiertamente” (oct 1982). Jacinta González, otra de las niñas de Garabandal, en 1979, dijo que antes del Aviso, “habría como una invasión, bueno, algo que me pareció como una invasión, algo muy malo… pero ya no recuerdo qué países o regiones se veían afectadas. Estos graves acontecimientos tendrán lugar antes del Aviso, que ocurrirá cuando la situación esté en su peor momento” (Apud Luis E López Padilla, Garabandal, La última Oportunidad. Entrevistas de los años, 60’s 70’s y 80’s en The Workers of Our Lady of Mount Carmel en garabandal us).

Tiempos de Caos y Confusión

Según se desprende de la revelación que la Santísima Virgen hiciera en Garabandal sobre el Aviso, se ha afirmado respecto a este gran acontecimiento, que poco antes de que suceda, la situación en la Iglesia será mala, hasta el punto de que va a ocurrir un suceso que será doloroso y desgarrador. Efectivamente, Serafín, el hermano mayor de Conchita González, afirma haber oído a su hermana anunciar durante un éxtasis, que el Aviso vendría después de un doloroso desgarramiento de la Iglesia, “algo como un cisma”.

Asimismo, las palabras de Mari Loli de que “el Papa no podría estar abiertamente en Roma” nos recuerda la visión de San Pío X sobre “un Papa huir de Roma sobre los cadáveres de sus sacerdotes” (Citado por Luis E. López Padilla. El Sol Eclipsado. p. 150). Esta visión de San Pío X es muy similar a la visión de Lucía que nos dio a conocer la Jerarquía de la Iglesia como el supuesto Tercer Ssecreto de Fátima, en la que “el santo Padre atravesaba una ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino” (Ídem p. 183). Por tanto, es una salida en condiciones dramáticas, de revolución, tribulación o persecución en Roma, y desde luego en el Vaticano.

“El Aviso está programado en Mi Plan, pero antes deben venir ciertos acontecimientos. ¡Con la angustia de la tierra, debe llegar la angustia de las almas! (18 feb 1997 JNSR Dozulé, Normandía, Francia. (“Testigos de la Cruz”. 4 volúmenes. Cenáculos de Oración del Santo Rosario. Madrid, España. 1999).

En la misma línea está el mensaje a Sadie Jaramillo, el 21 de agosto de 1998, de parte de la Santísima Virgen respecto de cuándo ocurriría el Aviso: “Estas visiones son para que tú comprendas el cumplimiento de las palabras que te he dado y a muchos otros, de que pronto, en los términos en que entiendes esta palabra, la iluminación de tu conciencia y del estado de tu alma ocurrirán. ¿No se te ha dicho que este gran evento vendrá en medio de un gran caos y confusión? (message home att net/~thewarning).  

Confirma lo anterior también el mensaje que recibiera en 1976, el 14 de septiembre la vidente Verónica, en Nueva York, respecto al momento del Aviso: “Mis hijos, Yo les he dicho a ustedes ya respecto a la venida del Aviso. Cuando ustedes vean, cuando ustedes oigan que hay una revolución en Roma; cuando vean que el Santo Padre sale a buscar refugio a otra tierra, entonces conocerán que el tiempo ha llegado” (Nuestra Señora de las Rosas. Ed. Apostolado Mariano. El Salvador, CA).

Última Oportunidad

La conclusión de lo anterior parece indicar que el Aviso, Iluminación o Juicio tendrá lugar cuando la situación mundial sea muy grave, tanto en el plano natural, como social, político y eclesial, confirmando que grandes sucesos dolorosos para la humanidad están a las puertas, eventos que deberán de ser medio para llamarnos a la conversión, y que incluso pondrán en riesgo nuestra vida aquí en la tierra. Pero Dios está dispuesto y decidido para que volvamos a Él, y dará una última oportunidad al mundo completo, que será en extremo doloroso e impresionante, tanto por el evento cósmico natural en sí, como por la experiencia mística de poder mirarnos a nosotros tal y como Él nos ve, y hacernos comprender las terribles consecuencias de nuestros pecados, como se lo explica muy bien el Señor a la ortodoxa griega Vassula Ryden, en sus mensajes de la Verdadera vida en Dios:

“Durante toda la vida, generación, te burlaste de Mi Ley y te has ido rebelando; ¿Alguna vez estarás preparada para encontrarte con tu Dios? Yo, muy pronto voy a pasar a través de ustedes, será más pronto de lo que piensas. Estos serán mis últimos avisos. Yo te digo solemnemente: sacúdete el polvo que te cubre y levántate de la muerte. ¡El Final de los Tiempos está más cerca de lo que piensas!

“Pronto, muy pronto abriré Mi Santuario del cielo y ahí se quitará el velo de tus ojos, y tú percibirás como una revelación secreta; entonces un aliento se deslizará sobre tu rostro y los poderes del cielo se sacudirán, ráfagas de luz estarán seguidas por truenos; repentinamente sobre ustedes vendrá un tiempo de gran aflicción sin paralelo desde que las naciones existieron por primera vez. Yo le voy a permitir a tu alma percibir todos los eventos de su vida, los voy a desfilar uno a uno para consternación de tu alma, y te vas a dar cuenta de cuánta sangre inocente tus pecados han derramado de almas víctimas… y los haré conscientes de su iniquidad.

“Si todavía sigues vivo y parado sobre tus dos pies, entonces tu corazón verá todos tus pecados del pasado y el remordimiento se apoderará de ti, y tú con una gran angustia y agonía sufrirás, porque constantemente estuviste profanando Mi Santo Nombre y rechazándome y te estremecerás cuando te veas como cadáver en descomposición, devastado por gusanos y buitres.

“… para ese entonces tus lamentos y tus gemidos serán oídos sólo por ti. Yo te digo en verdad… te vestirás de luto y llorarás, pero tus lamentos los escucharán sólo tus propios oídos…” (15 de septiembre de 1991. La Verdadera Vida en Dios. Encuentro con Jesús. Palencia, España).

Y sólo pido al lector no se entretenga si tal o cual aparición está o no aprobada o si tal o cual vidente está o no aceptado por la Iglesia. Constatemos la multiplicidad y diversidad de mensajes sobre un mismo acontecimiento, llámese Aviso, Iluminación, Día del Cambio, Juicio en pequeño, etc. y que coinciden esencialmente en lo mismo.  Vaya a la esencia de este profetizado evento y tratemos de sacar el mayor provecho, preparándonos en nuestro ser trino: el cuerpo con el sacrificio; el alma con la gracia de Dios; y el entendimiento con la fe… ante este acontecimiento que sí o sí vendrá a todos los hombres, y que los signos de los tiempos nos dice QUE CADA VEZ ESTÁ MÁS CERCA.

Al final de todo, lo más importante es salvar el alma. Y esto exige estar hoy y siempre preparados, pues no sabemos el día y la hora de nuestro encuentro personal con Jesucristo.

Que la Luz del Espíritu Santo nos ilumine a todos para entender con la Sabiduría que viene de lo Alto, lo que a partir de ahora le espera a la humanidad.

NOTA: Quien desee profundizar en el tema, estaré con gusto regalando mi libro El Gran Aviso de Dios en archivo electrónico en este mes de diciembre de 2016. Escrito desde el año 2000 y que lleva ya más de 15 reimpresiones con una edición revisada en el 2006. Lo debe solicitar a lopezpadilla7@hotmail.com indicando su nombre y el lugar de donde me escribe y se le enviará en la semana previa a la Navidad 2016.

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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Sáb Ene 28, 2017 5:17 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las profecías de Gog y Magog
«LA LIBERTAD DE CREER - PREVISIONES 2017»
Publicado el 16 ene. 2017

Programa presentado y dirigido por Roberto O´Farrill. En esta ocasión tendrá de invitados a Yizbeleni Gallardo y José Alberto Villasana los cuales harán una previsión de los posibles acontecimientos que se pudieran presentar en el 2017 a nivel mundial.


https://youtu.be/T1138HKFOJ4
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Dom Abr 16, 2017 7:02 pm

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El pasado 13 de marzo se cumplieron 4 años de la elección del Papa Francisco. Un Papa suscitado por el Espíritu Santo para este momento decisivo en la Historia de la Iglesia y del mundo, y quien no se ha ahorrado críticas, descalificaciones, denuestos, calumnias y condenas, pero no de sectores contrarios de la Iglesia, sino de los que se dicen “católicos” y defensores de la “pureza doctrinal” del Magisterio eclesial, más como fruto de un fariseísmo que ha sido incapaz de comprender la hermenéutica de la Misericordia.

Existe un misterio sobrenatural que envuelve a la Iglesia que la hace sujeta a multitud de juicios que alcanzan desde luego a su cabeza visible, el Papa. Esto se ha acrecentado desde Juan XXIII quien convocó el Concilio Vaticano II. Desde entonces y por distintas razones, los Romanos Pontífices han transitado por un verdadero martirio místico. Como dijera Henri Lacordaire: “La Santa Sede tiene una desgracia que le es común con todos los grandes hombres y todas las grandes obras: no puede ser rectamente juzgada por el siglo en que se actúa, y, como es inmortal, vive insultada entre su gloria pasada y su gloria futura, semejante a Jesucristo crucificado en medio de los tiempos, entre el día de la Creación y el del Juicio Universal”.

Por ejemplo, bajo Benedicto XVI la Iglesia transitó por una imagen manchada por escándalos sexuales; filtración de documentos confidenciales del Papa; corrupción vaticana por la falta de transparencia en las finanzas del Banco Vaticano, conocido también como el IOR (Instituto de Obras de Religión); así como las disputas y divisiones internas cada vez más de conocimiento público; y el alejamiento de la Iglesia por parte de muchos fieles.

Con Francisco la Iglesia ahora ha asumido de nueva cuenta su dimensión universal. No podía navegar en aguas de rumores, reticencias y conspiraciones, sino que el Papa retomó la misión evangelizadora hacia las periferias y ha trabajado sobre temáticas que la Curia literalmente había abandonado o guardado distancias, como el hambre, las víctimas del tráfico humano y la trata de personas; los refugiados de la guerra, los excluidos del mercado. Es decir, la nueva esclavitud moderna. Ningún líder mundial había denunciado los dramas humanos como lo ha hecho el Papa desde 2013.  

El Papa se ha forjado su prestigio y liderazgo con su carisma de austeridad personal y humildad. Es alguien que vive y predica con el ejemplo. Es auténtico, sencillo y se ha esforzado por llamar a todos de vuelta a la Iglesia. Con la forma en que se ha conducido como Romano Pontífice se ha convertido muy probablemente en el mayor líder mundial. Y la hoja de ruta de su Pontificado es: “El nombre de Dios es Misericordia”.

Este ímpetu evangelizador con el que ha tratado de sacar a la Iglesia de la asfixia y complacencia narcisista ha generado resistencias intraeclesiales desde distintas esferas. Entre los dogmáticos por el temor a que la evolución de sus reformas pastorales afecten a la doctrina; en los mundanos, que vieron amenazados sus privilegios económicos y su vida de palacio, y también entre los obispos y cardenales acomodados en el vértice episcopal de sus países, que viven su relación con la Iglesia como un servicio a sí mismos, unidos al poder político local, en provecho de sus propios beneficios y alejados de la misión para la cual fueron escogidos por el Cielo. Para estos críticos, que se imaginaban un “breve pontificado de tres o cuatro años” que el propio Papa suponía, ya se les ha hecho demasiado largo.

Grupos Religiosos de USA

En el cónclave del 2013 los cardenales estadounidenses estaban unidos con el deseo de desplazar a la curia romana del control del papado. Pero una vez que el Papa expresó su apoyo a una  “Iglesia pobre para los pobres” y promovió la “cultura del encuentro” y la defensa de los excluidos del sistema, y no remarcando la agenda “pro vida”, se advirtió que la Iglesia americana no apoyaría como se hubiera supuesto. Y el descontento entre el Papa y los grupos religiosos estadounidenses no concernía solo a la falta de énfasis a una agenda de “principios doctrinales” sino también a partir de la economía, con la publicación de la Exhortación Evangelii Gaudium. En el párrafo 53 de la EG, el Papa define que “hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y de la inequidad”. Esa economía “mata” y vuelve a la crítica de la “cultura del descarte” en la que los excluidos se vuelven “sobrantes“ y “desechos” (Cap. 3 pp. 331). No solo la derecha religiosa estadounidense, primer contribuyente de donaciones del Vaticano, sino incluso empresarios cristianos de distintos países del mundo quedaron muy insatisfechos con la nueva agenda de la Santa Sede.

Las críticas pontificias a las desigualdades económicas y sociales provocaron malestar y resentimiento en ambientes católicos conservadores, de la comunidad financiera de Wall Street y no menos también ciertos estratos católicos de Estados Unidos que habían consagrado una alianza política y religiosa con la Santa Sede, sobre la base de “ética católica” y del “capitalismo democrático”. Criticaron la Exhortación del Papa que estuviera revestida de un “lenguaje marxista” y “comunista”.

Otros del ala extremista de la Iglesia exploraron la Evangelii Gaudium, donde en un párrafo el Papa afirma que los judíos continúan teniendo el pacto con Dios establecido con Moisés, lo que fue suficiente para afirmar que el Papa Francisco estaba en violación de la “definición dogmática del Papa Eugenio III” y del Concilio Ecuménico de Florencia, y que por lo tanto el Papa Francisco estaba en herejía y que debía y podía ser derrocado; ya que según el texto Ex Quo Primum del Papa Benedicto XIV (1757), con una herejía basta para declarar nulo a un Papa (ver Secreto Vaticano. L. Mendívil López. Grijalbo, 2016).

Luego vino la Encíclica Laudato si sobre el cambio climático. El medioambiente ya había sido incorporado por Benedicto XVI en la encíclica Caritas in Veritati donde relacionaba el Capitalismo sin control con la ansiedad de las potencias mundiales por explotar los recursos minerales y energéticos no renovables, y llamaba a la redistribución global de recursos energéticos con los países más pobres, para hacer justicia con ellos (#49).

Pero Laudato si fue más convincente y firme. Con un concepto de ecología integral el texto denunciaba una relación directa entre la destrucción del miedo ambiente, la pobreza y la explotación económica. Y pedía responsabilidad directa de las potencias mundiales, que por su nivel de producción industrial, implicaba directamente a Estados Unidos. Laudato si fue decepcionante para los mismos grupos que había molestado Evangelii Gaudium sobre todo para las compañías petroleras y otros productores de energía, así como eclesiásticos –como las arquidiócesis de Chicago, Baltimore, Boston y Nueva York– que tenían acciones invertidas en empresas energéticas y que el Papa señalaba como causantes de daño a la tierra.

No debe soslayarse que las empresas petroleras americanas, que logran ingresos anuales por 555 mil millones de dólares (sólo por citar a Exxon Mobil y Chevron), contrataron a grandes institutos de cerebros, como el Heartland Institute, para que desarrollaran argumentos científicos contra la teoría del Cambio Climático, es decir, documentos que afirmaran que la teoría del petróleo como contaminador de la atmósfera es falsa. Así pues, la industria de los combustibles fósiles sembró una cortina de humo de duda, al igual como lo hicieron en 1994 las gigantes empresas tabacaleras que afirmaron y juraron que la nicotina no era adictiva, engañando a toda la población por 50 años, aun cuando una investigación secreta realizada por sus corporaciones había demostrado lo contrario.

Presiones puertas adentro

La reforma de la curia romana fue un desafío interno para el Papa Francisco. La curia es el gobierno de la Santa Sede. Aunque su misión es ayudar a gobernar al Papa, termina gobernando. En 1963, el Papa Paulo VI, frente a sus funcionarios pidió que “la curia romana no sea, por tanto, una burocracia, como injustamente algunos la juzgan pretensiosa y apática, sólo canonista y ritualista, una palestra de escondidas ambiciones y de sordos antagonismos, sino una verdadera comunión de fe y de caridad, de oración y de acción” (Ver Código Francisco. M Larraquy. Sudamericana. p. 372).

Diez años después decidió reformarla. En línea con el Concilio Vaticano II, para equilibrar el peso de la curia, instituyó un sínodo permanente en el Colegio Episcopal como su órgano consultivo para que los obispos tuvieran más participación en las decisiones de la Iglesia (actualmente el gobierno de la Santa Sede se compone de la Secretaría de Estado, 9 Dicasterios o Congregaciones, 12 Consejos Pontificios, 7 Comisiones, 6 Academias y 3 Tribunales. Los cargos son designados por el Papa).

En los últimos 30 años la curia completó su metamorfosis: de ser un órgano de ayuda para el gobierno del Papa se convirtió en la conducción del gobierno mismo. Juan Pablo II dejó que la maquinaria burocrática curial funcionara sola. Él, con su carisma y liderazgo, se ocupó de los viajes y oraciones masivas con sus fieles, para reactivar la fe y la esperanza de Europa y erosionar lo más que se pudiera al comunismo.

Benedicto XVI se alejó de la curia y poco a poco su ministerio fue consumido por la guerra intestina entre el secretario de Estado Angelo Sodano que venía de Juan Pablo II y el Cardenal Tarcisio Bertone designado por él. Y así, Juan Pablo II como Benedicto XVI se mantuvieron a distancia del control de la Santa Sede. Todo era operado por la Secretaría de Estado –Bertone– y con la firma del Papa. Pero el caos se reflejó en el llamado Vatileaks, con los documentos filtrados en 2012, las facciones internas, extorsiones, lavado de dinero, despilfarro económico, escándalos de pedofilia, pederastia. Y todo el poder político, económico y administrativo recaía en un solo hombre, que en medio de una sucesión de errores y escándalos varios cardenales le pidieron al Papa Benedicto XVI que lo alejara de la Secretaría de Estado, pero el Papa lo sostuvo (véase Nuzzi Gianluigi. Las cartas secretas de Benedicto XVI. MR, 2012).

El IOR, el escándalo publicitado

Recordemos que desde 1981 la Banca Vaticana era accionista mayoritario del Banco Ambrosiano. Utilizaba el circuito financiero internacional para blanquear dinero ilegal que procedía de las mafias italianas y de Estados Unidos, a través del banquero Michael Sindona; luego transfería los fondos a bancos del exterior en carácter de préstamos o cheques que servían para financiar “operaciones políticas”. Pero el Banco Ambrosiano se declaró en quiebra en 1982 y dejó una deuda de 1,480 millones de dólares que gran parte había circulado a través del IOR (Instituto de Obras de Religión). El director del Banco Ambrosiano, el “banquero de Dios”, Roberto Calvi apareció colgado en un puente del río Támesis de Londres. La justicia inició proceso contra el cardenal estadounidense Paul Marcinkus, pero la Santa Sede reclamó inmunidad diplomática. Como se sabe, el autor inglés David Yallop señaló a Marcinkus como unos de los autores principales de la presunta eliminación de Juan Pablo I, como consecuencia de rastrear las conexiones del propio obispo Marcinkus –presidente del Banco Vaticano en ese momento– con capos de la Mafia de Chicago, y con la Logia Masónica P-2. El Papa Juan Pablo I se habría horrorizado al ver que el banco del Vaticano, estaba comerciando con las mafias italianas y americanas, con el blanqueo de la droga colombiana, con fábricas de armamento bélico, fábricas de anticonceptivos y de condones, y empresas farmacéuticas que financiaban acciones bélicas en el mundo.

En los años 90’s, ya bajo un mayor control, los delitos financieros en el IOR persistieron, aunque con menor estridencia. Pero para 2011, el IOR gestionaba bienes por 6,300 millones de euros, que mantenía en cuentas y depósitos en bancos de todo el mundo. Con el propósito de perfeccionar el control anti lavado, Benedicto XVI puso en vigencia la ley 127 que permitió la creación de la Administración de la Información Financiera (AIF), con potestad para requerir información al IOR sobre sus fondos, como lo exigían los estándares de transparencia.

Pero los intereses internos se multiplicaron y surgieron amenazas contra el entonces director y titular del IOR Gotti Tedeschi quien se vio obligado a renunciar por temer un final parecido al de Calvi.

En junio de 2013, la fiscalía italiana detuvo al Arzobispo Scarano mientras organizaba una operación de lavado de 23 millones de euros, dinero que se pretendía ingresar en el Vaticano y luego girarlo a Suiza.

Con objeto de dar una limpieza total, el Papa Francisco decidió crear una comisión, COSEA, para obtener precisiones sobre la estructura económica administrativa de la Santa Sede. Y con la designación de Pietro Parolin en la Secretaría de Estado, el poder omnímodo y todo clima de negocio se fue apagando; retornó el tiempo de la diplomacia vaticana.

Al año siguiente, el Papa estableció 3 nuevos organismos para las finanzas vaticanas: el Consejo para la Economía –con función de vigilancia y supervisión–, la Secretaría para la Economía –que responde directamente al Papa y tiene el control del IOR, la APSA (quien administra las propiedades de la Santa Sede) y la AIF–, y el Revisor General que se ocupa de la supervisión contable. El encargado de la Secretaría para la Economía es el cardenal australiano George Pell, quien ha ido adecuando el IOR a las normas de anti lavado y a la identificación de las cuentas de todos los clientes.

Pero a la “gente maligna que va en contra de la fe” le preocupa que el Papa Francisco no esté de acuerdo en que “delincuentes con sotana” vivan en terreno vaticano, refugiados, escondidos, evadidos de enfrentar la ley. El Papa dio instrucciones para que todo aquel con cuentas pendientes con procesos o acusaciones penales, salgan de suelo vaticano, ya que no quiere que en su Pontificado el Vaticano sea santuario de infractores de la ley.

Y todo lo anterior de alguna manera justificó para que el Papa en un estricto examen de conciencia identificara las enfermedades curiales: Alzheimer espiritual, mundanidad y exhibicionismo, vanagloria, persistencia de un clima de chismes, sentirse inmortales, esquizofrenia existencial: una curia que no se autocritica, que no se actualiza, que no busca mejorarse es un cuerpo enfermo… una enfermedad que deriva en una patología del poder, del complejo de elegidos, del narcisismo que mira apasionadamente la propia imagen y no ve la imagen de Dios impresa en el rostro de los otros, especialmente de los más débiles y necesitados (ver discurso del Santo Padre a la Curia Romana. w2.vatican.va 22 de diciembre de 2014).

Más adelante el Papa clavó una daga en el cuerpo episcopal estadounidense cuando el Cardenal Raymond Burke, consultor permanente de Benedicto XVI y crítico de las reformas pastorales de la Evangelii Gaudium, perdió a fines de 2013 su condición de miembro de la Congregación de los Obispos, y después la titularidad del Tribunal de Signatura Apostólica que dirime conflictos de competencia entre Dicasterios. El Papa lo designó como patrono de la Orden de Malta, un cargo honorífico externo a la Curia, Orden que recientemente el Papa pidió la renuncia al Gran Maestro Matthew Festing por un supuesto escándalo de distribución de preservativos.

Amoris Laetitia

Con la idea de “caminar juntos” –según el significado de Sínodo– para iluminar la realidad contemporánea e intercambiar experiencias pastorales, el Papa convocó el Sínodo Extraordinario de la Familia. Pero en las asambleas de 2014 y 2015, los padres sinodales observaron que sus propuestas de misericordia podrían afectar las verdades permanentes de la Iglesia.

Esto trajo 2 corrientes en relación con los temas de la familia, los que coincidían en que la Iglesia debía abrir nuevos enfoques en la moral sexual católica y los que no admitían matices en la doctrina ni entendían que debiera adaptarse a las realidades del mundo.

El Cardenal Gerhard Müller concentró el tradicionalismo en el que se alinearon algunos cardenales, entre ellos, Carlo Caffarra, Velasio De Paolis, Walter Brandmüller, Thomas Collins, quienes condensaron un corpus de entrevistas en el libro La Esperanza de la Familia, publicado en julio de 2014 (BAC, Madrid).

La tesis expuesta afirmaba que la Iglesia se estaba dejando enceguecer por el secularismo y la consecuencia era la confusión creada en la mente de las personas.

El Cardenal Müller negó que algunas decisiones doctrinales o disciplinarias sobre el matrimonio pudieran quedar delegadas a criterio de las conferencias episcopales locales, como algunas iglesias locales presumían (véase Familia Cristiana. 26 de marzo del 2015). En el mismo camino pero con un fundamento doctrinal desarrollado en su libro Dios o Nada, el cardenal de Guinea Roberto Sarah, Prefecto de la Congregación del Culto Divino, escribió: “Nadie, ni tan siquiera el Papa, puede demoler o cambiar la enseñanza de Cristo. Nadie, ni tan siquiera el Papa, puede oponer la pastoral a la doctrina. Sería rebelarse contra Jesucristo y su enseñanza” (Familia Cristiana. 23 de marzo del 2015).

El Cardenal Sarah pensaba que los creyentes divorciados o vueltos a casar no representaban un desafío urgente para las iglesias de África y Asia, sino que era la obsesión de ciertas iglesias occidentales que quieren imponer soluciones llamadas teológicamente responsables y pastoralmente apropiadas, que contradicen de manera radical la enseñanza de Jesús y del Magisterio de la Iglesia… Mientras los cristianos mueren por su fe y su fidelidad a Jesús, en Occidente algunos hombres de la Iglesia intentan reducir al mínimo las exigencias del Evangelio, planteaba Sarah, en referencia a los cristianos decapitados, fusilados, o quemados vivos, que se habían resistido a convertirse al Islam, y de otros que habían sido desplazados o perseguidos por el yihadismo en Medio Oriente y África.

En el otro polo, con una sólida argumentación teológica y atendiendo la angustia de fieles que se les impedía comulgar en un segundo matrimonio – pero tampoco eran excomulgados – la Iglesia alemana, en la voz de su titular el Cardenal Reinhard Marx, mantenían la posición del admitirlos, en coincidencia con el Cardenal Walter Kasper, y reservándose un margen de autonomía eclesial. “El Sínodo no puede prescribir en detalle lo que debemos hacer en Alemania. No somos una filial de Roma”, azuzaba (ver Il Foglio. 4 de septiembre de 2014 en Código Francisco de M. Larraquy. pág. 411).

Entre la “tensión de la doctrina y la necesidad de las reformas”, Kasper reconocía un “cisma práctico”, y lo explicaba con los casos de matrimonios cristianos, “comprometidos con la Iglesia” que no vivían las enseñanzas de la Encíclica Humanae Vitae sobre métodos anticonceptivos. “La pastoral no puede ir en contra de la doctrina, pero la doctrina no puede ser una dimensión abstracta”, resumía (ver diario La Nación. 6 de noviembre de 2015).

Pero el Papa fue muy claro al enfatizar que la experiencia del Sínodo había hecho comprender mejor “que los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre; no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y su perdón. Esto no significa en modo alguno disminuir la importancia de las fórmulas, son necesarias; la importancia de las leyes y de los mandamientos divinos, sino exaltar la grandeza del verdadero Dios que no nos trata según nuestros méritos, ni tampoco conforme a nuestras obras, sino únicamente según la generosidad sin límites de la misericordia” (Discurso de clausura. 24 octubre 2015 w2.vatican.va).

Pero la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia no ha estado exenta de críticas calificando al Papa de ir en contra del Magisterio y la Doctrina. En la Exhortación Francisco llama a las cosas por su nombre: reconoce la centralidad de la familia en la comunidad humana y la realidad fundante del matrimonio entre hombre y mujer, al tiempo de afirmar la doctrina de la Iglesia y confirmar la hermenéutica de la misericordia para interpretar sus realidades y problemas, con el fin de articular prácticas pastorales de apoyo y promoción. En esta lógica, el Papa denunció la ideología de género como un ataque directo a la familia, al grado de calificarla como un nuevo colonialismo ideológico; denunció el aborto, la eugenesia y la eutanasia como prácticas deshumanizantes y; afirmó la imposibilidad de equiparar, ni siquiera por remota analogía, el matrimonio entre un hombre y una mujer con cualquier otra relación humana.

Pero uno de los puntos de más fricción es la famosa nota 351 del capítulo VIII de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Esa nota, leída con espíritu sencillo, se entiende perfectamente a la luz de la Tradición de la Iglesia. El arzobispo de Baltimore (Maryland, EEUU), Mons. William E. Lori, ha pedido en una carta a sus sacerdotes (16-febrero-2017) que interpreten Amoris Laetitia teniendo en cuenta Familiaris Consortio de San Juan Pablo II y Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI.  Su carta es coherente con las enseñanzas de los papas Francisco, Benedicto XVI, San Juan Pablo II y el Beato Pablo VI. El arzobispo anima a leer Amoris Laetitia, especialmente el capítulo VIII, párrafo 305 (y la nota 351 al pie), sobre el acompañamiento a personas en situaciones irregulares, junto con los puntos correspondientes de las Exhortaciones Apostólicas de San Juan Pablo II Familiaris Consortio (#84) y del Papa Benedicto XVI Sacramentum Caritatis (#29). Ambos documentos afirman la necesidad de que los divorciados vueltos a casar por lo civil obtengan la nulidad de su primer matrimonio antes de que se les permita el acceso a los sacramentos. Esos documentos afirman la indisolubilidad del matrimonio sacramental, pero el último reconoce que quizás haya casos legítimos en que la fe católica pueda, por ejemplo, ser incapaz –en sentido jurídico– de probar que su anterior matrimonio era inválido.

Ésta debe ser la actitud correcta: serena, coherente con el “depositum fidei”, sin exaltarse, alborotarse ni irritarse, que no son estados de ánimo del buen espíritu, según las Reglas de Discernimiento de espíritus de San Ignacio de Loyola.

Desgraciadamente pululan ya Obispos y Superiores religiosos que discrepan abierta y públicamente de la actuación del Papa Francisco. Esto es muy grave porque, teniendo como misión la de fomentar la unidad en la fe, utilizan su autoridad y prestigio para fomentar el cisma entre sus súbditos. Y entre estos también se cuentan laicos de prestigio y páginas web de corte “tradicionalista” y otras sin ese sello que le atizan al Papa tachándolo de ignorante, pastor rústico devenido en Pontífice, intelectualmente limitado e impedido del virtuosismo teológico. Y algunos incluso de hereje y antipapa.  

Por increíble que resulte, la cantidad de los católicos de todo el mundo que ya han sido alertados por estos alegatos es abrumadora. Ahora todos estos millones de fieles –que han recibido mensajes “católicos” de advertencia contra el Papa Francisco– no saben si deben ser fieles o no a su Papa, pues líderes de su propia Iglesia, adversarios del Papa Francisco, les han transmitido por medio de sacerdotes o en sus correos electrónicos ese tipo de mensaje “apocalíptico”, donde el Papa Francisco sería la bestia del capítulo XIII del Apocalipsis o su falso pastor.

En una entrevista concedida a la revista alemana Rheinische Post, el 17 de febrero de 2017, el cardenal Müller ha asegurado que no cree que sea “particularmente beneficioso que cada superior comente los documentos papales para explicar cómo entiende subjetivamente el documento”... “No puede admitirse que la doctrina universalmente vinculante de la Iglesia, formulada por el Papa, reciba interpretaciones diferentes e incluso contradictorias en cada región. La base de la Iglesia es la unidad de la fe”.

Contra todos estos que se sienten tocados con el don de corregir al Papa y exhibirlo públicamente, al margen de la gravedad de juzgar al Vicario de Cristo y tener que darle cuentas al gran Juez, recordarles que se debe interpretar la doctrina y la ley con la mirada de Jesús. La misericordia no le quita una palabra a la doctrina, pero le agrega un significado humano trascendente. En esto radica la fuerza profética de la Iglesia.

La Gran Prueba para la Iglesia

Para el que esto escribe no le es ajeno el estado lamentable de suciedad espiritual, moral y litúrgica por el que transita la Iglesia; no es ajeno a la lamentable disputa y división entre laicos, obispos y cardenales; no es ajeno a cierta masonería que se ha infiltrado con olor a azufre al interior mismo de la Iglesia. Con pena y dolor tenemos que admitir que no sólo la Iglesia está muy mal, y que al dejar de ser luz el mundo entró en una terrible confusión de oscuridad, sino que desafortunadamente las grandes y peores pruebas para la Iglesia aún están por venir, entre las que se encuentra una gran división y cisma que hará que se separe la Verdadera Iglesia de la falsa y con el consecuente enfrentamiento entre dos Papas; así como una terrible persecución contra la Iglesia, cristianos, sacerdotes, laicos y religiosos, incluido desde luego el Papa; y un último ataque final que pondrá más que en duda la veracidad de la misma revelación hecha por Jesucristo.

Pero de aquí a que se señale al Papa Francisco como el causante eficiente del cisma y la división actual o como el gran hereje o antipapa, hay un abismo de diferencia que sólo ha alimentado aún más la confusión actual y expresa una lamentable distorsión y fallo en el discernimiento, en el mejor de los casos, o un grave vicio de entendimiento y soberbia intelectual en medio de un infierno de ideas mentales, fruto de la tentación tenebrosa en la que han caído.

Recemos por el Papa Francisco, que aún ha de vivir horas amargas de su pasión y recemos por la Iglesia para que sea fortalecida en los momentos de su gran prueba ya inminente. Y recemos por nosotros y preparémonos convenientemente con las armas de la oración y sacrificio en busca de la virtud y frutos para Dios y los demás, pues corremos el riesgo de que también nosotros mismos perdamos la fe.


http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/signos-de-los-tiempos/505-in-persecutione
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Silden
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MensajeTema: Re: Profecías bíblicas sobre la guerra - GOG Y MAGOG   Dom Abr 16, 2017 9:26 pm

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«Pedro y el Demonio de la Murmuración »
Written by Luis Eduardo López Padilla
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El bastión incólume que ha hecho que la Iglesia permanezca durante dos mil años frente a cismas, herejías y persecuciones es el Espíritu Santo, quien la sostiene, la guía y la dirige hacia su propósito final. Así lo dijo el entonces Benedicto XVI en sus primeras homilías: “Dios es el amo absoluto de la Historia y ni los poderes ocultos ni Satanás son los que tienen la última palabra; Dios dirige el curso de los acontecimientos hacia los cielos nuevos y la tierra nueva” (Zenit, mayo 2005).

El Espíritu Santo es quien Guía a la Iglesia

La barca de Pedro no la dirigen ni los sacerdotes, ni los obispos, ni los cardenales, ni los laicos, ni los santos o pecadores. Ni la Iglesia ha sido dirigida por ningún Papa en toda su Historia. El dueño de la barca es Jesucristo y la madre de la Iglesia es María. Y el esposo de la Virgen, el Espíritu Santo, es pues quien la dirige hacia el puerto seguro en medio de grandes vicisitudes y pruebas, siempre dentro de la permisión del mal por parte de Dios en sus inescrutables designios.

No pretendemos juzgar a nadie, pero así como Pedro creía que actuaba bien y en línea cuando le dijo a Jesucristo que de “ningún modo le sucedería” lo que ya Jesucristo había anunciado sobre su pasión y muerte –de tal modo que tuvo que reprenderlo duramente: “Apártate de mí Satanás” (Mt 16, 23)– así hay otros también que sintiéndose celosos de la fe, custodios de la verdad y guardianes de la doctrina se han empeñado en enderezar una persistente crítica en contra del Papa Francisco, muchas veces resultado del infierno de sus ideas mentales, no pocas veces prejuiciadas y por sobre todo con un lamentabilísimo y deficiente discernimiento.

Denuestos, Descalificaciones, Críticas y Calumnias

Resulta pues un despropósito la actitud y juicio que no pocos católicos han enderezado contra el Papa Francisco. Algunas de ellas causan enojo, otras, tristeza y otras verdaderamente dan risa, amén del escándalo que provocan. Estas críticas van desde el juicio y calumnia sobre frases dichas por el Papa sacadas de contexto, dándole oídos a los medios y no yendo a la fuente original, hasta afirmaciones de que su elección fue inválida por lo que no es Papa legítimo, y el vigente sería entonces Benedicto (lo cual es del todo absurdo). Pasando también por denostaciones al Papa por su “lamentable pobreza intelectual y teológica”, o porque ha “roto con normas de disciplina eclesiástica”, o porque ha dado lugar a “confusiones y posturas heréticas” en el Sínodo de la Familia y en su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia; o porque dizque forma parte de la masonería o de la gran ramera del Apocalipsis y es “cabeza de la iglesia falsa”; o más grave aún, catalogándolo como el falso profeta del que habla el Capítulo XIII del Apocalipsis. Y el suscrito he perdido la amistad de no pocos “amigos” porque desde el 13 de marzo del 2013 he defendido a Francisco, y me fustigan que lo defienda y me cuestionan que por qué lo hago, y les contesto: “Porque así debe ser”, pues como decía San Ambrosio: “Donde está Pedro ahí está la Iglesia. Ubi Petrus ibi ecclesia”.

Y Pio XII decía:“…peligroso error aquellos que piensan poder abrazar a Cristo cabeza de la Iglesia, sin adherirse fielmente a su Vicario en la Tierra. Porque quitando esta cabeza visible, y rompiendo los vínculos sensibles de la unidad, oscurecen y deforman el cuerpo místico del Redentor, de tal manera que los que andan en busca del puerto de salvación no pueden verlo ni encontrarlo” (Mystici Corporis Christi núm. 53).

La Confusión viene de mucho antes

La realidad es que muchas de las acusaciones que se le hacen al Papa Francisco son parte de la confusión que desde hace tiempo impera no sólo en el mundo sino también en la Iglesia. Como se ha repetido muchas veces, hemos llegado a los tiempos en que ya no es fácil discernir la luz de las tinieblas, lo bueno de lo malo, la virtud del pecado, lo místico de lo esotérico, la verdad de la mentira, lo que es de Dios de lo que no es de Dios. Y más grave aún es que este discernimiento se volverá mucho más difícil en los próximos años, y particularmente dentro de la misma Iglesia, pues como decía Paulo VI en su famosa Alocución del 29 de junio de 1972:

“El humo del infierno ha entrado dentro la Iglesia de Dios...Ahí está la duda, la incertidumbre, la complejidad de los problemas, la inquietud, la insatisfacción, la confrontación…  Entró la duda en nuestras conciencias y entró por puertas que deberían estar abiertas a la luz… También en la Iglesia reina esta situación de incertidumbre. Pensábamos que después del concilio vendría un día soleado para la historia de la Iglesia. Vino por el contrario un día lleno de nubes, de tempestad, de oscuridad, de indagación, de incertidumbre… ¿Cómo ha sucedido esto? El Papa confía a los presentes un pensamiento suyo: que se ha producido la intervención de un poder adverso. Su nombre es Satanás… Creemos –observa el Santo Padre– que algo preternatural vino al mundo precisamente para perturbar, para sofocar los frutos del Concilio Ecuménico…” (Misa por el IX aniversario de la coronación de Su Santidad en la solemnidad de san Pedro y san Pablo).

Se requiere pues de una verdadera agudeza y luz sobrenatural para discernir lo que es de Dios de lo que es del diablo. Y hoy la verdad es que la confusión, quizá como el principal signo de los tiempos, permea por todo el pueblo de Dios, y esto es así, porque se ha dejado de rezar y de hacer sacrificio por parte de laicos y sacerdotes (incluidos, religiosos, obispos y cardenales) y por eso la confusión se  aplica y se palpa en Universidades, Fundaciones, Movimientos e Institutos Católicos; Comunidades, Conventos de clausura y Órdenes religiosas; confusión y aún división entre laicos, sacerdotes, obispos y cardenales, tanto en temas de doctrina como de fe, filosofía, teología, apologética, liturgia, disciplina eclesiástica; así como los grandes temas eclesiales como justicia social, dignidad humana, caridad y misericordia; vida, matrimonio y familia. Algunos se confunden por exceso y otros por defecto. Pero en el fondo, lo que subyace en todos nosotros, unos más y otros mucho más es una clara falta de virtud. Por eso, la nube de oscuridad que envuelve al mundo completo es el resultado del “humo del infierno” que ha entrado por todas partes y nuestro mal uso de la libertad que se centra en envidias, odios, rencores, disputas, juicios críticos, egoísmo y principalmente el “demonio de la murmuración” como algo malévolo que ha entrado en el corazón de muchos hombres, y aún dentro de la misma Iglesia de Cristo, pues de todo se juzga, de todo se duda; todos creen tener la verdad y todos tienen derecho a opinar, a juzgar y a condenar, defendiendo su verdad y olvidando la verdad del Evangelio de Jesucristo que dice que no juzguemos pues en esa medida seremos juzgados, amén de que todo juicio está reservado sólo al Hijo (cfr. Jn 5, 22).

Así que basta ya de culpar al Papa Francisco de la crisis actual. Basta de sentirse soberbiamente cualificados para juzgar y señalar públicamente al mismo Vicario de Cristo. Hay quienes se sienten otros Pablos y se legitiman para corregir a Pedro en base de que hay que “corregir al que yerra”. Pues habría que decirles a estos “pablos” que cuando alguien quiera señalar al Papa Francisco asegúrese primero de estar a su nivel: de llevar una vida de profunda oración, de realizar un apostolado diligente y misional en medio de las almas, de llevar una vida de austeridad y desprendimiento, de dar testimonio palpable de humildad, de “meterse al barril” con los demás, de oler a oveja para quienes son pastores, etcétera, pues todo esto y más ha sido el testimonio de vida del Papa Francisco, para que entonces, y sólo después de una profunda y larga reflexión espiritual que asegure su rectitud de intención, puedan a solas y confidencialmente atreverse fraternalmente a corregir –que no juzgar– al Vicario de Cristo.  

Responsabilidades compartidas

No es Francisco la causa de la grave crisis actual. Aunque es un tema largo y complejo, desde los comienzos del cristianismo paulatinamente, de a poco y por distintas causas y razones, fue la Iglesia alejándose de la Verdad absoluta. Pero es a partir de la Modernidad que debemos encontrar las causas en que las falsas filosofías del Renacimiento se inocularon dando paso al Humanismo, el Antropocentrismo, el Racionalismo, el Liberalismo, el Secularismo y al Modernismo, sin olvidar el surgimiento de la Masonería especulativa en 1717, hace exactamente 200 años.  

Por eso León XIII va a alertar sobre los ataques y herejías del Modernismo que como toda herejía no venía del exterior, sino que era una agresión lanzada desde el interior mismo de la Iglesia, azuzada por el misterio de la iniquidad encabezado por Satanás. Es como se entienden las palabras del Papa León XIII, a raíz de la visión que tuvo acerca del ataque que infringiría el Demonio a la Iglesia en el siglo XX, y que le llevó a componer la Oración a Miguel Arcángel:

“En el mismo lugar santo, donde ha sido establecida la sede de San Pedro y la Silla de la Verdad para iluminar al mundo, ellos han levantado el trono de su abominable impiedad, con el designio inicuo que cuando el pastor sea golpeado, las ovejas se dispersen” (Doctrina Pontificia II, Documentos Políticos, Madrid, BAC 1958).

Es fácil señalar al Papa Francisco, pero no olvidemos que los Papas en general han hecho oídos sordos al Mensaje que la Santísima Virgen trajo como remedio a los hombres para contrarrestar la apostasía que se dejaba venir al mundo y a la Iglesia desde hace 200 años, comenzando por ejemplo con el mensaje de La Salette en 1846. Grave desacato – y lo que se ve no se juzga – desde Pio XI, pasando por Pio XII, Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco sobre el pedido del Cielo desde Fátima de consagrar a Rusia al Corazón Inmaculado de María, pedido solicitado expresamente a los Papas el 13 de junio de 1929. Y no menos responsable y grave el “cachondeo” con que se ha tratado el tema del Secreto de Fátima en su Tercera Parte, cuya evidencia documental y verbal por casi 70 años claramente confirma que no se ha revelado totalmente su contenido conforme se solicitó para más tardar el año de 1960. Responsabilidades compartidas de todos, pastores y fieles y que el Señor juzgará a cada uno.

Yo he Rogado por Tí

Pero a pesar de lo que digan muchos o pocos, la doctrina de los Venerables y Santos Doctores Ortodoxos es que la Sede de Pedro permanece siempre intacta de todo error según la promesa de nuestro Divino Salvador hecha al Príncipe de los Apóstoles: “Yo he rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca y tú, una vez convertido, confirma en la fe a tus hermanos” (Lc 22, 32). Y así lo confirma el Concilio Vaticano I (Denzinger 1836).

El Papa puede no ser santo, más aún puede ser pecador y sujeto de todos los pecados que uno quiera; y muchos obispos han sido herejes y miles de sacerdotes y laicos y pueblos enteros han caído en el cisma, la herejía o la apostasía, pero si la Iglesia subsiste a pesar de todo es porque jamás le ha faltado su Cabeza y Fundamento: el Romano Pontífice que en boca de la misma tradición es la misma Iglesia; por eso repetimos: Ubi Petrus ibi ecclesia, es decir, en donde está Pedro ahí está la Iglesia. No desconocemos que la Iglesia pasa por una gran crisis y confusión y que en la Historia de la Iglesia han existido más de una treintena de antipapas, pero eso es parte de la lucha entre el bien y el mal.

Francisco, Hijo de la Iglesia

Francisco no vino a la Silla de Pedro sino por la acción del Espíritu Santo, que como decimos, guía a la Iglesia aun contando con la misma debilidad y mal uso de la libertad humana. Pero en este caso Francisco es un hijo fiel de la Iglesia, en la que nació y se ha alimentado permanentemente de ella, que le ha forjado; Iglesia en la que aspira a morir como la gracia entre todas las gracias: ¡morir hijo de la Iglesia! Por eso machaconamente el Papa repite que es hijo de la Iglesia. Y no son meras palabras, pues todo lo que resulta en él atractivo, lleno de autenticidad y de fuerza, sólo se explica porque él es un ejemplo vivo de la vivencia cristiana e hijo fiel de la Iglesia. Por eso el Padre Bergoglio que se revistió de blanco el 13 de marzo del 2013 es hijo de Ignacio de Loyola. Es hijo también de San Juan Pablo II que lo sacó del destierro en Córdoba para nombrarlo obispo auxiliar de Buenos Aires y después Arzobispo Metropolitano y Primado de la Argentina y más tarde cardenal de la Iglesia. También es hijo de San Agustín al que siempre invoca, e hijo del Poverello de Asís y del pueblo sencillo que se consagra en Aparecida ante su Señora. Es hijo también y luego hermano de Benedicto XVI, y quien en su momento, para que no haya duda, dijo: “El auténtico creyente tiene claro que Francisco es el verdadero Papa”.

Francisco con su discernimiento ignaciano, alegría franciscana y detalle de su fuerte personalidad, evangeliza sin pelos en la lengua. Por razones de misericordia defiende la vida desde la fecundación hasta la muerte natural; pide auxilio a la hermana pobreza para denunciar la injusticia; confronta la dictadura del relativismo; interpela a los poderosos del mundo que con su egoísmo utilitario han empobrecido a los más pobres; defiende la creación, denuncia las modernas esclavitudes, recuerda la batalla cotidiana contra el demonio como ser personal y real; considera la confusión entre matrimonio y uniones del mismo sexo como un atentado a los fundamentos antropológicos de la familia y la sociedad; promueve la libertad religiosa sin distingos, llama a los poderosos a construir la paz, continúa con el trabajo de sus predecesores para la reconciliación y unidad según la Iglesia primitiva; siempre bajo la mano de María a quien consagró su pontificado el 13 de mayo del 2013 bajo la advocación de Ntra. Señora de Fátima, entre otras cosas.

El Papa nos quiere discípulos y misioneros de Jesucristo. Nos urge a la misericordia para mover nuestra fe, en la esperanza, provocando nuestra razón; como antes Benedicto XVI retó nuestra razón para provocar nuestra fe y Juan Pablo II acicateó nuestra esperanza adormecida.

Este es el puente que el Espíritu Santo unió en estos tres Papas para el final de los tiempos: Juan Pablo II en la esperanza y la verdad; Benedicto XVI en la fe y en el bien; y finalmente Francisco en la caridad y en la belleza.

Falso Papa y Falsa Iglesia

Finalmente y contra lo que muchos creen que ya se acabó la lista de Papas de San Malaquías y que Francisco es el último, o sea, el identificado como “Pedro Romano”, en realidad habrá más Papas en el futuro; de hecho, habrá hasta el fin de la historia. Lo que sí podríamos atestiguar en poco tiempo es el fin de los Papas salidos de la Iglesia Católica asentada en Roma como su sede, o sea, que ya la Iglesia no tendrá su sede en Roma, en el Vaticano, sino que cambie de residencia. Múltiples son las profecías bíblicas y privadas del fin catastrófico de Roma, pues es claro que prácticamente ha perdido la fe como lo anunció la Virgen en la Salette y las profecías anuncian la salida de un Papa “medio tambaleante de una ciudad medio en ruinas sobre los cadáveres de sus sacerdotes” quien después de estar en el exilio y llegar a una montaña, es asesinado, junto con otros fieles, sacerdotes y religiosos. O sea, una persecución abierta y sangrienta.

Pero antes la Iglesia pasará por un gran cisma y división, cuyas muestras y signos ya se palpan por todos lados. La Iglesia se dividirá en dos; una verdadera y una falsa y cada una tendrá su propio Papa. Será en extremo doloroso para las almas, confuso para los fieles y escandaloso para el mundo que cantará victoria sobre su enemiga.   Así pues, veremos y seremos testigos de dos romanos pontífices enfrentados, habiéndose separado –en un cónclave– ante los ojos del mundo la Verdadera Iglesia de la falsa, y cada una de estas Iglesias asentadas en Roma. Y entonces, ¿cuál será el verdadero Papa y la verdadera Iglesia? ¿Comprendemos entonces mejor ahora lo delicadísimo de la cuestión de adelantar profecías y errar el discernimiento con el Papa Francisco?

La manía y error de querer adelantar profecías y discernir erradamente han provocado que no pocos vean el cisma y los Papas enfrentados en Benedicto y Francisco, lo cual es un error de cuajo. Como también querer ver en Francisco al falso profeta. Si algunos creen que esto es el cisma anunciado y Francisco el falso papa, simple y sencillamente no tienen la menor idea de lo que son las Profundidades de Satanás.

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